HISTORIA

ALJARANDA

El ingeniero Cristóbal de Rojas
reconoce Tarifa en 1597 (I)

Ángel J. Sáez Rodríguez

Retrato del capitán Cristóbal de Rojas en su libro Teoría y práctica de fortificación, publicado en Madrid en 1598. Se representa con los atributos del militar (indumentaria y casco en que se apoya) y del arquitecto (libro de geometría y compás en sus manos).

    De las numerosas visitas de ingenieros militares a Tarifa de las que tenemos noticia, la de Cristóbal de Rojas es posiblemente la más oscura. Apenas si sabemos más que la fecha en que tuvo lugar (el invierno de 1597) y la escasa atención que al mantenimiento de sus defensas les prestaban por entonces los duques de Alcalá.

    Rojas es uno de los pocos ingenieros reales de origen español al servicio de los Austrias mayores, en una época en que la norma era que éstos tuviesen nacionalidad italiana. El propio Felipe II reclutó a algunos de los más afamados cuando estuvo en Italia, siguiendo la tradición que implantara su padre.

    A lo largo del XVI se había afianzado la opinión de que no cabía levantar una fortificación en condiciones si no mediaba el proyecto de un ingeniero. La generalización de las defensas abaluartadas, basadas en rigurosos esquemas geométricos y proporciones matemáticas, hizo que este oficio se hiciese imprescindible a lo largo del Renacimiento. Además, la profesión quedó imbuida de todos los caracteres del Humanismo imperantes en Occidente. El ingeniero no sólo debía dominar la traza de muros, fosos y baluartes, sino conocer la técnica de su traslado a figuras tridimensionales, toda vez que frecuentemente se hacían maquetas de los proyectos presentados para que sobre ellas decidiesen el Rey y su Consejo de Guerra. Pero había de ser también arquitecto, en cuanto que proyectista y constructor de edificios. Y de soldado, para que, partiendo de su experiencia militar, pudiese diseñar de acuerdo a los requisitos elementales del arte de la guerra. Además, y siguiendo a Francesco de Marchi, debía estar versado en historia, filosofía, música, medicina, leyes y astronomía (1). Finalmente, y sin que fuese un requisito ordinario, este tipo de técnico podía ser reputado mercenario, ya que el bagaje de conocimientos sobre las características de las fortificaciones de cualquier frontera podía resultar de enorme interés para un enemigo dispuesto a atacarla.

Diseño de una máquina para pilotear en la obra de Cristóbal de Rojas. Este ingeniero pasó buena parte de su carrera profesional trabajando en plazas costeras, en las que diseñó y levantó tanto obras militares (fuerte de Cádiz) como civiles (Muelle Viejo de Gibraltar) basadas en terrenos afectados por las mareas, lo que exigía un buen dominio de esta técnica de construcción.

    Cristóbal de Rojas debió nacer en la década de 1550. Según sus propias palabras, en 1613 tenía "alguna experiencia de más de cuarenta años [...] en fundar fábricas en la mar y en ríos y en la tierra firme, y, fuera de esto, ha veinticuatro años que sirve a Vuestra Majestad de ingeniero fuera de España y en ella en diferentes partes" (2).

    Nuestro ingeniero procedía del mundo de la arquitectura cuando solicitó la concesión del título de ingeniero en 1593, aunque ya por 1578 se le había encomendado la inspección de las fortificaciones de Pamplona. Había desarrollado su carrera profesional en diversos lugares de España y el extranjero, habiendo trabajado, como discípulo de Juan de Herrera, en la construcción de El Escorial. Su formación, como la de otros técnicos del momento (Jerónimo de Soto, Leonardo Turriano, Próspero Casola, etc.), estuvo ligada a Tiburzio Spannochi (3).

    Participó como maestro mayor de las fortificaciones de Cádiz y seguidamente, al objeto de levantar diversas obras militares, trabajó en Bretaña en 1591, bajo las órdenes del comandante de la plaza, Juan del Águila. El maestro mayor era el responsable de la ejecución de la obra de acuerdo al diseño del ingeniero. En 1595 fue nombrado ingeniero militar (4) y, al año siguiente, se le encomendó el estudio de las fortificaciones del Guadalquivir y de la costa sur de España, centrando su labor en las plazas de Cádiz, Gibraltar y Tarifa. Entonces obtendría el título de capitán de ingenieros, que consideraba preciso para solu-cionar la desidia con que la tropa atendía las instrucciones del personal civil. Recuérdese que el cuerpo de ingenieros se crea en 1711, por orden de Felipe V y de acuerdo con las ideas de Jorge Próspero de Verboom. Entonces se estableció una doble escala jerárquica para sus componentes: la de grados o mandos de la infantería y la facultativa, propia de los ingenieros. Esta última, de influencia francesa, empleaba designaciones curiosas, equivaliendo, por ejemplo, el "ingeniero ordinario" a la graduación de capitán o el "extraordinario" a teniente (5).

En el texto se reproduce la cita del propio Cristóbal de Rojas sobre su experiencia "en fundar fábricas en la mar y en ríos". La ilustración muestra una torre cuadrangular (muy del gusto de este ingeniero), antecedida de plaza de armas, todo ello sobre un conjunto de pilotes hincados en tierra para consolidar los cimientos. La representación de los cañones no es gratuita, toda vez que significa que la obra dispondría de solidez suficiente para soportar tanto el peso de las piezas como la tremenda vibración que transmite su disparo a las plataformas en que se asientan.

    En la plaza de Cádiz centró este ingeniero su mayor empeño y atención. Tanto es así que elevó el mapa de su geografía y la traza de sus defensas a la categoría de modelo ideal que habían de buscar quienes siguiesen su tratado de fortificación (6), que a continuación será referido. En esta ciudad continuó las obras iniciadas por otros ingenieros, especialmente Fratín. Su principal aportación se centró en una serie de controvertidos fuertes que, aprobados por el rey, terminaron haciéndose realidad.

    Hasta 1607, Rojas impartió clases en la Academia de Matemáticas de Madrid, fecha en que regresa a Cádiz para continuar su labor edificatoria. En 1598 vio la publicación de su Teoría y Práctica de Fortificación conforme a las medidas y los tiempos, primer tratado de fortificaciones impreso en castellano. También escribió un Tratado de soluciones simples de fortificaciones adaptadas al tiempo presente con ciertas particularidades curiosas probadas por demostraciones matemáticas y algunos otros asuntos militares y Sumario sobre la milicia antigua y moderna, con un tratado de artillería y al final una nueva manera de construir torres en el mar más sólidas y a menor coste. En 1607 escribió un tratado titulado Sumario de la milicia antigua y moderna, que no llegó a publicarse, sobre la organización del ejército.

Diseño ideal de un frente abaluartado según Cristóbal de Rojas, de su obra Teoría y práctica de fortificación. Leyenda:
A. Cortina principal, con los contrafuertes o estribos.
B. Terrapleno verdadero.
C. La C con las dos EE el baluarte.
D. Frente del baluarte.
E. Espalda y orejón de la casamata.
F. Boca de la casamata.
G. La misma casamata.
H. Gola del baluarte.
J. Foso grande.
K. Plaza o revellín de la entrada cubierta.
L. La misma entrada cubierta.
M. Plataforma para plantar artillería.
O. Bordos que van dando las trincheras.
P. Caballeros encima del terrapleno.
Q. Plaza de armas.
R. Cuarteles de alojamientos.
S. Principio de la trinchera.

    Conocemos su presencia, en 1611, en Orán y Mazalquivir. Dos años después se incorporó a la expedición a la Marmora, con las tropas de Luis Fajardo, para ocuparse de sus obras de fortificación, aunque cayó enfermo y regresó a Cádiz, donde murió el 12 de octubre de 1614.

    Rojas desarrolla en su obra un supuesto teórico que habría tenido puntual aplicación en la fortificación tarifeña de haber tenido la posibilidad de desarrollar en ésta sus ideas. Nos referimos al apartado que titula Del remedio y defensa de una ciudad ofendida de diversas alturas, según ocurre en el frente occidental y noroccidental de Tarifa. A este respecto escribe el ingeniero real:

    "Hay otras ciudades que son ofendidas en torno de algunas alturas, de tal manera que los soldados no pueden estar a la defensa que no sean ofendidos o por frente o por través o por las espaldas; el mejor y más seguro remedio será tomar u ocupar las dichas alturas de la ciudad; mas cuando por algún respecto no se pudiesen tomar, en tal caso conviene retirarse adentro de tal manera que la ofensa de aquel monte, por quedar ya lejos, no sea ningún valor; y cuando no se puedan hacer ninguna de estas dos cosas, es necesario fortificarse al encuentro del padrastro, de tal suerte que se pueda resistir a todo el daño que de él se pueda hacer; poniendo delante una gallarda punta de baluarte si el sitio lo sufriere, de tal forma que no se pueda desde el padrastro desembocar las cañoneras del través que ha de guardar este baluarte; y si no se pudiera poner la punta del baluarte, se hará una tenaza que tenga su cortina con dos traveses fuertes y más altos; que cubran la gente con un caballero en el lugar que más convenga, que sea igual al monte y algo más, porque se entiende que está muy cerca, y con tal parapeto o capacidad cual conviene a tan grande ofensa [...]. Y hacer el terraplén de adentro con escalones de tal suerte que puedan subir los soldados a ofender y bajarse para cubrirse cuando sea necesario, y en este terraplén será bueno plantar muchos árboles bien espesos, porque además de cubrir la plaza con las ramas, también con las raíces ayudan a tener la tierra, y a su tiempo podrán servir de faginas y otras cosas necesarias.

    Se hará el foso bien profundo, con su fosillo que se llama el refoso, con muchos pozos por las cortinas porque no pasen las minas sin sentirlas; y cuando los soldados fuesen ofendidos por través, defendiendo alguna de las cortinas, se puedan hacer por dentro de ellos algunos caballeros y de tanta altura que cubriesen la tal cortina, con sus entradas, de tal suerte que pueda el soldado salir a las defensas y volverse" (7).

Diseño de una fortificación basada en el pentágono, por el ingeniero Rojas. Estaba basada en esta figura geométrica de 600 pies de lado, que es el mismo módulo que aplicaba a cualquier otra figura. Por tanto, habría de aplicarse una figura de mayor número de lados según el tamaño del lugar a fortificar.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) CÁMARA MUÑOZ, A. Fortificación y ciudad en los reinos de Felipe II. Ed. Nerea. Madrid, 1998. pp. 86 y ss.
(2) Archivo General de Simancas (A.G.S. en adelante). Sección Mar y Tierra (en adelante M.T.). Costa de Andalucía. Legajo 782. Fernando de Añasco. Representación del ingeniero Cristóbal de Rojas contra la resolución de que el licenciado Fuente Hurtado corriese con la construcción de las torres de la costa de Andalucía, con un plano, 30 de noviembre de 1613. (APARICI GARCÍA, J. Colección de Documentos Copiados en el Archivo de Simancas como datos para escribir la historia del Cuerpo de Ingenieros, por el Coronel Don... Instituto de Historia y Cultura Militar. Siglo XVII. Primera Sección. Fortificación. Vol. XXIII. Signatura 1-4-7. Documento 563. Costa de Andalucía. Fol. 412).
(3) CÁMARA MUÑOZ, A. "Spannocchi, T. Marine del Regno di Sicilia. A cura di Rosario Trovato. Ordine degli architetti della provincia di Catania. 1993". Biblio 3W, Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona. Vol. 17. 25 de abril de 1997. Véase también SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "El ingeniero mayor Spannocchi en Tarifa. El reconocimiento de 1603". ALJARANDA nº 48. Tarifa, 2003. pp. 11-18.
(4) A.G.S. Sección Guerra Antigua. Legajo 262. Fols. 86 y 87. Citado en CÁMARA MUÑOZ, A. Fortificación y ciudad... p. 89.
(5) CAPEL SÁEZ, H., SÁNCHEZ, J.E. y MONCADA, J.O. De Palas a Minerva. La formación científica y la estructura institucional de los Ingenieros Militares en el siglo XVIII. Serbal-CSIC. Barcelona, 1988. p. 257.
(6) Es el modelo de ciudad de su Teoría y Práctica de Fortificación conforme a las medidas y los tiempos. Véase CÁMARA MUÑOZ, A. Fortificación y ciudad... p. 192.
(7) DE ROJAS, C. Tres Tratados sobre Fortificación y milicia. CEDEX. Madrid, 1985. p. 335.

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