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ALJARANDA |
Los caminos y cañadas de
Tarifa en los itinerarios del rey
Alfonso XI de Castilla
Manuel López Fernández
APROXIMACIÓN AL TEMA
Hace ya unos años, Enrique Gozalbes Cravioto (1) ponía de manifiesto la importancia de Tarifa como puerto receptor de las expediciones militares almohades y, en la misma línea, nuestro amigo Ángel Sáez se suma a la opinión anterior en un interesante libro de reciente publicación donde, además, deja bien claro que esta predilección de los almohades por Tarifa era consecuencia de la facilidad de acceso al interior de la Península para aquellos ejércitos procedentes del otro lado del Estrecho (2). Esta última ventaja, que como bien dice Ángel Sáez no encontraron los ejércitos musulmanes en caso de Algeciras, se debe a la ausencia de barreras montañosas en los caminos que unían Tarifa con las importantes ciudades de Sevilla y Córdoba. Sirva como muestra para el caso de estos caminos dentro del término de Tarifa que el Puerto de Facinas (con 100 mts. de cota a 16 kilómetros de Tarifa) (3) y el de Puertollano (con una cota de 150 mts. a unos 12 kilómetros de la ciudad) (4) eran, y son, dos insignificantes escalones orográficos si los comparamos con los que nos encontramos en las salidas de Algeciras con dirección al Valle del Guadalquivir.
La ausencia de acentuadas pendientes en estos caminos de Tarifa hacia el norte, así como la abundancia de los relativamente pequeños cursos de agua que frecuentemente los cruzaban, aseguraban el líquido elemento para los hombres y animales que conformaban aquellos ejércitos medievales, además de proporcionar los necesarios pastos para alimentar al numeroso ganado que, en una proporción muy elevada con respecto al número de hombres, componían aquellos contingentes militares. Dándose tales condiciones y considerando que Sevilla constituyó el centro político de todo al-Andalus desde la llegada de los almohades (5), el camino que unía Tarifa con Sevilla –pasando por Medina Sidonia, Benalup y Jerez– fuese desde entonces y hasta finales de la Reconquista uno de los caminos más transitados por los ejércitos musulmanes y por los del reino de Castilla, especialmente en la fase conocida como Batalla del Estrecho en la que como es bien sabido se implicó profundamente el rey Alfonso XI.
Este monarca, siempre al frente de sus huestes y movido por sus afanes de conquista, vino hasta cinco veces a estas tierras próximas al Estrecho y permaneció en ellas, en algunas ocasiones, largos periodos de tiempo. Así, la primera vez que pisó esta comarca, permaneció frente a Gibraltar desde los días finales del mes de junio hasta finales de agosto del año 1333 intentando recuperar la villa y la fortaleza del Peñón; más tarde, ya en 1340, volvió con ocasión del enfrentamiento del Salado; luego, en junio de 1342, realizó un rápido viaje a la Ensenada de Getares para ver la flota después de la batalla de Guadalmesí. No contaba entonces con los efectivos aconsejables para iniciar el sitio a Algeciras y por ello regresó a Jerez volviendo en los días finales del mes de julio del mismo año para permanecer en tierras de Algeciras hasta abril de 1344. Esta fue la estancia más larga del monarca en el Campo, pero no la última, puesto que volvió en junio de 1349 dispuesto a recuperar Gibraltar, la única plaza que había perdido a lo largo de su reinado y frente a la cual le llegó la muerte en marzo de 1350.
En las cinco ocasiones referidas el rey de Castilla llegó a la misma Tarifa, o utilizó los caminos de su alfoz para llegar a Gibraltar como ocurrió en el caso de la incursión de 1333. En todos estos viajes, como hemos dicho anteriormente, el rey de Castilla vino acompañado de un ejército más o menos numeroso pero cuya composición nunca bajó de cinco mil trescientas personas y no menos de dos mil quinientos caballos (6), como parece ser el caso de la visita a Getares en los días finales de junio de 1342, ocasión en la que –según la Crónica (7)– trajo menos efectivos. Como podemos imaginar, y sabiendo que la mayor parte de las incursiones militares de aquella época se producían en verano, la necesidad de agua para tal cantidad de hombres y animales –así como de pastos para estos últimos en los momentos de descanso– obligaba a la hueste a desplazarse por caminos que discurrieran más o menos paralelos a los ríos, o por aquellos que cruzaban cursos de agua, para superar el problema logístico que le podía suponer el transporte de tales elementos vitales. Tan importante eran el agua y los pastos para un ejército que el Rey Sabio nos dice en la Partida II, cuando nos habla de los adalides, que éstos habían de ser buenos conocedores de las tierras por donde marcharan las huestes "guiandolas atales lugares que fallen agua, e leña e yerua do puedan todos posar de so uno" (8).
Por esta razón, no será extraño que las huestes se aparten en un momento dado del camino más corto, o del principal, buscando siempre las mejores condiciones para "albergar" (9) y para dar descanso a sus efectivos antes de entrar en batalla. Esta típica actuación de los ejércitos medievales se conjuga con otra tan lógica como es la de no permitir la presencia de las huestes propias en el interior de las villas del reino por donde pasaban, razón suficiente para inclinarnos a pensar que las veces que el rey de Castilla pasó por Tarifa es muy probable que la persona del monarca pernoctara en la misma, al igual que su séquito, pero otra cosa bien distinta sería la acampada del resto del ejército que, como parece lógico, quedaría asentado en un campamento más o menos próximo a la villa, donde existiera agua y pastos suficientes para atender las necesidades de las que venimos hablando.
LOS ITINERARIOS TARIFEÑOS DE 1333 Y 1340
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Figura 1. Mapa con los más importantes caminos del término municipal de Tarifa en el siglo XIX y que coinciden con los señalados en las Crónicas del siglo XIV. |
Como hemos anticipado, la primera vez que Alfonso XI vino al hoy Campo de Gibraltar fue en el verano de 1333 y cuando salió de Sevilla su intención era descercar la villa y fortaleza del Peñón que estaban siendo sitiadas desde meses atrás por el infante meriní Abu-Malik. Después de varias jornadas de marcha llegó hasta la margen derecha del Guadalete y por razones largas de explicar aquí (10), abandonó el camino que pasaba por Medina Sidonia y se dirigió hacia Alcalá de los Gazules (11) hasta alcanzar las vegas de Pagana, cubiertas hoy por las aguas del embalse del Barbate. Desde allí se dirigió –después de cruzar el río Celemín, por donde ahora está el pantano del mismo nombre– a buscar el camino que desde Jerez se dirigía a Tarifa y que había abandonado al llegar al Guadalete.
Este último camino, conocido después como "Real", entroncaba con el camino proveniente de Alcalá de los Gazules a la altura del actual cortijo de Majada Verde (12) muy próximo al término municipal de Tarifa. Después de cruzar el Arroyo Trimpancha, ya en tierras tarifeñas, el camino se bifurcaba en dos ramales; uno de ellos se aproximaba a la Laguna de la Janda y se dirigía a Tarifa por el Puerto de Facinas (13); el otro –el que nos interesa en este momento y aparece remarcado en la Figura nº 1 de este trabajo (14)– también se dirigía a Tarifa cruzando Puertollano, pero pasando antes por donde hoy se sitúan los cortijos de Las Habas, Aciscar y del Arraez para cruzar el río Almodóvar por la "Pasada del Mojón" (15). Sin lugar a dudas, esta zona de la citada "pasada" era un cruce de caminos importante porque allí coincidían el camino de Tarifa con el que se dirigía hacia Algeciras y Gibraltar por la margen derecha del Almodóvar hasta alcanzar el Puerto de Ojén, punto donde abandonaba los términos de Tarifa.
Este último ramal, que llegaba a Gibraltar des-pués de cruzar los ríos Palmones y Guadarranque, fue el camino seguido por el rey de Castilla en sus caminos de ida y vuelta al Peñón en el verano de 1333. Y si en el camino de ida no se detuvo en tierras tarifeñas, sí lo hizo cuando regresaba a tierras de cristianos después de fracasar en su intento de recuperar la plaza de Gibraltar al quedar bloqueado en el istmo por las fuerzas musulmanas de Muhamed V de Granada y del infante meriní Abu-Malik. En aquella ocasión y como es sabido, después de alcanzar un acuerdo con estos últimos, el rey de Castilla volvió a Jerez desde Gibraltar utilizando el camino de ida y viniendo a asentar su campamento en tierras tarifeñas al término del primer día de viaje. Fue así como en la noche del 25 de agosto don Alfonso y su ejército acamparon en la zona de "Puertollano", lugar donde debieron llegar bastante temprano pues, según la Crónica (16), "…finco y aquel dia todo". Circunstancia que nos obliga a pensar, dada la necesidad de agua y pastos, que muy bien pudieron hacerlo en las proximidades de la Pasada del Mojón, esto es, en la zona de acampada hoy conocida como Casas de los Tormos.
No fue hasta octubre de 1340 cuando Alfonso de Castilla volvió a tierras de Tarifa con ocasión de descercar la villa del sitio a que la tenía sometido el sultán benimerí Abu l-Hasan. En esta ocasión los efectivos que acompañaban al Rey eran más numerosos que siete años antes. En este caso no debe sorprendernos su paso por las proximidades de Medina Sidonia y de Benalup, así fue como el día veintiséis de octubre fueron a posar sobre el río Barbate, el veintisiete lo hicieron donde el camino proveniente de Jerez cruza el río Celemín y finalmente el veintiocho de octubre acamparon junto al curso del Almodóvar en tierras de Tarifa. A primera hora de la mañana del día siguiente debió iniciar la hueste el último tramo del camino que les separaba del ejército benimerí. Desde el Almodóvar continuaron adelante para cruzar por el Puerto de Facinas y luego, en medio de "una niebla muy escura que fazie y fueron assy toda la mañana" por el curso abajo del Río del Valle hasta llegar "a la mar a do llaman la Torre de los Vaqueros; e finco el rrey don Alfonso sus tiendas, e la delantera puso rreal contra la Peña del Çiervo" (17). Al hilo de los datos anteriores y sabiendo que la distancia entre la pasada del Almodóvar y la Peña del Ciervo no es superior a quince kilómetros, es de suponer que sobre mediodía llegara el ejército cristiano a sus lugares de acampada. Por tal razón, a las fuerzas concejiles de Sevilla –que iban en la vanguardia– les dio tiempo a reparar ciertos pasos junto a la Peña del Ciervo para facilitar el tránsito de la hueste al día siguiente, mientras el Rey hacía un reconocimiento del despliegue enemigo antes de reunir su consejo para estudiar el plan de maniobra (18).
Pero sin adelantarnos en los acontecimientos, es posible que a estas alturas algún lector se esté preguntado, conociendo que el rey de Castilla acudía a descercar Tarifa y que el camino por Puertollano era más directo hacia la villa, por qué motivo no lo utilizaron las huestes cristianas en vez de llegar al Puerto de Facinas y rodear las sierras de Saladaviciosa, Fates y Enmedio. La razón para tal maniobra viene justificada, a nuestro juicio, por dos razones: la primera de ellas es que algunos tramos de la bajada de Puertollano hacia Tarifa no ofrecían las suficientes garantías para recorrerlos con seguridad debido a la proximidad de las sierras (19); la segunda y más importante no era otra que la bajada de Puertollano desembocaba muy cerca de las posiciones musulmanas, lo cual entrañaba un grave peligro a la hora de asentar la hueste en las horas previas a una batalla y después de varios días de camino cuando interesaba, sobre cualquier otro fin, proporcionar el descanso necesario a los efectivos del ejército bajo ciertas condiciones de seguridad de las que no hubieran disfrutado en caso de acampar en la vegas del Río de la Jara.
Esta seguridad la encontraron a retaguardia de la Sierra de Enmedio y protegidos por la entalladura existente entre la Peña del Ciervo y el mar; por esta razón la vanguardia del ejército montó allí su campamento y gracias a tal disposición pudieron permanecer casi veinticuatro horas en el real de la Torre de los Vaqueros mientras se preparaba la batalla. No olvidemos tampoco, después de hablar de las necesidades de agua y pastos para el ganado a lo largo del itinerario, que en la zona de la desembocadura del Río del Valle –posiblemente conocido entonces con el significativo nombre de "Valdebaqueros" (20) por ser lugar idóneo para que pastasen las vacas–, debieron encontrar las huestes cristianas las condiciones necesarias para que se repusieran los animales antes de iniciar la famosa batalla el día treinta de octubre de 1340, fecha en la que el Rey estuvo por primera vez en Tarifa pues consta documentalmente que allí concedió, al menos, un privilegio (21).
LOS ITINERARIOS RELACIONADOS CON LA CONQUISTA DE ALGECIRAS
En el año 1342, como ya dijimos, el rey de Castilla hizo dos viajes al Campo de Gibraltar. Estaban enmarcados estos desplazamientos en sus proyectos de conquistar Algeciras y para efectuar tales viajes, como veremos, se apoyó en Tarifa. El primero de ellos tenía como objetivo prioritario hacer una visita a la flota que, después de la victoriosa batalla de Guadalmesí, estaba fondeada en la Ensenada de Getares; pero una vez allí el rey intentó persuadir a los suyos de la conveniencia de iniciar entonces el cerco a Algeciras, aunque no consiguió convencerlos porque a todas luces los efectivos de la hueste eran insuficientes y no tenían provisiones para comenzar una operación del calado que pretendía el Rey. En esta ocasión no señala la Crónica el itinerario seguido, pero sí dice que don Alfonso inició el viaje desde Jerez en los días finales del mes de junio y que ordenó a los suyos que tomaran "talegas" para cinco días (22). Como simultáneamente dispuso que se cargaran alimentos en algunas naves que también se desplazarían hasta Getares (23), es de suponer que pensaría hacer el camino entre Jerez y la ensenada citada en ese número de días, o tal vez menos. La situación militar no era tan comprometida como la que se daba en las fechas anteriores a la batalla del Salado, por lo que resulta factible que –hasta Tarifa– el Rey y los suyos se permitieran realizar jornadas de marcha más largas; por tanto, es muy probable que en el primer día de camino llegara a las proximidades de Medina Sidonia, al día siguiente acampara junto al Barbate y al tercer día hicieran noche en las proximidades de Tarifa, después de pasar por Puertollano.
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Figura 2. Detalle de los caminos y cañadas entre Tarifa y Algeciras. |
Desde Tarifa hasta Getares no se daban las mismas condiciones de seguridad que desde Jerez a Tarifa, ni el camino reunía las mismas condiciones de regularidad; de modo que, por la circunstancias anteriores y por alternar jornadas largas y cortas, es muy posible que Alfonso de Castilla diera prioridad a la seguridad en detrimento de la rapidez y decidiera caminar despacio a lo largo del tramo Tarifa-Getares empleando un par de días en el mismo, tal y como lo hizo un mes más tarde cuando inició el cerco de Algeciras (24). Pero antes de continuar con el trazado de los caminos que unían a Tarifa con Algeciras, se hace necesario comentar que tenemos indicios suficientes para pensar que si el Rey durmió en Tarifa, no lo hizo así su ejército. Pues resulta indiscutible, según vemos en las Crónicas, que el rey evitaba en lo posible que los ejércitos en campaña entraran a las ciudades o villas propias que encontraban en su camino. Así, por ejemplo, cuando acampaban junto a Sevilla lo hacían en el Campo de Tablada –en las afueras de la ciudad– y algo semejante ocurría en el caso de Jerez, villa en la que no entraron las huestes ya que el rey siempre las obligó a acampar junto al río Guadalete. De modo que si esto ocurrió en los casos de Sevilla y Jerez, por qué había de entrar en Tarifa el ejército que acompañaba al rey, siendo esta villa más pequeña que los núcleos poblacionales ya citados.
Creemos, al hilo de lo que venimos diciendo, que el lugar idóneo para tal campamento bien podía ubicarse en las márgenes del Río de la Vega; de esta manera la hueste no necesitaba entrar en Tarifa ya que en su camino hacia Algeciras podía seguir el curso de este río –por donde hoy discurre un tramo de la Cañada de Medina Sidonia a Algeciras (25)– hasta enlazar en las proximidades del Puerto de la Tabla con la Cañada de Matamoros, vía que sube por el valle arriba del Arroyo Retiro procedente de Tarifa. Sin duda alguna, por la ladera septentrional de aquel valle –por la solana dirían los más antiguos–, discurría en el siglo XIV un tramo del camino que se dirigía a Algeciras si nos atenemos al significativo nombre de la última cañada citada según podemos leer en algunos mapas (26); tal denominación debe estar con el resultado de la persecución de los musulmanes por parte del ejército cristiano después de la victoria del Salado. A este respecto nos dice la Gran Crónica que cuando el rey de Castilla perseguía al sultán benimerí al abandonar éste el campo de batalla, el musulmán "... fue fuyendo un valle arriba maldiciendo a ssy e a su ventura que les falleciera en tal tienpo. E de tal guisa se yua contra Algezira" (27).
Dada la premura de la situación descrita podemos pensar, sin miedo a cometer un gran error, que el camino más corto entre Tarifa y Algeciras subía por el valle del hoy conocido Arroyo del Retiro, hasta alcanzar el Puerto de la Tabla y luego cruzar las sierras siguiendo un trazado similar al que hoy tiene la carretera N-340 (28). Este camino, al que Al-Idrisi (29) le asignaba dieciocho millas de longitud, debía coincidir en buena parte de su trazado con la antigua vía romana que unía Carteya con Mellaria (30) cuyas huellas, a tenor de lo que se recoge en el Libro de Montería de Alfonso XI, todavía eran palpables en el siglo XIV (31).
Después de establecer que este camino entre Tarifa y Algeciras pasaba por el Puerto de la Tabla, será necesario recurrir de nuevo al Libro de la Montería y conocer así su trazado entre el puerto que acabamos de citar y el Puerto del Bujeo, punto por donde entraba en tierras de Algeciras. Siguiendo la toponimia y las técnicas de caza que se citan en el libro indicado, podemos saber que el camino faldeaba entre las laderas de la hoy denominada Sierra del Cabrito por lo alto de los valles del Arroyo de las Viñas y de Alhelíes, pues, no en vano se colocaban las "vocerías" sobre el camino –lo más alto del cazadero– y las "armadas" en los puntos más bajos de dichos valles (32). A la hora de cruzar el río Guadalmesí, el camino lo hacía por debajo de una garganta –"pasada" dice el texto que ahora seguimos (33)– que muy bien podía corresponderse con la que se forma sobre el curso del citado río cuando cruza entre las sierras del Cabrito y del Bujeo; desde esta "pasada" el camino llegaba luego hasta el "Portiguelo" (34), que no debe ser otro que el actual Puerto del Bujeo.
Este camino que atravesaba la sierra, y no el que bordeaba la costa (35), fue el que con toda seguridad utilizó el monarca castellano para conducir su ejército hasta Algeciras cuando, a finales de julio de 1342, vino a ponerle cerco. Según nos dice la Crónica (36), en esta ocasión salió el Rey de Jerez y se apoyó en la Laguna de Medina para luego emprender la marcha –después de pasar allí dos días–, y acampó "...allende de Medina Sidonia. Et dende adelante fue por sus jornadas que no se detuuo en lugar nenguno fasta que llego a Tarifa et finco y un dia y dos noches. Et otro dia salio ende, et con el Don Alvar Perez de Guzman, et fue ese dia posar al puerto que es entre Tarifa et Algeçira...".
Después de llegar a Algeciras en los primeros días de agosto de 1342, Alfonso XI se empeñó en su conquista y no abandonó el sitio hasta ganarla y permanecer en la villa hasta el día ocho de abril de 1344, fecha en que la abandonó camino de Tarifa. Ese mismo día debió llegar a ésta porque ya no existían los problemas de la ida y la distancia que separaba las dos villas no era excesiva como para acampar en el camino. No conocemos cuanto tiempo permaneció en Tarifa, ni tampoco sabemos con exactitud la fecha en que pudo regresar a la misma con ocasión del sitio a Gibraltar de 1349.
EL VIAJE DE 1349 A GIBRALTAR
Nada dicen las Crónicas del itinerario del rey de Castilla en esta ocasión. Por razones que se desconocen (37), Fernán Sánchez de Valladolid no continuó la Crónica más allá de 1344, y por tal motivo los detalles correspondientes a los seis años finales del reinado de Alfonso XI resultan difíciles de recomponer; sin embargo, recientes estudios nos aportan cierta luz en lo que al itinerario del monarca se refiere. Por lo que atañe a su paso por tierras tarifeñas, y aunque no lo sabemos con exactitud, nos inclinamos a pensar que el rey de Castilla se apoyó en Tarifa y en Algeciras en su camino hacia Gibraltar. No sólo por ser lo más razonable, sino porque en esta última villa quedó doña Leonor de Guzmán (38) mientras el monarca formalizaba el cerco a la villa de la Roca. Por tanto, es muy probable que algún día de la segunda quincena del mes de junio del año 1349 pasara don Alfonso por Tarifa pues consta documentalmente que el día veintisiete del mes citado estaba ya en el real sobre Gibraltar (39).
Como de todos es conocido, al rey de Castilla le sorprendió la muerte en el cerco a Gibraltar en la noche del veinticinco de marzo de 1350. Sus restos mortales fueron trasladados hasta Sevilla pasando por Medina Sidonia según refiere la Crónica, pero si tenemos en cuenta que doña Leonor de Guzmán estaba en Algeciras y es sabido que acompañaba el cadáver del rey cuando la comitiva fúnebre llegó a Medina, lo más probable es que el cuerpo del que había sido rey de Castilla pasara por Algeciras y posteriormente por Tarifa. Pero este último punto no pasa de ser una suposición nuestra por ahora.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) GOZALBES CRAVIOTO, E. "Tarifa, puerto
estratégico de los almohades". ALJARANDA, nº 11. 1993. pp. 11-13.
(2) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. Tarifa, llave y guarda de toda España. Fortificación
y urbanismo. Instituto de Estudios Campogibraltareños. Algeciras, 2003. pp.
38 y ss.
(3) Los datos topográficos los tomo de la hoja 1.077 del Mapa General de
España, escala 1:50.000 del Servicio Geográfico del Ejército.
(4) Ibídem. Téngase en cuenta que desde Puertollano se divisa Benalup y
que el camino entre ambos puntos es prácticamente llano.
(5) Los almohades conquistaron Sevilla en 1147 y la convirtieron en su
residencia española preferida. Tanto fue así que Abu Yaqub Yusuf convirtió a la
ciudad en la segunda capital de su imperio. Así podemos verlo en ARIE, R.
España musulmana (Siglos VIII-XV). Editorial Labor. Barcelona, 1984. pp. 34
y 215.
(6) Esto por lo que se refiere a los de guerra, que nada se dice en las
Crónicas de los animales que se empleaban para el transporte de la
impedimenta.
(7) Crónica del muy alto et muy catolico rey don Alfonso el Onceno. Vol.
I de las Crónicas de los reyes de Castilla. Biblioteca de Autores
Españoles. Vol. LXVI. Ediciones Atlas. Madrid, 1953. p. 342. (En adelante la
citaremos como Crónica)
(8) ALFONSO X DE CASTILLA. Las siete Partidas. Glosadas por el licenciado
Gregorio López (1560). Edición facsímil de Editorial B.O.E. Madrid, 1974.
Partida II. Título XXII. Ley I.
(9) Con esta denominación se conocía en la Edad Media el estacionamiento de la
hueste durante una noche.
(10) Dado el título de este trabajo, no consideramos oportuno alejarnos del tema
a tratar. No obstante, preparamos un trabajo de mayor amplitud donde ampliaremos
los detalles aquí apuntados.
(11) En este lugar, según la Crónica y de acuerdo con un documento de la
Orden de Santiago: AHN. OO. MM. Uclés, 92/7, acampó el ejército la noche del
veinticuatro de junio de 1333.
(12) Seguimos aquí la toponimia citada en el mapa editado por el Servicio
Geográfico del Ejército: Cartografía Militar de España. Mapa General.
Serie L. E. 1:50.000. Hoja 1.074 del año 1997.
(13) Este camino se ha transformado hoy día en la carretera que une el Puerto de
Facinas con Benalup de Sidonia.
(14) La figura que exponemos ha sido extraída del Mapa de la Provincia de
Cádiz que realizó en 1868 el coronel de Ingenieros Francisco Coello,
depositado en el Servicio Geográfico del Ejército.
(15) Las referencias toponímicas aquí seguidas se apoyan en los mapas del
Instituto Geográfico y Estadístico. E. 1: 50.000. Hojas 1.074 y 1.077 del año
1917 que hemos encontrado en la Biblioteca Municipal de Tarifa gracias a su
directora. Desde aquí nuestro público agradecimiento.
(16) Crónica. p. 258.
(17) Citamos aquí por la Gran Crónica de Alfonso XI. Preparada por Diego
Catalán. Editorial Gredos. Madrid, 1976. Tomo II. p. 407. (En adelante, Gran
Crónica). Obsérvese que es la vanguardia la que acampa junto a la Peña del
Ciervo; por tanto, el grueso del ejército debió hacerlo más hacia el curso del
ya citado río del Valle.
(18) Para más detalles véase Gran Crónica. p. 409.
(19) En 1811 el general Copóns reconoce que el terreno era incómodo para la
caballería por tratarse de un desfiladero continuo. Véase así en: Diario de
las operaciones de la División Expedicionaria al mando del mariscal de campo don
Francisco de Copóns y Navía. Imprenta del Primer Exército. Vich, 1814. pp.
19-20.
(20) Con esta denominación se puede ver en MADOZ Y GARCÍA, P. Diccionario
geográfico, estadístico, histórico de España y sus posesiones. Madrid,
1845-1850. Véase en la voz Tarifa.
(21) GARCÍA FERNÁNDEZ, M. Regesto documental andaluz de Alfonso XI
(1312-1350). Documento 333.
(22) Crónica. p. 341.
(23) Ibídem.
(24) Crónica. p. 343.
(25) Véase para más detalles la Figura nº 2 de este trabajo. Nos ha sido
proporcionada por el personal del Patrimonio de Bosques del Ayuntamiento de
Tarifa. En esta ocasión tampoco queremos pasar por alto nuestro público
agradecimiento.
(26) Lo podemos ver así en el mapa del Instituto Geográfico del año 1917 citado
anteriormente.
(27) Gran Crónica. Tomo II. p. 432.
(28) Para más detalles remitimos de nuevo a las figuras de este trabajo.
(29) AL-IDRISI. Los caminos de Al-Andalus en el siglo XII. Estudio,
edición, traducción y anotaciones por Jassim Abid Mizal. CSIC. Madrid, 1989. p.
79.
(30) ROLDÁN HERVÁS, J.M. Itineraria Hispana. Editan las universidades de
Valladolid y Granada. Madrid, 1975.
(31) Obsérvese cómo se hace referencia al "camino vieio que ua de Algezira a
Tarifa" en la p. 698 del Libro de la Montería que en el año 1992
publicó la Universidad de Granada con estudio y edición crítica de María Isabel
Montoya Ramírez.
(32) Véase así en Libro de la Montería. p. 698.
(33) Ibídem. p. 699.
(34) Ibídem.
(35) Véase que en la p. 701 del Libro de la Montería donde se hace
mención a un "camino de la playa que ua de Algezira a Tarifa...".
(36) Crónica. p. 343.
(37) No es fácil saber los motivos por los que Sánchez de Valladolid interrumpe
en este punto su relato. Así en, GÓMEZ REDONDO, F. Historia de la prosa
medieval castellana. Volumen II. Editorial Cátedra. Madrid, 1999. p. 1.266.
(38) Existe un documento de la Orden de Santiago donde el infante don Fadrique
recibe de su madre la donación que ésta había recibido en Algeciras. El
documento en cuestión está fechado en Algeciras el día veinte de julio de 1349.
Así puede verse en LÓPEZ AGURLETA, J. Bullarium Equestris Ordinis Sancti
Iacobi de Spatha. Madrid, 1719. p. 313.
(39) GONZÁLEZ CRESPO, E. "Inventario de documentos de Alfonso XI relativos al
reino de Murcia". En España Medieval, 17. Universidad Complutense.
Madrid, 1994. p. 343.
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