POESÍA

ALJARANDA

XI Premio de Poesía LUZ' 2004

ALGUNA VEZ

Alguna vez a algunos, a mí mismo,
sin apenas pretenderlo, como un torrente,
a borbotones desbocados,
nos ha surgido un poema entre las sienes.

Alguna vez a algunos, a mí mismo,
nos ha tentado emborronar papeles
y al cuarto verso estrujarlos
por temor, acaso miedo, a no decir nada,
cuando esa nada ya es algo
que encontrará destino.

Alguna vez a algunos, a mí mismo,
nos ha invadido el incontenible deseo
de a voz en grito chillar al mundo
que es necesaria la poesía.

Alguna vez a algunos, yo mismo,
por no tener ni lápiz ni papel a mano
no ha terminado un poema.
¿Se perderá ese verso inacabado?

José Merchán Ruiz (Algeciras)
Primer Premio

FOTOCOPIA DE UN DNI HASTIADO

Un chasquido breve, intermitente,
aquí es cotidiano y aburrido.
Allí, no más allá, tras la montaña,
encender fuego resulta una aventura.

¿Cómo plasmar en un poema
esta desidia?
¿Cómo decir que nos quejamos de idioteces?
Menos metáfora y más poesía comprometida.
Menos palabra estéril, menos belleza.
Que no hay nada bello en la injusticia.

Mientras no seamos todos iguales,
todos lo mismo.

¿cómo plasmar en un poema
esta desidia?

Me queda la poesía, es mi herramienta,
mi voz, mi grito, mi impotencia.
Mi despertar conciencias, mi osadía.

Juan Sevilla Blanco (Tarifa)
Segundo Premio

SINTRA

la vida exige siempre empezar a vivirla
J.M. Caballero Bonald

En la premeditada alineación
de tus casas bajas y blanquecinas
-isla varada en el tiempo amorfo-
y en el chispeante resplandor
del mar que, oblicuo, te circunda,
hallé la salida al laberinto
de mi juventud. Mediaba julio.
Y un sol ferruginoso arrojaba
lianas de herrumbre vaporosa
sobre las formas quietas y afiladas.
Las calles, en su indisoluble vacío,
se poblaban de aves hambrientas.
Y pude comprobar, por vez primera,
el clamor fúnebre de las gaviotas,
que es la auténtica voz de la tarde.
Había, en la extensión de las playas,
rastros de pegajoso y gris petróleo,
y un tapiz de algas cubría los filos
de los acantilados, replegados
como lombrices heridas de muerte.
Llegaba, en vaharadas violentas,
un fuerte olor a fruta corrompida.
Y en aquel escenario de belleza
y desolación -redes descompuestas,
astillados esqueletos de barcos
y ancianos secos de hollín y barro-
entendí que la vida exige, fiera,
el pago de un peaje constante,
y que ese impuesto abominable
requiere una determinación noble:
vivirla como se vive una luz
fulgente o un cuerpo propicio.

José A. Sánchez Espinel (La Línea)
Tercer Premio

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