PRENSA

ALJARANDA

Vox Populi

Manuel Liaño Rivera

    Después de un largo trienio sin prensa política en la ciudad, ya que solamente existía el quincenal El Copiador, el 20 de Marzo de 1911 de la Imprenta La Tarifeña, propiedad de Joaquín Arcas, y síta en la calle de la Luz, núm. 3, sale al público un semanario de tendencia obrerista republicana.

    Su nombre: VOX POPULI Su lema: Este periódico ni se compra ni se vende.

    La redacción y administración, se encuentra en el mismo domicilio de la imprenta, en la calle de la Luz. Constaba de cuatro páginas a cuatro columnas y sus medidas eran de 42 x 29. El precio del mismo era de 0,50 Ptas. mensuales. Los comunicados y edictos a 0,15 Ptas. la línea.

    Sospechamos que el periódico estaba dirigido por Luis Herrero, o al menos, llevaba éste el peso de la redacción, las colaboraciones entre otras, venían firmadas por: Dos compañeros, Roque-Quijote y Sixto-Sexto.

    Se admitían trabajos de colaboración siempre que estuvieran redactados convenientemente y no fuesen contrarios a la moral y las leyes.

    Su secciones: Editorial - Quejas del vecindario-Sr. Alcalde-Verdades que amargan - Ayuntamiento y artículos de fondo sobre temas de actualidad.

VOX POPULI

P E R I O D I C O      S E M A N A L
ESTE PERIÓDICO NI SE COMPRA, NI SE VENDE

Redacción Administrativa e Imprenta
Ntra. Sra. de la Luz, 3

AÑO 1 Tarifa, 17 de Abril de 1911 Núm, 5

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Vease la cuarta plana

Cabecera del Vox Populi

    Entresacamos de los artículos la editorial dirigida a los obreros tarifeños, que dice así:

   A LOS OBREROS TARIFEÑOS

    ¿En qué pensáis vosotros, humildes hijos del trabajo? ¿Vais a mostraros continuar por más tiempo mostrándoos insensibles a toda idea progresiva e indiferente a toda organización societaria? ¿Es en vosotros propósito irrevocable no contribuir en la medida proporcional, no aportar un átomo siquiera que ayude a vuestra emancipación y mejora social? ¿Tan encariñados estáis con lo atávico que vais a dejar a vuestros hijos los mismos moldes en que vosotros os habéis desenvuelto?.

    Estas y otras muchas preguntas nos hacemos cuando observamos con dolor el estado de postración en que os encontráis.

    Si la conquista de un sistema más justo, más igualitario y más equitativo ha de ser obra de los trabajadores mismos; ¿qué hacéis vosotros trabajadores tarifeños que no os capacitáis para intervenir en las grandes luchas que os darán seguramente el triunfo en el porvenir. Uníos, asociaos, estableced vuestro domicilio social, y que sea éste por el estudio y la constancia el plantel donde se forjen los futuros proletarios seguramente más dignos y conscientes que vosotros, que parecéis por las trazas eternos parias, inconscientes e irredentos.

    Dos máximas, dos lemas, llevan en sus banderas las organizaciones obreras que en el mundo civilizado luchan hoy por la redención y el progreso de las colectividades proletarias: "Trabajadores de la tierra, uníos", "El bienestar y redención de los trabajadores, obra es de los trabajadores mismos".

    Pensad en que esas palabras han determinado en la última mitad del pasado siglo, las protestas conscientes y ordenadas de millares de trabajadores, que sus quejas fueron atendidas, que los gobiernos representantes de la clase burguesa y como ella tiránicos, despiadados y absorventes, pensaron en ceder, en entender aunque protectores, hayan intentado suavizar las duras luchas entre el capital y el trabajo. Cuatro lustros no más, y va de historia real y vivida del proletariado madrileño, han bastado para que la asociación, ese espíritu de solidaridad humana hayan prendido en las oscuras inteligencias de cuarenta mil trabajadores manuales de uno y otro sexo, y ello tras ruda labor, luchando día tras día con las preocupaciones, con las miserias y los fanatismos que en su provecho, la clase burguesa y dominante infiltra en el espíritu de la productividad y productora; han conseguido la rebaja de la jornada a nueve horas como máximun, habiendo oficios como los del ramo de la Construcción en que trabajan las ocho horas, tienen casa propia, un antiguo palacio señorial, cuyo costo y reparación les está en más de 800.000 ptas. (sin aumentar ceros), allí tienen escuelas, cooperativas de consumos de artículos de primera necesidad, cooperativas médico farmaceutica con cuatro consultas y tres farmacias en propiedad, en aquella casa, llamada Casa del Pueblo, sita en la calle Piamonte núm 12, a semejanza de un rico panal, hay numerosas celditas donde las abejas proletarias, después de la ruda labor cotidiana tienen la directiva de sus oficios, preparan la marcha y desenvolvimiento de los asuntos concernientes a cada agrupación, que en junta general mensual se discute en aquel magno salón donde con gran frecuencia realizan labor intensa y educativa los primeros cerebros de la mentalidad española.

    No os pedimos, obreros tarifeños que os igualéis a lo que estos han conseguido esas mejoras que os pareceran cuentos de hadas y que los desconfiados y excépticos por convivencia califican de utopías cuando no de embustes, se han alcanzado poniendo la voluntad al servicio de la idea única, de la idea madre, de la de santa redención y no por la Cruz, de la unión y del esfuerzo de los mismos trabajadores.

    Uníos por tanto primero, después organizarse; pensad en vuestras miserias, en vuestras hambres, en el desamparo en que vivía, en la ignorancia que forjan las cadenas de vuestra esclavitud social y política, pensad... y a la lucha, el problema está ahí.

    Los primeros pasos serán difíciles, tropezaréis con frecuencia, pero la fe, en el ideal que grabéis en el dédalo de vuestros cerebros y la esperanza en el porvenir, os darán la victoria. El porvenir es nuestro.

    Vuestros hijos serán los que recogerán el fruto de esta labor, y que mayor orgullo que decirles al morir: ¡Parias, esclavos y miserables éramos, y vuestros padres os han redimido, ya sois hombres libres y conscientes, seguid nuestros pasos, imitad nuestro ejemplo!.

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