HISTORIA MEDIEVAL

ALJARANDA

Tarifa y el Poema de Alfonso XI

Wenceslao Segura González

EL POEMA DE ALFONSO XI

    En el año 1573 Diego Hurtado de Mendoza encontró en Granada un poema que narra el reinado de Alfonso XI. En la biblioteca del Escorial se encuentra otra copia de este documento con letra del siglo XIV. Se puede precisar cuándo fue escrito; según Diego Catalán debió ser en el año 1348, como se desprende del texto; es decir, sólo ocho años después de la batalla de Tarifa, al que el poema dedica una parte considerable de sus 2.459 estrofas. Se cree que el autor del Poema de Alfonso XI fue Rodrigo Yañez, tal como él mismo lo atestigua en una de las estrofas.

    El poema está escrito en cuartetas octosílabas de rima consonante a-b-a-b, aunque no muy perfectas, debido a que el autor no tenía un total dominio del castellano. Se ha discutido la lengua en que fue escrito el Poema de Alfonso XI, incluso si era traducción de un poema portugués. Tal vez no fuera escrito ni en castellano, ni en leonés, ni en portugués, sino en una mezcla de estos idiomas y que los copistas hayan ido castellanizando el texto. Esto concordaría si el autor fuera un portugués desnaturalizado.

    Menéndez Pelayo calificó el poema como el último eco del mester de juglaría y Menéndez Pidal afirmaba que el poema correspondía al mester de clerecía. Aparte del valor literario, interesó especialmente su contenido histórico. El Poema de Alfonso XI daba información histórica de primera mano que no se encontraba en la crónica por entonces conocida, de tal forma que se convirtió en un auxiliar para la investigación histórica del reinado de Alfonso XI. Esto era especialmente cierto para la narración de la batalla del Salado y para la muerte de los infantes en la Vega de Granada.

LA GRAN CRÓNICA DE ALFONSO XI

    En el año 1950 Diego Catalán descubrió una versión ampliada de la Crónica de Alfonso XI, a la que llamó la Gran Crónica, que contiene 110 capítulos más que la crónica abreviada hasta entonces conocida.

    En particular, la batalla del Salado es sustancialmente más amplia. La nueva crónica dedica 23 capítulos a la batalla, a los que añadir los capítulos sobre los preparativos de tan decisivo encuentro.

    Se constata que el Poema de Alfonso XI es una versión rimada de la Gran Crónica. Aún así, el poema aclara la narración cronística y en algunos casos la complementa. Pero lo más interesante es que el autor del poema es conocedor de su época y de sus personajes, y al tener libertad literaria para rimar la crónica, se permite hacer valoraciones, que adquieren valor histórico. El autor del poema elimina algunos pasajes de la crónica, mientras que a otros le dedica numerosas estrofas. Es más, algunos pasajes son diferentes en crónica y poema, lo cual hay que tener presente si, como algunos afirman, el autor estuvo presente en la batalla del Salado, el acontecimiento que más ampliamente trata en el poema.

TARIFA EN EL POEMA DE ALFONSO XI

    La batalla del Salado o de Tarifa ocupa más de la tercera parte del poema, indicación de la enorme importancia que se le dio en su tiempo. Así que, Tarifa se encuentra presente directa o indirectamente en la narración rimada. A título de muestra entresacamos algunas estrofas aclarando el contexto en que fueron escritas, utilizándose para ello la edición de Yo Ten Cate.

    En los meses previos a la batalla del Salado, los marroquíes pasan el Estrecho en gran número y amenazan con cercar Tarifa: "Los puertos son desanparados, / que es muy gran perdición, / e de moros grandes fonssados / ya en Algezira son. / Tantos son que no han par / esta gente refortera, / Tarifa quieren çercar, / la llave de la frontera". Ante el peligro inminente el rey Alfonso XI encargó su defensa a Juan Alfonso de Benavides, "e contóle su fazienda / e cómmo estava ssu fecho / e dióle por encomienda / Tarifa la del Estrecho".

    Al igual que ocurre con la Gran Crónica, el Poema de Alfonso XI recoge tantos los avatares entre los cristianos como entre los moros. Abu-l-Hasan recibe consejo de sus principales que le recomiendan: "e vos, rey Albofaçén, / aquesta razón faredes: / Tarifa çercad bien / e luego la ganaredes". Establecido el sitio y visto el numeroso ejército musulmán que hacía presagiar una rápida victoria, el sultán de Marruecos ofrece a los tarifeños la rendición: "Los puertos luego passaron / todos estos cavalleros, / a Tarifa enbiaron / luego aína mensajeros. [...] A las barreras llegaron / estos moros que oídes; / tregua luego tiraron / de Iohan Alfonso de Benavides". Los defensores de Tarifa contestan con altanería: "Tarifa está muy fuerte / con la ssu cavallería, / enantes querrían muerte / que conbusco pletesía".

    El rey Alfonso XI se encuentra en Sevilla, está preparando el contrataque cuando conoce que la flota cristiana del Estrecho ha sufrido un gran descalabro: "fablemos del rey d’España / que estava en Ssevilla, / do estava bien guisado / para Tarifa desçercar, / e cómmo le llegó mandando / de las frotas de la mar". El rey castellano recibe el consejo de un noble moderado que le recuerda: "de los reys de allén mar / ffué la villa de Tarifa [...] Tarifa sea perdida, / váyansse de vuestra tierra / e por tienpos de la vuestra vida / que nos ffagan más guerra". El rey se rebela ante el consejo: "e diz: «Más querría muerte / que Tarifa sser perdida / e atal desonra fuerte / reçebir en la mi vida»".

    Tarifa sigue sitiada y ya se encuentra en situación límite, así se lo comunican al rey: "Dios mantenga buestra bida; / rey señor, ¿non lo sabedes? / Tarifa está perdida / si le bos non acorredes. / Todos cuytados están / padeciendo muy grand guerra, / de la torre de don Johan / una pieça es en tierra, / los andamios quebrantados, / passan grand lazería, / los moros están ayuntados / açerca de la barrera".

    Los reyes de Castilla y Portugal se acercan con sus ejércitos, entonces un noble musulmán aconseja al sultán abandonar la empresa de Tarifa: "Los reyes aquí llegarán, / de batalla aperçebidos / e a vos non fallarán / e ternánse por escarnidos / e abrán grand rencura, / Tarifa derribarán; / por fecho de la freura / a sus tierras bolverán / los reyes para sus regnados / las gentes farán partida / e nunca serán ayuntados / por tienpos de la su bida", posteriormente el sultán podría correr la frontera sin oposición.

    Los reyes cristianos retan a los reyes de Granada y Marruecos a batirse en las cercanías de la laguna de la Janda. Los musulmanes rehúsan, el sultán norteafricano argumenta: "Yo estó en esta frontera / con mi hueste e mis tesoros, / Tarifa fallé primera / e çerquéla con mis moros. / Mía es de avolengo, / que la poblaron por suelos; / Tarifa por mía tengo, / pues fué de mis abuelos".

    Los ejércitos cristianos siguen su camino. Cuando llegan a la cercanía de Tarifa, Alfonso XI muestra su alegría: "Yo tomo grand alegrança / pues que yo a Tarifa veo, / en Dios tengo esperança / que se cunpla mi deseo".

    Es el día previo a la batalla y se hacen los preparativos. Don Juan Manuel, que es el noble de mayor rango del reino, aconseja al rey realizar una hábil maniobra: "Yo so buestro vasallo / que a vos amo lealmiente; / dos mill sean de cavallo /guisados muy noblemente / a Tarifa se vayan / si vos bien quieren servir, / e ningun miedo non ayan / esta noche de morir". La operación es aceptada por el rey, que envía un destacamento a Tarifa, lo que al día siguiente será decisivo para la victoria. Alfonso Fernández Coronel, anterior alcaide de Tarifa, pidió acudir en esta avanzadilla: "Los reyes gelo otorgaron / e muy grand loor le dan; / a Tarifa lo enbiaron / que fuese con don Johan".

    Don Juan Manuel y Alfonso Fernández Coronel llegan por mar a la plaza sitiada: "En una galea entravan / por la mar fueron su vía / e a Tarifa llegaron, / que bien çercada yazía". Pudieron comprobar el estado tan ruinoso en que se encontraban las defensas: "vieron yazer la barrera / llena de lanças quebradas, / los muros e los andamios / estar todos forodados; / paresçía que diez años / ovo que fueron cercados". El humor no faltaba entre los defensores que bromean con don Juan Manuel por los numerosos bolaños que había lanzado el enemigo: "E muchas piedras yazían / de engeños derredor; / los de Tarifa dezían / a don Johan con sabor: / «¿Queredes fruta? don Johan, / fijo del infante don Manuel; / desta mucha bos darán / más amarga que la fiel». / Don Johan con grand plazer: / dixo: «Dios me dé salud / e non me dexe comer / peras que han tal virtud»". Don Juan Manuel da instrucciones a los defensores de Tarifa sobre lo que tienen que hacer al día siguiente.

    Vuelve don Juan Manuel al real cristiano: "Don Johan luego tornava / a muy poca de sazón, / delante los reyes llegava, / contóles esta razón / que en Tarifa dixieron / e el plazer que tomaron". Se forma el grupo de castellanos que van a entrar en Tarifa, entre ellos don Pedro Ponce, Enrique Enríquez, el obispado de Jaén y Alfonso Fernández Coronel, a los que se dirige el rey: "Amigos, por bos non finque / de guardar bien el pendón / del mi fijo don Enrique, / que amo de coraçón. / Otro pendón levaredes / de don Tello, fijo mio, / a Tarifa llegaredes, / así bos lo mando yo". Los moros se percatan de que fuerzas cristianas se dirigen a Tarifa, pero la operación es rápida y los castellanos consiguen su propósito: "A Tarifa muy apriesa / cristianos fueron llegar, / commo la nuve espesa / moros ivan a la mar".

    Todo está preparado para el decisivo enfrentamiento armado. Durante la noche Alfonso XI no concilia el sueño, desea con ansiedad que llegue el día y que comience el combate. Duda de si el resultado será la victoria o la pérdida del reino y quizás también su vida. "En la tienda yazía / non codiçiado tesoros, / mas deseando el día / que se viere con los moros. / En la su cama yaziendo / con saña del coraçón / yazíase rebolviendo / commo un bravo león / e a Dios Padre pedía / que la mañana llegase; / e Dios le enbió el día / e non quisso que tardase".

    Los ejércitos están en el campo de batalla. El poeta describe con detalle el estado de ánimo de las fuerzas. En boca del sultán pone estos versos: "Prenderé rey de Castiella, / mataré su potestad, / a vos cuydo poner siella / en Toledo, la çibdat". En el desarrollo de la batalla salen las fuerzas acuarteladas en Tarifa: "Los de Tarifa salieran, / todos carretera les dan / e por el real ferieran / commo fuego de alquitrán".

    La batalla concluye con gran victoria cristiana. Incluso asaltan el real benimerín donde dan muerte a los hijos y mujeres del sultán: "Fátima, la tuniçia, / í morió, la malandante, / e çerca della yazía / doña Zeína, la infante". Los musulmanes huyen del campo de batalla. El sultán benimerín se queja de la dolorosa pérdida: "Matáronme los mis moros, / con que la mar alta pasé / e perdí los mis tesoros / e nunca los cobraré". La explicación de la derrota la encuentra el sultán en la participación sobrenatural: "Santiago, el de España, / los mis moros me mató, / desbarató mi conpaña, / la mi seña quebrantó. [...] Santiago glorioso / los moros fizo morir; / Mahomat, el perezoso, / tardo, non quiso benir".

    El poema concluye la narración de la batalla del Salado con una profecía que había hecho el sabio Merlín, anticipando la victoria cristiana: "Mal desonrado salió / de Tarifa el moro marín; / en aquel día Dios conplió / una profeçía de Merlín. [...] En las covas de Ercoles abrán / fuerte lid enplazada, / al puerco de la grand espada [...] E el bravo puerco espín, / señor de la grand espada, / fué el rey de Benamarin / que a Tarifa tovo çercada".

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) CATALÁN, D. Gran Crónica de Alfonso XI. Volumen I. Gredos. Madrid, 1977.
(2) CATALÁN MENÉNDEZ PIDAL, D. Poema de Alfonso XI. Fuentes, dialecto, estilo. Gredos. Madrid, 1953.
(3) El Poema de Alfonso XI. Edición de Yo ten Cate. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1956.
(4) CATALÁN, D. Un prosista anónimo del siglo XIV. Universidad de la Laguna. Madrid, 1955.
(5) VAQUERO, M. "Relación entre el Poema de Alfonso XI y el Poema da Batalha do Salado". Actas del I Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval. Promociones y Publicaciones Universitarias. Barcelona, 1988. pp. 581-593.
(6) CATALÁN MENÉNDEZ PIDAL, D. "La oración de Alfonso XI en el Salado. El poema, la crónica inédita y la historia". Boletín de la Real Academia de la Historia 131 (1952). pp. 247-266.

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