| PERSONAJE TARIFEÑO |
ALJARANDA |
Juan serrano Meléndez
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Juan Serrano Meléndez. (Foto: M. Rojas). |
El titular que nos visita en este número de ALJARANDA es un personaje sencillo, sin grandes pretensiones, de los muchos que afortunadamente nos quedan todavía y que pasean diariamente por nuestras plazas y calles.
Con su gorra, gafas de sol y bastón lo vemos a diario caminar seguro, dándose numerosos paseos y saludando a todo el mundo, él con su gracia peculiar gasta bromas a sus amigos de tertulia y lo mismo está sentado junto a la Puerta de Jerez que, a los cinco minutos, se está tomando una copa en la Sociedad de Caza y Pesca "La Araña".
Precisamente que en esta Sociedad y tomando unas copas le preguntamos por la edad, él con una sonrisa mientras sostiene una copa de vino de chiclana nos contesta: estoy metido en los noventa y seis años, nací el 8 de febrero de 1908 y aquí estamos hasta que Dios quiera.
Juan Serrano Meléndez, que es su nombre aún cuando muchos le dicen Serranito, es un personaje querido y entrañable. Se casó en el año 1936 con Antonia Castro Jiménez y vivió en la calle Estanco Viejo, y como por aquél tiempo no había cuarteles, parte de la tropa militar tenía que pernoctar en la casa de nuestro personaje, por lo que su mujer debía irse a dormir a casa de su madre.
A los siete meses de casado lo movilizaron para la guerra civil, pasó la guerra en Villaviciosa de Odón, Talavera de la Reina, Valladolid, Oviedo, Soria y Zaragoza, asimismo estuvo luchando en Mora del Ebro, pasando finalmente a Marruecos y licenciándose, cuando terminó la guerra, en Alhucema.
Una vez en Tarifa tras la guerra, entró a trabajar en la fábrica de conservas de Rafael Utrera Martínez, marchándose luego al campo para hacer carbón y cisco que posteriormente traía en unos borricos vendiéndoselo a Curro Puerto en la calle de Guzmán el Bueno al precio de 15 pesetas el saco. Cuenta una anécdota que le pasó en el año 1956 con el entonces alcalde Juan Antonio Núñez Manso, el primer edil le prohibió que entrase los domingos al pueblo con los borricos cargados de carbón, nuestro amigo Juan Serrano se presentó para ver al alcalde y le dijo que si tenía tres días para trabajar en la dehesa y dos de ellos llovía, no podía hacer carbón, y que a él le daba igual que fuese domingo o martes, que él venía al pueblo cuando tenía hecho el carbón y que no estaba pendiente del almanaque.
Luego cuando volvió al pueblo vivió en la plaza de San Martín, una gran casa de vecinos de las muchas que había en Tarifa, y de nuevo entra a trabajar en una fábrica de conservas de pescado, en esta ocasión en la de Salvador Pérez Gutiérrez, donde estuvo 14 años hasta su jubilación.
Dice que el mejor alcalde que ha tenido Tarifa fue don Carlos Núñez y Manso, que fue quién hizo los grupos escolares y trajo el agua a nuestra ciudad.
Juan Serrano actualmente es viudo, pues su esposa murió hace 13 años, vive en la calle Bailén nº 30, se levanta diariamente a las ocho de la mañana, desayuna y se va a la calle para hablar con sus muchos amigos, tiene muy buen humor, toma sus copitas de chiclana y da largos paseos, esto, según él, es la clave de esos casi noventa y seis años.
Desde nuestra revista deseamos que podamos verlo muchos años más.
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