PREGÓN

ALJARANDA

Pregón de la Feria de 1992

Manuel Reiné Jiménez

    Quizás les extrañe verme en este escenario, y es debido a que no sé negarme, cuando nuestro querido pueblo, me pide alguna colaboración.

    Algo nervioso y con más voluntad, que don de palabras, me dispongo a decir algo de lo que siento, por este bendito pueblo que me vió nacer y me hace feliz contemplarlo cada día. Espero, disculpen cualquier fallo, porque yo no soy orador.

    Con este ramo de bellas mujeres, iniciamos hoy, la feria de 1992. Un año de celebraciones en todo el país: en Barcelona, ya terminó su Olimpiada. Madrid es considerada como la capital cultural de Europa. Sevilla, con su exposición universal, es como la ventana del mundo. En octubre, hace 500 años que Cristóbal Colón descubrió América.

    Tarifa, para no ser menos, también tiene una celebración muy importante que festejar porque el día 21 de septiembre, se cumplen los 700 años de la toma de esta ciudad, por el Rey Sancho IV el Bravo.

    Ocurrió en el año 1292. Cuando el pueblo era solo lo que hoy es el barrio de Jesús, rodeado de murallas y unido al castillo, con sus tres puertas que las tres llaves de su escudo nos muestran. Por aquellos años, no se había construido la puerta de Jerez, ni el templo de San Mateo, y el arroyo discurría, por lo que ahora es la Calzada, cubierta de huertos cercados de cañaverales, tunas y lentiscos doblados por el viento.

    La isla de las Palomas, no tenía camino que la uniera a tierra, y el cerro donde ahora está el gracioso castillo de Santa Catalina, era otra pequeña isla, por donde se perdía el arroyo.

    Por su situación geográfica y su riqueza, Tarifa era ambicionada por todos. Reyes moros y cristianos, marcaron la historia con sus luchas, que 700 años después se va a conmemorar, y yo deseo dedicarle este recuerdo.

Vigilante en las almenas, ballesteros se pasean.
Bandera de media luna, que con el levante juega
el rey moro de Marruecos, plaza fuerte tienen en ella.
Tarif le puso su nombre, llave del Estrecho era.
Vigilante en las murallas, ballesteros se pasean.
Cinco siglos ya pasaron, desde que el rey Don Rodrigo
en la Janda sucumbiera, puertas del Estrecho abierta
y la cultura de Oriente, a oleadas entra.
Vigilante en las murallas, ballesteros se pasean.
Galeras ya se aproximan, por Los Lances y la Caleta
unas vienen de Sevilla, otras de Aragón y Génova.
Tropas por tierra se acercan, campamentos van formando
el cerco ya está dispuesto, mandado por el rey Sancho.
Vigilante en las almenas, ballesteros se pasean.
El rey moro de Granada, hacerte suya quisiera
ofreciendole al rey Sancho, castillo y gran riqueza.
Desde mayo hasta septiembre, fuerte cerco tienen puesta
1292, para ellos, mala fecha.
Que perdieron su Tarifa, salvando vidas y hacienda

    Esta digna representación de la mujer tarifeña irá derramando, alegría, simpatía, gracia y belleza, como saben hacerlo.

    Reinas y damas, para mi, todas reinas, que en éste programa de actos que les esperan, dejaran el pabellón de su belleza en lo más alto, alternando en las casetas de feria, ofreciendo una copita de buen vino, al visitante. Con una simpática sonrisa.

    Mujer tarifeña, que antaño, tenía que tapar su belleza con el manto y saya, para no ser raptada. Bonita mujer, que en estos días, se pone más bonita, bajo el sol del mediodía o luces de la feria, paseando a caballo o bailando en las casetas.

    Mujer tarifeña que vemos aquí, al contemplar la fina elegancia morena, de Mª Rosario Rodríguez Merino, o en los graciosos y chispeantes ojos de Toñy Barragan Perea. Maria José Gutiérrez Santos, morena y graciosa, chatilla de pelo negro largo. María José Gutiérrez Franco, ojos verdes soñadores, dorada como los trigales. Paqui Tamayo Blanco y Rafaela Rodríguez Gerrea, vuestros ojos me recuerdan, las noches de verano, negras noches sin luna, orillas del mar salado, como decía Machado, y Nuria Villalta Benítez, como un recuerdo clásico de Venus griega. Cuanta belleza y hermosura, tiene nuestra mujer tarifeña.

    Zoralla Pérez Mohamed, aquí el destino ha querido, que sigamos recordando, las dos culturas, la árabe y la cristiana.

    Y estas pequeñas damas, que son como pétalos de una flor, que se asienta en éste jardín: Yolanda Canas, María Gema Criado, Raquel Fuentes, Ana Isabel López, Cristina Navarro o María de la Luz Serrano. Todas ellas esperanzas de continuidad de belleza de nuestras mujeres.

    Esas mujeres, que hace años, se paseaban por las calles estrechas y blancas de cal para desembocar en la feria de la Alameda. Alameda, que recordamos, con aquella graciosa fuente de conchas, donde ahora está la escultura de Guzmán el Bueno, con aquellas filas de bancos de piedra de doble asiento y respaldo de hierro, donde nos poníamos a partir aquellos gordos y frescos piñones, como decía su pregonero y que a mi me encantaba.

    Con sus farolas de globos, con sus grandes árboles y su polvoriento albero, que se mezclaba con la arropía que en una losa de mármol fabricaba el feriante de turno, y los niños boquiabiertos contemplaban aquellas tiras de grueso caramelo, con ese color rosa brillante tan bonito.

    Mientras las cunitas y el taratachín, hacía las delicias de los pequeños, cuando parando los platillos y el bombo preguntaba: ¿queréis más?.

    Los mayores se divertían en las casetas de baile de "Educación y Descanso" o en la de Antonio Ordóñez.

    Ordóñez, aquel gran torero de Ronda que hacia las delicias de los aficionados con aquellos festivales que organizaba en Tarifa, donde podíamos contemplar a los mejores matadores del momento, y nos dejó como recuerdo, su barriada en el antiguo barrio de Jesús.

    Aquellas casetas de baile donde nos divertíamos al compás de las orquestas de Tony Zonti o de Tony Rodas. Aquellas ferias de entonces, ni mejores, ni peores, pero más en familia, menos ruidosas, donde era costumbre cenar las famosas codornices en lo de Donda.

    Que ilusión cuando llegaba el barco "Capitán Parras" de Ceuta, cargado de amigos y familiares tarifeños. Recuerdo a Mohamed Moza, con sus pinchitos a dos pesetas. Y la tómbola de las monjas, donde comprábamos papeletas, con ilusión de conseguir alguno de los interesantes regalos, que donaban para las fiestas.

    O tirando unos plomos y probar la puntería con deseos de conseguir un paquetillo de Bisonte, o media botella de vino, de marca desconocida. Los jóvenes, presumiendo de fuerza ante las novias, lanzaban aquel pesado cañoncito, cuesta arriba, esperando que sonara la explosión del cohete.

    Mientras, en el "Cinco de Oros" sonaban guitarras, castañuelas y botellas de anís del mono, al son del Chacarrá, donde la gente del campo se reunía a cantar y bailar y echar un rato recordando la últimas fiestas de las cruces de mayo, en aquellos chozos, de cañas verdes y helechos que olían a campo, resguardados del levante. El mismo levante, que hoy hace posible ese maravilloso espectáculo de tablas sobre las olas, como mariposas multicolores, o que esos generadores como grandes molinos lo transformen en energía eléctrica.

    De madrugada, era costumbre como ahora, el café con churros en la plaza, y al marchar a casa comprar las tabletas de turrón, en lo de Manuel Benítez, para tener contentos a los padres, que esperaban sin dormirse, el regreso de los jóvenes.

    Sin duda alguna, otros tiempos. Otros tiempos, que ha cambiado la fisonomía de la feria pero no el motivo de ésta. La feria de Tarifa es una de las más antiguas de España. Nació como feria de ganado y fue en el año 1346 cuando Tarifa tuvo su primera feria, ya han pasado años desde entonces. Luego empezó a celebrarse en honor de San Mateo, y ya en 1750, para conmemorar la festividad de Nuestra Virgen de la Luz, estas fiestas se celebraban en el mismo Santuario. El día 8 de septiembre, se trasladaba la Corporación Municipal, con el pueblo a celebrar las fiestas, en alegre y bulliciosa romería.

    Desde 1789, se trae a Tarifa a la Santísima Virgen de la Luz, acompañada de su cabalgata. Si no se concibe la feria de Tarifa sin su Virgen de la Luz, tampoco se concibe sin su cabalgata. Cabalgata vistosa y organizada, preludio de unos días, donde se nos olvida un poco el quehacer diario.

    Desde las 4.30 de la tarde, que se organiza en el Santuario la cabalgata, los caballos nerviosos por el calor, esperan la salida, que inician dando escolta de honor a la Patrona tarifeña al son de las pequeñas campanas del Santuario. Por marco de todo ese colorido de esta inconfundible Andalucía nuestra.

    Tres paradas obligadas en su recorrido. La Palmosilla, donde se descansa un poco, a la sombra de los grandes eucaliptos. El ventorrillo del Tito en el cruce y la parada de la huerta de Triviño. Donde el sol se esconde tras los cañaverales, para desaparecer en el mar, dejando un resplandor en las nubes jamás repetido, y lentamente la Virgen se va acercando a las últimas casas del pueblo, donde la esperan impacientes, con sus mejores vestidos en una rica gama de colorido, entre volantes flores y mantoncillos. Cohetes que estallan en el cielo iluminado del atardecer. Mientras el público se agolpa a lo largo de su recorrido, deseando ver aparecer a su Patrona.

    Y en esa "Entrada" hay risas y alegrías, lutos y lágrimas por los que ya se fueron. Han pasado tantas cosas en un año, desde que se fue la Virgen. El relincho de los caballos, se mezcla con las notas de la banda de música, y cuando llega a la Puerta de Jerez, es como si el mismo pueblo la acariciara. Los caballos bajan despacio la calle de la Luz, cubierta de arena, para que las herraduras se detengan sobre los adoquines, y al final, el desfile ante la Virgen. Sombrero en mano, luciendo las jacas nerviosas entre los aplausos. Y es así como este maravilloso pueblo mio, rinde homenaje a la madre de Dios.

    Para finalizar este pregón, quisiera dedicarle éstas palabras:

Como un rio de caballo, por la vega caminando.
Zahones y caireles, botas altas polvorientas.
Sombrero de ala ancha, calao hasta las cejas,
rostros curtidos por soles, por la vega caminando.
Con espuma en el bocao, cuello curvo crines sueltas,
con el paso lento caminan, las jacas hacia la feria.
San Isidro va delante, con su manojo de espigas,
los bueyes siguen arando, mientras San Isidro reza,
caballos y más caballos, caminando por parejas.
Manto rojo, toca crema, y una corona de plata,
lleva mi Reina puesta. Cuatro faroles de plata,
blancos claveles y nardos, media luna entre sus pies,
con estrellas asomando.
¡Qué silueta más graciosa! con el Niño entre sus brazos.
Tarifeños sudorosos, se aprietan junta a Ella.
Hombros dipuestos a llevarla, los kilómetros no cuentan.
Unos cantan, otros rezan, es la Luz que nos alienta.
Por la vega caminando.

    En septiembre hacia la feria.

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