EDITORIAL

ALJARANDA

Editorial

    Para quienes intentamos movernos en el ámbito de la información diaria, sujeta al criterio de la inmediatez, el trabajo de la investigación y el estudio histórico plasmado en publicaciones como ALJARANDA son una fuente sólida de documentación. Una dársena a la que amarrar, un pilar sobre el que armar el relato de la actualidad casi siempre cogido con puntillas.

    Investigar, contextualizar lo qué ha ocurrido, cuándo, por qué, de qué manera, con qué actores y hacerlo desde la objetividad y la imparcialidad es una cuestión de técnica y método científico, pero también de voluntad y de tiempo, algo que no abunda en los medios de comunicación que hacen la historia pequeña del día a día. Pero además el estudio riguroso de la realidad a la luz de la historia es sobre todo un síntoma de salud y una necesidad en una sociedad madura. O al menos esto me llevó a pensar el comentario que oí en una tertulia radiofónica hace ya algún tiempo. Venía a decir que "hay sitios en los que no se puede hacer historia". Hay lugares, ciudades, países en los que revistas como ALJARANDA son imposibles, y no por falta de investigadores entusiastas capaces de contrastar y dar forma a verdades plurales, sino porque o se practica la indiferencia o no se habla de ciertas cuestiones. Así, unas veces abierta y otras soterradamente se impone una sola manera de explicar las cosas. Creo que es ahí donde podemos apreciar hasta que punto la práctica y ejercicio de la historia, sobre todo la historia política significa respeto a la libertad, a la diferencia en una sociedad madura.

    En el libro El olor de la guayaba (Bruguera, 1982) el escritor Gabriel García Márquez le cuenta al periodista Plinio Apuleyo Mendoza que en su literatura, calificada por los estudiosos como "realismo mágico", todo es real. Que hechos extraordinarios como que los pescadores encuentren en sus redes cadáveres de leones o jirafas en América Latina ocurren un día sí y otro también. "La realidad que se maneja en una novela es diferente a la realidad de la vida, aunque se apoya en ella. La mejor fórmula literaria es la realidad". Traigo esto a colación porque entiendo que también la realidad, la verdad es la constante a que tienden publicaciones como ALJARANDA. A su conocimiento, a su análisis desde criterios rigurosos.

    Confío en que no se agote el interés de los investigadores que llenan de contenido esta publicación. Espero que sean animados a seguir en esta tarea porque de sus esfuerzos estamos beneficiándonos todos con una explicación de nuestro pasado común, de nuestras características como pueblo necesarias para dar sentido a nuestro presente y futuro.

    ALJARANDA se consolida como instrumento y herramienta de conocimiento entre quienes en edad escolar necesitan conocer algún aspecto de la historia local. Esa función didáctica debe llenar de satisfacción a todos los que la hacen posible porque significa un reconocimiento desde la práctica concreta, un certificado de garantía sobre la funcionalidad de la revista como medio de comunicación.

    Pero además, asumiendo como reto necesario la adaptación a las tecnologías actuales de información y comunicación, la publicación de ALJARANDA en Internet ha amplificado su capacidad divulgativa, ceñida hasta ahora a su área de distribución. Un claro ejemplo, los pudimos ver en el artículo sobre "La vecina isla Perejil" que fue casi la única referencia documental para que muchos medios de comunicación nacionales e internacionales situaran en el mapa la crisis diplomática que se abrió entre España-Marruecos el pasado verano. El propio director de la publicación Jesús Terán acertadamente refirió en el artículo editorial del pasado número como a través de Internet esta publicación por unos días había sido consultada o lo que es mejor había llegado a receptores de todo el mundo. Desde aquí animo a sus promotores a dar forma a una verdadera edición electrónica que amplíe las opciones de consulta de ALJARANDA y sitúe la investigación de la historia local en un ámbito preferente.

    A todos cuantos hacen posible esta publicación mis más sinceras felicitaciones y una petición expresa para que continúen descifrando nuestra historia.

María José Iglesias Gallego

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