EDITORIAL

ALJARANDA

Editorial

    Buenas noches señor alcalde, concejales, autoridades, señoras y señores.

    En el simple nombre ya se rezuma historia hasta en el cerrojo. Por eso, cuando ALJARANDA saca su revista de Estudios Tarifeños, hace algo importantísimo. Mantener el recuerdo, la memoria, de hechos que acontecieron en nuestra ciudad y que nos ayudan a entender el porqué de las cosas. Hechos que sucedieron y marcaron la identidad de nuestro pueblo grabando a hierro caliente el esplendor y las miserias que nos autodefinen.

    ALJARANDA es parte viva de la ciudad, al igual que lo es el conjunto de sus ciudadanos, sus monumentos, sus pequeñas banalidades y sus grandes acontecimientos.

    Por ello y no en vano, los tarifeños nos enorgullecemos de haber nacido en este trozo de tierra, que tantas y tantas páginas ha dado, da y dará que escribir.

    Difícil se me antoja el tener la gran responsabilidad de presentar una publicación de tanta importancia y de tanto calado, pues desde detrás de las hojas de papel uno se encuentra parapetado y con cierto anonimato. El hacerlo hoy aquí, delante de todos ustedes, pues debo confesar que no es para nada igual, sino que el carácter ceremonial de este acto, hace que se me coja una punzada en la espalda que tiene mucho que ver con la timidez.

    Pero por otro lado es todo un placer, y así he de confesarlo, el presentar una publicación tan importante como sin duda alguna así lo es ALJARANDA. Es algo que me enorgullece. ALJARANDA, que es ya todo un referente histórico dentro de nuestra comarca y, si me lo permiten, en toda la provincia de Cádiz. ALJARANDA, que nace de la inquietud de una serie de Tarifeños que decidieron un buen día, y al amparo de un acontecimiento tan señalado como la celebración del séptimo centenario de la toma de la ciudad por el rey Sancho IV y de la comisión que en su día creara el Ayuntamiento siendo concejal de Cultura Don Miguel Manella Guerrero –curiosamente hoy alcalde–. Pues como les decía, nacía el número 0 de ALJARANDA un frío febrero del año 91. Mucho ha llovido desde entonces.

    Yo no sé si de verdad sus creadores tenían en mente el que la revista permaneciera en el tiempo, además pasando épocas donde cierto desinterés municipal pudo hacerla peligrar. Sin embargo, contra viento y marea, con las mismas ilusiones de antes y con savia nueva entre sus hojas, ALJARANDA permanece AMEN, completando el puzzle que es Tarifa. Así, el ejemplo de personalidades tan eruditas como Wenceslao Segura, Jesús Terán, Manuel Liaño, Javier Criado y tantos otros, sirvió para meter el gusanillo de la historia local a nuevas gentes, tales como; Ángel Sáez, Gurriarán, Terán Reyes, etc., que con sus trabajos y dedicación ilustran sabiamente cada número de esta revista.

    Pero ALJARANDA hay también que entenderla como un instrumento útil en la educación de los más jóvenes. Precisamente ese debe ser, a mi modesto entender, el cometido principal que tiene que tener ALJARANDA. Y es que de un tiempo a esta parte cuesta mucho entender hacia donde va el sistema educativo y por tanto hacia donde va la sociedad. Me acuerdo cuando de pequeño, estudiaba en EGB y más tarde en el Instituto, lo contento que me ponía cuando el profesor o la profesora nos mandaba realizar un trabajo sobre un tema relacionado con la historia de la localidad. Yo como ustedes sabrán los que me conozcan, lo tenía muy fácil. Es más, se puede decir que jugaba con ventaja, pues mi apellido, inevitablemente ha estado unido a la historia local y en especial a la recopilación de la misma. Ello hacía que mis trabajos, pues que quieren que les diga, tenían muy buena nota. Sin embargo, en aquel entonces yo desconocía la verdadera importancia de ese trabajo realizado con los datos de mi abuelo o de mi padre o de algún libro de esos que durante toda la historia de nuestra localidad han sido editados. La verdadera historia es que mi padre, mi abuelo, mis ancestros, me estaban traspasando nuestra propia identidad como pueblo, como sociedad, como civilización. Y esos pequeños datos me han servido y me sirven cada día para conocer más de mi ciudad, más de mi gente y más de mí mismo. Por ello, insisto, es vital que ALJARANDA sea utilizada en los centros educativos de la ciudad y por extensión de la comarca, para que nuestros jóvenes aprendan de nuestros antepasados y corrijan sus errores y les ayuden a enfocar un futuro que se me antoja arduo difícil. Por ello, porque estoy convencido que ese es el empeño de cuantas personas trabajan en la realización de esta magnífica revista, Gracias muchas, ALJARANDA.

Shus Terán Reyes

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