PERIODISMO

ALJARANDA

La Revolución del "voraz"

Ildefonso Sena Rodríguez

Continuamos en este número el artículo periodístico de Ildefonso Sena que, dividido en cuatro partes, fue publicado en Europa Sur el 25 de octubre de 1991, obtuvo el primer premio de Periodismo Ciudad de Tarifa, que convocara el Excmo. Ayuntamiento de Tarifa con motivo del VII Centenario de la Toma de la Ciudad.

    En la década de los sesenta, Tarifa era uno de los puertos pesqueros más importantes del Sur. La flota de bajura, dedicada fundamentalmente a la pesca de la caballa, la sardina y el boquerón ocupaba por completo las instalaciones del pequeño puerto. Los pesqueros compartían sin problemas el recinto portuario con la flotilla de lanchas torpederas de la Estación Naval, hoy desaparecida.

    Pero un buen día llegó la crisis. Al despertar de los intereses marroquíes, cuyos caladeros eran explotados por la flota española sin nada a cambio, se unió la nula reconversión de la flota. Armadores más interesados en gastar el dinero en otras cosas que en beneficio de sus barcos, acabó con la riqueza de una industria que, paralelamente, alimentaba a otra: las fábricas de conservas.

    Así, de la noche a la mañana, el puerto se fue quedando vacío. Hasta hace unos diez años, apenas tres "traiñas" que aún subsisten y cinco o seis trasmalleros artesanales eran toda la infraestructura pesquera de Tarifa. El que fuera uno de los puertos pesqueros más importantes del Sur comenzó a exportar pescadores, hasta el punto que más de las tres cuartas partes de los marineros de Algeciras eran tarifeños.

UNA MINA LLAMADA "VORAZ"

    Nadie se pone de acuerdo sobre quién fue el primero. Se sabe que los pescadores de Ceuta llegaban de vez en cuando a la lonja tarifeña para vender voraces . ¿Qué es esto que cada vez se cotiza más en la subasta? ¿Cómo se pesca?.

    La curiosidad, en perfecto maridaje con la necesidad, hizo el milagro. Los pescadores tarifeños, profesionales hasta la médula, conocen el Estrecho como la palma de su mano. Uno de ellos (cualquiera de los más viejos pudo haber sido) se lanzó un día a la aventura, y llegó cargado de "voraces". Afortunadamente, los vendió muy bien, y comenzó el disparate. Hoy, cerca de un centenar de barcos se dedican a esta pesca.

UN ROSARIO DE ANZUELOS

El puerto de Tarifa (Foto I. Sena)

    Una hora antes de marea; el puerto pesquero se va quedando solo. El éxodo de los barcos parece infinito y el Estrecho se convierte en una especie de hormiguero. Son procesionarias de madera, pequeños barcos con seis o siete hombres como media de tripulación que se dirigen al caladero, al límite de las aguas jurisdiccionales españolas.

    Como las hormigas también pescan todos juntos; a veces incluso se cruzan los aparejos, que quedan inservibles. El "voraz" se pesca al palangre, una "madre" de grueso calibre conforma la "voracera", aparejo similar a un gigantesco rosario de anzuelos.

    Cuando llega la hora adecuada, el patrón manda largar la "voracera" después de afianzar a bordo uno de sus extremos. Poco a poco, el aparejo va cayendo en seno sobre el agua. Al final, se ata una piedra de varios kilos en el extremo inferior mediante un nudo falso, fácilmente zafable con un tirón.

    Esta piedra es el lastre imprescindible; la faena se realiza a mucha profundidad y las corrientes son fuertes, sin este lastre el aparejo nunca llegaría a fondo.

BLANCO SOBRE AZUL

    La pesca es artesanal. Es cierto que hoy día los pescadores han aceptado artilugios electrónicos que detectan la presencia del pescado pero, en este caso, todo se desenvuelve por intuición.

    De esta forma, algo que flota en el aire dice el patrón que haya que levar el aparejo. Después de la orden, se zafa el lastre de piedra y empieza el momento de mayor emoción. Pronto las dudas se van despejando y, si hay suerte, los blancos y plateados lomos de los besugos se van dibujando sobre el azul marino.

    Los peces no presentan batalla: la diferencia de presión es tan grande que los "voraces" apenas pueden resistir la emersión y llegan exhaustos a la superficie. Poco a poco, el aparejo se va cobrando mientras las cajas de plástico cambian su inútil vacío por la preciosa carga.

    Después de varios lances (cuatro, cinco o seis, según la marea) la faena termina y se inicia el regreso. El puerto recobra de nuevo la vida, como un colegio después de vacaciones. La lonja es toda una feria y, en menos de media hora, las cargas de "voraces" se convierten en dinero contante y sonante.

    Al día siguiente, muy de mañana, se repetirá la historia. Naturalmente, si el Levante y la niebla lo permiten.

El dulce encanto de ser historia

    "En el año 711 Tarif Ben Malluk desembarca en las costas de la Península Ibérica enfrentadas al Estrecho, llegando a un lugar que más tarde se llamaría Tarifa". Cuando oí por primera vez estas palabras, pronunciadas por mi profesora de Historia, sentí lo que he dado en llamar "el dulce encanto de ser historia".

    En la Tarifa antigua, lo que queda de la Almedina árabe que las tropas castellanas no pudieron destruir, el paseante se siente transportado a épocas pasadas. Rodeada de murallas con el sello indiscutible de los hijos de Alá, los patios de corte morisco se suceden en perfecta armonía. Es cierto que la nueva Tarifa, la que recondujo su historia a partir del 21 de septiembre de 1292, los ha ido transformando. Pero en el ambiente flota aún ese aire moruno que dió origen a este Sur del Sur.

    Y, como máximo exponente, la alcazaba árabe. Es curioso; casi todos los edificios se recuerdan por el nombre de quienes los mandó construir, y no ocurre así con el castillo. Las placas indicativas lo llaman "Castillo de Guzmán el Bueno". Alguien una vez lo llamó "De los guzmanes", vete tú a saber porqué. Pero nadie lo ha llamado "De Abderramán III".

    El castillo de Tarifa es de los pocos españoles que tienen su partida de nacimiento (como muy acertadamente dijera el insigne escritor recientemente fallecido, Jesús de las Cuevas). Se sabe cuándo nació: en marzo (aproximadamente) del año 960 y quién lo mandó construir: el califa Abderramán III. La importante obra cumplió este año la friolera edad de 1031 años.

IMÁGENES E IGLESIAS

    El castillo es, sin duda, todo un símbolo. Pero, ¿dónde dejamos a la iglesa de San Francisco, la "catedral" de San Mateo, la derruida iglesia de Jesús o la misteriosa de Santa María?. Son edificios consustanciales con Tarifa: Son parte de la historia de España, en un lugar de vital importancia por ser puente de culturas.

    En el interior de esos templos, San Mateo y San Francisco, otras joyas permanecen casi escondidas. Imágenes de antaño de autores desconocidos que producen, al menos, desasosiego interior. El Cristo de la Salud, el del Consuelo, El Nazareno, Los Dolores. Más lejos, en su ermita campera, la Virgen de la Luz, la más extraña de las imágenes marianas.

    Todo, en definitiva, es historia en Tarifa. Es otro aliciente más en la ciudad del Estrecho. La que Sancho IV calificó para siempre de "Muy noble, leal y heróica", en unos tiempos en que estos dones eran reconocidos. Hoy quizás no importen, que todo es cuestión de gustos y opiniones.. Pero, sin duda, algo queda.

 Kilovatios de viento

    El viento no sólo iba a servir para mover tablas de windsurfing. El viento, que no cobra por soplar, es un energía limpia que la crisis del Siglo XX y el inconformismo ecológico han puesto de moda. Ya en la Edad Media los molineros de la Mancha descubrieron su eficacia y ahora, los físicos de la Moderna aplican sus efectos a la generación de energía eléctrica.

    Cuando celebramos el número 1.000 de este diario, el disparate eólico de Tarifa no ha hecho más que comenzar. En tan sólo otros trescientos números, el mayor parque eólico de Europa podrá ser contemplado en su término municipal.

    Por ahora, 18 máquinas de distintos tipos se encargan de hacer rentable la energía eólica, después de años de investigaciones. En proyectos de ejecución, se encuentran la Planta Eólica del Sur, con 183 aerogeneradores, y la Planta Eólica del Estrecho, con 50.

    Aún cuando estos macroproyectos sean realidades importantes, el futuro eólico de Tarifa todavía se encontrará en pañales. Kilovatios de viento barato y limpio, ajeno a contaminaciones ambientales que agredan un medio con futuro turístico, al que va unido. En definitiva, ¿no es un atractivo más contemplar la extraña máquina del viento?.

El windsurfing, un deporte que ha cambiado la fisionomía de Tarifa (Foto I. Sena)

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