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ALJARANDA |
Los horrores de la Guerra
Juan Navarro Cortecejo
Uno de los casos más trágicos de la Guerra Civil en Tarifa se da en la familia de don Amador Mora Rojas. Sobre el alcalde republicano vinieron a caer todas las desgracias que trajo esta cruel contienda. Don Amador logró huir de los moros y militares que vinieron a buscarlo a su domicilio, para detenerlo y fusilarlo posteriormente como a otros tantos, falleciendo más tarde en el frente de Córdoba tras recibir fuego de artillería de sus propios compañeros. Igualmente, son asesinados su esposa, su hijo Miguel Mora y su hija Carmen Mora.
Miguel era dirigente de las Juventudes Socialistas en Tarifa, encontrándose estudiando en Cádiz participa en la defensa del Gobierno Civil por lo que es detenido y encarcelado en el barco carbonero Miraflores, de donde sale el once de agosto de 1936 para ser fusilado. Pocos días después es detenida en Cádiz la mujer de don Amador, Antonia Marín. Es trasladada a la cárcel de Algeciras y fusilada junto a dos mujeres más el catorce de septiembre de 1936 en Facinas, frente al silo de trigo que se encuentra entrando por Vico.
La tragedia de esta familia no iba a terminar ahí. La hija mayor, Carmen, es detenida también en Cádiz a comienzos del 37 acusada de tener dinero del Socorro Rojo Internacional ya que se le encontró un dinero que le había enviado una tía para que pudieran comer ella y su hermana menor Antonia. Pocos días después es fusilada. Mientras tanto el menor de los hijos, Juan Francisco, seguía a su suerte en Tarifa con doce años de edad y sin que nadie lo acogiera ante el temor de ser acusado inmediatamente de "rojo", hasta que unos soldados lo llevan a Cádiz junto a su hermana Antonia. Todos los bienes de esta familia fueron confiscados.
Pero ésta no fue la única tragedia que se vivió en Tarifa durante la guerra. Citemos como ejemplo el fusilamiento de tres hermanos de una misma familia, los hermanos Iglesias Benítez. O el del carabinero Vicente Enrique, que muere en el frente y su mujer, Ana Sánchez, es fusilada en Vico, junto a la mujer de don Amador. Los restos de esta mujer fueron llevados al cementerio tarifeño en los años ochenta.
Otro caso dramático, por otra parte frecuente en esta guerra, es el de dos hermanos que lucharon en distintos bandos. Ambos fueron heridos en la guerra. El que estaba en el bando nacional, Juan, vino a Tarifa por 1937, fue declarado caballero mutilado en acción de guerra, tuvo su pensión y más tarde trabajó en el propio Ayuntamiento. De este señor decían los informes que "tenía una conducta dudosa, bebedor y aficionado a la correlativa". Tuvo una vida muy normal y con la llegada de la democracia la pensión le asciende a cerca de trescientas mil pesetas, además de unos atrasos que le dieron por estos años de unos once millones de pesetas. Aún vive plácidamente a sus ochenta y pico años con su deliciosa mujer. El otro hermano, José, fue capturado en Badajoz cuando defendía al gobierno de la República. Es llevado a un campo de concentración, pasa por distintas cárceles y trabajos forzados. Tras muchos años fuera de su tierra, vuelve a ella sin oficio ni beneficio y siendo considerado por todos como un borracho y poco menos que un maleante. Muere un día cualquiera en cualquier lugar, solo y abandonado a su suerte. Podemos pensar que son las cosas del destino, pero creo que es una muestra muy significativa de la suerte que vivieron vencedores y vencidos.
Otro ejemplo conmovedor es aquel en el que mientras un hermano es fusilado en la tapia del cementerio, el otro llega a ser uno de los gestores de nuestro municipio al final de la guerra y más tarde concejal tras la guerra. Este señor, con un comercio emblemático en nuestro pueblo, moriría ya mayor.
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TAHIVILLA EN LA GUERRA CIVIL
Como nos recuerda Juan Quero, la reforma agraria fue la obra cumbre de la república en esta zona y el máximo exponente de ella la colonización de Tahivilla. La finca donde se llevó a cabo fue intervenida en 1933 por el Instituto de Reforma Agraria al Duque de Lerma, Fernando Fernández de Córdoba. Prueba de las buenas relaciones que mantuvo con el ayuntamiento constituido en la guerra es el acta que encontramos donde se habla de "pesar por la muerte del Duque de Lerma, que tiene muchas vinculaciones históricas con la ciudad".
Con el estallido de la guerra esta reforma agraria se paraliza, mientras en la zona republicana es aplicada con dureza. Sin embargo, el régimen franquista utiliza la colonización agraria como elemento propagandístico. Así, la dirección y administración de la finca pasa a manos de la Junta Provincial Agraria, la cual en febrero de 1937 expulsa a dieciséis de los asentados en las tierras por su significación marcadamente izquierdista, con la pérdida de todos sus derechos. Esta expulsión estuvo motivada en un informe elaborado por el Ayuntamiento de Tarifa, aunque en él sólo constan once colonos.
Este tiempo está caracterizado por la incertidumbre y el temor a que las tierras sean devueltas a su anterior propietario, finalizando con ello la colonización. De tal forma, algunos dejan de pagar las cuotas establecidas y otros abandonan sus tierras, quedando tan sólo cincuenta y dos colonos al finalizar la guerra en lugar de los sesenta y ocho de 1936.
FACINAS EN LA GUERRA CIVIL
De Facinas poco más puedo yo añadir a lo dicho por Juan Quero en su libro, por lo que recomiendo que lo lean porque vale la pena ya que además de ameno es toda una lección de historia y sociología.
En los distintos capítulos de este trabajo sale a relucir con alguna frecuencia Facinas, sus gentes, sus distintos alcaldes. Precisamente, es reseñable los pocos informes que pudieran perjudicar a sus paisanos que dieron éstos, por eso me atrevo a decir que esta población no sólo tuvo suerte con su cabo de la Guardia Civil, el cabo Vera, que evitó represiones y muertes inútiles, sino también con sus alcaldes.
De Facinas en este período podemos hablar de J. García Domínguez, socialista y maestro de escuela (había dos escuelas unitarias con unos sesenta niños cada una) o del médico Guillermo Serrano Sánchez, que fue sustituido por Luis Espina.
Igualmente he encontrado en los distintos archivos que he estudiado algunas referencias que podríamos señalar como anecdóticas, como el arreglo de sus calles y el cambio de nombre de las mismas de acuerdo al momento, la reparación de la fuente pública por ciento cuarenta y siete pesetas, las cinco pesetas que se destinaban para los comedores públicos en los que se alimentaban los menesterosos, distintas referencias a la carretera del control que uniría Facinas y el norte de África y también de la línea ferroviaria entre Algeciras y Cádiz.
El aumento de la presencia militar en la población supuso una mayor prosperidad como se manifiesta en la apertura de nuevos establecimientos públicos, como son el de Daniel Jiménez García o el de Camacho Silva. También había en Facinas un cuartel de Falange en una casa de Vista Alegre y un cuartel de Requeté y Comunión Tradicionalista en un local cedido por su dueño en la calle Merced.
Durante esta época hubo un trasiego continuo de alcaldes, ocupando el sillón Juan Notario Cánovas, Fernando Perea Meléndez, A. Cabeza, Cristóbal Martí-nez Acuña, Joaquín Outón Sánchez y J. Pérez Álvarez.
Meses antes de la sublevación militar existieron en Facinas sindicatos campesinos de la UGT y el Sindicato de Pequeños Labradores, cuyo secretario general Antonio Rojas fue fusilado, salvándose su presidente Luis Fernández. Destacado miembro de la UGT fue también Diego Lozano Meléndez, "el de las canastas".
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