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Tarifa cuenta con un esperanzador futuro como ciudad turística
Idelfonso Sena Rodríguez
Idelfonso Sena Rodríguez, Profesor de E.G.B. y periodista, ha sido el ganador del premio de Periodismo Ciudad de Tarifa, que convocara el Ayuntamiento de Tarifa con motivo del VII Centenario que ahora conmemoramos. A continuación transcribimos el articulo ganador que apareció originalmente en Europa Sur el 25 de octubre de 1991.
Naturaleza mar y viento. Son los tres parámetros "culpables" de una metamorfosis que ha dado la nueva imagen a Tarifa. En septiembre de 1992 se cumplen 700 años de la "invasión" cristiana al mando de Sancho IV. Si se quiere, en la misma fecha podemos imaginar el XV aniversario de otra invasión, esta mucho más lenta: la de esos "bárbaros del Norte" que con sus curiosas tablas a vela han dado a la ciudad milenaria otra cara, otro estilo, otro color y, sobre todo, prosperidad económica.
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| El Castillo de Tarifa. (Foto I. Sena) |
El 21 de septiembre del próximo y mágico año de 1992, Tarifa cumple 700 años de dominación cristiana. La fecha coincide en el tiempo con el afianzamiento de la ciudad y término como punto turístico de la comarca. Es, sin duda, el Sur del Sur de los visitantes de Europa y el lugar de escape de los campogibraltareños, que inundan sus playas y zonas recreativas durante la temporada estival.
El viento, un fenómeno que durante años significó el principal problema para el desarrollo turístico, que tanto esplendor dió a la España de los años sesenta, ha convertido a la antigua ciudad árabe en una de las localidades andaluzas con mayor afluencia relativa de visitantes.
Todo empezó cuando a un americano de las costas de Florida se le ocurrió colocar una vela a su tabla de surf. Así, de una forma tan genial como sencilla, nació el "windsurf", un deporte que muy poco después iba a transformar el paisaje y la economía de Tarifa. Una ciudad perdida en el Estrecho, apenas conocida por la gesta de Guzmán el Bueno en los libros de texto de enseñanza primaria.
Hoy, 25 de octubre de 1991, Tarifa es una completa desconocida. Durante más de diez años, la ciudad milenaria ha estado sufriendo otra especie de invasion , por los que en algunas ocasiones hemos llamado "los bárbaros del Norte". Los "pubs", bares y discotecas han aparecido como setas de otoño. Casi una docena de tiendas especializadas hacen su agosto particular con la parafernalia del windsurfing y una cantidad similar de factorías se dedican a crear, a caballo entre el arte y la técnica, ese diminuto velero indispensable para navegar en libertad por las aguas del Estrecho.
Para los millones de practicantes de windsurfing con que cuenta Europa, Tarifa es la Meca. Un lugar que, quizás recordando su origen árabe, hay que visitar al menos una vez en la vida. No hay otro sitio mejor en el viejo continente.
EL NEGOCIO DEL TURISMO
Antes de la "Gran hecatombe", Tarifa apenas contaba con tres hoteles, un par de pensiones, un camping y media docena de restaurantes. De pronto, la gente descubrió un maná del Siglo XX y poco a poco se fue haciendo el milagro. Ahora, la rancia tradición gastronómica se puede degustar en una treintena de instalaciones especializadas. Los hoteles y hostales alcanzan la veintena y los campings se cuentan con el número bíblico de 7, repartidos a lo largo de su extenso término municipal.
Ante tal profusión económica, la gente no obstante se queja: "El turismo en Tarifa son sólo dos meses". Pero nunca llega la sangre al rio. Esta temporada, sin ir más lejos, se han batido todos los récords de afluencia, cuando en el resto de España la crisis afectaba a cientos y cientos de instalaciones que llegaron incluso a presentar expedientes de regulación de empleo.
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| El nombre de Tarifa inevitablemente unido al del windsurfing. (Foto I. Sena) |
Y no se trata ya de windsurfistas, que ahora el viento no importa. Cada vez es mayor el turismo interior que llega a la población en verano, Navidades o Semana Santa, que se mezcla en un extraño todo con los músculos de bronce y rubios cabellos. O con las esculturas vivientes de suaves contornos que nos alucinan en las playas junto a las de la propia cosecha.
Es la economía del turismo, dinero contante y sonante que ha transformado pescadores en camareros, tiendas de comestibles en hoteles y caserones antiguos en ruidosos bares de noche. Es la acción depredadora de lo nuevo, la que inventa una moda "inspirada en una cacatúa jamaicana", al decir de Chema Cobo, y que llena las escuelas de colorines con el arcoiris de las bermudas y el prisma de las camisetas. La que despretigió a la corbata y puso de moda el chandal fosforecente hasta para las fiestas.
Hoy, cuando la Tarifa de antes comienza a perderse en la memoria, los chavales de Gijón, Tarragona o Almería seguro que desconocen la gesta guzmaniana que tanto exaltaron los libros de texto franquistas. Pero es muy posible que luzcan en su camiseta un anagrama de colorines proclamando en extranjero aquello de "The wind capital".
Por las calles de Paris, Roma o Berlín, un flamante "BMW" se dirige rápido en dirección al Sur. El techo está plantado de tablas de vela, apretadas en un regular desorden. En la luna posterior una pegatina anuncia: "Tarifa, 100x100 Fun".
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