| HISTORIA MODERNA |
ALJARANDA |
La Tarifa de 1796
según Ramón de Villalonga
Ángel J. Sáez Rodríguez
En las VII Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, organizadas por el Instituto de Estudios Campogibraltareños y celebradas en octubre de 2002 en Castellar de la Frontera, presenté una comunicación sobre el estado de la defensa del Campo de Gibraltar en 1796 (1), aportando un texto hasta entonces inédito y original del ingeniero Ramón de Villalonga. Lleva por título Reconocimiento de la costa del Campo de Gibraltar desde el castillo de Fuengirola hasta Conil; año de 1796 y se custodia entre los fondos del Instituto de Historia y Cultura Militar de Madrid, antiguo Servicio Histórico Militar. Se trata de un documento manuscrito, rubricado por dicho ingeniero y datado en San Roque, el 15 de septiembre de 1796 (2).
Los reconocimientos o estados militares son frecuente instrumento con el que se daba cuenta de la situación de la defensa de las fronteras del Estado. Eran elaborados por jefes militares y personal técnico cualificado para este tipo de misiones. Su redacción no tenía una periodicidad fija, sino que solían estar vinculados con épocas en las que se preveía la ruptura de la paz o bien se iba a abordar la reorganización de la defensa del territorio.
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La isla de Tarifa, citada por Villalonga, a principios del siglo XX. Archivo de C. A. López, "Loty". DJ5197L. Museo de Artes y Costumbres Populares de Andalucía (MACPA). |
Como no podía ser de otra manera, este reconocimiento de 1796 alude a las defensas de Tarifa y sus costas, en una época condicionada de manera absoluta por el reciente estallido de la Revolución Francesa (1789) y la decapitación del hasta entonces rey francés Luis XVI (21 de enero de 1793), sobrino del monarca español Carlos IV. Aquellos motivos dinásticos llevaron a España a convertir en enemistad su tradicional alianza con el vecino del norte, nacida con la llegada al trono español de Felipe V de Borbón, el nieto de Luis XIV, y ratificada por los Pactos de Familia de 1733, 1743 y 1761, a pesar de que apenas había servido más que para implicarla en guerras costosas y poco provechosas para sus intereses. Por tanto, los intereses familiares del rey de España se sobrepusieron a los de la nación, vapuleada reiteradamente por la agresiva política británica en América, llevando al país a militar entre los coaligados europeos contra la revolución triunfante en Francia. El 7 de mayo de 1793, la Convención, es decir, el régimen republicano y radical galo, declaraba la guerra a España, iniciándose un conflicto en el que no había nada que ganar y sí mucho que perder. La iniciativa hispana, bajo el mando del anciano general Ricardos, se agotó con rapidez, mientras que las entusiastas tropas enemigas batieron al ejército español especialmente en el frente occidental abierto en los Pirineos, ocupando en su impetuoso contraataque Pasajes, Fuenterrabía y San Sebastián en 1794, llegando al año siguiente a Bilbao, Vitoria y el Ebro. El 22 de julio de 1795, España alcanza la paz mediante el Tratado de Basilea, obra maestra de Manuel Godoy, que la presentó como triunfo personal a costa de culpabilizar al conde de Aranda de la guerra, lo que acarreó el destierro de su predecesor. Obtuvo entonces para sí el título de Príncipe de la Paz y, sorprendentemente, condujo a la mejora de las relaciones de España con su vecino, reconociendo internacionalmente a la República Francesa, lo que condujo a la no menos llamativa firma, en agosto de 1796, del primer Tratado de San Ildefonso, que habría de ser nefasto para los intereses españoles.
Esa es la fecha del "reconocimiento" que traemos a estas páginas, dado que la presencia británica en Gibraltar desde 1704 conllevaba para el litoral sur de la Península y Ceuta una amenaza inminente. La reciente recuperación por España de Menorca, en manos inglesas desde la misma fecha, había concentrado en el Peñón los intereses británicos en el extremo occidental del Mediterráneo, del que seguían siendo dueños y señores desde su airosa salida de las guerras de la década de 1770 y principios de 1780 contra España, Francia, Holanda y los recién independizados Estados Unidos de Norteamérica.
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El frente sur de la ciudad hacia 1925, con sus defensas seriamente deterioradas. La fotografía ha sido tomada desde el pie de la Torre de los Maderos, mencionada en el informe del siglo XVIII. Archivo de C. A. López, "Loty". Dj5288l. MACPA. |
Por tanto, a propósito de la reeditada alianza hispano-francesa contra Inglaterra, se produce el reconocimiento del estado de defensa de la costa de la Comandancia General del Campo de Gibraltar realizado en el mes de septiembre de 1796 por el ingeniero Ramón de Villalonga. Godoy había ofrecido a Francia el territorio norteamericano de la Luisiana a cambio de su apoyo para recuperar Gibraltar (3), de manera que la fortificación de las costas adyacentes recuperaba el interés estratégico que había tenido en las décadas precedentes. La guerra comenzó en octubre de 1796 y el 14 febrero de 1797 España sufría la derrota de la flota del general José de Córdova ante la de Jerwis frente al cabo de San Vicente. Ésta es conocida como la Segunda Batalla de San Vicente. La primera, también desastre español, tuvo lugar el 16 de enero de 1780. Se la conoce como batalla del Cabo de Santa María, Primera Batalla de San Vicente o, más poéticamente por los ingleses, The Moonlight Battle. Entonces, la escuadra de Juan de Lángara y Huarte, de nueve navíos, fue destrozada por la de sir George Rodney, de 23 (4), siendo capturado el almirante español y su buque insignia y (5), como consecuencia, reabastecido Gibraltar que estaba asediado por fuerzas hispano-francesas durante el Gran Asedio (6). En la segunda batalla, mucho más difundida que la otra, la incapacidad de Córdova impidió que sus 27 barcos pudiesen con los 15 del almirante Jerwis y el comodoro Nelson (7). No obstante, las pérdidas españolas fueron similares a las de San Vicente I (aunque el San José, perdido en la segunda, fuera de 3 puentes), y en la de 1780 se batieron mejor los españoles, a mi juicio (8).
Tras la Segunda Batalla de San Vicente, España perdió la isla de Trinidad en el Caribe, aunque el enemigo fracasó en San Juan de Puerto Rico y en Cádiz, tras lo que el propio Nelson falló en su intento de tomar Santa Cruz de Tenerife, perdiendo un brazo en el combate. Después se firmó la paz, que abriría una etapa ruinosa para el país. La contracción del comercio fue absoluta por la acción del corso inglés desde sus bases mediterráneas (Gibraltar) y atlánticas (Trinidad), unida al férreo bloqueo naval al puerto de Cádiz. Las posesiones americanas, desatendidas por la metrópoli, rompieron el monopolio comercial español, ligándose comercialmente con los Estados Unidos. Más tarde, cuando España trató de restablecer la situación anterior, los hechos eran ya irreversibles. Los criollos habían desarrollado una incipiente industria propia y, especialmente, se habían beneficiado del intercambio con Norteamérica. El camino de la ruptura con el Imperio Español empezaba a hacerse irreversible. En 1805 llegó Trafalgar, incomprensiblemente conmemorada por algunas autoridades españolas actuales, tres años después la invasión francesa, la Guerra de la Independencia y el nefasto Fernando VII, a modo de anticipo del triste siglo XIX español.
Por entonces, las comunicaciones del Campo de Gibraltar permanecían en similares condiciones a las de la Edad Media (9). Los ríos que parcelaban el territorio carecían por lo general de puentes, debiendo ser atravesados en barcas. Los caminos, sólo aptos para caballerías, eran pésimos. Tanto el de Cádiz, se abordase éste desde Algeciras por La Trocha (10) o directamente desde Tarifa por Vejer (11), como el de Sevilla por Los Barrios y Alcalá (12) o el de la serranía de Ronda (13).
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Un acceso tradicional a la ciudad desde el mar. Dejó de ser imprescindible con el derrumbe de la muralla que cerraba el acceso desde la actual Alameda, junto a la torre octogonal, en la segunda mitad del siglo XIX. Dj5312l. MACPA. |
Los elementos defensivos del territorio eran, a finales del siglo XVIII, una enorme mescolanza de construcciones medievales y modernas, con muy diferente grado de eficacia. Tarifa aportaba, principalmente, su castillo medieval adaptado a las necesidades de la defensa costera moderna, al igual que figua en otra parte del mismo documento el de Fuengirola. El castillo de Tarifa y la cerca almohade de su población habían sido reiteradamente mejoradas con el transcurso de los siglos para que se adaptasen a los nuevos requisitos bélicos. Torres desmochadas y enrasadas con las murallas, reforzamiento de cubiertas que permitiesen la instalación de piezas de artillería, adopción de alambor en la base de algunas torres que mejorasen su estabilidad para sostener cañones, son algunas de tales adaptaciones.
También en el término de Tarifa se contaban algunos elementos más modernos, de los calificables dentro de los "castillos modernos o fuertes de costas altas o acantiladas". Éstas han sido calificadas como posiciones de artillería, que actúan desde baterías a la barbeta, sin troneras, cuya disposición facilitaba el juego de las piezas y la orientación del tiro. Las baterías se emplazaban en posición avanzada respecto al conjunto fortificado, pero, dada su relativa accesibilidad desde el exterior, podían aislarse con facilidad para permitir la defensa del reducto en caso de su ocupación por el enemigo. Los fuertes estaban completamente cerrados por muros en talud, coronados por aspilleras para fusileros para la defensa próxima. Su acceso podía estar precedido de tambores defensivos, también aspillerados, con banquetas para los soldados. Solían disponer de foso, que por lo general sólo defendía parte del perímetro murado: bien la puerta, que en tal caso se salvaba con un puente levadizo, bien una parte determinada del recinto que quedara especialmente expuesta. Contaban, también, con todas las dependencias necesarias para un funcionamiento autónomo, desde alojamientos a cocinas, retretes y almacenes, organizadas en torno a un patio de armas que distribuía sus dependencias. Su guarnición era mixta de artilleros y soldados de infantería para atender tareas ofensivas y defensivas. Entre ellos, el cercano Fuerte de El Tolmo y, en una versión muy básica, la batería del Ancón de Bolonia.
Además, las reiteradas torres de vigía artilladas, de planta circular y alzado troncocónico, aunque algo más grandes que las destinadas sólo a vigilancia y con dos estancias. Fueron erigidas a finales del siglo XVI. A ese modelo responde la de la Isla de Tarifa, mientras que las de Guadalmesí y Cabo de Gracia eran sólo de vigilancia. Asimismo las más antiguas de Cabo de Plata y de la Peña y la de construcción particular de Punta Paloma, desaparecida desde comienzos del siglo XIX.
Seguidamente se transcribe el fragmento del texto correspondiente a Tarifa.
I.H.C.M. Signatura 3-5-9-6. Rollo 35. Doct. Nº. 949. Septiembre de 1796. Ramón de Villalonga. Fols. 2 al 12.
"Reconocimiento de la costa del Campo de Gibraltar desde el
castillo de Fuengirola hasta Conil;
año de 1796.
Reconocimiento hecho en la costa del mando del Exmo. Sor. Comandante general de este Campo, que comprende desde el castillo de Fuengirola hasta Conil, con expresión del estado de defensa en que se halla y lo que necesita aumentarse para precaverla de cualesquiera imbasión.
Fuerte del Tolmo
A media legua De la antesedte. Batª. está cituado dho. Fuerte, el que escapaz de 7 cañones de á 24 eneldia tiene montados 2 de á 24 y 3 de á 18 y será combeniente aumentarle los otro dos; Suguarnicion debe constar De un capn. un subalterno 2 Sargtos. 4 cabos y 40 hombs. de Ynfantª., y un sargto. Y 14 Artills. para cuya guarnicion hay suficiente Alojamiento; En el dia lo guarnese un oficl., un cabo y 8 hombres De Ynfantª. y un cabo y 2 Artills.
A media Legua corta se halla el
Cpo. de Guardª. de Arenillas
Su guarnicion debe ser un Sargto, un Cabo y 8 hombres de Ynfantª. En el día solo tiene un Cabo y 4 hombres.
A media legua se halla la
Torre de Guamesí
Su guarnición debe constar de un Sargto, un Cabo y 8 hombres de Ynfantª. y en el Cuerpo de guardia que está al pie de dicha torre debe haber un Cabo y 4 hombres de Caballería. En el día es su guarnición un Cabo y un soldado.
A una legua de esta, siguiendo la Costa, se halla la
Plaza de Tarifa
Esta debe guarnecerse con dos Batallones de Ynfantª. y otra Compª. de Cavallª. y los Artilleros correspondientes pª. el servicio de sus Baterias que consisten en una torre llamada del Madero que es capaz de 4 cañones de a 24; En el dia tiene montados 3 que es suficiente. Asimismo la de los Guzmanes capaz de 5 ? y tiene en el dia 4. Al frente de esta Plaza como a 35 varas hay un Yslote en el qual está una torre circular capaz de 3 cañones de grueso calibre que en el día se hallan montados; En esta Ysla deve construirse 2 Baterias provicionales una la derecha y otra a la Yzquierda de dha. Torre de 4 cañones de a 24 en cada una, como asi mismo los alojamientos nesesarios para un oficial un Sargto. y 40 hombes. y los Artilleros correspondientes: En el día es su guarnicion un Sargto. un Cabo 6 soldados y dos Artilleros.
A una Legª. de dha. Plaza está la
Torre de la Peña
Debe guarnecerse con un Cabo y 4 hombres de Ynfantª. En el día se halla sin guarnición.
A media legua está el Cuerpo de guardia de
Valde Baqueros
Su guarnición debe ser de un Cabo y 6 caballos; en el día solo hay Cabo y 3 y pª el aumento de ella se necesita aumentar provisionalmente dicho Cuerpo de guardia.
A media legua está la
Torre de Palomas
Debe ser su guarnición un Cabo y 4 hombres de Ynfantª.; en el día no la hay.
A media legua está el
Cuerpo de guardia de Bolonia
Su guarnición debe ser un Sargto, un Cabo y 8 hombres de Ynfantª. y un Cabo y 6 de Caballería, para lo cual necesita aumentarse dicho Cuerpo de guardio con un Barracón provisional, pues solo es capaz de un Cabo y 4 hombres de Ynfantª. y un Cabo y 3 de Caballería, que es su guarnición en el día.
A media legua se halla la
Torre Vieja (14)
Debe ser su guarnición de un Cabo y 4 hombres de Ynfantª., que es la misma que en el día tiene.
A media legua se halla la
Torre del Cabo de Plata
En esta concurren las mismas circunstancias que en la antecedente.
A media legua se halla la
Casa de Zara"
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Imagen tradicional e imprescindible sobre la fortificación de la ciudad. Cuando Villalonga escribió su "reconocimiento", disponía de cuatro cañones. Archivo de C. A. López, "Loty". Dj5317l. MACPA. |
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "El Campo de
Gibraltar tras el Gran Asedio. Estado de su defensa en 1796". VII Jornadas de
Historia del Campo de Gibraltar (Castellar de la Frontera-2002).
Almoraima, 29. Algeciras, 2003. pp. 365-390.
(2) Instituto de Historia y Cultura Militar (I.H.C.M.). Signatura 3-5-9-6. Rollo
35. Doct. Nº. 949. Septiembre de 1796. Ramón de Villalonga. Fols. 13 al 21.
(3) CARLOS DE LUNA, J. Historia de Gibraltar. Madrid, 1944. p. 470.
(4) Véanse DRINKWATER, J. A History of the late siege of Gibraltar.
Londres, 1785. Ed. facsímil. Librerías París Valencia. Valencia, 1989; HILLS, G.
El peñón de la discordia. Historia de Gibraltar. Editorial San Martín.
Madrid, 1974. Versión española de Rock of Contention. Londres, 1974;
BENADY, T. The Royal Navy at Gibraltar. Gibraltar Books. Gibraltar, 2000.
(5) Lángara llegó a la base británica en su propio barco, el 19, con la insignia
ondeante, como muestra de respeto por parte de Rodney y del capitán McBride,
comandante del Bienfaisant 64c, que lo escoltaba. Llegó incluso
acompañado de su oficialidad, en contra de lo acostumbrado, que debía ir presa
en un buque enemigo, pero es que el barco inglés iba contagiado de viruela y
quisieron preservar a los españoles. Así consta en el parte de guerra del marino
español, signado en Gibraltar el 21 de enero de 1780. Véase British Library
(B.L.). Manuscripts. Add. 20926. Papeles marítimos. Fol. 376.
(6) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "Fortificaciones y aspectos militares en el Campo de
Gibraltar". Actas del I Congreso Internacional La pérdida de Gibraltar y el
nacimiento de las nuevas poblaciones (San Roque-2004). Almoraima, 34.
Algeciras. En prensa.
(7) Córdova estuvo a punto de ser capturado en la batalla cuando su buque
insignia, el Santísima Trinidad, de 130 cañones, se vio atacado por el
Blenheim (98 cañones), el Orion (74), el Irresistible (74) y
el Excellent (74), tras haberse enfrentado con el Captain (74) y
el Culloden. Desarbolado y con 476 bajas arriaba la bandera para
entregarse cuando varios navíos de su escuadra acudieron en su ayuda, evitando
su abordaje por el enemigo.
(8) Todavía hubo una tercera, mejor conocida como Batalla del Cabo de Santa
María, que sólo puede ser famosa por los lucrativos resultados obtenidos por los
ingleses en un acto de auténtica piratería, de los que se prodigaron en 1804.
Entonces, en el mes de octubre, sin previa declaración de guerra y como
prolegómeno de Trafalgar, cuatro fragatas de la Royal Navy atacaron la
flota proveniente de América, obtuvieron un millón de libras en plata y
capturaron la fragata española "Mercedes", lo que provocó 270 muertos y 70
heridos entre los españoles. Al mes siguiente, la fragata Anfítrite Úrsula fue
capturada por el navío británico Donegal, cerca de Cádiz.
(9) TORREMOCHA SILVA, A. y SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "Historia Medieval de
Algeciras". En Historia de Algeciras. De los orígenes a la época medieval.
Vol. 1. M. Ocaña Torres (coord.). Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 2001.
pp. 228 y ss.
(10) "Desde la base hasta la cima el camino se encuentra en tan mal estado
que parece formado por la huella de los animales sin la ayuda del hombre..."
Robert Semple, 1805. En BUENO LOZANO, M. Opus cit. p. 91. Véase también
SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "La Trocha, una ruta por la sierra entre Algeciras y La
Janda". Almoraima, 18. Algeciras, 1997. pp. 37-46.
(11) "Desde Tarifa a Algeciras hay tres leguas y quise andarlas por tierra,
aunque por camino alto y quebradísimo, pero divertido...". Antonio Ponz,
hacia 1755. En BUENO LOZANO, M. Opus cit. p. 62. A principios del siglo
XIX se tardaba diez horas en llegar desde Tarifa a Gibraltar por este último
camino. FORD, R. Opus cit. p. 345.
(12) "Pasando malísimos caminos...". Pedro Agustín Girón, junio de 1806.
En BUENO LOZANO, M. El renacer de Algeciras a través de los viajeros.
Colección "El Castillo de Jimena". Nº. 2. Algeciras, 1988. p. 87.
(13) "Leaving Gaucin is a tremendous descent by a sort of earth-quake-dislocated
staircase [...] The road seems made by the evil one in a hanging garden
of Eden". FORD, R. A hand-book for travellers in Spain and readers at
home. Centaur Press Ltd. Londres, 1966. Vol. 2. p. 504.
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