| HISTORIA | ALJARANDA |
Francisco Terán Fernández
Un suceso memorable ocurrido en la Tarifa del pasado siglo, en el que tanto padeciera su vecindario, fue el poco conocido (ignorado por la mayoría de los tarifeños), que la crónica local denominó El suceso de los cigarreros.
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| El absolutismo de Fernando VII propició la acción del Coronel Valdés. |
Tras la vuelta de Fernando VII, con el famoso decreto de amnistía, que de amnistía tenía bien poco, muchos de los vencidos, sin darse como tales, se refugiaron en Gibraltar. Uno de éstos fue el coronel Francisco Valdés. Este coronel Valdés, que al frente de una partida de los allí refugiados, se apoderó de Tarifa en la mañana del 3 de Agosto de 1894. Un chispazo más de la rebelión ante el airado retorno del absolutismo de Fernando VII. Caso éste de Valdés, como el de aquel cirujano llamado López Merino, levantado, con una pequeña partida contra las tropas realistas en la serranía de Ronda; como aquél tal Merconti que con otro diminuto grupo desembarcara en Marbella, aún cuando tuviera que retornar presto a Gibraltar; y como aquel otro que capitaneaba Cristóbal López de Herrera y lo hiciera en Jimena. Y así, Valdés, el Coronel Valdés, al frente de esa partida de refugiados en el Peñon y de algunos vecinos del mismo, se introdujeron en nuestra ciudad en esa dicha mañana del 3 de agosto, al grito de Viva la Constitución de 1812.
Previamente se habían apoderado de la Isla de las Palomas, donde desembarcaron aquella noche, sorprendiendo a la escasa guarnición; una compañía del Regimiento de Inválidos, mandada por el capitán José Ramón Aznar, que interinaba el cargo de Goberandor Militar por econtrarse en Algeciras el que lo era, brigadier Manuel Daván Urrutia. Y a la vez que tomaban la Isla, liberaban a los reclusos de aquél presidio que, como es natural,se unieron a los asaltantes, que con éste refuerzo consiguieron formar un grupo de cuatrocientos, que al dicho amanecer, al abrirse las puertas de la población, se hizo dueño de la misma.
Entonces, ya se sabe, Tarifa, toda amurallada, no contaba más que con tres puestas: la de Jerez, la del Retiro y la de la Mar...
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| Santa Catalina, en donde se refugiaron algunos de los rebeldes. (Foto M. Rojas) |
Fue mucho lo que sufrió el vecindario tarifeño ante tan vandálico suceso, que como digo, dieron en llamar el suceso de los cigarreros. Y esto justificado por cuanto muchos de los que acompañaban a Valdés, unos setenta, eran trabajadores del tabaco en la plaza calpense.
Al frente de la Comandancia General del Campo de Gibraltar, en Algeciras, José O'DoneII, dispuso de fuerzas que auxiliar a Tarifa, justamente con una brigada francesa y buques de su armada real mandada por el conde D'Astorg, yendo al frente de las fuerzas españolas José Barradas.
Sitiada la plaza y a pesar de ser fuertemente combatida por mar y por tierra, no les fué tan fácil como creían el conquistarla, ya que los sitiados, que habían tapiado las puertas, se defendían denodadamente. Quince días les fue preciso para la liberación. Y ello, gracias a que colocaron un cañón en el derruido convento de San Juan de Prados y consiguieron abrir una brecha en el lienzo de muralla donde estaba el almacén de Cilla, por donde entraron las fuerzas liberadoras. Era el 19 de Agosto.
Vencidos ya los rebeldes, estos se refugiaron en la Isla, quedando algunos parapetados en el fuerte de Santa Catalina, en donde al fin fueron hechos prisioneros, para, conducidos a Algeciras, ser allí fusilados. En cuanto al Coronel Valdés, aquella misma noche, con el resto de la gente, desde la isla, escapó en una embarcación, logrando ganar la costa marroquí.
Se dice y no se cuenta de cuantas calamidades sufrieron los tarifeños: muertes, hambre, saqueos y toda clase de tropelías, consecuencias naturales de los rigores de una guerra dentro y fuera de la ciudad; no faltando aquellos pocos traidores de la población misma, que facilitaban pistas a los asaltantes para que pudieran llevar a cabo sus fechorías.
Como muchos de los vecinos, sobre todo mujeres, se habían refugiado en la Iglesia, una bomba caida en la Ermita de Santiago o Jesús, causó no pocas victimas, conociéndose algunos nombres: Maria Castro, viuda de Diego Mendoza, que fue enterrada en dicha Iglesia. Asimismo murieron en este triste caso muchas personas más, entre ellas Luisa García y las jóvenes Micaela Llano y Salvadora Caballer.
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| Calle de Guzmán el Bueno, la que fuera en su día calle del Coronel Valdés. (Foto M. Rojas) |
Muy destacado fue el heróico comportamiento del vicario de la ciudad José Gutiérrez Noriega, que en medio del mayor peligro, en ocasión del cañoneo para abrir la brecha de la Cilla, cuando los sitiados y sitiadores se correspondían con el fuego más intenso, no le importó salir de la plaza, para implorar al general francés clemencia en favor de su pueblo. Tan brillante y heróica acción, aceptada por ambas partes contendientes, le valió al ser conocida por el rey, la dignidad de chantre de la Iglesia Catedral de Cádiz.
Y tras el caso relatado, se repitió lo de siempre. Por entonces, como era lógico, era declarado faccioso y de lo peor, y en verdad fue bastante condenable su acción. Así se hacia destacar en los acuerdos posteriores de Cabildos, que enumeraban además, el haberse llevado todos los fondos del municipio y cuanto pudo obtener en el saqueo a los vecinos, amén de la correspondencia oficial del Gobernador interino, capitán José Ramón Aznar, la del teniente Ramón Maestre y la del cabo Huertas; la de este sobre todos, como muy leal y valiente.
Y para empañar estos plácemes, la actitud del coronel de las Milicias Urbanas y regidor perpetuo de la ciudad, solicitando del Ayuntamiento la donación de la Dehesa La Canchorrera, como compensación de esos días de cautiverio y vejaciones que le había hecho sufrir Valdés. Claro que la prebenda le fue denegada por el Cabildo.
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| Fachada de la Iglesia de Jesús, donde murieron varias personas durante el asalto. (Foto M. Rojas) |
De todo ésto y mucho más, que sería prolijo enumerar, se habló y escribió, condenándose, como condenable era la acción de Valdés. Sin embargo, al soplar aires más liberales, sacudidos los tiempos de la opresión, el Ayuntamiento de 1841, en sesión solemne de 22 de Julio, proclamó al Coronel Francisco Valdés, héroe y patriota insigne, defensor de las libertades patrias, dando su nombre a una calle, la llamada calle de los Mesones, actualmente calle Guzmán el Bueno, y que siempre fue conocida como calle del Mar. Y así mismo se acordó levantar en la Puerta de Jerez, a su derecha, un monumento con una lápida conmemorativa de los hechos, con relación nominal de los que perecieron en ellos, así como que todos los años, el día 3 de Agosto, se celebrara el aniversario en honor de los mismos. Creo que dicho monumento debió erigirse conforme lo acordado aún cuando después no he tenido ocasión de ver ninguna referencia sobre el particular.
Ya en estas fechas, en la Puerta de Jerez, había una Cruz, la Cruz de la Puerta de Jerez, ajena por completa a ese caso. En el año de 1791 ya se citaba su existencia.
Y secuela de este hecho de Valdés, quedó posteriormente el bandidaje en el campo. Ello por parte de aquellos individuos que habiendo conseguido escapar, presidiarios todos de los liberados en el penal de la Isla que dispersos por la campiña tarifeña, venían sembrado el terror entre los humildes labradores, objetos de sus robos y saqueos. Ello motivó, que el Comandante General del Campo de Gibraltar, enviara fuerzas de caballería para la debida protección de estos vecinos y de sus haciendas.
Con el compromiso por parte del Ayuntamiento de facilitar a las fuerzas el pan y comestibles necesarios y gratificarlas con mil reales por cada ladrón capturado.
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