HISTORIA

ALJARANDA

El otro Alonso

Cristóbal Delgado Gómez

    Hay un capítulo de la historia de Tarifa, que siempre ha despertado mi atención de manera muy singular, principalmente por lo poco difundido, a pesar de ser un suceso especialmente relevante para la Historia de España del siglo XV, y particularmente honroso para la de Tarifa, que, una vez más, añadía un timbre de lealtad a sus abundantes privilegios.

    De todos es conocido como Don Alonso Pérez de Guzmán, "El Bueno", el legendario defensor de la plaza tarifeña, fue también conquistador de Gibraltar a los musulmanes en tiempos de Fernando IV, el día memorable del 19 de septiembre de 1309, y cómo a la par moría en los campos de Gaucín atravesado su cuerpo por una saeta enemiga.

    Hasta aquí el episodio ha sido suficientemente difundido, y entrar en detalles complementarios sería caer en cansados tópicos.

    La plaza gibraltareña en 1333 volvió a ser recuperada por los moros.

    Pero, a donde yo quería verdaderamente llegar, es al momento de la segunda conquista de Gibraltar, a la de 1462, en tiempos de Enrique IV, que también llevó a cabo otro alcaide de Tarifa (Alonso de Arcos) y cuya acción, difuminada entre intrigas y rivalidades de las Casas de Arcos y Medinaceli, ha acabado casi ocultando el nombre del verdadero conquistador de la Roca, o citándolo, tan de pasada, que hay que hacer un verdadero esfuerzo de lectura para extraer el nombre de este otro Alonso, de entre los farragosos párrafos de algunos textos.

    Hay autores, sin embargo, que, haciendo honor a la verdad, resaltan el nombre de nuestro alcaide, y llegan incluso a entrar en consideraciones sobre el olvido al que la Historia lo relega. Tal es el caso de Juan del Álamo, que en su obra meritísima Gibraltar ante la Historia de España, hace algunas observaciones tan estimables como ésta: La gloria principal de esta conquista de Gibraltar debiose al tan valiente como modesto alcaide de Tarifa, Alonso de Arcos. Él acometió la empresa con tropa pagada a su costa, él asaltó primeramente la plaza y él puso a los moros a punto de rendirse antes de la llegada de los magnates que acabaron después por disputársela (1).

Aspecto actual de la plaza de Gibraltar

    Y es verdad, porque los hechos sucedieron, más o menos, así: Era en aquel tiempo Alcaide de Tarifa el caballero de Utrera Don Alonso de Arcos, puesto en dicho cargo por el entonces propietario de la plaza tarifeña Don Gonzalo de Saavedra.

    Sucedió que un moro convertido, evadido de Gibraltar, al que llamaban Alí, informó a Don Alonso de que la Roca se hallaba en aquel tiempo casi totalmente desguarnecida por haber marchado la mayoría de los soldados de su guarnición a Granada y a Málaga.

    El Alcaide, al oir estas confidencias, pensó que era el momento indicado para apropiarse de la plaza, y con la mayor urgencia dispuso 80 caballeros y 200 infantes, trasladándose con la mayor rapidez a las proximidades de Gibraltar.

    Y, apenas llegado ante sus puertas, capturó a dos espías moros que le confirmaron la escasez de fuerzas que padecía la ciudad en aquellos días.

    El Alcaide de Tarifa, con el fin de reforzar sus tropas, envió correos pidiendo auxilio a Jerez, a Medina Sidonia, a Jimena y a otros puntos de las proximidades. Solicitando también la ayuda del Conde Arcos y del Duque de Medina Sidonia.

    Pero antes de que estos auxilios llegaran, los musulmanes, considerándose ya perdidos al ver las tropas que los cercaban, enviaron a Don Alonso emisarios proponiéndole la entrega de la plaza a cambio de determinadas condiciones que garantizaran el respeto a la vida y la salida honrosa de los gibraltareños.

    Don Alonso, sin embargo, dando pruebas de nobleza, no quiso aceptar las condiciones que le proponían hasta no consultar con los señores a quienes había solicitado su colaboración y ayuda.

    Llegó al Real, al poco tiempo, Don Rodrigo Ponce de León, hijo del Conde de Arcos con un grupo de lanceros, y, nuevamente los moros le reiteraron las proposiciones de paz; pero éste, siguiendo el ejemplo de Don Alonso, quiso esperar la llegada de su padre y del Duque de Medina Sidonia, para tomar juntos la decisión que más conviniera.

    Comienza en este punto, un tanto confuso, una serie de forcejeos entre ambas Casas para decidir cual de las dos ocupará la Roca, y, al final, sin claro acuerdo, es el Duque de Medina Sidonia el que ocupa la fortaleza.

    La entrega de la plaza se llevó a efecto el viernes 20 de agosto de 1462, día de San Bernardo.

El castillo de Tarifa (Foto M. Rojas)

    Y así Gibraltar fue conquistada, aunque la figura del noble y valiente Alcaide quedó casi oculta al situarse él al margen de aquellas diferencias surgidas entre los nobles venidos en su ayuda, cuya cuestión, al final, dio lugar a enconadas rivalidades que habían de perdurar por mucho tiempo.

    Un epitafio, sin embargo, recordaría años después al verdadero conquistador de la plaza.

    Cuando murió el Alcaide de Tarifa, en 1477, fue sepultado en el monasterio de La Cartuja de Sevilla, y allí se hizo constar esta inscripción: "Aquí yace sepultado el honrado caballero Don Alonso de Arcos, Alcaide de Tarifa, que ganó Gibraltar a los enemigos de nuestra Santa Fé.1477". (1).

    En fin, mi intención en estos momentos de conmemoraciones y recuerdos, no es más que traer a la memoria el nombre de este otro Alonso, también Alcaide de Tarifa, para poner de relieve la singular coincidencia de que fueran dos alcaides de Tarifa, los que conquistaran Gibraltar las dos únicas veces en que esto ha sucedido, y la anecdótica curiosidad de que los dos se llamaran Alonso.

    Parece como si Tarifa estuviera comprometida con la conquista del Peñón, como si la lealtad de esta bella ciudad no cupiera dentro de sus muros almenados, y tuviera que saltar sus propias murallas en permanente lección magistral de nobleza y heroismo.

BIBLIOGRAFÍA

(1) Gibraltar ante la Historia de España, Juan del Álamo, Madrid, 1942, Pág. 68

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