| HISTORIA |
ALJARANDA |
La historia de Tarifa según dos autores
del siglo XVI: Pedro de Medina
y Diego Pérez de Mesa
Rafael Sabio González
El texto que a continuación pretendemos ofrecer al lector tenemos la intención de que pueda contribuir de alguna manera al conocimiento y difusión de los documentos que un pasado más o menos remoto pudiera haber generado sobre la ciudad de Tarifa. En este caso se trata de un capítulo más dentro de la obra de Pedro de Medina titulada Grandezas y cosas memorables de España, de la cual, aunque cuenta con una edición de 1944 (1), el texto que hemos decidido transcribir no es el de la edición original de 1548 del autor referido, sino de la corregida y ampliada por Diego Pérez de Mesa del año 1595.
Es por ello por lo que el texto seleccionado puede dividirse claramente en dos partes: una primera que procura transcribir, con modificaciones de carácter más sintáctico que de contenido, el texto publicado por Pedro de Medina en la primera edición de la obra; y una segunda en la que Diego Pérez de Mesa añada para la segunda edición, como lo hace en tantos otros capítulos de la obra original, una serie de indagaciones acerca de lo que considera la antigua historia de Tarifa. El añadido de Pérez de Mesa es, sin embargo, del todo respetuoso con el texto original de Pedro de Medina, presentándose a continuación del mismo e incluso pudiendo distinguirse el comienzo de la contribución de Pérez de Mesa por medio de unas correcciones históricas a lo anteriormente expuesto por Pedro de Medina y en las que se especifica que son hechas a lo redactado por "el primero autor desta obra (…)". Previa la transcripción del texto vamos a realizar una serie de apreciaciones acerca del autor y el carácter de cada una de estas partes, aunque a modo simplemente de orientación.
Se conoce más de la obra de Pedro de Medina que del propio autor. Este último pudo nacer en Sevilla a finales del siglo XV y en tal ciudad pudo haber realizado sus estudios, que sabemos por él mismo que se centraron en la Astronomía y la Cosmografía. A través de sus conocimientos en estas disciplinas pudo acceder al campo de la náutica, llegando a ser nombrado examinador de pilotos y maestres de naos y publicando obras al respecto de la trascendencia del Arte de Navegar (Valladolid, 1545) y el Regimiento de la Navegación (Sevilla, 1552) (2). La segunda de estas obras consiste en realidad en una edición simplificada del Arte de Navegar y dirigida a un público más lego que aquel que pudiera tener acceso al Arte de Navegar, como lo pudieran ser los pilotos y maestres de la carrera de las Indias cuyo buen adiestramiento tenía precisamente que procurar desde su cargo. Próximo como estuvo a la casa de Medina Sidonia, redactó una obra sobre la historia de esta familia que abarcaba desde el siglo XIII hasta mediados del XVI (3), pero que no llegaría a ser publicada hasta el siglo XIX. Y dentro de su faceta literaria publicó una obra de carácter religioso titulada el Libro de la Verdad (1555) (4).
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Vista general de Tarifa según grabado de Antón van der Wyngaerde. 1567. |
Pero la obra que aquí nos ocupa, el Libro de las grandezas de España está mas relacionada con la labor histórica del autor, habiendo podido estar vinculada su redacción con el éxito que se granjeó en vida del autor su Arte de Navegar. La primera parte de esta obra es netamente histórica, y abarca desde los inicios de carácter mítico que le son atribuidos, muy conformes con la tradición que sobre los mismos se viene manejando desde la redacción de la obra misma de Jiménez de Rada, hasta el reinado del emperador Carlos V. La segunda y, posiblemente, la que entrañe un mayor interés, se desarrolla en una suerte de descripción de España dividida en provincias y reinos y dentro de cada uno se van consignando los capítulos dedicados a las más relevantes de entre sus poblaciones.
Como autor de origen sevillano que es, en esta segunda parte comienza Pedro de Medina por dar cuenta de Andalucía y de las poblaciones que a ella corresponden, comenzando por Gibraltar. Y casi inmediatamente, tras dedicar un breve capítulo a la por entonces arruinada ciudad de Algeciras, pasa ya a presentar el capítulo que a Tarifa concierne.
De lo que Pedro de Medina llega a recabar acerca de Tarifa, inicia su labor con los orígenes mismos de la ciudad, remontándola a la misma época tartésica e identificándola desde con la ciudad de Carteia y el Templo de Juno citado por Pomponio Mela, hasta con la misma Tartesos. Todo el relato que sigue se basa sin duda en la interpretación que el autor diese a diversas fuentes clásicas transmitidas de una manera más o menos indirecta, y se centra en la relación de una supuesta ciudad de Tarifa prerromana con las colonizaciones históricas efectuadas por los fenicios al sur de la Península Ibérica. Sin merecer a los ojos del autor la fase islámica de la ciudad la más mínima atención, de la que tan sólo comenta la vinculación del actual nombre de Tarifa con el de uno de los supuestos primeros conquistadores musulmanes de la Península, tampoco parece interesarle la descripción misma de la actual villa, y en ello quizás nos esté indicando el hecho mismo de que pudo no haber visitado jamás la población de la que está hablando. Más parecen interesarle los grandes hechos históricos que se sucedieron tras la conquista de la ciudad por los castellanos y que irrumpen ya tras el comentario al periodo fenicio de la ciudad, con el popular relato del incidente de Guzmán el Bueno con el infante Don Juan. A este le sigue el otro gran hecho de armas de la ciudad tras la conquista castellana, que es su sitio por las fuerzas benimerines al frente del rey de Marruecos Abu’ l-Hassan, y su resolución final con la victoria de Alfonso XI en la batalla del Salado.
Para toda esta parte quizás debamos esperar un manejo por Pedro de Medina, si no del relato directo de los hechos por la Crónicas de los Reyes de Castilla, sí de alguna obra que los transmitiese basándose en sus datos o, tal vez, en una fuente de conocimiento independiente de los hechos y a disposición de los duques de Medina Sidonia, cuya vinculación con el autor ya hemos referido (5).
Por lo que concierne a Diego Pérez de Mesa y su revisión de la obra de Pedro de Medina, podemos decir que este personaje fue, según nos da fe en el prólogo a su edición, un catedrático de Matemáticas de la Universidad de Alcalá de Henares (6). En 1595, el mismo año que pasaba a la imprenta su revisión del Libro de las grandezas de España, le sucede el licenciado Andrés Santiago (7), y podría haber pasado desde allí a ocupar una cátedra en la ciudad de Sevilla, ya que en el año 1600 solicita el cosmógrafo Antonio Moreno Vilches el puesto que Pérez de Mesa había ocupado (8).
De su edición de la obra de Pedro de Medina cabe decir que, según nos informa el mismo Pérez de Mesa en el citado prólogo, su pretensión es la de mejorar el mal lenguaje empleado en su redacción por el autor, así como aumentarle en lo que pueda, que es bastante. En la primera parte de la obra, la histórica, es de destacar la inclusión de hechos del reinado de Felipe II como continuación a los que en la obra de Pedro de Medina se detenían en tiempos de Carlos V. Y en la segunda parte añade a las poblaciones tratadas en la edición original algunas otras, así como amplía el comentario correspondiente a varias de las localidades ya consignadas anteriormente por Pedro de Medina.
Es de esta manera como inserta a continuación de la revisión que del texto de Pedro de Medina hace, una serie de observaciones históricas centradas en el periodo mítico de Tartesos y la colonización fenicia. El respeto señalado en su aserto para con el texto original le lleva incluso a romper con la lógica cronológica de aquel relato, retomando el tema de la llegada de los fenicios a la Península cuando Pedro de Medina había ya dado fin a la relación del asedio benimerín a la ciudad y la batalla del Salado. En su comentario Pérez de Mesa procura corregir, según su criterio, los datos que sobre la colonización fenicia había ofrecido Pedro de Medina, identificando a Argantonio con un gobernador a quien acuden los nativos ante los abusos de los fenicios. Y tras ello pasa a remontarse a épocas más remotas, en las que acaba por presentar de una manera confusa unos datos míticos, tratados desde un cierto prisma evemerístico, en los que Hércules funda la ciudad de Tarifa y una suerte de Osiris-Júpiter vence a Gerión ante la villa misma que es objeto del capítulo.
En la edición del texto que a continuación presentamos, hemos procurado alterar lo menos posible el original, apenas separando algunas palabras y añadiéndole algunos signos de acentuación cuando lo creímos conveniente para su mejor comprensión. Más que de presentar un documento con rigor histórico, lo que ha sido nuestro deseo transcribiendo estas páginas ha sido el ofrecer al lector un texto en el cual pueda verse, no la más remota y aún oscura historia de Tarifa, sino la idea que acerca de la misma podían compartir dos eruditos del siglo XVI como eran Pedro de Medina y Diego Pérez de Mesa.
"Capítulo V. De la villa de Tarifa y de las cosas notables, que en ella ha avido.
Tres leguas mas al Poniente de las Algeziras esta la villa de Tarifa pueblo antiquisimo, que en sus principios se llamo Carteya, y después Tartaseo y algo alterado el vocablo Tartesio (9). Llamose también según Ponponio Mela templo de Juno (10), y después que el capitan de los Arabes Tarif paso la segunda vez en España para conquistarla aviendo tomado tierra en el monte de Gibraltar como luego ocupase la villa Tarrefo de quien voy hablando le mudaron los Arabes el nombre antiguo llamándola Tarifa por memoria, y honrra del capitán Tarif, el qual nombre tiene oy día (11).
En el año de 1547 (12) antes del nascimiento de nuestro salvador Jesu Christo quantidad de navíos pasaron el estrecho de Gibraltar viniendo del Oriente y tomaron tierra junto a Tarifa. Eran estos navíos de remos a manera de fustas con cada cinquenta remos por vanda, y eran de muy gentil hechura tan proporcionados a la navegación, que hasta esse tiempo no se avían visto otros tan buenos, y convinientes por los mares de España. Usaron estos navíos los Fenices que dentro venían primero, que otra alguna gente. Venían en ellos muchos de aquellos Fenices assí hombres, como mugeres, y niños, y trayan consi- (Fol. 104 r.) go todo genero de fardage, y como tomaron tierra fueron humana, y apaziblemente recebidos de los andaluzes de aquella comarca de los quales era governador a la sazón el prudente viejo Argantonio, de quien arriba se a hecho mención: el qual aviendo sabido la causa de la venida destas gentes, que era por razón de cierta guerra, que esperaban en Fenicia, de donde eran naturales, la qual les movía el Rey Cyro, por un capitán suyo llamado Hapalo, los acaricio, y regalo mucho. Afincáronse los andaluzes a estos Fenices por la buena manera de sus personas, trages, y armas. Ofrecióles Argantonio, que poblasen en qualquiera parte que quisiessen dentro de aquella comarca, y provincia de su jurisdición, y govierno. Ellos poblaron Tarifa, de los quales Fenices se dará mas larga relación en el capitulo siguiente (13).
Siendo España de moros el Rey don Sancho quarto deste nombre vino sobre la villa de Tarifa, y la gano a los moros dexando en la tenencia della un principal cavallero llamado don Alonso Pérez de Guzmán hombre muy valeroso, y de gran coraçón el qual entre otros grandes hechos que hizo este que agora diré es memorable y digno de ser perpetuamente celebrado por todo el mundo por ser hazaña no como quiera grande sino heroyca, que manifiesta estraña fidelidad, y sumo valor. El caso fue desta manera el infante don Juan hermano del Rey don Sancho vino con grande campo de moros sobre la villa de Tarifa pensando de tomarla. Traya consigo el infante aun mancebo hijo del Alcayde de Tarifa don Alonso Pérez de Guzmán pensando que por ocasión de aver al hijo don Alfonso le entregaría la villa de Tarifa, y assi lembio a dezir que le entregasse la villa, o que le haría degollar a su hijo, que allí traya. Don Alonso Pérez respondió como cavallero fiel, y animoso, que el tenia la villa por el Rey don Sancho su señor, y que avía echo omenage por ella, y que no la daría a el ni a otro ninguno: sino que antes moriría defendiéndola, y que quanto a lo que le amenazava con la muerte de su hijo, el daría el cuchillo, con el que le degollasse, y que otros diez hijos que tuviera, a todos los dexara degollar primero, que pensar de entregar el pueblo. Dada esta respuesta el mismo don Alonso Pérez arroxó su puñal por cima de la muralla a los moros. El infante don Juan lleno de yra por ser la respuesta tan al revés de lo que el avía pensado, tomo el puñal, y con el hizo degollar al mancebo hijo de don Alonso delante de su mismo padre. Viendo pues el infante don Juan y los moros que don Alonso Pérez de Guzmán avía permitido degollar a su hijo, y que el mismo avía dado su puñal para degollarle, conociendo su valor, y que con la gente, que dentro tenia, que defendería bien a Tarifa, perdieron la esperança de ganalla, y assi alçaron luego el cerco, que sobre ella tenían, y volviéronse para Africa, de donde avían venido.
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Apunte pequeño de la bahía y playa de Tarifa por Antón van der Wyngaerde. 1567. "La playa de taryfo dendo la torre dela guardia asta torefya ay uno legua bueno avia propia para hazer el almadrava". |
Después desto en tiempo del Rey don Alonso onzeno Abomelique hijo de Albroazén (14) Rey de Belamarin, que es en Africa (15) paso con grande exercito de moros al andaluzia, gano a Gibraltar, y llamose Rey de Algezira: pero en una batalla, que huvo con los Christianos fue muerto, y toda su gente destroyda. El Rey Alboazén sabida la muerte de su hijo hizo gran numero de gente, y passó en España a vengar la muerte de su hijo. Traya en su favor, y ayuda al Rey de Túnez, y al Rey de Bugia, y al de Tremecén, y al de Marruecos (16). Era el campo de cinquenta mil cavallos, e innumerable gente de a pie. Juntóseles mas en passando el estrecho Hinzefio Rey de Granada (17) con ocho mil cavallos, y mucha infante- (Fol. 105 v.) ría. Con este gran campo pusieron los moros luego cerco a Tarifa. El Rey don Alonso de Castilla sabida esta pasada de los moros embió a pedir al Rey de Portugal su suegro, que le viniesse a ayudar. El vino luego con todo el poder, que pudo. Juntos los dos Reyes Christianos hizieron reseña de sus soldados, y hallaron que tenían catorze mil cavallos, y trynta y cinco mil hombres de a pie. Y aunque la potencia de los Moros era estraña, y notable la desigualdad, porque pasavan los moros de acavallo de cinquenta mil, y la infanteria llegava a setecientos y cinco mil hombres con todo esso movieron los dos Reyes Christianos contra los enemigos esperando en el favor, y misericordia divina. Llegaron a Tarifa, y dieron la batalla a los moros un lunes a treynta días de Octubre del año de 1341 años (18), en la qual fue nuestro señor Dios servido de dar la vitoria a su pueblo, y dizen que fueron muertos, y presos en aquella batalla pasados de quatro cientos mil moros. El Rey don Alonso en reconocimiento deste beneficio y gran vitoria, que Dios le dio embió en ofrenda al Sumo Pontifice cien cavallos enjaezados y cada uno con una espada colgada del arzón, y cien moros, que los llevavan de diestro, y la tienda principal del Rey Alboazer y algunas vanderas. Y como el cavallero, que llevava este presente, llego a la Ciudad de Aviñón donde estava el Papa en aquel tiempo le fue hecho un solene, y honrrosissimo recibimiento de todos los Cardenales, Arçobispos, y Obispos, y Corte del Papa por honrrar al Rey don Alonso de Castilla. Y otro día siguiente el Sumo Pontifice dixo la misa, y predico dando gracias a Dios por la vitoria, que el Rey de España huvo de los infieles: y dióle entonces el Sumo Pontifice al Rey las tercias del reyno que gozan los Reyes de España para la defensión de la fe catholica, y guerra contra los moros (19).
Los de Fenicia vinieron a España 822 años antes del nascimiento de nuestro redentor Jesu Christo con un capitán suyo llamado Siqueo, de la qual venida volvieron estos Fenices riquissimos a su Ciudad de Tiro: y por ventura fue esta venida de los Fenices, que celebra Aristoteles maravillandose de las grandes riquezas, que llevaron de tierra de Tarifa como queda dicho en el primero capitulo deste segundo libro la segunda venida que los Fenices hizieron a España fue 818 años antes del nascimiento de nuestro Redemptor viniendo por capitán, y general del Armada un cavallero de Tyro llamado Pygmaleon. Y la tercera vez que vinieron fue el año siguiente de 817 antes del nascimiento de nuestro salvador viniendo por general el mismo Pygmaleon. Y desta vez se quedaron los Fenices en España avezindados en la Isla de Cádiz con los Eriteos que alli avía traydo Hercules Egipcio. No hizieron los de Fenicia otras jornadas a España después deste tiempo. Y los que el primero autor desta obra quiere dezir que vinieron a España en tiempo de Argantonio a los 547 años antes del nascimiento de nuestro señor no fueron Fenices como el escrive sino Pocenses de la provincia de Jonia en Asia. Estos no fundaron a Tarifa que era ya pueblo antiguo.
Pero como se volviessen estos de Jonia a su tierra algunos dellos se quedaron en España a los quales regalo Argantonio y los avezindo dentro en su mismo pueblo de Tarifa, que entonces se llamava Tarreso aviéndose nombrado antes Carteya. Y que fuesse mucho antes este pueblo es manifiesto, porque los mismos moradores de Tarteso, o Tarifa avían eligido por su governador a este governador Argantonio, que los recibió, y (Fol. 105 r.) avezindo 75 años antes, que ellos viniessen a España, y también porque quando los Fenices vinieron a España y asentaron en Cádiz començaron a tratar amistad con los Andaluzes principalmente con los vezinos de Tarteso, o Tarifa, y para esto tomaron por remedio luego que vinieron hazer muchas romerías al templo de Hércules de que arriba he dicho en el capitulo del primer libro, y en el capitulo 2 deste libro 2. Y luego se entremetieron en el haziendo nuevas superstiziones, y cerimonias magnificas y sumptuosas a uso de su tierra con que embovavan a los Españoles, y se hazian estimar, y reverenciar siendo estimados por hombres muy devotos. De manera que por esta vía grangearon los de Fenicia a los Tartesos, en cuyo pueblo, o muy junto a el estava aquel templo de Hercules con aquellos trofeos y colunas de oro, y plata, que arriba se han dicho, hasta tanto que los de Fenicia començaron a desmandarse y a hazer algunos daños en los andaluzes, de donde començaron a nacer disensiones, para remedio de lo qual, y para su defensa vinieron después de elegir por su governador y señor a Argantonio, que los defendiesse y amparase de las insolencias de aquellos Fenices. Assí que muy mas antigua es la villa de Tarifa que la venida de los de Jonia a España, y mas que la de los Fenices. Y pues aquel famoso templo, y sepulchro de Hércules Egipcio, que fundaron los antiguos Españoles sus amigos en su muerte con aquellos trofeos y columnas estuvo en esta villa de Tarifa, o muy junto a ella creyble cosa es que los sacerdotes del templo, y otros algunos devotos y amigos de Hercules querrian vivir alli junto al templo por gozar de aquella ceguedad, que ellos tenían por divinidad y religión y assí hizieron casas y habitación conviniente para su vivienda: y como cada día concuriesse al templo mucha gente de diversos lugares de España y de otras partes es muy creyble cosa que muchos se quedaron a vivir en aquellas estançias, y lugar movidos por su superstición, y otros por ser la tierra apazible y rica, y a la lengua del agua. Demás desto en lugar donde cada día acudía tanta gente de diversas partes, no podían faltar contratos, y gente que asistiese a vender mantenimientos, y a este concurso se requería orden, disposición, y govierno del pueblo, y assí yo creo cierto que la villa de Tarifa trae su origen y principio desde el enterramiento y fundación del templo de Hercules que fueron 1658 años antes del nascimiento de nuestro Redemptor y señor Jesu Christo.
Quando el tyrano Gerion tenia a España haziendo por ella muchos robos, y agravios, vino a ella con una armada Osiris Rey de Egipto con intento y animo de estorvar, y deshazer los agravios de Gerion: no vino por ser llamado, sino movido de su proprio valor, y virtud y assí con el mismo intento avía discurrido con su armada por el mundo quitando tyranos, haziéndoles guerra, y estorvando los agravios, que hazían, y avía ya discurrido por la india por Siria, Grecia, Tracia, y por Italia quando vino a España a la fama de los agravios, y tyrania de Gerion por estorvallos, y deshazellos. Llamaron los antiguos a este Osiris Jupiter, y algunos Griegos le nombran Dionisio, aunque huvo otro Dionisio Bacho griego después, pero no tan bueno como este. Quando Gerion supo la venida de Osiris, y el intento, que traya junto sus amigos, y mucha gente que le seguía, con que salió al camino a buscar al Rey Osiris. Encontráronse en los campos Tartesios junto a la villa de Tarifa, que fue después, y allí se dio la batalla, que fue muy rezia, y reñida de ambas partes, quanto lo podía (Fol. 106 v.) ser en aquellos tiempos, en la qual fue muerto Gerion y todos los suyos vencidos, y destroçados. Fue esta la primera batalla campal, que se dio en España, que no dexa de celebrar mucho a Tarifa por aver sido en su termino y por ser tan celebrada ella de los escriptores antiguos y de los poetas, que la llaman batalla de los dioses contra los Gigantes, porque Osiris fue después de muerto honrrado por Dios entre sus Egipcios, y Gerion fue Gigante, el qual después de muerto fue honrradamente sepultado no lexos de donde fue la batalla sospechan algunos que fue junto a Barbate en el cabo de Trafalgar, y que duro allí mucho tiempo la sepultura de Gerion".
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) MEDINA, P. de.
"Libro de grandezas de España". En Obras de Pedro de Medina.
Edición de Ángel González Palencia. C.S.I.C. Madrid, 1944.
(2) Existe un buen estudio de ambas obras, en el cual éstas son publicadas a
modo de apéndice al final del libro. En CUESTA DOMINGO, M. La obra
cosmográfica y náutica de Pedro de Medina. Banco Central Hispano. Madrid,
1998.
(3) MEDINA, P. de. "Crónica de los duques de Medina Sidonia".
Manuscrito 2044 de la Biblioteca Nacional. Madrid, 1561.
(4) Esta obra se halla publicada junto con el Libro de las grandezas de
España en la ya referida edición de dicha obra del año 1944.
(5) Esta fuente podría haber sido la que emplease pocos años antes
Barrantes Maldonado para la confección de sus Ilustraciones de la casa de
Niebla, obra publicada en Medina Sidonia en 1541. Ello de no haber hecho uso
directamente dichas Ilustraciones de la casa de Niebla. Conforme a las
fuentes que las Ilustraciones de la casa de Niebla pudieran haber tenido
a su disposición consúltese CATALÁN, D. La tradición manuscrita en la
"Crónica de Alfonso XI". Gredos. Madrid, 1974. pp. 105-106.
(6) Véase al respecto el prólogo a la citada edición que de la obra que nos
ocupa efectuó Ángel González Palencia. pp. XXXVIII-XXXIX.
(7) GIL AYUSO, F. Historia de la Universidad de Alcalá. Obra premiada en
1939 y citada al caso por Ángel González Palencia, haciendo mención a una
impresión de la misma en el año 1944 cuya definitiva publicación no hemos
podido verificar.
(8) RODRÍGUEZ MARÍN, F. Pedro Espinosa: estudio biográfico y crítico.
Tipografía de la Revista de Archivos. Madrid, 1907. p. 698.
(9) El autor llega aquí a pretender identificar Tarifa con la Carteia de
las fuentes clásicas, identificación que, ante la que pretende efectuar a
continuación de la misma población con la mítica Tartesos, le lleva a
transcribir en su edición original su nombre como "Tarteya", y no
"Carteya". Pérez de Mesa, aunque persiste incluso en el relato de su
propia autoría con la identificación entre Carteia, Tartesos y
Tarifa, sin embargo ya corrige la grafía errónea que daba Pedro de Medina en
su edición original al nombre de esta ciudad para aproximarla más a la que
sabe que las fuentes clásicas consignan, con /c/ y no /t/
inicial. Esta desafortunada hipótesis ya hace tiempo que cayó en desuso, y si
hoy no se tiene constancia cierta de si la ciudad de Tartesos pudo
existir como tal, sí que se tiene completa certeza de que la Carteia de
las fuentes se corresponde con los importantes vestigios emplazados en la Bahía
de Algeciras, dentro del Término Municipal de San Roque.
(10) POMPONIO MELA. Corografía. II, 6, 96.
(11) Aunque teoría muy difundida, parece más lógico que el nombre de Tarifa
derive del árabe taraf, "punta", lo cual viene además a
coincidir con bastante exactitud con la innegable realidad geográfica de la
localidad.
(12) Debe de tratarse de un error de imprenta, quizás motivado por la similitud
entre esta fecha y la de la edición de la obra original; en realidad la fecha
que consigna Pedro de Medina es el 547, y sobre dicha fecha establece sus
precisiones históricas Pérez de Mesa, y no sobre el 1547, cuando, como veremos
más adelante, inserte sus comentarios al respecto.
(13) Se refiere el autor al Capítulo VI, dedicado al asentamiento de los
fenicios en las Islas Afrodisias y del cual transcribo su final, por el interés
que entraña con el tema que aquí nos ocupa: "Pero ya en nuestro tiempo
a perecido aquella recreación con las Islas, y quanto por alli solía aver,
porque la mar muchos tiempos antes de agora lo tiene todo gastado, y sorvido sin
quedar alguna de aquellas Islas, o rastro de aquellos plazeres, o recreaciones,
que en ellas huvo salvo la Isla que se dixo Junonia que estava frontero de
Tarifa, de la qual aun permanece alguna parte cerca de la ribera tan pequeña, y
gastada, que nadie haze caso della dentro de la qual aun parecen oy día algunos
vestigios y rastro de los edificios, que tuvo tan bien obrados, que declaran en
lo poco que son aver sido sumptuosos en aquel antiguo tiempo, y aver sido la
Isla de mucho provecho". A continuación, en el Capítulo VII, habla a
raíz de la desaparición casi total de las que el autor considera las Islas
Afrodisias, de lo generalizado que es en el mundo el fenómeno del
descubrimiento o soterramiento por el mar de partes terrestres,
ejemplificándolo. No es nuestra responsabilidad detallar el interés
arqueológico que entraña la cita a estas ruinas en la que podría
identificarse con Isla de las Palomas por un testimonio tan remoto como el de
Pedro de Medina. Pero debemos advertir que no sabemos tampoco cual pudo ser la
fuente de los datos que nos aporta, ya que, según hemos visto con anterioridad,
es poco probable que el autor pudiera haber visitado Tarifa.
(14) El nombre de Abu’ l-Hassan va a sufrir en este texto diversas
grafías, tal y como podrá comprobarse.
(15) El autor parece confundir aquí un gentilicio como es Ibn Merin, con
una ciudad al Norte de África, y ello le lleva incluso a deformar el
"Benamarin" o "Marin" de las fuentes castellanas en un
"Belamarin".
(16) Se trata de un dato errado, fruto de la errada lectura que de la figura de Abu’
l-Hassan hemos visto que constata la presente obra; no acompañaban a Abu’
l-Hassan tales reyes, sino que era él mismo Rey de Marruecos y señor de
las referidas ciudades de Túnez, Bugia y Tremecén cuando cruzó el Estrecho.
(17) Yusuf I de Granada.
(18) Se trata de un dato cronológico erróneo, puesto que la batalla se
efectuó en realidad en el mismo mes pero del año 1340. Quizás dicho error
pueda responder a la consignación en la fuente utilizada de la fecha de la
batalla en la Era Hispánica y de esta manera se habría podido efectuar una
deficiente conversión a la Era Cristiana a partir de esta fecha por parte de la
persona responsable del manejo directo de la fuente.
(19) Aquí finaliza el relato que de Pedro de Medina toma en la revisión de su
obra Diego Pérez de Mesa, y sigue en adelante la aportación del susodicho
Pérez de Mesa.
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