HISTORIA

ALJARANDA

Las varias María Coronel

Wenceslao Segura González

    Es muy posible que la mitificación de Guzmán el Bueno surgiera en su propia vida y su posterior engrandecimiento fuera parejo con el de la Casa de Medina Sidonia del que fue su origen. Basamos nuestra opinión tanto en la existencia de muy antiguas historias mitificadoras sobre el héroe de Tarifa, como en la práctica de asociar a los "héroes", incluso a los de nuestros días, las más sorprendentes hazañas cuando aún viven. Al igual que ocurrió con su marido, también María Coronel (1) fue agasajada con rasgos heroicos, elevándola a una categoría de ser superior en cuanto a sus virtudes morales se refiere.

    El más notable hecho que los biógrafos asocian a María Coronel es el del tizón. Por esos años, que afirman los cronistas fue el 1291, Guzmán el Bueno se encontraba en África al servicio del emir de Fez, mientras que María Coronel con veinticuatro años de edad vivía en Sevilla, a donde la había enviado su marido con parte de sus riquezas ante el temor que su suerte en Marruecos se convirtiera en adversa. Estando ausente su marido, a la Coronel "vinole tan gran tentaçion de la carne que no supo que se hazer" (2). Como ella era castísima y honestísima tomó "gran aborreçimiento de si misma de no aver detenido el pensamiento que le vino". Dando prueba de su fuerza de carácter "asió de un tizón ardiendo que çerca de sí halló, y metióselo por su miembro natural". Su determinación le ocasionó una enfermedad que le acompañó toda su vida, "nunca jamás tuvo ayuntamiento á su marido, porque ella quedó tal que con continua enfermedad y trabajo vivió el tiempo que le turó la vida".

Detalle de la imagen orante de María Coronel, mujer de Guzmán el Bueno, en su sepulcro del monasterio de Santiponce.

    El suceso tomado por todos los biógrafos como cierto, fue recogido por Martínez Montañés cuando en 1609 hizo el sepulcro de María Coronel que se encuentra en el Monasterio de San Isidoro del Campo en Santipoce (3). En el interior de la hornacina donde está su figura orante, dibujó a cada lado un brazo que sostiene un tizón ardiendo en recuerdo del suceso que hemos narrado (4). Este rasgo heroico debió difundirse con rapidez, por ello no es extraño que en la primera mitad del siglo XV el poeta Juan de Mena en la copla 79 de su Laberinto de la Fortuna recordara la personalidad de María Coronel con estos versos, cuya última estrofa también aparece al final del epitafio de su sepulcro:

            "Poco más bajo vi otras enteras.
   
         La muy casta dueña de manos crueles,
   
         digna corona de los Coroneles
   
         que quiso con fuego vencer sus hogueras.
   
         O ínclita Roma si desta supieras
   
         cuando mandabas el gran universo:
   
         que gloria, que fama, que prosa, que verso
   
         que templo vestal a ésta hicieras" (5).

    Poco dicen los biógrafos y cronistas del motivo de las tentaciones carnales de la Coronel. De los pocos que algo refieren sobre el particular está José Amador de los Ríos quien en su Sevilla Pintoresca expone de cosecha propia que fue un criado quien tentó la castidad de la mujer de Guzmán el Bueno.

    Lo que nos interesa del caso que narramos no está en el acontecimiento en sí, sino en las varias María Coronel, que según las crónicas, protagonizaron una historia similar, lo que nos hace dudar de la veracidad histórica en todos los casos. Pocos años después de la muerte de la mujer de Guzmán el Bueno se repite la historia en otra María Coronel, que mantenía parentesco con la familia del héroe de Tarifa tanto por parte de padre como de madre.

    Esta otra María Coronel fue hija de Alonso Fernández Coronel, de quien las crónicas hacen mucha mención por ser personaje muy principal en Sevilla. Era sobrino de la mujer de Guzmán el Bueno, en cuya casa fue criado, siendo merecedor de ser ricamente heredado por su tía. Su protagonismo público lo tuvo en Sevilla, donde por muchos años ejerció el cargo de alguacil mayor, que le exigió su presencia en cuantos conflictos bélicos se produjeron en la Frontera. Por sus buenos oficios fue elegido por Alfonso XI como alcaide de Tarifa, para que la abasteciera poco antes de la decisiva Batalla del Salado. Esta María Coronel de la que ahora tratamos casó con Juan Alfonso de la Cerda, nieto de Guzmán el Bueno e hijo de Alonso de la Cerda y por tanto nieto del pretendiente al trono de Castilla y León. Tuvo María una hermana llamada Aldonza, que se vio involucrada en la historia que luego contaremos y que casó con Álvar Pérez de Guzmán, sobrino a su vez de Guzmán el Bueno.

    Circunstancias políticas, odios personales y ambiciones territoriales se unieron a la lascivia del rey Pedro I que deseaba a las hermanas Aldonza y María Coronel. La tormentosa historia terminó en tragedia. Alonso Fernández Coronel y su yerno Juan Alonso de la Cerda murieron después de encerrarse en Aguilar donde se refugiaron de las iras del rey, no valiendo de nada las peticiones de clemencia que hizo María Coronel para que Pedro I dejara en libertad a su marido.

    Ya viuda, María Coronel se retiró al convento de Santa Clara en Sevilla, donde hubo de ocultarse para huir de las apetencias del rey. Pero hallóse en una ocasión en gran aprieto para eludir los deseos de Pedro I, luciendo su más "valerosa pudicia, y viendo no poderse evadir de su llevada al Rey, abrasó con aceyte hirviendo mucha parte de su cuerpo, para que las llagas le hiciesen horrible, y acreditasen la leprosa, con que escapó su castidad a costa de prolijo y penoso martirio, que le dió que padecer todo el resto de su vida" (6). Tras este suceso, María Coronel fundó el convento de Santa Inés en Sevilla, siendo su primera abadesa. Allí se encuentra enterrada en medio del coro y su cuerpo incorrupto puede contemplarse en una urna de cristal todos los 2 de diciembre, fecha del aniversario de su muerte. Algunos dicen ver en su cuerpo los restos de su heroica acción.

    Si el asunto de la duplicidad en el nombre y en la determinación de conservar la castidad es ya sorprendente, más lo es cuando se busca el origen del apellido Coronel. En antiguas leyendas sobre los linajes de España se afirma que el apellido Coronel procede de Roma, de donde vinieron a España. Allí hubo una gran señora a la que el rey "muy aquexado de sus amores la guerreava de contino". Siendo esta señora casada y muy casta trató de serle aborrecible al libidinoso rey, para ello tomó "azeite hirviendo, y con un ysopillo se lo echó por sus braços y pechos, tanto que aquellas gotas quemantes alçaron empollas, las quales quedaron grandes llagas". Estando a la vista del rey explicó que aquellas repugnantes llagas eran producto del mal de San Lázaro que ella poseía, de inmediato el rey de Roma rehusó su presencia y convencido de la enfermedad de su amada nunca más la pretendió.

    La determinación de esta gran señora llegó a los oídos de la reina, que asombrada del inimaginable gesto "quitó la corona de su cabeça, y pusola en la cabeça de aquella señora, diziendo: «vos meresçeis corona y deveis ser llamada coronada»" y de aquí se llamó esta señora Coronela y sus descendientes Coroneles, donde supuestamente tiene origen el linaje de las María Coronel a las que antes nos hemos referido (7).

    Historias de este tipo debieron de ser del gusto de la población de otras épocas, en este sentido deberíamos poner el romance que el cosmógrafo Pedro de Medina, que trabajaba en la casa de Medina Sidonia, escribió sobre otra María Coronel (8). Está incluido en el manuscrito de su obra Crónica de los duques de Medina Sidonia, pero al ser llevado a la imprenta en 1861, trescientos años después de haber sido escrita, fue publicada sin el citado romance, por entender los editores que era de mal gusto.

    El romance de Pedro de Medina hace referencia a otra María Coronel, que el citado escritor supone sin fundamento que era la suegra de Guzmán el Bueno. El tema sigue siendo el mismo que el antes expuesto. Un rey, en este caso Alfonso X el Sabio, pretende a una honradísima señora, quien para salvar su honor se quemó con aceite hirviendo:

            "En unas asquas puso olio,
   
         que mui ardiente y boraz,
            abrasandole sus pechos
   
         la garganta y lo demás
   
         que le parezió en su cuerpo,
   
         se vino a martirizar" (9).

    La reina descubrió lo ocurrido, honrando a esta nueva María Alonso Coronel poniendo:

            "aquella corona real
   
         en su cauessa, de donde
   
         Coronel vino a tomar
   
         por apellido, por tinbre
   
         ....."

    No queda ahí el romance, ya que Pedro de Medina repite la historia en la hija de aquella María Coronel, que identifica con la esposa de Guzmán el Bueno:

            "De un inçentibo apretada
   
         por conçervar castidad
   
         vsso de vn remedio atrós.
   
         ....
   
         pues con fuego artificial
   
         apasiguó el incentibo
   
         con tanta diformidad,
   
         que estropeandose ella misma
   
         quedó inutil de engrendrar".

    Aún podemos traer otro caso narrado por Ambrosio de Morales (10). Afirma que en Guadalajara era bien conocido que una María Coronel, la "de la gran hazaña del tizón, es la que fundó en aquella ciudad un hospital encima de la fuente, y está allí enterrada en el coro de las Monjas del Real Monasterio de Santa Clara". Ambrosio de Morales expone la confusión entre esta mujer y la esposa de Guzmán el Bueno, escribiendo, erróneamente, que María Coronel hija de Alonso Fernández Coronel fue la fundadora de aquel monasterio y que allí se encuentra enterrada.

    Se denomina "pleito de los tres Guzmanes" a la posible falsedad de una narración que de forma idéntica se repite en varias ocasiones (11). El nombre es debido a que la gesta tarifeña de Guzmán el Bueno se dio de forma similar en otros dos personajes históricos. Se trata de Juan Blancha defensor de Perpiñán y del alcaide del castillo de Perelada, los que tuvieron que sufrir el sacrificio de sus hijos por no entregar sus fortalezas, ambos sucesos acaecidos en el siglo XV en el reino de Aragón.

    Cuando se da lo requerido en el "pleito de los tres Guzmanes" se aconseja poner en duda todas las narraciones, mientras que fuentes fiables no nos inclinen por la veracidad de algunas de ellas. Las historias narradas sobre las María Coronel se encuentran en el grupo anterior, y sin descartar la historicidad de algunas de ellas, deben ponerse en duda todas, mientras que mejores títulos no nos convenzan de lo contrario.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) El nombre correcto y completo de la mujer de Guzmán el Bueno era María Alfonso (o Alonso que era lo mismo) Coronel. Hay que señalar que en la época considerada (siglo XIII) el concepto de apellido aún no había surgido. El sobrenombre Alfonso (que a veces aparece escrito como Alfon o Alphonso) es el patronímico, es decir hacía referencia normalmente al nombre del padre y ocasionalmente al de algún otro antecesor. Coronel representa la alcuña o alcurnia (si es que la persona lo tenía) que normalmente indicaba el solar o lugar en donde la familia tenía su origen y posesiones. En lo que sigue vamos a omitir el patronímico y hablaremos simplemente de María Coronel, utilizando el nombre que se le da habitualmente. Lo mismo haremos con las otras María Coronel, que curiosamente también tenían como patronímico Alfonso.
(2) BARRANTES MALDONADO, P. Ilustraciones de la Casa de Niebla. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. Cádiz, 1998. Las narraciones que hacen los demás cronistas de la casa de Medina Sidonia y otros biógrafos de Guzmán el Bueno coinciden con la de Barrantes.
(3) Sobre el Monasterio de San Isidoro del Campo puede consultarse GIL LASSALETA, A. Historia de Itálica. San Isidro del Campo sepulcro de Guzmán el Bueno. Signatura Ediciones. Sevilla, 2001; y MATEO GÓMEZ I., LÓPEZ-YARTO A., RUÍZ HERNANDO J. A. "El Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla)". En Temas de Estética y Arte. Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Sevilla, 1997. pp. 141-180.
(4) Puede ponerse en duda que dibujos tan toscos como los que decimos sean obra de tan insigne artista como fue Martínez Montañés.
(5) SEGURA GONZÁLEZ, W. Guzmán el Bueno en la poesía española. Tarifa, 1997.
(6) ORTÍZ DE ZÚÑIGA, D. Anales Eclesiásticos y Seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla. Reproducción facsímil. Guadalquivir. Sevilla, 1988. vol. 2. pp.146-147.
(7) BARRANTES MALDONADO, P. Opus Cit. pp. 65-67.
(8) TOSCANO LIRIA, N. "Dos romances inéditos del siglo XVI". En Cuadernos Hispanoamericanos, nº 439. Madrid, 1987. La obra de Pedro de Medina apareció en el tomo XXXIX de la Colección de documentos inéditos para la historia de España, impresa en Madrid el 1861, editados por los marqueses de Pidal y de Miraflores y por Miguel Salva, miembros de la Real Academia de la Historia.
(9) SEGURA GONZÁLEZ, W. Opus Cit. pp.52-60.
(10) DE MORALES, A. Discurso de la verdadera descendencia del glorioso Doctor santo Domingo, y como tuuo su origen de la Ilustrissima casa de Guzmán. 1586.
(11) Enciclopedia Universal Ilustrada Europea Americana. Espasa-Calpe. Madrid, 1991. vol. 27. voz "Guzmán".

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