| TARIFEÑOS DE AYER Y HOY |
ALJARANDA |
Juan Cádiz Gil
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Juan Cádiz Gil. |
Nuestro personaje de hoy nació en Facinas el día 15 de enero de 1929, trasladándose con su familia a Tarifa en 1939, donde fijan su residencia. Siendo niño todavía y dadas la difíciles circunstancias de los años de postguerra que le tocó vivir, tiene que prestar ayuda al sostenimiento familiar, consiguiendo un puesto de trabajo como aprendiz de hojalatero en el taller de envases de la Fábrica de Carranza, dedicada a conservas y salazones de pescado. Aprende también el oficio de fontanero y, como tal, es contratado por el Ayuntamiento de Tarifa en los primeros años sesenta del próximo pasado siglo, permaneciendo en dicho puesto hasta que, cumplidos los 65 años, termina su largo historial de trabajador por cuenta ajena, que le hace acreedor y beneficiario de una muy digna, remunerada y merecida jubilación. Juan está casado, es padre de seis hijos (dos hombres y cuatro mujeres), cuenta 75 años de edad y goza de un excelente aspecto físico.
Así, a grandes rasgos, queda resumida la trayectoria laboral, vital y humana de un trabajador ejemplar, razones más que suficientes para que ocupe esta página, enriqueciéndola, donde se distingue a las personas que, a nuestro juicio, lo merecen.
Pero hay más. Juan es un enamorado de la que considera su primera y principal profesión: la de hojalatero, un oficio artesano, difícil y peligroso condenado a desaparecer. Hasta hace apenas un año él siguió ejerciéndolo en un pequeño cuartillo situado en la calle Callao; con anterioridad tuvo otro cuartillo en la calle Navas de Tolosa. En ellos –nos cuenta Juan–, durante la mayor parte de su vida, acabada su jornada laboral y hasta después, ya jubilado, se pasaba horas y horas fabricando toda clase de utensilios y artilugios en los que la hojalata era la matera prima y las auxiliares el estaño, el agua fuerte (ácido nítrico) y la pez rubia (resina de determinados árboles).
Nos sigue contando Juan sobre las herramientas, tales como la tijera, la regla, el compás, el mazo, el soldador de cobre, la lima de estría basta, el yunque, el anafe con brasas de carbón vegetal, el modo y la dificultad de manejarlos; la importancia del compás en trabajos de acoplamiento de una pieza a otra, donde el trazado debe ser milimétrico y exacta la medida geométrica; de la peligrosidad de los gases que emanan al calentarse el agua fuerte y la pez rubia, debiendo saber calcular el momento en que se puede respirar y el de contener la respiración al soldar sin mascarilla protectora… Podríamos seguir relatando las muchas otras cosas que Juan nos contó, pero, como nos pasa casi siempre, no queda espacio.
De las manos de este hombre nacieron incontables jarrillos de lata, cántaros para lecheros, vertedores para las tiendas de comestibles, embudos de tubo fino para las tabernas, de tubo grande para hacer morcillas, bombas manuales para extraer líquidos de bidones, toneles y barricas, sonajeros para la Nochebuena, filtros para el aceite… Y aquí nos vemos obligados a cortar.
Sirva también esta página para recordar a los muchos y muy buenos maestros hojalateros ya desaparecidos por ley de vida y que en Tarifa ejercieron tan noble oficio, de los que Juan Cádiz Gil es (y que sea por muchos años) el último maestro vivo.
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