| HISTORIA |
ALJARANDA |
La Guerra Civil en Tarifa
Juan Navarro Cortecejo
Con este trabajo pretendo iniciar unos resúmenes sobre un estudio que he elaborado sobre este periodo y que es conocido por algunos compañeros de ALJARANDA y que me gustaría que conocieran todos los lectores de nuestra Revista.
Como ya contamos en su día Wenceslao Segura, en ALJARANDA y un servidor en la Revista Tarik leyendo, repasando actas, libros de cuentas (gastos e ingresos del Ayuntamiento) se demuestra que, si bien en los primeros meses de la Guerra hubo episodios trágicos (como muertes, fusilamientos, represión, presos, paseos, purgantes, etc.) entre la población tarifeña, podemos observar que tras estos primeros momentos se hace una vida normalizada, entendiendo siempre que ya había familias que habían sufrido en sus carnes las secuelas de la guerra, y otras familias se mantenían en vilo, al tener hijos, padres, maridos en el Frente y no saber qué les podía pasar, esperando ansiosamente noticias de sus seres queridos, naturalmente no podían vivir todo lo feliz que ellos quisieran. Salvado este extremo, la vida continuaba normalmente; como ya dijo el historiador tarifeño José María García León, el resto de la guerra transcurrió dentro de cierta tranquilidad, en contraste con otras zonas de la Península que fueron teatro de acciones realmente violentas. Si todas las guerras son malas, absurdas, una guerra entre españoles, entre hermanos, entre vecinos de un mismo pueblo, es el cenit de la insensatez. En nombre de esa mal llamada guerra civil, muchos españoles, muchos tarifeños sufrieron en su propia carne el azote sangriento de aquella guerra fratricida. Y es bueno que todos conozcamos el qué, el cómo y el porqué de esa guerra para sacar una provechosa lección, que jamás debería repetirse tamaño disparate y que todos podamos vivir en paz, en convivencia, sabiendo respetar las ideas de cada uno.
Conociendo estas amargas páginas de la mal llamada Guerra Civil en Tarifa (y que las trato en este trabajo con mucha profusión), también he querido contar relatos, episodios, nombres, datos de estos años 1936-1939, que conforman lo que yo siempre llamo "la pequeña historia de Tarifa", para mi tan importante como la Historia con mayúsculas, y que es la que realmente siempre me gustó y me cautivó.
Dada la inexistencia de periódicos o revistas tarifeñas en esos años (el último periódico que pudimos leer los tarifeños fue el Sur, en 1935) porque fueron prohibidos por la imperante censura que conllevó aquel régimen, he tenido que acudir a la información oral, boca a boca, de personas mayores que vivieron o conocieron algún episodio de esta terrible guerra; así como acudir al Archivo Municipal tarifeño, de donde he sacado el grueso de este trabajo, tras consultar muchos, muchos legajos del mismo con la inestimable ayuda de Archivera y bibliotecarias.
Algunas notas sueltas de los pocos libros y revistas que sobre el tema se han escrito en Tarifa, casi todos ellos en los últimos tiempos, en las revistas Almoraima, ALJARANDA, Tarik, libros como el de mi amigo Juan Quero (toda una lección), el de Sebastián Romero, artículos, conferencias de Wenceslao Segura o los muy interesantes comentarios que sobre el particular han escrito José Araújo Balongo o Nieves García Benito; poco más...
Aunque ya han pasado más de sesenta años, aún sigue siendo un tema tabú, pero que yo afronto con el ánimo de no ofender a nadie, ni a supervivientes, ni a familiares directos. Simplemente, quiero contar lo que ocurría en Tarifa en ese periodo; como se vivía, los protagonistas, etc. En otros pueblos vecinos ya se ha hecho, como el caso de Jimena, San Roque, Algeciras, La Línea, Alcalá, y nadie se ha rasgado las vestiduras.
Quiero hacer constar que salvo muy poquitas cosas, sólo tenemos datos del bando ganador, por lo que aparecen mucho los términos "adhesión inquebrantable", "odio y persecución a todo aquello que oliera a rojo", por poner algunos ejemplos.
Vemos como el Ayuntamiento, cuyo alcalde es elegido a dedo y nombrado por los militares, hace una labor administrativa y protocolaria. Y sigue haciendo su labor en todos los aspectos: paga a sus trabajadores, paga pensiones a huérfanos y mutilados de guerra, mantiene sus gastos e ingresos como cualquier año, aunque se observan muchas curiosidades que iré enumerando. Podemos conocer los establecimientos de esos años, a los que compraba el Ayuntamiento. Se cambia el nombre de las calles y se arreglan muchas de ellas (como ocurre cada vez que se cambia de régimen). Hace una labor social y subvenciona las cantinas escolares, comedores escolares, becas de estudios, contribuye a la mancomunidad sanitaria, socorros domiciliarios, etc. A su vez hay una serie de suscripciones patrióticas que, dada la penuria económica del Ayuntamiento, llama mucho la atención.
Los tarifeños tienen también tiempo para el ocio, de manera que hay cine (en el Salón Medina), toros, teatro. Las casetas de baños funcionan y hacen buenas recaudaciones, ejercía su actividad el casino, etc...
Se nota en estos años la afluencia de militares a nuestra población. Son muchos también los tarifeños que están en el Frente, en los diversos regimientos, que mandaban "el reintegro del ejercito" aquí al Ayuntamiento, éste a su vez paga una y otra vez los pasajes para el viaje de los mismos.
Veremos el protagonismo de la Falange, sus jefes, afiliados, actividades de la misma, los flechas, las distintas sedes de Falange en Tarifa, etc. Comentaremos los primeros días de la guerra, como transcurrió la guerra en Tahivilla o Facinas. Igualmente, veremos qué pasaba con la enseñanza en este periodo, los maestros y maestras, las depuraciones, la figura de don Amador, ...
Un capítulo que titulo "denuncias e informes", que nos dan algunas noticias sobre los tarifeños que lucharon en zona republicana (que hasta ahora habían sido muy escasas). También podremos saber que durante la guerra nos visitaron militares italianos, alemanes y portugueses.
En el apartado de las suscripciones patrióticas, nos enteramos que Tarifa contribuyó a la compra del sustituto del Acorazado España, o a la compra de un avión para el Ejercito Nacional, o ayuda a las "ciudades liberadas".
Del mismo modo, expondré como al estallar la guerra los tarifeños se afilian a la Falange, unos por convicción y otros por miedo a las represalias contra él o contra su familia. También veremos una relación de soldados tarifeños, de heridos, de caídos en la guerra, de los fusilados; de algunos de los tarifeños que estuvieron en cárceles, campos de concentración, batallones de trabajadores, etc. y datos sobre personajes como don Amador, don Francisco Terán, Ignacio Pertíñez, ...
Y muchos más episodios que ocurrieron en estas fechas en nuestra ciudad.
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Monolito erigido en 1949 en honor del desembarco de Mora Figueroa en la península. (Foto: Jesús Terán) |
El 18 de julio de 1936 la legalidad republicana quedó interrumpida ante la rebelión de las tropas capitaneadas por el General Franco. Con ello se abría un doloroso capítulo en nuestra historia, una Guerra Civil que duró tres años. Desde el primer momento del Alzamiento, nuestra ciudad cayó sin dificultad en manos del ejercito rebelde. El mismo 18 de julio desembarcan en la ciudad tropas sublevadas procedentes de África. Concretamente una bandera de la Legión en dos faluchos, "el Pitucas" y "Nuestra Señora del Pilar", facilitados por el Consorcio Nacional Almadrabero. Al frente de estas tropas entraron dos destacados miembros de la derecha local, los señores Mora Figueroa y Romero Abreu, además de Martínez Toledo, Juan Avenza, etc.
Pero la toma efectiva de la ciudad no se produce hasta el 24 de julio, en que entran en la ciudad tropas de regulares y marroquíes, éstos con sus turbantes que le envolvían la cabeza una túnica hasta el suelo y unos pantalones de grandes perniles. Cuando llegaron las tropas se situaron estratégicamente, en la Puerta de Jerez, donde paraban y cacheaban a todo el que por allí pasara, así como en otros puntos de la ciudad. Que sepamos, no hubo ninguna confrontación ni con los militares ni con las propias autoridades que huyeron el mismo día, ante las noticias que venían de Algeciras y de La Línea.
El 25 de julio tuvo lugar el bombardeo del Churruca, de la armada republicana sobre instalaciones militares de la población, bombardeo que volvería a repetirse en la primera semana de agosto, aunque en este punto existen discrepancias al creer algunos que las bombas caídas no eran producto de un bombardeo, sino de un combate naval en el Estrecho entre los barcos Jaime I, Libertad, Churruca, etc. Al amanecer del día siguiente, la 18 Compañía de la 5ª bandera de la Legión pone los pies en Tarifa e inmediatamente pone rumbo a Jerez. Muchos ciudadanos se ofrecen al comandante militar y se organizan milicias, que carecen de armas y de planificación.
Mandaba las tropas el teniente Mendez-Reverdito, que obliga a los soldados a reponer los objetos que habían robado en el asalto a la casa de Don Amador. Me cuentan algunas personas, que lo vivieron, que los civiles fueron más duros que los militares, y es que se llevaba aquello de "escarmiento a los rojos", recordemos lo que escribió José Pettenghi: "la pasión política nubla el entendimiento humano".
El mismo día que es ocupada Tarifa llegan las tropas a Facinas, saliendo a recibirlas únicamente Miguel Navarro Acuña (que más tarde sería alcalde pedáneo) y el cabo de la Guardia Civil. El capitán que mandaba el grupo de regulares de Ceuta que ocupó esta aldea era Juan Miguel Villar, el cual posee un archivo privado donde relata todos estos sucesos.
Como ya he comentado, lo peor de la guerra, con ser también muy trágico, no es lo que ocurrió en los campos de batalla, sino el comportamiento de algunos tarifeños hacia sus propias gentes, sus vecinos, sus amigos y hasta de su propia familia, donde imperaron las bajas pasiones, la envidia, el afán de venganza, que llegaría incluso a matar a muchos inocentes, por simple fobia, por odio. Todos hemos oído a través de nuestras vidas, sobre todo los niños de la postguerra, de aquellos chivatos, soplones, que iban con cuentos a los militares y autoridades, denunciando a inocentes, que más tarde eran detenidos, encarcelados y muchos de ellos fusilados. Aunque todos conocemos a algunas de aquellas innobles personas, no sería bien visto, ni creo que ético, en un pueblo pequeño como éste, el levantar otra vez estas historias, aunque en verdad sí que merecerían que todos conozcamos sus nombres, pero no así sus familias, que no tuvieron vela en ese entierro y por ello no tienen culpa de nada. Sí podemos decir que siempre se comentó que entre ellos se encontraba algún guardia municipal, algún falangista exaltado, algún funcionario reaccionario, etc.
Los muertos en un bando (los nacionales) recibieron honores, misas, y muchos de ellos fueron glorificados e inmortalizados en monumentos, monolitos, como aquellos que estuvieron durante muchísimos años en el puerto tarifeño, con los nombres de algunos de los caídos, hijos de Tarifa, (que por cierto con la llegada de la democracia, no sé donde fue a parar) o aquella otra placa que estuvo en la fachada de la iglesia de San Mateo, en honor de José Antonio y los caídos por España, o aquella otra en la plaza Oviedo. Pero de los caídos en el otro bando nada se supo, ni de los muertos en acción de guerra, ni de los fusilados, que ni siquiera sabían donde fueron enterrados para poder rezarles y llevarles unas flores. Y nos hemos preguntado muchas veces, todos estos que cayeron abatidos, bien en las tapias del Cementerio, bien en la playa de los Lances, bien en Vicos, Facinas, porqué y para qué. En esta guerra no venció nadie, sólo perdió España, que perdió a más de un millón de españoles, un buen numero de mutilados, inválidos y un panorama de hambre, miseria y enfermedades.
Como en toda España, aquí también se perdieron intelectuales de mucha valía como son los casos del periodista D. Millán Contreras, o de Miranda de Sardi que aunque no era tarifeño, ejerció de tal como director de los periódicos tarifeños El Progreso, Vox Populi, etc. O el gran ingeniero Díaz Ronda.
Si relato todos estos hechos no es para avivar esa llama que se iba extinguiendo, sino para que sirva como homenaje a todos aquellos tarifeños que cayeron en esta estúpida guerra, tanto en un bando como en el otro, a los fusilados y a los que sufrieron represión.
En cuanto entraron las tropas en Tarifa, fueron detenidos muchos de los elementos más representativos de la política local, los de Unión Republicana, los socialistas, los que pertenecían a sindicatos como la CNT o UGT, casi todos fueron detenidos y fusilados más tarde, otros tuvieron más suerte y huyeron, bien a través de las sierras, y casi todos recalaban en Málaga; otros lo hicieron por mar, en un bote, en un barco de pesca, en barco de guerra e incluso algún otro nadando. Éstos llegaban a Tánger y, muchos de ellos, de allí partirían para Málaga donde se formó un Batallón, el Pablo Iglesias, donde llegó a haber más de sesenta tarifeños luchando por sus ideales republicanos al lado de su capitán, que también fue su alcalde, Amador Mora Rojas, éste murió, tras un error de sus propias gentes, pasando a formar parte de una de las historias más trágicas de la Guerra en Tarifa.
Como es sabido, en febrero del 36 Don Amador fue nombrado de nuevo alcalde, mandato que duraría muy poco tiempo, pues la última sesión del Ayuntamiento tuvo lugar el día 17 de julio de 1936. Don Amador tuvo que huir antes de que fuera detenido (y asesinado), y hubo un vacío de poder, hasta que los militares nombraron a dedo a Antonio Morales Lara como alcalde y presidente de la Gestora que iba a llevar los asuntos más bien protocolarios y administrativos que políticos. Pero, como ya dije, pronto fueron detenidos algunos de los miembros más destacados de la izquierda local como José Pérez, Sebastián Romero, José Gurrea, Juan Rodríguez Franco, Juan Pérez Álvarez, José Guerrero Mena, Andrés Sánchez Jiménez, etc. Casi todos fueron fusilados. Muchos de los que huyeron salvaron su vida, caso de S. Romero Pérez, Polvera, Andrés Señor, Ambrosio Núñez, Chamizo Morando, Antonio González, etc.
Ante este panorama, la convivencia entre los tarifeños quedó rota y muchas familias o amigos ni se hablaban. Unos por miedo, otros por envidia hacia ese vecino, otros por afán de protagonismo y ansias de grandeza, lo cierto es que apareció la ruindad, la bajeza moral; de manera que, como ya dijimos, hubo esos chivatos, mientras que otros se presentaban voluntarios para fusilar o dar el purgante. Se formó una milicia, que junto a un grupo de falangistas (los más exaltados) merodean por el campo o la ciudad a la caza y captura del rojo "elemento peligroso". Así vemos como en 1939, ya pasada la guerra, capturan a Diego Lozano Meléndez (que fue presidente de la UGT en Facinas) por ser marxista. Esto lo hace la Guardia Civil con la ayuda de un guarda de monte, que fue felicitado por ello por parte de la Corporación que presidía Francisco Terán Fernández. También hay que significar que en Tarifa hubo gente buena, que pese a ser de derechas, no se manchó las manos de sangre, e incluso ayudó a muchos elementos de izquierdas.
Los tarifeños solían oír las pocas radios que existían entonces y también, ¡como no!, esas órdenes, esos edictos, esas charlas que a través de los altavoces enclavados primero en la sede de la Falange y luego en el Ayuntamiento dictaban las autoridades, órdenes emanadas de la "superioridad"... Así como también esas farragosas proclamas de ese siniestro y ambiguo personaje que fue el General Queipo de Llano, monárquico, republicano, franquista, y si no lo echan a tiempo también se hubiese ventilado al mismo Franco. Curiosamente, Miranda de Sardi en El Progreso escribió unos versos sobre él en 1931 que decían:
"General Queipo de Llano,
ciudadano
benemérito,
ejemplar;
soldado
republicano
que
en un gesto singular
en
pro del estado llano
te
alzaste contra el tirano
y
su yugo secular".
Y también Antonio Ramos Argüelles, que le conoció, lo retrata así en su libro: "A mi padre le repugnaba aquel Queipo de Llano, ahora General, a quien había conocido siendo éste teniente de carabineros en Puente Mayorga, cuando nosotros vivíamos allí. Tenía fama el teniencito de carabineros de ser gente sin moral y sin honor ninguno, pues era público y notorio en Puente Mayorga que cobraba dinero por cada alijo de tabaco que dejaba de pasar procedente de Gibraltar para España. Más aficionado a la bebida de la cuenta. Las veleidades de Queipo de Llano con la república y hasta con la Masonería dieron la razón total a mi padre cuando lo había calificado de inmoral, deshonesto, mala persona, intratable, canalla...".
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Desfile de las Juventudes Falangistas con motivo de la inauguración del monolito en el muelle pesquero. 18 de julio de 1949. (Foto: Rafael Sánchez) |
Tarifa no fue escenario de muchos bombardeos, tan sólo en los primeros días conocimos el bombardeo del Churruca (el encargado del Faro fue arrestado por abandonar el mismo cuando dicho barco bombardeaba la población). Otros huyeron al campo, como comentaba Juan Pantoja cuyo padre se llevó a él y a sus hermanos. Otras muchas familias hicieron lo propio, como los Villanueva que se fueron al campo y se refugiaron en el Cortijo o Rancho del Pino, en la Angostura, estando de encargado Luis Gómez Notario. Diego Piñero hizo lo mismo con toda su familia, llevándose cerca de tres mil bonitos secos que colgaban del techo de la fábrica de conserva, y entre eso y las frutas que había en los alrededores del cortijo pasaron varios meses.
Muchas familias del campo fueron castigadas por ayudar a algunos tarifeños que huían campo a través y que cuando llegaban a algún cortijo pedían agua o alimento. Muchos bienes de los detenidos y de los huidos fueron requisados, como fue el caso de Chamizo Morando al que le fue incautada su casa de la calle Reina Regente que fue convertida en cuartel de la Falange.
El ir y venir de militares, los incesantes desfiles, las proclamas victoriosas cada vez que el ejército nacional tomaba una ciudad importante, el desfile de los niños flechas y el entierro o misa de algún falangista muerto en el frente, era lo que denotaba que estábamos en guerra; así como ese flamear de banderas, los himnos, las guardias de noche de los milicianos de los falangistas, los triunfantes gritos de España, una, grande, libre, o aquello de Caídos por Dios y por España ¡presentes!, etc.
En Tarifa, como en toda España, se daba el caso de jóvenes que tenían ideales cercanos a la República, que eran movilizados a la fuerza y tenían que luchar contra lo que ellos mismos defendían. Como nos contaba Juan Quero en su fabuloso libro, él mismo, sin quererlo, tuvo que luchar con los nacionales. También aquí se dio el caso de hermanos, que mientras uno se hallaba luchando en el Frente a favor de la República, el otro era un activo elemento de la Falange local.
Como todos sabemos, la ayuda de Alemania, Italia y Portugal fue fundamental en la victoria franquista en la guerra. Pues bien, hasta Tarifa, sin ser escenario de batalla, arribaron los Italianos,que vinieron en un barco de guerra, el R.E. FALCO. Igualmente, nos visitaron los alemanes presididos por el Cónsul de Alemania en Cádiz con una compañía de marinos y una delegación militar de Portugal. Todos ellos fueron fielmente recibidos y agasajados con banda de música, lunch, vino, comida, regalos, etc.
Aunque Franco proclamó por activa y por pasiva que se iba a tener piedad, que no habría represalias con los perdedores, unos años después de terminada la guerra, la represión seguía y de una forma brutal y despiadada; los derrotados sufrieron humillaciones, fueron llevados a cárceles, campos de concentración, les hicieron trabajar en esos conocidos "Batallones de Trabajadores", siendo ellos los primeros en reconstruir España haciendo caminos, carreteras, etc.
Aquí mismo existieron varios Batallones de Trabajadores, en Punta Paloma, en el Puerto de Bolonia y el de Nuestra Señora de la Luz. En la carretera Facinas-Los Barrios creo que existió uno donde la mayoría de los presos eran catalanes.
Igualmente, conocemos a muchos tarifeños que sufrieron esas cárceles, esos campos de concentración o estuvieron en esos Batallones de Trabajadores como veremos más adelante. Muchos otros perdieron sus puestos de trabajo o fueron degradados, como fue el caso de Pedro Ramos Manso, un funcionario inteligentísimo, de vasta cultura, que fue vilmente humillado y engañado, os sugiero que leáis el interesante y precioso trabajo que escribió mi buen amigo José Araújo Balongo en estas mismas páginas de ALJARANDA y que tituló "El Republicano", que entre otras cosas decía : "Fue movilizado y reconvertido en oficial del ejército republicano, donde para aprovechar su inteligencia y su capacidad organizativa, le destinaron a un puesto de importancia en abastecimiento y transporte de una determinada zona militar. No disparé ni un solo tiro, presumía. Cuando aquella locura terminó se entregó voluntariamente a Franco confiando en su palabra, cuando decía que nada tenían que temer los vencidos que no se hubieran manchado las manos de sangre. A pesar de ello fue detenido, interrogado, encarcelado, juzgado y condenado. El fiscal pidió pena de muerte, al final tuvo suerte y la pena quedó en diez años de prisión, la pérdida de los derechos civiles, la depuración como funcionario del Estado. Redimió penas, se benefició de algunas amnistías y a los cuatro años fue puesto en libertad condicional, por lo que tenía que presentarse semanalmente a las autoridades y solicitar permiso para transitar por el territorio español y no podía viajar al extranjero".
BIBLIOGRAFÍA
- SEGURA GONZÁLEZ, W.
Libro sobre la República y trabajos en ALJARANDA.
- GARCÍA LEÓN, J. M. Tarifa. Diputación de Cádiz.
- QUERO, J. Facinas.
- RAMOS ARGÜELLES, A. El Hijo de un Republicano Fusilado.
- MIRANDA DE SARDI. Artículos en El Progreso.
- DE MORA FIGUEROA, J. Datos para la Historia de la Falange Gaditana.
- ARAÚJO BALONGO, J. Relatos en la Revista ALJARANDA.
- Distintos legajos del Archivo Municipal de Tarifa, que iré enumerando en los
sucesivos trabajos.
- Informantes: Juan Ríos Bernárdez (q.e.p.d), José Ortega (q.e.p.d.).
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