HISTORIA MEDIEVAL

ALJARANDA

La batalla del Salado
según Gil de Albornoz

Wenceslao Segura González

SINOPSIS

    El arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz, acompañó al rey Alfonso XI en la batalla de Tarifa o del Salado. La misma noche de la batalla envió dos cartas, una al Papa y otra a un obispo italiano. Se analizan estos documentos y se los compara con la Crónica de Alfonso XI. A partir de estas fuentes se expone una hipótesis sobre la ubicación de las tropas y su evolución en el campo de batalla.

EL ITINERARIO DEL EJÉRCITO CRISTIANO

Retrato ecuestre de Gil de Albornoz, obra de Francisco Curti, siglo XVII. Representa al cardenal con la capa prelacial y debajo la armadura, mostrando la dualidad de religioso y militar.

    Gil Álvarez Carrillo de Albornoz fue nombrado en el año 1337 arzobispo de Toledo, iglesia primada de España, cargo que llevaba aparejado el de canciller de Castilla (1). Estuvo junto a Alfonso XI en las principales operaciones militares que acometió el animoso rey castellano-leonés, a saber: Tarifa, Algeciras y Gibraltar, actuando en todo momento como leal consejero del rey.

    Al subir al trono Pedro I, el arzobispo Gil de Albornoz marchó a la sede papal de Aviñón. Nombrado cardenal, actuó como jefe militar del papa Inocencio VI. Como legado papal en Italia logró recuperar hábilmente las posesiones papales. Los restos del insigne cardenal, estadista y militar se encuentran en la catedral de Toledo.

    Después de finalizar la batalla del Salado, al anochecer del día 30 de octubre de 1340, las tropas coaligadas de Portugal y Castilla volvieron al real de Torre de los Vaqueros (nuestra actual Valdevaqueros). Esa misma noche, Gil de Albornoz redactó dos cartas (2). Una de ellas se la envió al papa Benedicto XIII, que había participado activamente en los preparativos de la decisiva batalla y otra al obispo de Frascati, Aníbal de Ceccano (3).

    Gil de Albornoz dio por sentado que el Papa estaba informado de que, dos semanas antes, los cristianos habían salido de Sevilla con dirección a Tarifa, para enfrentarse a los reyes de Marruecos y Granada. Esto confirma el interés con que Benedicto XIII siguió los sucesos que se estaban produciendo en Tarifa.

    Según la narración del arzobispo de Toledo, el ejército cristiano salió de Sevilla el lunes día 16 de octubre. La noche de ese lunes durmieron en Utrera. El martes llegaron a un lugar llamado Locas (Torres de Alocaz). El miércoles llegaron a Coyos (lugar cercano a Lebrija). El jueves pasaron la noche cerca de Jerez de la Frontera. El viernes acamparon en el río Guadalete. Allí permanecieron el sábado, domingo, lunes y martes, "esperando las gentes y las vituallas". Tras llegar las tropas que esperaban, se prosiguió la marcha. El miércoles acamparon cerca de Medina Sidonia. El jueves llegaron a Ladalejos (Benalup) y el viernes alcanzaron al río Almodóvar. Aquí debieron permanecer un día, ya que es el domingo día 29, y no el sábado, cuando el ejército llegó a Valdevaqueros, a unos diez kilómetros de Tarifa.

    El itinerario y las fechas que da Gil de Albornoz difieren algo de las recogidas en la Crónica del Alfonso XI, que no da fechas pero se pueden deducir de la narración (4). Según el arzobispo, estando los reyes cristianos en el Guadalete enviaron mensajeros al sultán Abu l-Hasan, para retarle a pelear en las llanuras aledañas a la laguna de la Janda. Los enviados cristianos volvieron, según Albornoz, cuando los reyes habían llegado al río Almodóvar. Más aceptable es la versión de la Crónica, que afirma que los mensajeros retornaron cuando los cristianos aún estaban acampados en el Guadalete.

    Gil de Albornoz deja traslucir la preocupación de los reyes cristianos por la dificultad de pasar por la Peña del Ciervo (5), donde los musulmanes habían levantado una trinchera y la tenían defendida. Según el arzobispo de Toledo esta fue la principal razón para que los reyes cristianos retaran a Abu l-Hasan a batirse en las cercanías de la laguna de la Janda.

    El camino natural para acceder a Tarifa desde el valle del Guadalquivir es por Puertollano, es posible que los cristianos no siguieran este camino porque si lo hubiesen hecho, habrían llegado a escasa distancia de donde se encontraban las tropas enemigas, no teniendo lugar para poner el real (6). Sea cual fuere las razones de los cristianos para no pasar por Puertollano, tomaron la decisión, al menos, una semana antes.

    El mismo domingo día 29 de octubre, los cristianos lograron expulsar a los moros del puerto de la Peña, que no fue defendido con mucho ahínco. El rey Alfonso XI examinó personalmente el terreno, especialmente la zona costera, por donde se preveía que iba a desarrollarse la batalla. El rey mandó "explanar el atrincheramiento […] así como cuantas obras podían dificultar en aquella zona la libertad de movimientos exigida por el combate".

LA ORACIÓN DE ALFONSO XI

    El domingo día 30 de octubre "muy temprano" el rey oyó la misa que celebró el arzobispo. Sorpresivamente, cuando Gil de Albornoz alzó el cuerpo de Cristo, el rey lo interrumpió y "prometió públicamente, con copiosas lágrimas y pronunciando palabras muy devotas, apartarse del pecado y enmendar su vida", dicho lo cual "llorando humilde y devotamente, recibió a Jesucristo". "En seguida fueron bendecidas las armas" del rey que, según la Crónica, estaban encima del altar. Después de la misa, todos se prepararon para el combate.

    El ansia de comenzar la batalla impidió a Alfonso XI conciliar el sueño el día antes del enfrentamiento: "En la su tienda yazía / non codiciando tesoros, / mas deseando el día / que se viese con los moros. / En la su cama yaciendo / con saña del coraçón / yazíase rebolviendo / commo un bravo león / e a Dios Padre pedía / que la mañana llegase; / e Dios le enbió el día / e non quiso que tardase". Al amanecer dijo su oración: "Contra Ti so muy errado / desde el tiempo en que nasçí, / bien conosco mi pecado / e el mas que merecí. […] a Ti, Padre, Señor bueno, / pido merçet e perdón / por mí e por mi conpaña / que nos non dexes perder e la corona de España / póngola en tu poder" (7).

LA POSICIÓN DE LAS TROPAS

    Las cartas de Gil de Albornoz, la Crónica de Alfonso XI, la lógica militar y la orografía del terreno, nos permiten averiguar cómo se encontraban repartidas las tropas cristianas y moras cuando comenzó la batalla.

    Cuando ya era cierto que los cristianos se acercaban a Tarifa, Abu l-Hasan dio órdenes de levantar su campamento y trasladarlo lejos de Tarifa: "e mando poner su alfaneque en que el posaua en vn otero alto e arredrado de la villa, e todos los suyos posaron çerca del alderredor" (Crónica), alejándolo de la zona de la batalla y protegiendo a sus mujeres e hijos pequeños que le acompañaban. El sultán no debió estar muy seguro de la victoria porque según la Crónica "mando poner fuego a todos los yngenios que ay tenien", en evitación de que pudieran caer en manos enemigas. También retiró las tropas que cercaban Tarifa, quizás porque pensaba que serían necesarias en la batalla.

    La toponimia y la lógica nos permiten aventurar a donde trasladó Abu l-Hasan su campamento. Debió ser al final de la cañada -aún conocida- como Alfaneque (8), un promontorio a unos cuatro kilómetros de Tarifa en dirección a Algeciras, que se eleva hasta los 185 metros, desde donde se domina no sólo el castillo, sino los llanos de La Vega y los cerros aledaños (9). Esta versión es apoyada por la Crónica que afirma que el campamento estaba en un otero que "llegaua fasta Tarifa". Para su defensa y en evitación de un movimiento envolvente de los sitiados en Tarifa, permanecieron allí seis mil hombres a caballo y ocho mil peones, según la narración de la Crónica.

    El rey de Granada puso su real también lejos de Tarifa, pero cerca del campamento benimerín. Los granadinos no tenían que situar su campamento lejos del campo de batalla (como sí tuvieron que hacerlo los benimerines), ya que no tenían que proteger a nadie en especial, porque todos eran guerreros.

    La narración de Gil de Albornoz es bastante precisa en cuanto a la posición relativa de las citaras musulmanas. El rey de Granada se encontraba "en una región verdaderamente difícil donde había un bosque". El emir Abu ‘Umar, el Aboamar de la Crónica, se encontraba "hacia los antiguos campamentos". Mientras que Abu l-Hasan estaba "en medio, por donde la lucha se ofrecía todavía más áspera". Tenía distribuidas sus huestes por tribus y estirpes, "llegando hasta la orilla de dicho río del Salado".

    Después de las primeras escaramuzas entre las vanguardias de uno y otro ejército, los castellanos, al mando de Alfonso XI, se lanzaron directamente hacia donde estaba el sultán, subiendo por la "falda de una cierta escarpada peña, muy defendida, en cuya cumbre el rey de Benamarín aparecía rodeado de un gran ejército". Las únicas elevaciones de la zona que pueden ser calificadas como "peña escarpada" son el Bujo de 259 metros de altura, el Cerro del Tesoro con 290 metros y Los Zorrillos de 220 metros, los tres muy cercanos entre sí. Los tres promontorios permiten la visión de todo el campo de batalla, rápido acceso al alfaneque y al camino de vuelta a Algeciras (10).

    Los "antiguos campamentos" a los que se refiere Albornoz debieron ser los ocupados por los benimerines desde el mes anterior, cuando comenzó el sitio de Tarifa. Si se tiene en cuenta que durante la batalla debía de interceptarse tanto a los cristianos que quisieran llegar a Tarifa como los que pudieran salir de la plaza y que un campamento debía de estar en una posición prominente, planteamos la hipótesis de que esos antiguos campamentos -que el día de la batalla estuvieron controlados por Abu ‘Umar-, debieron estar en la Loma de la Cantera o en sus faldas. Se trata de un cerro que a modo de muralla de casi un kilómetro de longitud protege a Tarifa por el oeste, extendiéndose hasta cerca de la playa, alcanzando una máxima altitud de 58 metros y a una distancia de un kilómetro de la muralla de la plaza tarifeña (11). La Crónica dice que Abu ‘Umar estaba "detrás de un cabeço con una çelada que tenia fecha", algo que es compatible con nuestra hipótesis.

    Según Albornoz, el rey de Granada estaba "al otro lado", en una colina. La Crónica nos dice que posaba "çerca de la sierra". Este lugar debió ser la falda del cerro de Longanilla o mejor aún de Cerro Gordo de 433 metros de altura, donde ahora no ha un denso bosque pero que lo pudo haber en aquel tiempo. Este lugar está separado de la supuesta posición de los benimerines por el puerto de Piedracana, a unos nueve kilómetros de Tarifa. Esta hipótesis satisface la información que nos da la Crónica, que afirma que los peones de la costanera izquierda de Alfonso XI se unieron a los portugueses, decantando la victoria de parte cristiana. Los menos de cinco kilómetros que separan los llanos por donde los castellanos cruzaron el Salado y la supuesta ubicación de los granadinos, pueden ser recorridos sin dificultad y sin tardanza por gente a pie. Nótese que la distribución de las tropas musulmanas perseguía impedir una operación envolvente por las alas, cosa que finalmente ocurrió.

    El número de efectivos del ejército musulmán debió ser enorme. Gil de Albornoz dice que "nadie del mundo haya visto tanta gente junta", según su apreciación llegaba a cuarenta mil caballeros y cuatrocientos mil peones, una cifra exagerada, pero que deja constancia de que se trataba de un gran ejército.

    Las tropas cristianas pasaron la Peña y el río Jara sin oposición, a pesar de que por la noche un destacamento al mando de Abu ‘Umar, había estado patrullando la zona. Los cristianos llegaron a la orilla del riachuelo del Salado o Saladillo, allí se detuvieron porque estaba defendido por una avanzadilla musulmana.

    La Crónica detalla pormenorizadamente las distintas citaras o cuerpos del ejército cristiano, con indicación de quien la componían y la función que debían tener en la batalla. El ejército castellano estaba formado a la usanza, es decir, con vanguardia, cuerpo central, dos costaneras y zaga. La costanera izquierda estaba formada por los peones, al mando de Pedro Núñez de Guzmán y la derecha, al mando de Álvar Pérez de Guzmán, la formaban los donceles de rey, que montaban a la jineta, a la manera de los musulmanes.

    La lógica y la tradición nos obliga a suponer que el paso del Salado por los castellanos se realizó por la zona denominada Pedro Valiente (12). Se trata de un llano de un kilómetro y medio de ancho, que va desde el final de la playa de Los Lances, hasta la Loma de los Prados, a cuyos pies transcurre el cauce del Salado.

    El ejército portugués fue completado por efectivos castellanos y se encontraba a la izquierda de Alfonso XI, formando una citara independiente. También cruzó el Salado pero sin encontrar oposición y debieron hacerlo por la embocadura que conduce al puerto de Piedracana, donde se encontraba el rey de Granada.

    La retaguardia cristiana permaneció en las laderas de la Peña y estaba formada por gente poco experimentada. Por último, una cuarta citara quedó formada por los efectivos que estaban en Tarifa, a los que se unió un destacamento que la noche anterior logró burlar la vigilancia musulmana y los destinados en la flota castellana, pues los aragoneses se negaron a salir al campo de batalla. A este destacamento se le encomendó que "otro dia fuesen ferir en el rreal do tenia el rrey Aboaçen el su alfaneque, por quanto los moros viesen dar en el su rreal, que por lo acorrer, avria razon de enauessar [enervarse, o sea, debilitarse] de las hazes en que estouisen" (Crónica). Estas tropas salieron de las murallas de Tarifa al poco de comenzar la batalla e intranquilizaron a Abu l-Hasan, que no tomó medidas efectivas contra ellos, tal vez esperando que su retaguardia podría controlarlos en el caso de que efectuaran un movimiento envolvente, un grave error que contribuyó a la derrota musulmana (13).

Plano de las cercanías de Tarifa, donde se representa la posición inicial de las tropas cristianas y musulmanas, y su evolución en el transcurso de la batalla del Salado.

EL DESARROLLO DE LA BATALLA

    No hay dudas de que la batalla del Salado se desarrolló el lunes día 30 de octubre de 1340 y no el día 28 como equivocadamente refiere la Crónica, lo que ha dado pie a innumerables equivocaciones. El propio Gil de Albornoz afirma que el día 29 de octubre llegaron a la orilla del mar, "colocándose a una legua de distancia de las blasfemas huestes de los reyes de Benamarín y de Granada" y la batalla fue "al día siguiente, es decir, en el penúltimo del presente mes" (14).

    En cuanto a la hora del comienzo y fin de la batalla tenemos que ser más imprecisos. Aunque los cristianos se prepararon desde muy temprano y poco después llegaron a los vados del Salado, debieron detener el comienzo de la contienda, pues al rey le "consejaron que se detoviesse vn poco por el sol que salia entonçes e les daua de rrostro, de guisa que les fazia perder mucho de la vista de los ojos" (Crónica). La verdad de esta afirmación se puede comprobar in situ y llega a ser de tal intensidad que se pierde la visión casi por completo. A las 9 hora local el Sol está aproximadamente hacia el SE, o sea, hacia donde se encontraba la vanguardia musulmana, y a una molesta altura de unos treinta grados sobre el horizonte. A las 10 horas, ya el Sol se encontraba en el SSE y las molestias eran mínimas. Por tanto, hay que suponer que fue en torno a esa hora cuando comenzó la batalla, unas cuatro horas después de haber amanecido (15).

    Sobre la hora final de la batalla Gil de Albornoz dice: "Se combatió hasta la hora tercia; cuando el Señor de los Ejércitos dejó caer el rocío de su bendición, cedió la resistencia de nuestros adversarios, que doblaron la espalda". Es decir, la conclusión de la batalla estuvo en torno a mediodía, lo que da una duración de aproximadamente tres horas. Hay que entender que este fue el tiempo del enfrentamiento en regla, hasta que el ejército musulmán se desorganizó. Posteriormente vino su persecución o "alcance" que debió durar hasta concluir el día.

    Sin entrar en los pormenores de la batalla, decir que parte de la delantera cristiana logró superar la primera línea de defensa musulmana y se dirigió directamente al campamento benimerín saqueándolo. Debieron de seguir muy aproximadamente el camino de la actual carretera nacional 340 y por el desvío que evita su entrada en el casco urbano de Tarifa o bien por una corta cañada que hay cerca. También los acuartelados en Tarifa atacaron el campamento musulmán, probablemente ascendiendo por el arroyo del Retiro y siguiendo la cañada de Alfaneque.

LA HUÍDA HACIA ALGECIRAS

    Tras vencer la resistencia musulmana, Gil de Albornoz dice que: "Entonces ascendimos ágilmente, avanzando hacia los campamentos enemigos y penetrando en sus propios reductos, donde tenían plantadas sus tiendas. Todo había quedado abandonado al darse a la fuga". En la "tienda colorada" de Abu l-Hasan se encontraron los cadáveres de dos mujeres del sultán, "una de las cuales era hija del rey de Túnez; cuatro hijas mayores y dos pequeñas y muchas concubinas". Una innecesaria atrocidad que lamentó el rey Alfonso XI. Según la Crónica su mayor pesar "fue de las rreynas e de las ynfantas e mugeres de alto lugar que fallo muertas por manos de viles omes".

    La huída de los moros debió ser por los dos caminos que conducen a Algeciras, a saber, por la orilla del mar y por donde actualmente transcurre la carretera nacional 340. Los cristianos acosaron a los musulmanes hasta llevarlos a la orilla y "al huir hacia dentro del mar se sumergieron y ahogaron", versión de corrobora la Crónica.

    Los reyes de Granada y Marruecos se encontraron en la huída y fueron perseguidos por los cristianos. La Crónica dice que Abu l-Hasan "fue huyendo por vn valle arriba […] E desta guisa se yua contra Algeciras", que puede referirse al valle por donde corre el río de la Vega. "Prosiguiendo nuestro avance [escribe Albornoz] alcanzamos la cima de un monte y penetramos en las asperezas del mismo, hacia donde corrían los moros". Debemos suponer que en la huída se dirigían hacia Algeciras, el lugar más seguro para su protección. Gil Albornoz prosigue: "Allí mi señor el rey de Castilla, peleando cuerpo a cuerpo, aprisionó a cierto infante moro llamado Aboanar, hijo del rey de Benamarín" (16). Difícil es identificar este monte, que debe estar antes del río Guadalmesí, porque al llegar allí los reyes se volvieron a su campamento. A este apresamiento se refiere el Libro de la Montería de Alfonso XI "el colmenar de Pero Xjmenez, a do tomaron el Infante de Benamarin quando a la de Tarifa, es buen monte de puerco". El topónimo Pedro Jiménez se ha conservado pero como un afluente del río Jara, que nace en Saladavieja en la cercanía de Puertollano, por tanto muy separado del lugar de la batalla (17).

    Alfonso XI perseguió con ahínco a Abu l-Hasan pero desistió de su empeño al quedarse sin tropas suficientes, porque la mayoría se quedaron en el campamento musulmán robando. Los musulmanes pensaron que los cristianos iban a continuar hasta Algeciras. Por eso los reyes de Granada y Marruecos no permanecieron en esa ciudad, sino que uno se fue para Marbella y el otro para Gibraltar. Pero los cristianos no estaban en condiciones de seguir el avance. Son bien elocuentes las palabras de Gil de Albornoz: "¡Lástima que no tuviésemos vituallas sino para dos días! ¡Si hubiésemos estado abastecidos para un mes, es indudable que podríamos llegar a conquistar el castillo de Algeciras!" La Crónica eleva a cuatro los días para los que tenían suministros.

CONCLUSIONES

    Las cartas de Gil de Albornoz escritas el mismo día de la victoria del Salado y la Crónica del rey Alfonso XI, nos permite aventurar que el campamento benimerín estaba al final de la cañada de Alfaneque y la distribución de las tropas fue: los granadinos en el puerto de Piedracana, Abu l-Hasan en el Cerro del Tesoro u otro cerro cercano y Abu ‘Umar en la Loma de la Cantera. La huída fue por varios lugares, algunos se fueron por la costa y otros por un camino que coincide con la actual carretera nacional 340. Abu l-Hasan se unió en la huída con el rey de Granada Yusuf I y recorrieron el cauce del río de la Vega hasta alcanzar el camino de Algeciras. El día de la batalla fue con seguridad el lunes 30 de octubre de 1340, empezando en torno a las 10 hora local y durando aproximadamente tres horas.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) Para la vida de Gil de Albornoz véase FIGUEROA y TORRES, Á. El cardenal Albornoz. Real Academia de la Historia. 1942. Y BENEYTO PÉREZ, J. El cardenal Albornoz. Canciller de Castilla, caudillo de Italia. Espasa-Calpe. 1950. Cuando a lo largo del texto citemos a la Crónica de Alfonso XI, nos estaremos refiriendo a la Gran Crónica de Alfonso XI, preparada por Diego Catalán. Gredos, 1977. Vol. II. Los entrecomillados sin referencia son párrafos tomadas de las cartas de Gil de Albornoz. Un informe sobre los preparativos y desarrollo de la batalla se encuentra en SEGURA GONZÁLEZ, W. "La batalla del Salado". En I Congreso de Historia Medieval de Tarifa, en prensa.
(2) BENEYTO PÉREZJ. Opus cit. pp. 329-332.
(3) PÉREZ-BUSTAMANTE, R. "Benedicto XII y la Cruzada del Salado", separata de Homenaje a fray Justo Pérez de Urbel. 1977. pp. 177-203.
(4) El itinerario según la Crónica se encuentra en HUICI MIRANDA, A. "El sitio de Tarifa y la batalla del Salado". En Las grandes batallas de la reconquista durante las invasiones africanas. Universidad de Granada. 2000. pp. 331-387.
(5) Juan Beneyto lee en la carta dirigida al Papa Rupis Termin (roca del Mojón), según Diego Catalán es una mala lectura de Rupes Cervi (Peña del Ciervo).
(6) LÓPEZ FERNÁNDEZ, M. "Los caminos y cañadas de Tarifa en los itinerarios del rey de Alfonso XI de Castilla". ALJARANDA nº 53. 2004. pp. 5-10.
(7) El poema de Alfonso XI. Edición de Yo Ten Cate. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 1956. pp. 419-421; CATALÁN MENÉNDEZ PIDAL, D. "La oración de Alfonso XI en el Salado. El Poema, la Crónica inédita y la Historia". Boletín de la Real Academia de la Historia 131. (1952). pp. 247-266.
(8) El alfaneque es el afarag o afrag bereber. Literalmente significa casa pequeña. En el texto significa el campamento musulmán, donde se instalaba el sultán con "sus esclavos, sus negros y su guardia". Se montaban varias tiendas, la grande y roja era la de Abu l-Hasan y había otras reservadas a las mujeres e hijos pequeños del sultán.
(9) La cañada de Alfaneque es un ramal de la cañada de Matotoros, que culmina en el puerto de Tabla, junto a unas canteras de piedras, exactamente donde a principio de los años ochenta el Ministerio de Industria colocó una central eólica experimental. Por cierto, no es el lugar donde más sopla el viento, le superan el Faro de Tarifa, el cerro del Cabrito y la montaña del Infierno en Gran Canaria. Planta eólica experimental de Tarifa. Experiencias hasta diciembre de 1985. Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía. 1985.
(10) En la toponimia de la zona hay varios nombres quizás relacionados con la batalla. Es el caso de la playa de los Lances, la cañada de Alfaneque, el Cerro del Tesoro y la loma del Polear (tal vez derivada de pelear o espolear). En algunos planos antiguos aparece la cañada de Matamoros, que algunos historiadores han relacionado con la batalla, pero el nombre correcto de esa cañada es Matatoros.
(11) El interés militar por la Loma de la Cantera volvió a surgir con motivo de la II Guerra Mundial. Entonces el gobierno de España levantó un sistema defensivo por la costa del Estrecho, en prevención de un desembarco aliado. La Loma de la Cantera se convirtió en un recinto fortificado, en torno al que se levantan 13 búnker y dos piezas de artillería. La finalidad de este sistema era impedir que cayera en manos del enemigo la carretera nacional 340 en dirección a Gibraltar.
(12) La tradición tarifeña afirma que Pedro Valiente fue uno de los guerreros que llegaron con Alfonso XI, que tuvo la valentía (de ahí su apellido) de ser el primero en pasar el Salado.
(13) CUARTERO LARREA, M. "El Salado". Ejército 13. 1941. pp. 33-42; publica un plano con la disposición de las tropas. Supone que fue el río Jara y no el Salado, el que separó a los dos ejércitos. Coincide con nuestra hipótesis en colocar a Abu l-Hasan en el entorno del Cerro del Tesoro y en suponer que su campamento estaba al final del arroyo del Retiro.
(14) SECO DE LUCENA PAREDES, L. "La fecha de la batalla del Salado". Al Andalus 19. 1954. pp. 228-231. Otro documento que con certidumbre da la fecha de la batalla del Salado está fechado el 11 de noviembre de 1340, y recoge las solemnidades programadas por el Consell de Valencia: "faen-los saber que en lo dia de dilluns, XXX dies del mes de octubre aprop passat, nostre Senyor Deus, per la sua Clemencia, havia donada victoria als alts reys de Castella e de Portugal de la batalla campal que havien hauda ab los infeels reys de Benimari e de Granada e ab les lurs gents". DUALDE SERRANO, M. Solidaridad espiritual de Valencia con las victorias cristianas del Salado y de Algeciras. Instituto Valenciano de Estudios Históricos. 1950. pp. 76-77. Los que han puesto en duda la fecha de la batalla se han apoyado en la tardía respuesta del rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, a la misiva que le envió Alfonso XI anunciándole la victoria. La respuesta del aragonés fue escrita "en Barcelona VIII dias andados del mes de diciembre en el anyo de nuestro Senyor de mis trescentos et quaranta", es decir, 38 días después del triunfo castellano. BOFARULL Y MASCARÓ, P. de. Procesos de la antiguas cortes y parlamentos de Cataluña, Aragón y Valencia. 1851. Tomo VII. pp. 142-143. Al-Jatib, que estuvo personalmente en Tarifa con los granadinos, da el 7 Jumada I del año 741 para la batalla. No obstante, no es posible hacer la comparación precisa entre fechas islámicas y cristianas, ya que el calendario musulmán está basado en la observación y no en el cómputo. Existe un calendario musulmán aritmético que nos da, sólo aproximadamente, la fecha cristiana de una islámica. Según este calendario, la fecha de al-Jatib corresponde al 29 de octubre del año 1340. GIMÉNEZ SOLER, A. La corona de Aragón y Granada. Historia de las relaciones entre ambos reinos. 1908. pp. 270-271.
(15) Al-Jatib dice que comenzó a la hora duha, un momento impreciso que corresponde cuando el Sol, después de haber salido, se encuentra a una perceptible altura sobre el horizonte. La crónica portuguesa afirma que la batalla entre granadinos y portugueses comenzó "semdo horas de Pryma". Crónica dos sete primerios reis de Portugal. Edición de Carlos Silva Tarouca. Academia Portuguesa de História. 1952. p. 340.
(16) Debió ocurrir que Abu ‘Umar fuera el último en retirarse del campo de batalla, lo que es probable tanto por el ardor que el emir puso en la pelea, como por la posición que ocupó.
(17) CUESTA ESTÉVEZ, G. J. "Notas sobre la microtoponimia del término de Tarifa (con valor histórico y arqueológico)". Almoraima 19. 1993. pp. 111-121.

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