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ALJARANDA |
La visita de Luis Bravo de Lagunas
a Tarifa, en 1577 (1)
Ángel J. Sáez Rodríguez
La preocupación de Felipe II por conocer el estado de defensa de los territorios bajo su gobierno ha dejado algunas noticias fundamentales para el estudio de Tarifa en el siglo XVI. Si los dibujos de Antón Van der Wyngaerde (2) nos ofrecen su más fiel descripción gráfica hasta la invención de la fotografía (dado que el magnífico plano de Castillejos, de 1611, es poco fiable en algunos aspectos), los datos de Luis Bravo de Lagunas aportan el complemento literario que aquellas imágenes precisan. Ambos trabajos distan sólo diez años. En 1567 se firman las ilustraciones del pintor flamenco, mientras que la visita de Bravo de Lagunas se data en 1577. Ambas fuentes resultan extremadamente minuciosas y fidedignas, según hemos podido constatar por el exhaustivo cotejo de sus contenidos con otras posteriores y con los resultados de la investigación histórica y arqueológica que actualmente manejamos (3).
Eran éstas fechas de notable actividad para el tema que nos ocupa. El reconocimiento militar de la costa del Reino de Granada realizado en 1567 por el maestre de campo Antonio Moreno da cuenta de la segregación existente entre la población cristiana y morisca en los diferentes lugares y ciudades de la costa y la sierra próxima (4). En las mismas fechas se llevan a cabo diferentes reformas en las defensas costeras a instancias del marqués de Mondéjar. En 1571, ante la delicada situación interior creada por la guerra de las Alpujarras, el capitán general de Granada comisiona al capitán Antonio Berrío para que inspeccione sus defensas costeras. A resultas de la misma propone la construcción de diferentes torres que completasen el dispositivo heredado del reino nazarí. El proyecto se centró en la erección de cuarenta y tres nuevas torres (5).
Retornando al caso tarifeño, en otro momento abordaremos el análisis de la magnífica obra de Andrés de Castillejos (6), dado que en esta ocasión debe centrarse la atención en los ingenieros reales que atendieron la plaza fuerte de Tarifa, tal es el objeto de esta serie de artículos que comenzamos con unas páginas sobre Spannocchi (7).
En rigor, Luis Bravo de Lagunas no era ingeniero militar, por más que su tarea sería habitualmente desempeñada por oficiales de este cuerpo facultativo del ejército. No firma como tal, ni aparece citado en la exhaustiva relación recogida en el Memorial de Ingenieros (8). Del comendador de los Hornos apenas si tenemos datos biográficos, al margen de los contenidos en sus escritos dirigidos al Consejo de Guerra. Éstos se fechan entre marzo y agosto de 1577, cuando desarrolla el cumplimiento de un encargo real, según él mismo relata: "Vuestra Majestad fue servido de mandarme que viniese a hacer ciertas torres y atalayas en la costa del Andalucía, y a visitar los lugares della cómo estaban de gente, armas y municiones" (9). Bravo de Lagunas inicia su trabajo con cierto retraso: "Yo me excusé de hacer lo que me mandaba por estar con tan poca salud que aun en un coche no podía andar; después me curé y, como me hallé algo mejor, con la voluntad y obligación que tengo al servicio de Vuestra Majestad heredado tan de atrás de mis padres, me determiné a hacer lo que Vuestra Majestad mandaba" (10).
Su deteriorada salud volvió a ponerlo en apuros a principios de mayo, cuando se vio aquejado por serios males estando en Sanlúcar de Barrameda. Dolor en los costados, fiebres, ictericia y "supresión de orina", entre otros síntomas, que pusieron en peligro su vida (11). Ya repuesto, explica que se encuentra ya "sin calentura gracias a Dios, mas tan flaco que no tengo más del cuero y los huesos" (12). El personaje se nos presenta como persona bondadosa, según se desprende de un escrito de su criado Juan de Aguilar: "Luis Bravo, mi señor, está de manera que tememos harto su vida la pérdida de la cual no es de señor para sus criados sino de padre, según su buena condición y el bien que a todos desea hacer" (13).
Esta alusión a la tradicional vinculación de su linaje con el servicio al Rey, nos permite entroncar con la generalmente admitida continuación de su estirpe en las mismas funciones. Fue su hijo Sancho Bravo, según expone José Antonio Calderón Quijano en su trabajo magistral sobre Gibraltar en 1627 (14). Tal vez sea éste el que lo acompañaba en su viaje por las costas del sur de Andalucía, que Bravo de Lagunas menciona al rey en carta de 16 de julio: "De otra manera no se puede hacer y andar cargado de arcabuceros y jinetes y con tan ruin ánimo todos que es menester que yo y mi hijo reconoscamos las calas y los sitios donde hay sospecha que puedan estar los enemigos", en alusión a los peligros de aquellos lugares (15). De este hijo no conocemos ninguna otra participación activa en el mundo de la fortificación, al margen de la colaboración que tuvo en hacer llegar al rey, en 1596, de unos escritos de su padre en relación al puerto de Cádiz (16). Posiblemente fuera nieto de Luis Bravo de Lagunas el conocido Luis Bravo de Acuña, consejero de guerra y virrey de Navarra (1632-1634), que se hizo célebre por la dirección de las obras de fortificación de Gibraltar hacia 1627.
Hace medio siglo, Hipólito Sancho de Sopranis publicó un magnífico estudio sobre la visita de Bravo de Lagunas, aunque tampoco encontramos en sus páginas referencia alguna a su vida, que este insigne historiador refiere como "cortísimo rasgo biográfico" (17). Sabemos que llevó parte de su tarea a cabo, en su calidad de Director de Forti-ficaciones, en compañía de Ambrosio Malgrá, maestro mayor de las fortificaciones del Reino de Granada. Éste se le habría unido en el Puerto de Santa María, siguiendo instrucciones reales (18). Hasta entonces, el propio Bravo de Laguna habría de trazar las plantas de las torres, entre las que se encuentran las tarifeñas.
El argumento fundamental de la visita de Bravo de Lagunas para conseguir la construcción de las torres previstas en los planes filipinos era su eficacia en la prevención de los asaltos piráticos. Era ésta una plaga que azotaba sobremanera las comarcas litorales de España e Italia, empobreciéndolas, dejándolas despobladas y dificultando todo funcionamiento normal de su actividad económica. Sin embargo, el desarrollo de su misión encontró obstáculos de importancia, sin que fueran los menores la oposición de concejos y señores a su necesaria aportación económica para el desarrollo del proyecto que venía a poner en marcha. Los vecinos de estos lugares sabían que las promesas de los consejos de la Corte podían quedar incumplidos, como en ocasiones había ocurrido, quedando como meros contribuyentes que no recibían contraprestación alguna. Los titulares de los señoríos, con frecuencia afincados lejos de éstos, podían no percibir el referido peligro como una amenaza real para sus vidas y propiedades, por más que el empobrecimiento de sus estados les repercutía de manera indirecta.
No obstante, cabe destacar la celeridad con que el duque de Alcalá y señor de Tarifa atendió las recomendaciones del Director de Fortificaciones. Éste destaca en carta al rey de 10 de abril de 1577 que "el duque de Alcalá pone gran diligencia en las torres y atalayas que he dejado que se hagan en su tierra y ha enviado a buscar pólvora y otras cosas de que yo le advertí había necesidad para estar al redaudo que convenía Tarifa" (19).
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Torre de Cabo de Gracia; ordenada construir por Bravo de Lagunas en 1577 y restaurada por el MOPU en 1990. (Foto del autor) |
Los datos que aporta en relación a Tarifa son los siguientes (20):
"La villa de Tarifa es del duque de Alcalá y cinco leguas adelante de Gibraltar, al poniente, es lugar de hasta novecientas casas y flaco, sin ningún remedio de poderse fortificar por estar todo cercado de padrastros. Tiene por partes la muralla algo caída, de manera que por la parte de levante está baja por causa de lo que se ha caído. Tiene una fortaleza harto fuerte para batalla de manos. Hay tres cercados en la dicha villa; guárdase la fortaleza con nueve velas ordinarias en tres postas de tres en tres, táñese una campana durante toda la noche para que se entienda que no duermen y una de las guardas dando voces por sus cuartos. En un turrión de la dicha fortaleza sobre la mar, hay cuatro piezas de artillería muy buenas encabalgadas, en que hay una culebrina de 65 quintales. Hay más en un terrado de la fortaleza sobre la mar, otras seis piezas de artillería encabalgadas pequeñas y 19 mosquetes de ierro muy buenos. Enla puerta hay doce docenas de paveses antiguos y otras tantas alabardas, picas y lanzones. En la sala de armas hay mucha cantidad de coseletes todos perdidos sin ningún provecho y mucha cantidad de picas, alabardas, ballestas y arcabuces todas perdidas por ser la tierra tan húmedda. Tiene como 20 quintales de pólvora y 200 balas y algunas alcancías de fuego en toda la muralla. Fuera de la fortaleza no hay ninguna pieza de artillería.
Salieron al alarde 54 hombres de caballo, todos bien aderezados de armas y buenos caballos y más 170 arcabuceros y 48 piqueros y 108 ballesteros. Mas hice que me mostrasen el padrón de los vecinos que había en la dicha villa y por él parece que hay mil y catorce vecinos sin 72 hombres de caballo como por él parecen.
En toda la costa del término de Tarifa desde el de Gibraltar a Zahara ques del duque de Medina Sidonia, hay seis leguas de costa y en todas ellas no hay torre ni atalaya ninguna, sino una torre que está algo metida en la tierra y ésta es muy antigua, con una escalera de piedra que suben por unas peñas de notable obra por la largueza que tienen y ésta debió ser atalaya para la tierra en tiempo de moros porque responde mal con la marina. Todas estas seis leguas se guardan con guardas puestas sobre las calas. Infor-méme que en estas guardas hay muy buen recaudo y lo mismo de atajadores a caballo que las requieren.
Yo dejé ordenado que hiciesen tres torres, una en la boca del río de Guadamecíe, adonde suelen venir a tomar agua los enemigos, porque el mes de agosto no hay otra por allí, con dos guardas y dos falconetes para estorbarles el hacer el aguada. Esta torre ha de ser en la parte de levante entre Tarifa y Gibraltar y, sin ella, no se podría responder a Gibraltar, porque Tarifa está medida en la tierra un poco adentro y no puede ver ninguna ahumada de las que hiciere la costa de Gibraltar; y otra atalaya en una isla que está delante de Tarifa que descubre a la que es dicho de Guadamecí con otras dos guardas y sin artillería, porque está frontero de Tarifa y tan cerca que no la habrá menester; y otra en el cabo que llaman de Enmedio, que responde a la isla".
Algunos datos destacables del texto son la certificación en 1577 de los "tres cercados en la dicha villa", en alusión a los de Almedina, Aljaranda y el arrabal norte, aparte de la fortaleza, que se cita a continuación. También, las novecientas casas o vecinos de la población para esta fecha, dato que, como ya señalamos en otra ocasión, había sido publicado erróneamente como doscientos (21). La cifra correcta es coherente con la que arroja un alarde de finales de siglo, cuando la ciudad alcanzaba los mil vecinos (unos cinco mil habitantes), entre quienes se contaban ochocientos hombres de guerra (22).
Es muy relevante la descripción de la muralla urbana parcialmente caída en el frente oriental, el más expuesto ante posibles ataques, dada la existencia de padrastros que dominan la población por esa parte. Los viejos muros medievales de tapial tendrían que ser reiteradamente restaurados para seguir cumpliendo con su finalidad. Es de general conocimiento que la concesión de los antiguos términos de Algeciras a Gibraltar por Enrique IV de Castilla perjudicó sobremanera a Tarifa. Pero la decisión real no era gratuita. Respondía al proyecto que iría tomando cuerpo a lo largo de los siglos de centrar en la ciudad del peñón el eje de la defensa de estas costas. Su Muelle Viejo era capaz de abrigar las galeras destinadas a defender el Estrecho, capacidad multiplicada con la posterior construcción del Muelle Nuevo. Había de suplir así a la arrasada Algeciras como ciudad cabecera regional. Por tanto, desde finales del Medievo, Tarifa quedó relegada a permanecer como una plaza militar de segundo orden, con un sistema defensivo desfasado, adecuado sólo para "batalla de manos", en palabras de nuestro personaje.
Sobre las torres de vigilancia costera ya se ha escrito lo suficiente en otras ocasiones, por lo que solamente se reseñarán sus nombres. Se trata, respectivamente, de las de la Peña, Guadalmesí, de la isla y Vieja o del cabo de Gracia (23).
No hay referencias a otras torres tarifeñas, que serían erigidas con posterioridad, como las del cabo de Plata o Nueva y la de Punta Paloma. La de Bolonia, como es sabido, no pasó de la fase de proyecto (24).
El resultado de los alardes realizados por Luis Bravo de Laguna en 1577 se refleja en el siguiente cuadro (25), en el que se consignan las fuerzas presentes en cada población y, entre paréntesis, los que estaban ausentes en ese momento. Conviene recordar, a la vista de estas cifras, la opinión de Adolfo de Castro en relación a los socorros que llegaban a defender el entorno costero del Cádiz tomado por los ingleses en 1596: "Era inmenso el número de tropas que había juntas y esparcidas por todas estas costas para impedir en ellas desembarco de ingleses; pero la gente no estaba diestra en el manejo de las armas, y sólo sirvió para contener con la presencia de su muchedumbre los intentos del enemigo, que la creyó terrible y mas a punto de guerra" (26).
|
Lugares |
Capitán |
Arcabuceros |
Lanceros |
Ballesteros |
Alabarderos |
Caballería |
Artilleros |
Hombres |
Vecinos |
|
Puerto Real |
2 |
98 |
48 |
36 |
11 |
29 |
445 |
600 |
|
|
Chiclana |
220 (15) |
60 (57) |
30 (6) |
65 (8) |
451 |
||||
|
Conil |
106 (37) |
60 (59) |
40 (4) |
31 (24) |
4 |
400 |
|||
|
Barbate |
Alcaide |
5 |
Guarda |
||||||
|
Vejer |
Más de 250 |
Más de 250 |
80 |
Más de 1000 |
|||||
|
Zahara |
Alcaide |
680 |
|||||||
|
Tarifa |
72 |
11 |
1.014 |
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) Aunque el apellido
de este personaje ha sido reiteradamente publicado como Laguna, sin
"s" al final, aquí la añadimos siguiendo el tenor de la
documentación que manejamos: Archivo General de Simancas (A.G.S. en adelante).
Guerra Antigua. Legajo 83. Relación para S. M. de lo que Luis Bravo de
Lagunas ha hecho desde la villa de Tarifa hasta Puerto Real. Año 1577, s/n,
donde su firma manuscrita no deja lugar a dudas. Así lo venimos haciendo desde
nuestra publicación de "Almenaras en el estrecho de Gibraltar. Las torres
de la costa de la Comandancia General del Campo de Gibraltar". Instituto
de Estudios Campogibraltareños, vol. 16. Algeciras, 2001. De igual manera
se conduce Alicia Cámara Muñoz, Fortificación y ciudad en los reinos de
Felipe II. Ed. Nerea. Madrid, 1998. Desconocemos el origen de la otra
grafía, toda vez que la documentación que obra en el antiguo Servicio
Histórico Militar, hoy Instituto de Historia y Cultura Militar, recoge la
grafía "Lagunas".
(2) KAGAN, R. Ciudades del Siglo de Oro. Las vistas españolas de Anton Van
den Wyngaerde. Ediciones El Viso. Madrid, 1986.
(3) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. Fortificación y poblamiento en la orilla norte
del estrecho de Gibraltar-De Trafalgar a Sierra Bermeja. Tesis doctoral
inédita. 2002.
(4) A.G.S. M.T. Costa de Granada. Leg. 165. MORENO, A. Copia de la relación
que dio Antonio Moreno de los Puertos, Calas, aguadas y abrigos que ay en la
costa del reyno de Granada. 1567 (APARICI GARCÍA, J. Opus Cit. Vol.
23. Fol. 339).
(5) A.G.S. G.A. Leg. 74. Fol 1. En SÁNCHEZ RAMOS, V. "La visita del
capitán Antonio de Berrío a la costa del Reino de Granada en 1571". Arquitectura
e iconografía artística militar en España y América (siglos XV-XVIII).
Actas de las III Jornadas Nacionales de Historia Militar (Sevilla-1993).
Cátedra "General Castaños". Sevilla, 1999. pp. 463-489.
(6) A.G.S. M.T. Leg. 797. DE CASTILLEJOS, A. Planta del castillo de Tarifa.
1611.
(7) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "El ingeniero mayor Spannocchi en Tarifa. El
reconocimiento de 1603". ALJARANDA, nº 48. Tarifa, 2003.
(8) Memorial de Ingenieros del Ejército. Madrid, 1911.
(9) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-34. Carta de Luis Bravo de Lagunas al
Rey. 13 de marzo de 1577. Fol. 1.
(10) Ibídem.
(11) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-50. Sanlúcar de Barrameda, 7 de
mayo de 1577.
(12) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-51. Carta de Luis Bravo de Lagunas al
Rey. Sanlúcar de Barrameda, 2 de junio de 1577.
(13) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-49. Carta de Juan de Aguilar al Rey.
Sanlúcar de Barrameda, 10-5-1577.
(14) CALDERÓN QUIJANO, J.A. Las fortificaciones de Gibraltar en 1627.
Anales de la Universidad Hispalense. Filosofía y Letras. Vol. 28. Universidad
de Sevilla. 1968. Edición que recoge la transcripción, ilustraciones y notas
de Luis Bravo de Acuña, Gibraltar fortificada. Museo Británico.
Londres. Mss. Add. 15.152. año 1627.
(15) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-53. Carta de Luis Bravo de Lagunas al
Rey. 16 de julio de 1577.
(16) Ibídem. p. 7.
(17) SANCHO DE SOPRANIS, H. "El viaje de Luis Bravo de Laguna y su proyecto
de fortificación de las costas occidentales de Andalucía de Gibraltar a
Ayamonte". Archivos del Instituto de Estudios Africanos, vol. 42.
C.S.I.C. 1957. pp. 23-78. Nuestra revista también se ha hecho eco en varias
ocasiones de algunos aspectos de esta visita. Véanse, por ejemplo, SARRIÁ
MUÑOZ, A. "Geopolítica del Estrecho. La política de Tarifa". ALJARANDA,
nº 21. Tarifa, 1996. pp. 16-19; y SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "Moros en la
costa". ALJARANDA, nº 33. Tarifa, 1999. pp. 7-13.
(18) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83-46. Carta de Luis Bravo de Lagunas al
Rey. Puerto Real, 10 de abril de 1577.
(19) Ibídem.
(20) El interesante trabajo de Sancho de Sopranis se encuentra muy divulgado,
pero en las transcripciones de los textos de Bravo de Lagunas incurre en algunas
erratas que solventamos en la versión actual. Para su fácil identificación,
subrayamos en nuestro texto las palabras o frases erróneamente publicadas en
1957, sin considerar, obviamente, la actualización de las grafías.
(21) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "Moros...".
(22) A.G.S. M. T. Legajo 271. Gibraltar, 1587. ESPANOCHI, T. (APARICI GARCÍA,
J. Opus Cit. Sección Primera. Vol. III. Sign. 1-5-3. Fol. 42): "Respondo
que los vecinos de esta ciudad que serán algunos ochocientos hombres de pelea,
son diferentes de los de otras partes porque todos son soldados y hacen su
guarda y ronda repartidos con buena orden y cierto que obligan a V. Magd.
tenerlos por encomendados".
(23) SÁEZ RODRÍGUEZ, Á.J. "Almenaras en las costas de Tarifa (I y
II)". ALJARANDA, nº 20 (pp. 19-25) y nº 21 (pp. 20-25). Tarifa,
1996; "Defensa costera y almenaras en el Campo de Gibraltar". En Actas
del II Ciclo de Conferencias Universitarias del Campo de Gibraltar, vol. I
de Cuadernos del Instituto. I.E.C.G. Algeciras, 1996. pp. 147-165;
"Nuevas noticias sobre las torres de almenaras de Tarifa". ALJARANDA,
nº 38. Aytº. de Tarifa. 2000. pp. 4-17; Almenaras en el estrecho de
Gibraltar. Las torres de la costa de la Comandancia General del Campo de
Gibraltar. Instituto de Estudios Campogibraltareños, vol. 16. Algeciras,
2001.
(24) "Una nueva población en Bolonia: el proyecto de Juan Bernardino de
Ahumada de 1664". ALJARANDA, nº 35 y nº 36. Aytº. de Tarifa.1999
y 2000, respectivamente.
(25) A.G.S. Guerra Antigua. Legajo 83. 1577. Fols. 59 y ss.
(26) DE CASTRO, A. Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos
remotos hasta 1814. Diputación Provincial de Cádiz. Imprenta de la Revista
Médica. 1983. pp. 404-405.
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