TARIFEÑOS DE AYER Y HOY

ALJARANDA

Antonino Ginel Iglesias

Antonino Ginel Iglesias. (Foto: M. Rojas).

    Con motivo del número cincuenta de nuestra revista iniciamos una nueva serie en la que queremos resaltar la figura de aquellos tarifeños actuales y del pasado que a nuestro entender tienen o han tenido una trayectoria personal o profesional destacables.

    El primer nombre que proponemos tal vez no sea conocido por muchos al verlo, ya que casi todos lo conocen por Nino. Hijo de José María Ginel (el recordado D. José María el maestro) y de Teresa Iglesias. Nace en Tarifa en 1963 y pasa sus primeros años en la Calle de la Luz, en una casa sobre la antigua pastelería de Grosso.

    Con cinco años se trasladan a la casa anexa a la escuela del "Congo", que por aquel entonces era un paraje realmente apartado y con calles sin asfaltar, donde su padre ejerce como maestro. Precisamente resalta de su padre la pasión por la enseñanza.

    Sus estudios primarios los realiza en el colegio Guzmán el Bueno. Resulta curioso el hecho de que nunca realizó el quinto curso, ya que junto a un grupo de compañeros promociona directamente de cuarto a sexto por falta de espacio en su clase. Posteriormente pasa a estudiar en el Instituto, ubicado en la Casa de la Cultura, donde forma parte de la primera promoción de tarifeños que realiza el COU en la localidad, ya que hasta entonces los alumnos de este curso debían desplazarse a Algeciras.

    Una vez terminados sus estudios secundarios se matricula en la Facultad de Medicina de Cádiz. Comparte vivienda con un grupo de compañeros de Tarifa y recuerda el esfuerzo que le supuso el inicio de su etapa universitaria, notando los dos primeros años una diferencia de preparación con alumnos de otros lugares. Sin embargo, siempre sacó excelentes calificaciones, teniendo tan sólo un suspenso coincidiendo con una grave enfermedad de su padre.

    Cuando concluye la carrera debe realizar el servicio militar en la Isla de las Palomas. Al año siguiente se presenta a las pruebas de Médico Interno Residente, obteniendo el número trescientos veinte de unos diecisiete mil que se presentaron. Debido al buen número obtenido, no tiene problemas para elegir la especialidad que era su verdadera vocación: Cirugía Cardiovascular. Elegir esta especialidad conlleva otra decisión inequívoca, la de abandonar su pueblo tal vez para no volver, ya que la única plaza a la que puede optar es a una en el Hospital Clinic de Barcelona. En este hospital realiza su formación como especialista hasta que en el año 1995 obtiene una plaza de adjunto. En esta época conoce a su compañera, Esther, con la que comparte vida y sueños.

    En 1998 se marcha a la Clínica Hospiten de Tenerife, en la que tiene la suerte de trabajar bajo la dirección del ex director de la Clínica Universitaria de Navarra y favorecerse de una gran experiencia científica y clínica.

    Su estancia en Canarias se ve interrumpida antes de lo previsto al conocer la existencia de una plaza en el Hospital Sant Pau de Barcelona. Este centro suponía una auténtica oportunidad profesional por su programa de trasplantes cardíacos pionero en España. En la actualidad continúa en este centro, aunque el número de trasplantes ha descendido mucho por la reducción en el número de muertos por accidente de motos que se ha producido en Cataluña.

    Llegada la madurez, Nino es consciente que ahora es el verdadero dueño de su futuro, para ello trabaja y se ilusiona con nuevos proyectos que entran más en el campo de la investigación científica que en la atención clínica.

    Pero Nino no se olvida de sus raíces, de su familia ni de sus amigos. Ejerce todo el año de tarifeño en Barcelona y un par de veces al año vuelve con nosotros. Lo podemos ver paseando serio y casi meditabundo, con las manos tras la espalda, como queriendo esconder las herramientas que salvan una vida.

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