| HISTORIA |
ALJARANDA |
La onomástica romana en Tarifa
Enrique Gozalbes Cravioto
La epigrafía latina recuperada en Baelo Claudia, en la ciudad romana ubicada en la ensenada de Bolonia, permite la realización de algunos estudios acerca de la sociedad de la antigüedad en el territorio de Tarifa. El conjunto principal de la información al respecto, en el contexto de su medio geográfico más cercano, fue recogido en el libro de Julián González, Inscripciones romanas de la provincia de Cádiz (Cádiz, 1985). En fechas más recientes, dicha colección ha sido completada con algunos nuevos ejemplares, pocos y muy fragmentarios, en la obra de J.N. Bonneville, S. Dardaine y P. Le Roux, Belo V. L´Épigraphie. Les inscriptions romaines de Baelo Claudia (Madrid, 1988) (1). En estas publicaciones se recogen los textos epigráficos latinos, con su transcripción y también una traducción de los mismos (en un caso al español, en el otro al francés).
La relación de casos, sin ser muy numerosa, permite una aproximación (siempre provisional) al tipo de sociedad que existía en la zona de Tarifa en época romana. Una población de raigambre púnico-indígena, no olvidemos que Ptolomeo (II, 4, 6) menciona Belo y Mellaria como ciudades de poblamiento bastulo-púnico, y las monedas acuñadas por la ceca de Bailo muestran su pertenencia al tipo de las denominadas "libio-fenicias"; a partir de la época de Augusto se intensificará la romanización, que alcanzará su plena dimensión en época de Claudio, que promocionará Baelo al status municipal, y de Vespasiano, bajo quien (sin duda) Mellaria accedió a la municipalidad latina (2).
Los epígrafes latinos de la antigüedad constituyen, en cierta forma, un sustituto de los perdidos documentos de estos municipios tarifeños de época romana. El tratamiento de este tipo de documentos tiene su propia problemática, a partir del formulario típico que se utiliza (sobre todo en los de carácter funerario) y que, según las zonas, y hasta las localidades, presenta algunas variantes. Es cierto que la mayor parte de estas inscripciones, hasta un número de 45, son pequeños fragmentos que no permiten obtener datos, ni siquiera deducir su carácter. De las restantes, en total de 49, se puede establecer la siguiente clasificación:
| Tipo de epígrafe | Nº epígrafes | Porcentaje |
| Votivo
(re |
4 | 8’2 % |
| Imperiales honor | 2 | 4’1 % |
| En
br |
7 | 14’2 % |
| Municipales | 6 | 12’2 % |
| Funerarias | 30 | 61’3 % |
El latín de las inscripciones de la zona no permite obtener conclusiones con un carácter significativo, por cuanto el formulario es del mismo tipo (con sus matices locales) del general de época romana. Encontramos en Baelo la existencia de un buen taller epigráfico, con unos productos de relativa calidad, que suelen utilizar interpuntuaciones (hederae), bastantes de ellas con forma de corazón. Interpuntuaciones éstas que parecen propias del siglo II. El taller epigráfico en muchos casos presenta un característico alargamiento superior de alguna I o de alguna L. Lo vemos, como buen ejemplo, en este epitafio de Felicula, con alargamiento de la L (cifra 50) en la segunda línea, y también alargamiento de la L final (sigla de Levis=leve) (Fig. 1).
![]() |
|
(Fig. 1). Epitafio de Felicula, muerta con 60 años. |
El estudio de las inscripciones funerarias, por nimios que parezcan los datos que se recogen en cada ejemplar, resulta fundamental debido al alto número relativo de estos documentos. Como reflejamos en un estudio anterior (3) en los epitafios de Baelo (al menos en los hoy conocidos) en muy contadas ocasiones se reflejaba el nombre o la identidad del dedicante, normalmente el familiar más cercano (padre/madre, hijo/a, hermano/a), o bien su heredero de acuerdo con las disposiciones del testamento. Detrás de este silencio puede encerrarse una cierta piedad, en la escasa voluntad por constar en el epitafio, por parte de los padres, de los hijos, o de los cónyuges supervivientes.
Uno de los elementos más característicos en colecciones epigráficas de muchas regiones es la mención del patronímico. Se expresaba en la onomástica romana con la mención del nombre del padre, casi nunca de la madre, entre el praenomen (nombre de pila) y el nombre. En fórmula epigráfica se expresa como ejemplo en Marco, Severo f(ilio), seguido de nomen y cognomen. El hecho se produce, en general, allí donde el grado de asunción de la sociedad romana es mayor. Sin embargo, en Baelo tan sólo lo encontramos en un caso, referido a una mujer muerta con 34 años, Siscinia Novata, de la que se indica que era hija de Quinto.
Se indica, casi por definición, el nombre del fallecido pero no el del dedicante. Pero este silencio piadoso no sólo está referido a la actuación de unos familiares (por ejemplo, los padres) sino que parece generalizado. Así lo encontramos en el hombre anónimo fallecido con 37 años, en el de Marco Sempronio Saturnino (fallecido con 49 años), en el de Lucius Balerio Lucillo (fallecido con 40), en el de Felicula (fallecida con 60), en el de Lucio Siscinio Honorato (muerto con 53), en el de Lucio Annio Plautino, muerto con 21 años, en el de Procne (mujer fallecida con 62 años), etc. El catálogo indica que no sólo los padres silenciaban su condición como dedicantes, sino también otros allegados muy cercanos (como cónyuges o hijos).
Obviamente, no es el caso de uno de los epitafios que han llamado la atención, por sus propias características. Se trata del epitafio de Aemilia Optata, una mujer de la zona de Tarifa, enterrada en la necrópolis de Baelo. Su lápida funeraria es muy sencilla, tan sólo destacan en si mismos los elementos epigráficos conocidos como hederae, en este caso en forma de corazones (característicos del siglo II). No obstante, en esta lápida encontramos de particular el hecho de que la misma venga encabezada no con su propio nombre, sino con el de su madre, Cornelia Phoebas, nombre este último de innegable tradición bastulo-púnica. Incluso puede verse, con cierta facilidad, que el nombre de Cornelia Phoebas, la madre, aparece con unas dimensiones mayores que las de su propia hija, que era la fallecida y allí enterrada. Sin duda, se trataba de una señora de armas tomar (Fig. 2).
![]() |
|
(Fig. 2). Inscripción funeraria de Aemilia Optata. |
Sin duda, esta escasa mención de la identidad del dedicante también se encuentra directamente relacionada con la propia concepción del epitafio. En efecto, en la zona de Baelo el mismo no aparece como una ofrenda dedicada al difunto. En efecto, cuando el epígrafe funerario asume esta función de ofrenda, la expresión del nombre del difunto aparece en dativo y, por la lógica de la propia ofrenda, en muchísimas ocasiones se hace constar la identidad del dedicante.
Caso justamente contrario es el de los epígrafes funerarios de Baelo Claudia. En los mismos vemos como los nombres masculinos no finalizan en "o", caso de la declinación en dativo; por el contrario, los nombres de los fallecidos aparecen con su finalización en "vs", caso del nominativo. Así no es Marco Sempronio Saturnino, sino Marcus Sempronius Saturninus; no es Lucio Balerio Lucillo, sino Lucius Balerius Lucillus; tampoco es Lucio Siscinio Honorato, sino Lucius Siscinius Honoratus. Es también el caso de Caius Carpurnius Honoratus, documentado en este epígrafe, en el que también aparecen grandes hederae en forma de corazones (Fig. 3).
![]() |
|
(Fig. 3). Epígrafe funerario de Caio Calpurnio Honorato. |
Hasta aquí, sin duda, no hay mayores novedades. En la época romana, respecto a la expresión de los nombres, se han detectado dos grandes zonas geográficas. José Vives, que recopiló miles de inscripciones romanas de España, detectó la existencia de diferencias entre dos zonas (4):
1.- El territorio más occidental, formado por la Lusi-tania y la Bética, en donde el nombre del fallecido aparece mayoritariamente en nominativo.
2.- El territorio oriental, más en concreto la zona de Tarraco en la Hispania Citerior, donde predominaba el nombre en dativo.
En suma, la forma de encabezamiento sigue los paralelos más cercanos, en la propia provincia romana de la Bética, pero también en otros ejemplos bastante cercanos. El primero de ellos es el de algunas placas funerarias halladas en Cádiz, encabezadas por el simple nombre del difunto (las más de las veces en nominativo), su edad, y la fórmula final, también generalmente compuesta por el H(ic) S(itus/a) E(st) S(it) T(ibi) T(erra) L(evis). Lo vemos, como buen ejemplo, en esta plaquita funeraria gaditana de la niñita Ivnia Devtera (Fig. 4).
![]() |
|
(Fig. 4). Epígrafe funerario de Gades. |
El segundo modelo más cercano lo encontramos en el cercano litoral del Norte de la Mauritania Tingitana, donde este tipo de formulario también se repite en Tánger (la antigua Tingi) y en Lixus (junto a Larache). Lo vemos, como buen ejemplo, en esta placa funeraria, del Museo de Tetuán, hallada en Lixus (Fig. 5).
![]() |
|
(Fig. 5). Epígrafe funerario de Lixus. |
Sin duda, el parecido en el formulario de epigrafía funeraria del Norte de la Tingitana, en relación con Cádiz y con Tarifa, es sorprendente. Estos paralelismos se manifiestan también, sobre todo, en la fórmula final, típica de la Lusitania y la Bética, no así de la Tarraconense, de las Galias, de Italia del Norte, de Roma, o del Norte de África, que sin embargo sí aparece en el Norte de la Tingitana.
La onomástica romana, aparte del patronímico, se fundamenta en el uso del praenomen, normalmente recogido con la simple inicial, el nomen y el cognomen. Este modelo es el de la tria nomina de los hombres, característico de la ciudadanía romana, mientras las mujeres sólo portan duo nomina. El sistema de duo nomina marca un estadio intermedio de romanización, mientras la mayor pervivencia indígena (y con ello resistencia a reflejar onomástica y organización familiar romana) se produce con la expresión simple de nomina.
La epigrafía funeraria de Baelo Claudia marca el uso muy escaso del sistema duodominal, sólo presente por ejemplo en Marco Cornelio, evidente preponderancia de la tria nomina romanizada en los hombres (bastante más del 50% de los hombres). Aún y así, se mantiene un cierto grado (en torno al 28-30%) de hombres que llevan un solo nombre. Caso contrario es el de las mujeres, en el cual existe un equilibrio entre las que llevan duo nomina o simple nomina. Este mayor conservadurismo en la onomástica de las mujeres resulta difícil de interpretar, producto de un mayor peso de la tradición indígena, pero quizás también muestra de la importancia de la esclavitud doméstica.
Centrándonos en el aspecto más puramente onomástico, en los epígrafes que se publicaron en Belo V no encontramos novedades respecto a los epígrafes publicados por Julián González. Los nomina más corrientes, que nos hablan de las principales familias, adoptadas por grandes personajes romanos, nos indican en Baelo una significativa dispersión. En realidad, las únicas dos grandes familias (gens) documentadas son la Iulia y la Siscinia, sin olvidar la tumba colectiva de los Manilios. Pero estos datos pueden perfectamente deberse a la simple casualidad, debido a que el número de piezas no es muy elevado.
Mejores datos parecen obtenerse del estudio de los praenomina. Los praenomina (que, en español actual, podríamos asimilar a los nombres de pila) más usuales de los hombres fueron los siguientes, a partir de los textos epigráficos de Baelo.
| Praenom |
Nº personas | Porcentaje |
| Lucio |
5 |
31’2 % |
| Marco |
3 |
18’7 % |
| Quinto |
3 | 18’7 % |
| Gayo/Cayo | 2 | 9’4 % |
| Tito |
1 | 6’2 % |
| Cornelio |
1 | 6’2 % |
| Flavio |
1 | 6’2 % |
Este cuadro lo podemos comparar con los datos obtenidos en otros centros de la propia comarca del Campo de Gibraltar, si bien debemos destacar que en los mismos no son nada numerosos los epígrafes. En el resto de la comarca, el praenomen más difundido es el de Gayo/Cayo (especialmente en Carteia y en Barbesula), seguido del de Lucio (sobre todo en Jimena, la antigua Obba), en tercer lugar el praenomen de Marco (sobre todo presente en Baesippo), y ya a mucha distancia el de Quinto.
El uso de los praenomina nos identifica la mayor o menor relación que los distintos centros pudieron tener con las grandes capitales, en especial el grado de unidad o de unificación que pudieron alcanzar los territorios. Así, en el conjunto de la Hispania romana, los principales praenomina utilizados (sobre un total de unos 20.000 individuos) son los siguientes:
| Lucio |
31’38 % |
| Caio/Gaio | 22’65 % |
| Marco |
18’89 % |
| Quinto |
11’35 % |
| Publio |
6’04 % |
| Tito |
4’23 % |
Como podemos observar, existe una considerable uniformidad en los praenomina utilizados en la zona de Tarifa y en el conjunto de Hispania. En ambos casos la lista viene encabezada por el nombre de Lucio, además coincidiendo en la proporción de uso del mismo. El nombre de Marco ocupa la segunda posición en la zona de Tarifa, y la tercera en la media hispana, pero el porcentaje (provisional en nuestro caso) de uso del mismo es el mismo. El nombre de Quinto es el tercero en esta zona, y el cuarto en la media hispana, correspondiendo un mayor uso en el primer caso (¿es que aquí existieron más quintos hijos?). También el uso del nombre Tito, en una posición relativamente destacada, coincide bastante. Los cuatro primeros praenomina en Hispania son también, con ligero cambio de orden, los mismos en Baelo Claudia.
¿Qué podemos deducir de este hecho? Nos parece indudable que avala una fuerte uniformidad en la onomástica, de donde puede deducirse una unificación cultural muy considerable, así como la imposición de un modelo de familia romano común en el territorio peninsular. Las Hispanias romanas agrupaban una verdadera confederación de ciudades sometidas a la administración romana. Pero si cada ciudad era independiente de las restantes, el peso de la administración, política y cultura romanas van a ser tan evidentes que también se va a producir una innegable unificación de las estructuras. En este sentido, la onomástica de Baelo Claudia, en la medida en la que señala su coincidencia con la general de las Hispanias, demuestra ese apartado de unificación social, familiar y cultural a las que hacemos referencia.
En suma, el análisis de los nombres y del formulario epigráfico muestra la relativa uniformidad de la sociedad tarifeña en la antigüedad, a partir del ejemplo de los datos rescatados en Baelo, respecto a las que fueron características en el proceso de romani-zación hispano. Algunos aspectos formales parecen indicar también unas relaciones con el cercano litoral africano, con la zona de Tetuán-Ceuta-Tánger-Larache, que representan una cierta identidad, sin duda derivada de la frecuente navegación y contactos entre las comunidades de ambas orillas del Estrecho.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) En esta obra, en el Chapitre X, pp. 127 y
ss., bajo el título de "La société municipale: épigrafphie et
mentalités", se realiza un análisis de otro tipo al que aquí trazamos,
pues se fundamenta sobre todo en los epígrafes honorarios y no tanto en los
funerarios.
(2) Vid. en general, GOZALBES, E. "Tarifa en el mundo antiguo". ALJARANDA,
nº 41. 2001. pp. 4-16. Sobre la ciudad de Baelo y sus restos arqueológicos,
SILLIÈRES, P. Baelo Claudia, une cité romaine de Bétique. Madrid,
1995.
(3) GOZALBES, E. "Aspectos de la muerte en Tarifa en época romana". ALJARANDA,
nº 45. 2002. pp. 4-8.
(4) VIVES, J. "Características regionales de los formularios epigráficos
romanos". Actas del Primer Congreso Español de Estudios Clásicos.
Madrid, 1958. pp. 485-492.
[ Volver al Índice ]