| GEOGRAFÍA | ALJARANDA |
Para cualquier observador debe resultar un hecho manifiesto y evidente el sustancial cambio que ha experimentado Tarifa en los últimos, digamos, diez años. Porque no se remonta mucho más atrás el despegue turístico, esencialmente, que, debido al windsurfing, nos ha tocado en suerte vivir en la actualidad. Pero, gracias a su posición geográfica, nuestra ciudad dispone de otras potenciales formas de riqueza que bien aprovechadas podrían generar unos buenos beneficios económicos. Por todo esto, creo de importancia suficiente reflexionar un poco, en voz alta, acerca de una cuestión tan de interés de todos los tarifeños y campogibraltareños en general.
El marcado carácter de plaza fuerte ha sido el factor que más claramente ha determinado las posibilidades de desarrollo económico de Tarifa hasta prácticamente nuestros días. Sin duda, el uso casi exclusivamente militar que se le ha venido dando a buena parte del término, sobre todo, el litoral, ha condicionado otras perspectivas de explotación comercial del territorio. También es verdad que a partir de que los soldados destinados aquí tuvieron cierta capacidad adquisitiva, su presencia supuso una relativa fuente de ingresos para bastantes tarifeños. Inevitablemente, un sector de la economía de la ciudad se orientó hacia los bienes y servicios que demandaban esos consumidores, la mayor parte, jóvenes de paso, de los que, en cierto modo, se hizo dependiente. Así se entiende que cuando el último regimiento con base en Tarifa, el Alava nº 22, salió de la ciudad hace no muchos años, la gente expresara sus protestas, pues, lógicamente, con su retirada, temían una crisis fatal para el frágil comercio local.
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| Interior de la estación Tarifa-Tráfico, en donde se controla la navegación por el Estrecho. (Foto M. Rojas) |
Por otra parte, esta bien claro que el estrecho de Gibraltar se ha convertido en una frontera nítida entre dos mundos: el desarrollado y rico, al Norte, y el de los países pobres o en vías de desarrollo, al Sur. Nuestra ciudad sigue ejerciendo su tradicional papel de vigilancia sobre el Estrecho, ahora reforzado con la irrupción de un aspecto nuevo y dramático, como es el de la inmigración clandestina producida por esa abismal diferencia en el nivel de vida en unos países y otros. De ningún modo pretendo que Tarifa se convierta en la ciudad de las pateras, pero sí que habría que ver el lado positivo, y que, de alguna forma, lo que en principio parece un grave problema revirtiera provechosamente en el pueblo.
El control sobre el tráfico marítimo del Estrecho ya se viene ejerciendo, en parte, desde aquí, con la estación Tarifa Tráflco, que comenzó su andadura allá por 1987, y que, según parece, va a pasar a depender de una sociedad de salvamento. De todas formas, y sean cuales sean sus funciones, se hace preciso un sustancial aumento de los efectivos, tanto materiales como humanos, para la vigilancia de este importante paso marítimo e intercontinental. Por cierto que, según información aparecida en el diario El País de 19 de septiembre de 1992, una empresa española ha empezado a construir en Tánger una torre de telecomunicación que permitirá controlar el tráfico y la seguridad en el Estrecho, así como el movimiento de barcas tipo pateras que transporten inmigrantes ilegales.
No sé si el título de ciudad de las pateras le viene muy bien a Tarifa; pero uno que si le viene que ni pintado es el de capital del viento o también el de Meca del windsuding. Y esto me da pie para apuntar que el clima también condiciona fuertemente el desarrollo de una determinada región o zona. De ello saben mucho los tarifeños, ya que han visto mermado, en cierto modo, su potencial económico debido a algún elemento climático. Lógicamente, el sector económico más condicionado por el clima ha sido tradicionalmente la agricultura, y en tiempos pasados, más que ahora.
Pero en la España de la actualidad, ha sido el turismo el motor de progreso, especialmente en las zonas costeras donde gozan de buenas playas y unas condiciones atmosféricas favorables. Tarifa quedó al margen de aquel inicial boom, como se puede observar claramente si lo ponemos en relación con otras zonas cercanas que han experimentado un gran desarrollo turístico desde hace muchos años. Pero es ahora cuando está conociendo el turismo gran desarrollo turístico desde hace muchos años. Pero es ahora cuando está conociendo el turismo masivo, gracias precisamente a ese aspecto del clima que antes hipotecaba su despegue: el viento de Levante, naturalmente. Con el reclamo de ser capital del viento, ha ido atrayendo cada vez a más visitantes. No se trata ya sólo de los practicantes del deporte windsurfero, sino, que, a partir de éste, ha surgido un interés general, que va en aumento cada día, por conocer esta ciudad, sus playas y su peculiar ambiente. Se han construido hoteles, existen ya varios campings, que en verano no dan abasto, las tiendas relacionadas con la práctica del windsurfing proliferan por doquier... No cabe duda de que la industria del turismo es la mejor baza con que puede contar nuestra ciudad para su ennquecimiento.
Por otro lado, la explotación de las inmejorables condiciones que esta zona ofrece para la producción de energía eólica es otra posible fuente de riqueza para el pueblo. Esto es algo que también se está viendo ya plasmado en realidades, como se puede observar nada más salir del centro y echar una ojeada a los montes tarifeños. Ya es un hecho el que Tarifa se haya convertido en el parque eólico más grande de Europa, capaz de producir 72 millones de kilovatios al año.
Estos montes, transformados en un auténtico hormiguero de gigantes con brazos metálicos, probablemente pondrían loco de contento a don Quijote o, mas bien, creo yo, le volvería loco de remate, por no saber adonde acudir con su lanza justiciera ante tamaño ejército. Por todo ello, no es exagerado hablar de una auténtica industria del viento en Tarifa, concepto que debería quedar registrado en letras de molde en algún libro de oro de la ciudad.
Un aspecto nada desdeñable de la potencialidad que atesora la ciudad de Tarifa y su término municipal es el relativo a la riqueza ecológica. Aparte otras consideraciones acerca de cómo puede ser aprovechable ésto, no debemos olvidar que el turismo ecológico está en pleno crecimiento. Esta zona es el puente natural para el paso de las aves migratorias entre Europa y África. En este sentido, por fortuna, ya tiene declarada por la Junta de Andalucía como reserva ornitológica la zona de la desembocadura de los ríos de la Vega y Jara. Hay que conservarla bien. A este respecto, debemos recordar que ha sido un verdadero desastre ecológico la pérdida de la antigua laguna de la Janda, cosas del progreso también, sin duda. La declaración del extenso parque natural de Los Alcornocales viene a remediar, si ello es posible, tan irreparable pérdida.
Otro factor a destacar es el de la ventajosa situación de Tarifa para las comunicaciones con el Norte de África. En otros tiempos, el puerto tarifeño fue muy utilizado para el embarque de tropas y pertrechos para Ceuta. Además, muchos tarifeños se han dedicado tradicionalmente a abastecer aquella plaza de leña, carbón y otros productos que le eran tan necesarios a su guarnición militar. Esta cuestión ya la he analizado ampliamente en mi articulo Tarifa y los socorros a la plaza de Ceuta (1720-1723), publicado en el número 7 de la revista de estudios campogibraltareños Almoraima.
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| Imagen de una de las pateras que abundaron el pasado año. (Foto I. Sena) |
Otro capítulo importante de la historia tarifeña es el concerniente a las relaciones con Marruecos. Y a pesar de que muy a menudo han estado sujetas a los agitados vaivenes de la política hispanomarroquí desde hace siglos el puerto de Tánger ha venido manteniendo estrechos contactos con el nuestro, como ha destacado ya Carlos Posac Mon en su artículo Las relaciones comerciales entre Tánger y Tarifa en el periodo 1766-1768, aparecido en el número 4 de la citada revista Almoraima.
Por fortuna, las relaciones entre ambas orillas del Estrecho tienen un carácter bastante más amistoso ahora que en épocas anteriores. Y en este nuevo contexto de relaciones, pienso que el puerto de Tarifa puede, y debería, sacar mucho más provecho en su situación geográfica de lo que hace en la actualidad. A cualquier observador le parecería lógico que su cercanía al de Tánger debiera verse traducido en un sustancial incremento del transporte de pasajeros lo que, de paso, serviría de gran alivio para Algeciras y en el fomento de los intercambios comerciales.
De cualquier forma, no se puede dudar del creciente protagonismo que en un futuro, esperemos que no muy lejano, va a desempeñar esta zona, y en concreto nuestra ciudad, como punto crucial de sutura intercontinental. Me refiero a la ya vieja aspiración de unir Europa con África por medio de un puente o túnel submarino a través del Estrecho. Lógicamente, casi todos los proyectos en estudio apuntan a la costa del término tarifeño como la más idónea. En concreto, sería la zona comprendida entre Bolonia y Valdevaqueros la que contaría con mayores posibilidades de servir como pilar europeo.
Ese proyecto ha cobrado últimamente una gran actualidad, y ahora sí se trabaja en él de manera seria y con ánimo de hacerlo viable, para lo que se han creado la Sociedad Española para la Comunicación Fija a través del Estrecho de Gibraltar (SECEG), y su correspondiente por parte marroquí, la Societé Nationales d'Etudes du Detroit (SNED). En este sentido, a pesar de las muchas y difíciles condiciones naturales que habría que salvar, lo que más se discute es sobre la rentabilidad de esta magna obra, pues técnicamente es posible hoy en día.Yquien puede cuestionar que, de realizarse, se daría un nuevo rumbo a la historia tarifeña, en el más amplio sentido de la palabra. Sus beneficios serían inmediatamente percibidos por los tarifeños, pues tendría un fuerte impacto cuantificable no sólo en términos económicos, sino también ambientales, culturales, etc...
Así podríamos seguir comentando factores positivos de la posición geográfica de Tarifa. Pero concluiremos ya, no sin reiterar que no nos cabe la menor duda de que actualmente, y después de siglos de imperdonable olvido y serias dificultades, gracias precisamente a su excepcional situación, soplan buenos vientos para nuestra ciudad, y le seguirán siendo favorables en el futuro. Para aprovecharlos mejor, y por aquello de pertenecer al mundo de la enseñanza, me atrevo a sugerir que no estaría nada mal que el Ayuntamiento, quizás con la colaboración de otras entidades, locales, comarcales o regionales, organizara aquí la celebración de unos cursos de verano, que tan de moda están, sobre temas específicos del Estrecho.
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