PERSONAJE TARIFEÑO

ALJARANDA

La Cruz Roja de Tarifa

    Este espacio de la revista, que siempre hemos dedicado a una persona física, en este número y de manera excepcional lo dedicamos a una institución: la Cruz Roja de Tarifa. Y lo hacemos porque las instituciones están formadas por personas, y son éstas, las personas, con su comportamiento, las que las prestigian o las que las denigran.

    El pasado 7 de mayo, en Córdoba y de manos de S.M. la Reina, el presidente de la institución en Tarifa, recogía la medalla de oro concedida en reconocimiento a la labor en pro de los inmigrantes ilegales. De las siete medallas de oro para toda España que se entregaron ese día, la única que correspondió a una asamblea local fue la otorgada a Tarifa. Las otras seis fueron para asambleas provinciales.

    Tan alta distinción, como es lógico, no se concede de manera gratuita. De hecho, muchas, muchísimas habrán sido las labores humanitarias llevadas a cabo por la Cruz Roja en toda nuestra geografía, lo que da idea y realza el mérito de estas personas, en su mayoría jóvenes voluntarios, que conforman la asamblea local de nuestro pueblo.

    Los medios de comunicación durante estos últimos dos años han prestado una especial atención al problema de la inmigración clandestina. Ello ha permitido que se conozca, además del problema en sí, la tragedia de muchos pobres desesperados africanos que cruzan el Estrecho sobre frágiles pateras y en condiciones inhumanas huyendo del hambre y la miseria, y que buscan un rumbo más favorable para sus vidas en Europa. A estos desesperados, desheredados de todas las fortunas y víctimas de todas las injusticias, han dedicado su mejor atención los jóvenes de la Cruz Roja tarifeña.

    En imágenes de televisión y en fotos de periódicos los hemos podido ver por los arrecifes y los riscos de La Caleta o por los arenales de Los Lances realizando salvamentos, ayudando a los que llegan, curando a heridos, proporcionándoles ropa seca y alimentos, acompañándolos en el Centro de Acogida, dándoles orientación, información y afecto. Otras veces lo que es más triste, recogiendo los cadáveres de los que se quedaron en el camino y que la mar arroja sobre las rocas de la costa o las arenas de las playas.

    Por todo ello, nos unimos a las muchas felicitaciones que sin duda habrán recibido. Y lo hacemos con emoción, con admiración y con respeto. Con muchísimo respeto.

Personal de la Cruz Roja del Mar, en sus labores de vigilancia y socorrismo. (Foto I. Sena)

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