HISTORIA

ALJARANDA

El movimiento obrero en Tarifa a
comienzos del siglo XX. La sociedad
"Unión y Amor Fraternal"

Antonio Morales Benítez

    Durante los últimos años del siglo XIX el movimiento obrero atravesó en la Baja Andalucía un momento de decadencia. La influencia de las organizaciones anarquistas en el campo andaluz había disminuido tras la represión que siguió a los sucesos de la Mano Negra y la disolución de la Federación de Trabajadores de la Región Andaluza en 1888. Durante algunos años continuaron existiendo de una manera clandestina algunos grupos minoritarios de obreros libertarios (1), pero tras los acontecimientos de Jerez de 1892 y los atentados de 1893 y 1894 iba a incrementarse de nuevo la represión. Y durante los años finales de siglo, ante la falta de una organización que agrupara a todo el movimiento, parece que se inició un período de relativa calma.

    En este contexto aparecieron una serie de organizaciones independientes –sin relación alguna con las sociedades ácratas o socialistas– que fomentaron la creación de federaciones a nivel comarcal o regional que llegaron a adquirir una cierta importancia. Detrás de algunas de ellas estuvieron dirigentes republicanos que aprovecharían el vacío orgánico existente para intentar recuperar entre la clase obrera una influencia que habían perdido tras la Primera Internacional. Se quería integrar a los trabajadores en el sistema político de la Restauración para crear una base social que sirviese de apoyo electoral a las plataformas republicanas. Es conocida la actividad de una nueva generación de líderes que durante estos años conectaron con el movimiento obrero e impulsaron la creación de sociedades afines al republicanismo. Estas iniciativas no sólo se circunscribieron al ámbito urbano, donde los republicanos habían conservado ciertos apoyos, sino que se extendieron también al medio rural, como se ha sido puesto de manifiesto en Andalucía (3).

Juan Araujo Rodríguez (1860-1900).

    En Tarifa estos primeros intentos por fomentar ese asociacionismo obrero con la creación de organizaciones de trabajadores campesinos y del mar se debieron a la iniciativa del dirigente republicano local Juan Araujo Rodríguez. Nacido en 1860, este tarifeño ejerció las profesiones de empleado, industrial y agricultor. En 1885 se iniciaba en la logia "Bercelius" de Tarifa, adoptando el nombre simbólico de "Constante". En este taller ocupaba diversos cargos y alcanzaba el grado 18º en 1889. Pero, unos años después, tras solicitar la baja recibía la correspondiente plancha de quite de la logia. Parece que tuvo que abandonar Tarifa durante algún tiempo y que residió en Vejer. Allí entraba en contacto con la logia "Turdetania", que había sido promocionada por el propio taller tarifeño en 1891 y en cuya comisión instaladora había participado junto a otros dos masones de "Bercelius" (4). De vuelta a Tarifa, a nivel político se adscribió al movimiento republicano que tras la revolución de 1868 había adquirido una cierta importancia en esta ciudad debido a la actividad de algunos ilustres veteranos como Manuel Manso Abreu y, sobre todo, el farmacéutico Pablo Gómez Moure, también fundador y antiguo Venerable de "Bercelius". Tras la muerte de este último en 1897, Juan Araujo recogía su testigo para convertirse en el referente de la lucha contra el sistema dinástico y el caciquismo en Tarifa. En su entierro era el encargado de dirigirse a la muchedumbre para hacer una semblanza del personaje y proclamar la vigencia de sus ideas (5). Colaboraba con El Defensor de Tarifa y en octubre de 1898 fundaba el periódico Nuevo Obrero, publicación de orientación republicana y dirigida a la masa trabajadora tarifeña. Desde su primer número se ponía de manifiesto las inquietudes sociales de su fundador. Los suscriptores de esta publicación, mayoritariamente obreros, podían consultar en su redacción cuestiones administrativas o judiciales, contar con la ayuda de su director para tramitar cualquier documento en las oficinas públicas y con su asesoramiento en juicios verbales y de reconciliación. Incluso se abría una suscripción pública para socorrer a obreros en caso de enfermedad o accidente (6).

    A finales del año 1899 conocemos los intentos de Juan Araujo por organizar a los trabajadores tarifeños y crear un centro obrero en la ciudad. Pero su precipitada muerte el 13 de julio de 1900 impidió la culminación de estas iniciativas. Sin embargo, el trabajo iba a dar sus frutos meses después, puesto que el 28 de mayo de 1901 sobre la base de la antigua organización impulsada por él se creaba en Tarifa una sociedad obrera denominada "Unión y Amor Fraternal". Incluso su antiguo periódico, Nuevo Obrero –que siguió publicándose en Tarifa durante algún tiempo, dirigido por su propio hijo Sabino Araujo, pero que ante las dificultades encontradas tuvo que editarse en Algeciras–, aparecía ahora como órgano oficial de la nueva sociedad obrera tarifeña y dirigido por Ricardo Sánchez Rouco (7). Esta sociedad acogía además a obreros de Facinas que aportaron los escasos fondos que conservaban de una antigua organización que había existido en aquella población. Una comisión del nuevo centro obrero se desplazaba a Cádiz para realizar algunas gestiones. Pero para poder desarrollar sus actividades al amparo de la ley y contar con más apoyos, se acordó la legalización de la nueva sociedad mediante su ingreso en la Federación de Trabajadores de Andalucía (8).

    Esta Federación se debía al impulso del también dirigente republicano y obrero Manuel Moreno Mendoza, originario de Medina Sidonia pero que iba a tener en la ciudad de Jerez su centro de actuación. Tras la fundación del periódico jerezano La Unión Obrera, en 1899, iniciaba una intensa actividad societaria que le permitió en 1900, en un Congreso celebrado en Villamartín, la creación de esta Federación que agrupaba a numerosos trabajadores de sociedades obreras de las provincias de Cádiz, Málaga y Sevilla. La labor propagandista y organizativa de este líder obrero, y miembro también de la logia jerezana "El Pelícano", iba a tener una rápida acogida en el ámbito rural andaluz durante los primeros años del nuevo siglo. Frente a las organizaciones anarquistas, defendía el alejamiento de las nuevas sociedades de la acción política, la creación de cajas de resistencia, la mejora de las condiciones de la clase trabajadora a través de los acuerdos con los patronos y la utilización de la huelga sólo por motivos económicos. El ideario republicano estaba presente también en el discurso de Moreno Mendoza que propugnaba la modernización de la sociedad a través de la democratización de la vida pública española, la implantación de un régimen de mayor justicia social y el acceso de todos a la educación. El modelo que se iba a poner en práctica aspiraba a conseguir las conquistas sociales sin salirse del marco legal, utilizando los resortes del régimen restauracionista. La lucha legal pretendía también fomentar la participación política de los trabajadores, para ser encauzada hacia el partido republicano. Pero, para atraer a los trabajadores, las nuevas sociedades obreras tenían que entrar en abierta competencia con otras ideologías, como la anarquista, de gran arraigo en este ámbito andaluz (9).

    La nueva sociedad obrera de Tarifa, para constituirse formalmente, enviaba un representante a Vejer para reunirse con Moreno Mendoza y gestionar su visita. Tras 18 meses de esfuerzos de estos obreros tarifeños, el viejo sueño de Juan Araujo de crear un centro obrero en Tarifa iba a verse cumplido. En su culminación tuvieron también cierto protagonismo los miembros de la sociedad obrera "La Constancia" de Vejer, que se pusieron a disposición de sus vecinos tarifeños para prestar su asesoramiento, e incluso enviaban una delegación a Tarifa para dirigirse a los afiliados de la nueva entidad.

    Moreno Mendoza llegaba a Tarifa el 16 de julio de 1901 para promover la constitución de la nueva sociedad resolviendo algunas cuestiones que habían retrasado su reconocimiento oficial. Sus miembros habían expresado la dificultad de esta tarea, dadas las trabas de todo tipo que solían poner las autoridades locales para obstaculizar la creación de cualquier organización obrera en la población. Estas dificultades iban a ponerse de manifiesto a la hora de encontrar un local que acogiera el acto de constitución. Se tuvieron que realizar numerosas gestiones para conseguir que un propietario quisiese alquilar uno. El corresponsal de La Unión Obrera, órgano oficial de la Federación, destacaba que Tarifa era una de las poblaciones "en que más se teme al cura y al cacique". Pero no sería el único problema con el que iban a encontrase. En el último momento llegaba una orden del gobernador civil que decretaba que el acto debía desarrollarse a una hora del día, cuando ya había sido anunciado para las nueve de la noche y habían sido distribuidas por toda la ciudad las hojas impresas con su convocatoria. Según los convocantes la orden era el resultado de las presiones de las autoridades locales. El acto tuvo que ser adelantado sin previo aviso a las cuatro y media de la tarde al descartarse su aplazamiento, al parecer porque varios obreros habrían llegado ya de la campiña para asistir a la reunión perdiendo el jornal de ese día (10).

    La sesión se inició con la elección de los miembros de la comisión organizadora. La candidatura elegida estaba encabezada por los vecinos de Facinas Antonio Rodríguez, como presidente, y José Ruiz Santiago, como vicepresidente. La comisión se completaba con los secretarios José Camacho Trujillo y José Campos González y con el tesorero Diego Oliva. Tras ello el secretario de la sociedad de Vejer, José García, se dirigía a los asistentes para explicarles el trabajo desarrollado por su organización en aquella localidad y para hacer un llamamiento a los obreros tarifeños para que apoyasen la sociedad que se constituía ese día. El carácter reformista de esta organización se ponía de manifiesto desde las primeras palabras que pronunciaba Moreno Mendoza, que explicaba los objetivos de la Federación para conseguir la emancipación de la clase obrera sin que "el pobre usurpe el capital al rico", sino que su lucha estaría encaminada a que el obrero consiguiera el producto que merecía su trabajo. Y dedicaba la mayor parte de su intervención a explicar lo que acabaría convirtiéndose en uno de los vértices de su discurso: la instrucción de la clase trabajadora como medio para conseguir su emancipación:

    "Nuestra regeneración, no ha de hacerla el cañón ni la espada, ella ha de venir por medio de esa espada que no se fabrica en Toledo y de esa pólvora que no se nace en Oviedo, esa espada que no se fabrica en Toledo y esa pólvora que no se hace en Oviedo, se llama libro. Hasta aquí los pueblos han confiado su triunfo en el general; ahora vemos que ese general no es más que un propagador de la barbarie y el odio" (11).

    Debía olvidarse, pues, la vieja idea decimonónica de asociar los cambios políticos a pronunciamientos militares. El pueblo no debía depositar sus esperanzas en los generales, sino que debía volver su mirada hacia el maestro de escuela. En las manos de este personaje olvidado por todos, que "ha estado y está hambriento y desatendido", estarían las esperanzas de regeneración de la patria y, más ambiciosamente, del "triunfo humano". Por ello en numerosas localidades de la geografía andaluza, las sociedades adscritas a la Federación patrocinaban centros de instrucción para trabajadores y escuelas laicas para hijos de obreros. Esta idea estaba muy arraigada en el discurso de Moreno Mendoza que participaba de los mismos ideales regeneracionistas que se extendieron por España tras el desastre de 1898. Y en este sentido se dirigía a los obreros tarifeños para decirles que el tiempo "que se está en las tabernas (...) se esté leyendo" y que con lo que invertían "jugando a los naipes, se compren periódicos". A los hombres del mar, además, les invitaba a constituir una organización propia como la que había sido fundada en Sanlúcar de Barrameda.

    El respeto a la legalidad también estaba presente en su discurso. Ante los obreros tarifeños defendía la lucha obrera dentro del marco legal, amparada por las leyes del país. Se debía aprovechar este marco para, sin apartarse en ningún momento de la legalidad, conseguir sus objetivos. Esta estrategia desplegada por las sociedades de la Federación, según el dirigente jerezano, le habrían granjeado el respeto general.

Manuel Moreno Mendoza (1862-1936). (Foto: Archivo del Congreso de Diputados).

    Moreno Mendoza permanecería en Tarifa por espacio de diez días. Durante este tiempo resolvió todas las cuestiones organizativas pendientes. Además, el día 21 de julio se desplazaba a Facinas para constituir allí también una sección del centro obrero tarifeño. Acudía acompañado de la directiva de la nueva sociedad y de una comisión de la "La Constancia" de Vejer. Un representante de esta última, Francisco Losada, presidió en esta ocasión el acto. Junto a todos ellos se situó el alcalde de Facinas. Pero era de nuevo el secretario José García quien intervenía en primer lugar para abogar por la unión de los obreros de los dos términos municipales. Esta unidad sería más necesaria en cuanto los patronos solían utilizar indistintamente a trabajadores de una y otra población, por lo que tendrían forzosamente que estar de acuerdo para reclamar cualquier mejora en sus condiciones laborales. Y resaltaba la colaboración de los trabajadores de Vejer en la creación de las organizaciones obreras en el término de Tarifa. Tras él tomaba la palabra Moreno Mendoza para responder a los ataques que desde sectores anarquistas criticaban estas sociedades al considerar que representaban un retroceso para los trabajadores y "la muerte de las ideas de libertad". Defendía que las nuevas organizaciones nacían para amparar al obrero en sus necesidades y defenderle de la "tiranía empresarial". Pero estas agrupaciones no debían luchar sólo por conseguir mejoras económicas o en las condiciones materiales, sino que debían aspirar también a la mejora moral de los trabajadores. Por ello explicaba a los obreros de Facinas que debían trabajar también para formar ciudadanos conocedores de sus derechos. La nueva sociedad debía actuar como una escuela de formación del ciudadano donde los obreros pudiesen aprender "a vivir la vida del derecho y le enseña prácticamente lo que es libertad y democracia". En su interior debía fomentarse una formación laica que respetara todas la ideas políticas. Pero la apuesta republicana y el consiguiente rechazo al sistema restauracionista parecía claro. (12)

    Moreno Mendoza finalizaba su intervención en Facinas pidiendo a los obreros que no hiciesen caso de quienes les decían que estas sociedades no representaban ninguna mejora para los trabajadores. Y expresaba su convencimiento de la necesaria unidad del movimiento obrero para conseguir sus objetivos:

    "(...) que las sociedades se federen primero por comarcas o regiones, por naciones después hasta llegar a conseguir que el proletariado universal unido por lazos de solidaridad y en un ideal común, la redención de la clase, pueda ir transformando capital, leyes, costumbres y creencias, pues todo absolutamente todo, habrá de ceder al empuje avasallador de unión tan perfecta y ni el oro de la orgullosa burguesía, ni las balas de los ejércitos organizados para su defensa, ni las hipócritas predicaciones de los sacerdotes de todas las religiones, copartícipes unos y otros en el disfrute de nuestro sudor y mantenedores por tanto de nuestra esclavitud, serán bastante a evitar el triunfo de la justicia, bajo cuyo reinado no habrá explotados ni explotadores" (13).

    Como se ha señalado, durante estos años Moreno Mendoza desplegaba una incesante actividad societaria en varias provincias andaluzas. Sólo durante aquel verano de 1901, al mismo tiempo que Tarifa y Facinas, se adhirieron a la Federación otras sociedades obreras de Gaucín, Arriate, Manilva, Alcalá de los Gazules, Alcalá del Valle y Setenil. Y estarían tramitando su ingreso otras de Cortes, El Gastor y Jimena. Después de su paso por Tarifa el periódico que dirigía iba a recoger una serie de artículos firmados por su corresponsal en la localidad, Juan Irisarri, que insistían en algunas de las ideas expuestas por el dirigente jerezano.

    En el primero de ellos, titulado "Vamos a la catástrofe" (14), Irisarri criticaba la situación política española. Mientras "la patria peligra, las autoridades violan la ley, el obrero sigue ignorante y esclavizado por el caciquismo y el honor nacional desprestigiado", se lamentaba de las diferencias existentes entre las fuerzas opositoras al régimen. Y criticaba también la división interna de los republicanos, la falta de compromiso político de los socialistas o el desprecio de los anarquistas hacia todos "los ideales que difieren de los suyos", lo que provocaría "disidencia y enemistades". Todo ello, según el periodista tarifeño, explicaría la existencia de un fenómeno como el caciquismo. Y frente a los anarquistas, defendía que era mucho más factible la creación de una organización mundial que agrupara a todos los obreros –una "federación universal"– que la consecución de la anarquía.

    Un segundo artículo, que tenía como título "¿Qué es la anarquía?" (15), quería rebatir estas doctrinas, que parecían seguir teniendo una gran influencia entre los campesinos del término municipal tarifeño, calificándolas de utópicas. El pragmatismo que se respiraba en este artículo se ponía de manifiesto al confiarse los avances de la sociedad a la ley inexorable del progreso: "marchando el progreso como hasta aquí, se conseguiría asegurar la subsistencia de todas las clases sociales". No cuestionaba la existencia del sistema capitalista: "la igualdad entre todos los humanos es imposible". Por lo que creía más en esa idea de progreso que en la lucha por la igualdad de todas las clases sociales. Y recogía algunas ideas del liberalismo económico al defender que el motor del progreso era el interés económico: "el progreso del mundo, tiene su eficacia en el privilegio". Por ello consideraba legítimas ciertas desigualdades: "Sin el interés del dinero el industrial no perfeccionaría sus productos ni los científicos pasarían su vida con el libro en la mano, si no gozasen de más privilegios que las demás clases sociales". Con estos argumentos quería rebatir las doctrinas anarquistas, al considerar que si se eliminaba esta aspiración humana y se implantase "el régimen que anhelan los ácratas se paralizaría el progreso". Asimismo, establecía diferencias entre las diversas profesiones según "el interés y los privilegios de cada uno". Y hacía un llamamiento a la unidad de todas las fuerzas, no para luchar por conseguir una igualdad en la que no creía, sino para combatir la miseria, asegurando el acceso a la educación de todas las clases sociales para que conozcan sus derechos y deberes y para la desaparición de "la explotación del grado en que hoy se encuentra".

    El ideario republicano estaba detrás de cada una de estas manifestaciones. El republicanismo irrumpía en el medio rural andaluz para atraerse a las clases trabajadoras. Como ya se ha puesto de manifiesto, esta estrategia iba a chocar con la de algunos núcleos anarquistas dentro de un contexto en el que continuaban teniendo un gran empuje sus doctrinas.

    En cuanto a la actividad de "Unión y Amor Fraternal", no disponemos de demasiados datos. Su vida debió ser corta. Sabemos que tras su fundación actuó como una caja de resistencia y suministró socorros a obreros necesitados. Pero también conocemos las dificultades de sus afiliados para consolidar una organización obrera en una ciudad donde el caciquismo contaba con mucho poder. Además, iban a encontrase con la resistencia de muchos obreros tarifeños a ingresar en estas sociedades. La Unión Obrera en su número del 18 de septiembre de 1901 recogía un nuevo artículo de Irisarri en el que se reconocía esta realidad. Dos meses después de su fundación, la nueva entidad promovida por Moreno Mendoza no habría conseguido ganarse la confianza de los obreros tarifeños. Las causas que explicaban este fenómeno serían –según el periódico– la apatía, la indiferencia y el desengaño que parecían haberse instalado en el obrerismo tarifeño: "Aún existe una gran cantidad de obreros envilecidos y muertas sus almas, que unos por el freno religioso, otros temerosos de molestar a los burgueses de quien son esbirros, muchos aconsejados por mujeres, y los más desengañados por leves torpezas, siguen manteniendo su situación de servidumbre" (16).

La Unión Obrera, dirigido por Moreno Mendoza. (Órgano de la Federación de Trabajadores de Andalucía).

    Pero, frente a otras ideologías, se constataba la falta de atractivo de estas sociedades obreras reformistas entre los trabajadores del término municipal. En este sentido un miembro de la sociedad se dirigía a sus compañeros de la campiña tarifeña y, ante la evidencia de la pérdida de afiliados, se lamentaba de que mientras en toda España los trabajadores se estaban organizando, en Tarifa se iba "contra la corriente general y contra lo que nuestra propia conveniencia aconseja desertando de sus filas". Tras muchos años en los cuales los obreros de la campiña habrían estado "sin norte ni guía", la sociedad "Unión y Amor Fraternal", creada tras muchos esfuerzos, debía aglutinar al obrerismo tarifeño. Y no se entendía que "se hubiera apoderado de nuestros compañeros ese indiferentismo suicida que vienen demostrando en estos días". El artículo señalaba como una de las causas la influencia de las doctrinas anarquistas que continuarían fuertemente arraigadas entre los campesinos. Estas ideas habrían llevado a un callejón sin salida a los trabajadores ya que se trataría de "funestas predicaciones de encubiertos enemigos", de "predicaciones absurdas y disparatadas que jamás pueden conducirnos más que a descalabros". Sus propagadores merecían los calificativos de "calumniadores y farsantes que (...) andan por esta región para deshacer una obra que es buena para introducirnos en senderos de perdición, a cuyo final sólo se halla el brazo de la reacción dispuesto a atormentarnos y hacer nuestra esclavitud interminable". Y se pedía expresamente a los campesinos tarifeños que desconfiaran de los que con sus predicaciones "halaguen vuestras pasiones prometiéndoos lo que es imposible conseguir" y que "vierten calumnias sobre los hombres honrados que nos están sirviendo de guía para dejarnos después indefensos y entregados después a nuestro propio desamparo".

    Lo cierto es que el declive de la sociedad obrera tarifeña, a los pocos meses de su fundación, era una realidad que se iba poniendo cada vez más de manifiesto. Es algo que puede apreciarse también en su propia contabilidad, al analizar lo que se recaudaba cada mes por las cuotas de los afiliados. La Comisión Revisora –integrada por Sebastián Rosado y Domingo Corrales– certificaba que la sociedad obrera tarifeña habría contribuido a la Federación con una parte proporcional de las 53 cuotas ingresadas durante el mes de septiembre de 1901. Pero un mes después sólo 40 afiliados habrían satisfecho sus cuotas, y durante los meses siguientes ese número iba a verse reducido a 35 y, en febrero de 1902, a 22. Incluso, dado lo limitado de estos ingresos, parece que el centro obrero tuvo que dejar de contribuir a la Federación. Todo ello limitaría su actividad y su incidencia en este ámbito rural, por lo que la nueva sociedad iba a tener cada vez menos presencia en la vida de tarifeña (18).

    Por otra parte, la Federación de Trabajadores continuó operando en el campo andaluz durante algunos años más. A finales de 1901 celebraba su segundo Congreso en Arcos. La vía abierta en el movimiento obrero de esta región por Moreno Mendoza, que nació con la idea de extenderse por toda Andalucía, alcanzó una cierta importancia en la provincia gaditana. Durante esta coyuntura finisecular se puso en práctica un nuevo tipo de obrerismo patrocinado por este dirigente republicano que mediante un discurso de cierto reformismo social, alejado de la lucha de clases y de las doctrinas anarquistas, pretendía la movilización política de los trabajadores. En Tarifa, tras los primeros intentos de Juan Araujo por organizar el movimiento obrero, se constituyó una sociedad afín a esta línea reformista y republicana que representó durante estos años Moreno Mendoza. Se quería romper con una situación que tendría a los trabajadores atenazados entre una realidad dominada por una contrastada tradición anarquista y la persistencia en la localidad del fenómeno del caciquismo. Todo ello, junto a la falta de una organización capaz de agrupar a los obreros del término municipal, terminaría por frenar cualquier intento por obtener mejoras en las condiciones laborales de la mayoría de los trabajadores de la localidad. La sociedad "Unión y Amor Fraternal" representó un intento por acabar con este bloqueo. Pero según los propios impulsores de la nueva sociedad sería precisamente el arraigo de este binomio formado por las doctrinas anarquistas y el sistema caciquil lo que haría finalmente inviable la consolidación de este obrerismo en Tarifa.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) CALERO, A.M. "Movimientos sociales en Andalucía". Siglo XXI. Madrid, 1987. p. 29.
(2) Ibídem.
(3) CARO CANCELA, D. (coord.). Historia de Jerez de la Frontera. El Jerez Moderno y Contemporáneo II. Diputación. Cádiz, 1999. pp. 364- 366; y Republicanismo y movimiento obrero. Trebujena (1914-1936). Universidad de Cádiz. Cádiz, 1991. pp. 21-22. MONTAÑÉS, E. Transformación agrícola y conflictividad campesina en Jerez de la Frontera (1880-1923). Ayuntamiento de Jerez. Universidad de Cádiz. Cádiz, 1997. pp. 177-185 y 208-212. ROMERO ROMERO, F. Jornaleros y organizaciones obreras. Villamartín, 1900- 1936. Diputación. Cádiz, 2001. pp. 30-48. E Historia de Puerto Serrano. Puerto Serrano Contemporáneo. Diputación. Cádiz, 2003. pp. 237-238. SÍGLER SILVERA, F. "Reforma social y actitudes revolucionarias en la Sierra de Cádiz: Ubrique, 1900-1936". pp. 209-238. En El movimiento obrero en la Historia de Cádiz. Diputación. Cádiz, 1988.
(4) MORALES BENÍTEZ, A. "Los miembros de la masonería tarifeña entre 1885 y 1895". ALJARANDA, nº 33. Ayuntamiento. Tarifa, 1999. pp. 16-22. "La crisis de la masonería tarifeña". ALJARANDA, nº 47. 2002. pp. 24-27. Y "La masonería tarifeña y la logia ‘Turdetania’ de Vejer". ALJARANDA, nº 20. 1996. pp. 16-18.
(5) NÚÑEZ JIMÉNEZ, C. "Pablo Gómez Moure". ALJARANDA, nº 5. Ayuntamiento. Tarifa, 1992. pp. 34-35. Y MORALES BENÍTEZ, A. "La trayectoria política, social y masónica de Pablo Gómez Moure (1833-1897) en Tarifa". ALJARANDA, nº 26. Ayuntamiento. Tarifa, 1997. pp. 16-24.
(6) LIAÑO RIVERA, M. "Nuevo Obrero". ALJARANDA, nº 4. Ayuntamiento. Tarifa, 1992. pp. 5-7. Y RODRÍGUEZ GURREA, P.J. "A un amigo que se fue". ALJARANDA, nº 22. 1996. p. 20.
(7) Nuevo Obrero, nº 63. 2/5/1901. En la cabecera de este número aparece la siguiente reflexión: "Dejad que digan, dejaos insultar, procesar y encarcelar, dejaos ahorcar si es preciso, pero publicad vuestros pensamientos. No es un derecho, es un deber de quien tenga ideas darlas a la luz. La verdad es de todos".
(8) CARO CANCELA, D. "La Federación de Trabajadores de Andalucía. Republicanismo y movimiento obrero a principios del siglo XX". En Actas del IV Congreso sobre andalucismo histórico. Sevilla, 1990. pp. 289-301.
(9) MORALES BENÍTEZ, A. y SÍGLER SILVERA, F. "Manuel Moreno Mendoza. Actividades sociopolíticas de un masón de Jerez". En FERRER BENIMELI, J.A. (Coord.). "Masonería, revolución y reacción" II. Actas del IV Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española. Instituto de Cultura "Juan Gil-Albert". Alicante, 1990. pp. 819-827. Y MORALES BENÍTEZ, A. "Manuel Moreno Mendoza: dirigente republicano y masón". Ubrique Información. 22 y 27 de enero y 5 de febrero de 2003.
(10) La Unión Obrera. (LUO), nº 102. 7/8/1901. p. 4. Artículo "Moreno en Tarifa" de Juan Irisarri.
(11) Ibídem.
(12) Ibídem, nº 104. 14/8/1901. p. 4. Artículo "Organización y Propaganda". Se decía que los afiliados a esta Federación "declaran fiesta social los días 14 y 29 de julio para conmemorar la eterna lucha contra la tiranía y el oscurantismo". Asimismo, se rechazaba el caciquismo y "las maquinaciones jesuíticas".
(13) Ibídem.
(14) Ibídem. pp. 4-5. Artículo "Vamos a la catástrofe" de Juan Irisarri.
(15) Ibídem, nº 106. 28/8/1901. pp. 1-2. Artículo "¿Qué es la anarquía?" de Irisarri.
(16) Ibídem, nº 109. 18/9/1901. pp. 4-5. Artículo "Sed de justicia" de Irisarri.
(17) Ibídem, nº 131. 12/9/1901. p. 5. Artículo "A los obreros del campo de Tarifa".
(18) Ibídem, nº 108. 11/9/1901. p. 7; nº 134. 22/12/1901. p. 4; y nº 149. 16/2/1902. p. 3.

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