BIOGRAFÍA

ALJARANDA

Pablo Gómez Moure

Carlos Núñez Jiménez

    En el periódico tarifeño Nuevo Obrero del Lunes 12 de febrero de 1900, se decía lo siguiente:

    En el tercer aniversario de la muerte de nuestro inolvidable amigo, nos complacemos insertar la biografía que publicó El Republicano Nacional de Madrid el año 1897.

    Los años transcurren y al par que se consumen en el tiempo y se agranda la distancia que nos separa de los seres queridos que dejaron de ser, más lucen sus virtudes y más dispuestos estamos a dar al olvido las faltas que cometieran.

    Sabido es por todos que el más justo peca al día siete veces, y que si la posteridad no corriera tupido velo sobre las faltas que anuló el arrepentimiento, ni santos, ni mártires, ni héroes ocuparían la gloria.

    Los Tarifeños al perder a Don Pablo, perdimos un amante de la verdadera libertad y un reconocido y esforzado campeón de la caridad.

    Todas las clases sociales demostraron su duelo: La Iglesia, el capital y los trabajadores, expresaron su dolor concurriendo al sepelio de tan bondadoso amigo de todos.

Casa en donde vivía Pablo Gómez Moure. (Foto M. Rojas)

    Las mujeres y los niños (y muchos hombres) lloraban por el bienhechor a quien tanto debían. Sólo el Ayuntamiento de nuestra ciudad nada ha hecho para perpetuar su memoria y nosotros hoy nos atrevemos a suplicar se de nombre oficial a la Puerta de Don Pablo, una vez que nuestro amigo, exponiéndose a serios conflictos, aportilló la muralla, rompiendo preocupaciones que sirvieron a maravilla a todos para hermosear los edificios continuos y proporcionar trabajo a los braceros.

    Creemos que seremos atendidos en nuestras súplicas, porque el haber sido republicano no será motivo para que no se perpetúe oficialmente la memoria de nuestro amigo.

    El artículo biográfico citado dice así: ¡Otra más que, como Moisés, desapareció de entre los mortales al avistarse de nuevo a lo lejos la tierra de promisión!.

Tarifa le adoraba, y sin embargo, había nacido al extremo opuesto de la tradicional ciudad. Recibió las aguas bautismales en la Parroquia de San Juan, de la villa de Rivadavia, provincia de Orense, el 30 de Junio de 1833, era hijo de José Gómez y Manuela Moure.

    Bajo la protección del Obispo de Tuy, tio suyo, empeñado en educarle para la carrera eclesiástica, estudió la segunda enseñanza en la capital de aquella diócesis, luego en Orense, desde donde se vino a Madrid convencido de que Dios no le había dado la vocación necesaria para vestir traje talar.

    En Madrid hizo la carrera de Farmacia, inclusive el doctorado; cuya borla tomó en 1857. Años más tarde siguió en París los estudios de Medicina y Cirujía, cuyo grado aprobó en la Universidad de Sevilla en 1877, que hasta este punto le dominaba el amor al saber y a las carreras literarias.

    Ya entonces Don Pablo Gómez Moure, habia logrado envidiable personalidad política. Su carácter de doctor en farmacia le permitió servir a su Patria en la gloriosa guerra de África, donde Prim, Zabala, Rios, O'Donnel y tantos más se cubrieron de gloria; y ya terminada aquella dura contienda, se estableció en Tarifa, y allí, a los pocos años, por su ilustración, por su fe política y por excelentes condiciones de carácter se hizo popularísimo. En Madrid, conforme él decía, aprendió a ser liberal, y encontrando en Tarifa muy bien preparado el terreno, tomó parte activa en las conspiraciones anteriores a 1868, y así al darse el grito de libertad en Cádiz, le secundó en Tarifa, mas con muy mala suerte pues cayó en manos de aquel gobernador militar, que seguramente le habría fusilado si la batalla de Alcolea y el alzamiento de Madrid no hubieran cambiado el sesgo de las cosas, convirtiendo en triunfadores a los valientes liberales que cumplieron la palabra de secundar toda iniciativa revolucionaria.

    Afirmado su prestigio por aquel su noble empeño, el voto de sus conciudadanos le otorgó la vara de Alcalde de Tarifa, desde el 1º de Octubre de 1869. Y su primera providencia de acuerdo con las altas autoridades de la revolución, consistió en ordenar el derribo de las viejas murallas de la antigua y milenaria ciudad de Tarifa. Consiguió así proporcionar por algún tiempo trabajo a clases menesterosas y embellecer la población, ensanchándola considerablemente, y dando vida al barrio de Jesús: la puerta por él mandada abrir bautizada por el pueblo con el nombre de Puerta de Don Pablo.

    Muchos sinsabores padeció a causa de la significación democrática que entonces alcanzara, y muchos fueron también los que cosechó en el hogar doméstico, dignos de mención por lo inexplicable.

    Unido en matrimonio con una señorita de su tierra, le acompañó en su viaje que a esta hiciera, para proporcionarle la satisfacción por ella ansiada de dar a luz en la casa de su madre. El nacimiento de una hija no bastó para que su esposa quisiera volver a Tarifa, a donde él solo volvió con su hija.

    Y sucedió, que un hermano de la consorte, que alegó no sabemos que parentesco de consanguinidad entre marido y mujer, hizo que la curia romana disolviera aquel matrimonio, la mujer contrajo nuevas nupcias en su tierra y años más tarde Don Pablo Gómez Moure, se casó de nuevo en Tarifa con Doña Antonia Garzón Vázquez.

    De los disgustos de todo lo anterior, se consoló dedicando toda su actividad a la política y al ejercicio de sus dos carreras, habiendo sido tan feliz que especialistas en parto, que cuantas mujeres acudieron en sus trances a él, sentiánse confortadas con solo saber que habían de ser asistidas por Don Pablo.

Iniciales en la puerta de su farmacia. (Foto M. Rojas)

    Su pericia, con efecto, le valió una popularidad extraordinaria, tan grande como lo fué su fama de farmaceútico, a que correspondió montándola a la altura de las mejores de las grandes capitales. Republicano convencido, odiaba el clericalismo, habiéndo por ello logrado renombre de libre pensador.

    Por serlo de buena fe y por estimar muy conveniente el progreso patrio romper con envejecidas tradiciones, hizo mucho bien, su caridad era inagotable y los servicios de todo género que presto a los necesitados excede a toda ponderación.

    Por eso al entregar su alma a Dios el 9 de Febrero de 1897, el duelo de sus conciudadanos fue inmenso. Al entierro de su cadáver asistió lo más notable y escogido de la población, siendo su cortejo fúnebre el más numeroso que jamás se había visto en Tarifa.

    Don Juan Araujo, en nombre de los amigos del honrado y del creyente Don Pablo, le consagró una a manera de elegia en prosa, así terminada: Al decir adios a tus inanimados restos, a tu deshecho organismo material, que vuelve a la tierra para entrar en la eterna cadena de la vida, nos asalta el dolor, dolor mitigado tan solo por los frutos que tu privilegiada inteligencia deja entre nosotros, porque tu recuerdo perecerá en Tarifa, a la que ha contribuido a embellecer tu alma de artista, cuando en esta ciudad no quede piedra sobre piedra, cuando se concluya aquí la raza de las mujeres que tengan hijos.

    También debió ser Don Pablo pionero de la masonería en Tarifa, ya que en las listas de las mismas figuraba con el número uno, y el nombre simbólico de Berzelius, con el grado 33. Intentó quedarse con la mayoría de las acciones del Liceo Tarifeño, al parecer, con el objeto de poner la sede de la masonería tarifeña, cosa que no consiguió.

    Vivió desde 1885, en el número 1 de la calle San Donato, esquina a Sancho IV el Bravo, donde tenía la farmacia (hoy Tejidos Trujillo).

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