| POESÍA | ALJARANDA |
Luis Alberto del Castillo
Luis Alberto del Castillo, Profesor y Director del Instituto de Estudios Campogibraltareños, ha sido el ganador de los Juegos Florales de Poesía Ciudad de Tarifa, con este trabajo que a continuación publicamos.
1
En la fúlgida luminiscencia del sol
con el mediodía tiñendo claridades
desde Tánger mis ojos vuelan,
mi alma exangüe a Tarifa regresa.
2
Dime, oh, Dios Miserecordioso y Clemente,
¿hasta cuando este dolor lacerante
mis fuentes secará?
Mortal destierro que mis huesos condena.
3
Como gavillas en la era
nos aspaventaron.
Crueles, nuestras lágrimas
el mar interminable aventaron.
4
En esta playa estoy sentado,
mis dedos ausentes pasan las cuentas;
¿cómo elevar a Ti mis plegarias,
cuando mis venas añoran aquella frontera orilla?.
5
Los abuelos de los abuelos de los padres de nuestros padres,
por más de veinte generaciones nuestra sangre
latió venturosa por el zoco y la Medina Vieja;
ahora los hijos de mis hijos me preguntan:
¿Abuelo, aquella ciudad allende la mar,
entre el taró celada, es Tarifa?.
6
Noches de estrellas
fragancia de azahares;
melancolía de mis muertos ausentes
y la copa vacía, ahora, de otras noches plena.
7
Dime Kaliya, dulce fragancia, con tu risa nívea fuente
que el brocal de tus labios enciende,
¿no era tu flor hoguera, allá, en nuestra tierra perdida,
que mi fuego apagaba?.
¡Bebe, paloma mía,
apura conmigo el vino del olvido!.
8
Dice el sabio, que Dios Omnipotente lloró
de alegre amor rendido ante la belleza de nuestro ríomar.
Sus perlas salinas fueron la luz,
blanca, brillante ciudad del guerrero ilustre.
9
¿Por qué culpas al aromático caldo,
el amor de las bellas mujeres,
a nuestra mar y a nuestra blanca cal,
de nuestra debilidad?.
10
Te jactas. Eres orgulloso.
Pretensioso, ¿de qué?
¿Acaso tus desiertos son virtud,
tu pobreza austeridad?.
11
Esta noche, aquí, en esta orilla del amplio ríomar,
en noche cristalina halcón soy
vislumbrando los fuegos de mi Tarifa perdida.
Esta noche, en secreto, me emborracharé.
12
Bebo el amargo vino frío del
olvido,
La vergüenza
el odio
la rabia.
13
Nadie nos hace caso, ¡oh, Kaliya,
perfume de naranjos y limoneros!
Hermosísima cuando bebía tus pechos menudos
y en tus muslos granaban la sal y la vida.
14
El alfaquí me ha mandado llamar.
Ebrio amanecí esta mañana
en la tibia arena.
¿Puedo hacer otra cosa?.
15
¿Sabes tú lo que es perder tus rincones,
vagar sin tumbas y sin hermanos?
Si a Dios le plugo castigar así nuestros pecados,
por qué nos tentó con aquel vergel.
16
Aquí, me dices, encontrarás tu nueva tierra,
tu alma en esta ribera se confortará y se explayará.
Las armas me expulsaron de mi orilla,
¿quién traerá la paz a mi corazón humillado?.
17
Las golondrinas me piden que regrese.
¿Para qué? ¿Qué hacer en Ronda, Granada o Almería?
Todas son frutas que maduran
y una amanecida las recogerán del árbol caídas.
18
Nuestras tierras ya están escritas
en el Libro del Clemente y Misericordioso;
no leo nuestros nombres
en esas páginas de amor y luz.
19
Terrible decisión.
Sin amigos, la sola compañía de tu llanto,
tristísimo desconsuelo de añoranzas cuajado.
Oh, Kaliya tiernísima, horrible la muerte ciñe mis sienes!
20
¿Cómo partiría, amada de mis días,
dejándote en este mundo de rotas soledades,
sola,
a mil esclavitudes entregada?.
21
Roja la tez de tu rostro
cuando te he contado de morir
¿Tal vez tú, amada, en silencio
la misma pasión acaricias?
22
Aquí la cicuta,
en esta copa el mosto opiáceo
la miel en nuestros cuerpos fundidos;
el sueño desciende presuroso sobre nuestro amor.
23
Por última vez beso tus labios en esta cala secreta
y aguardo que las mareas piadosas
nuestros cuerpos yertos depositen allá,
en la cercana costa de nuestra vida arrebatada.
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