HISTORIA

ALJARANDA

Aspectos de la muerte en Tarifa
en época romana

Enrique Gozalbes Cravioto

    La sociedad romana integró la muerte dentro de los aspectos regulados a partir de las normas de vida urbana. Las necrópolis, más o menos extensas, eran espacios bien establecidos, como lugar de reposo eterno de los fallecidos. El ritual funerario incluía, según las costumbres de cada momento, en mayor o menor medida la cremación o la inhumación. Y también muchas veces, el recuerdo y la expresión de la identidad del fallecido, en la correspondiente inscripción con su nombre. No obstante, en general, la mayor parte de las tumbas de época romana carecían de epígrafe funerario (lápida, cipo, estela, etc.).

    En el término actual de Tarifa tan sólo se conocen inscripciones romanas en la importante ciudad de Baelo. En total son 33 epígrafes de los cuales en su mayoría, al menos 22 de ellos, son de carácter funerario. Este propio hecho nos indica que la mayor parte de la epigrafía antigua era la ubicada en las necrópolis. En su mayor parte, estos epígrafes funerarios fueron descubiertos en las excavaciones realizadas por los franceses a comienzos de siglo, dirigidas por Pierre Paris, y publicadas en 1926 en el volumen titulado Fouilles de Belo. II. La Nécropole. Estas inscripciones están conservadas en el Museo Arqueológico Nacional, y fueron objeto de un estudio, con su edición, traducción e imágenes, por parte de Julián González (Inscripciones romanas de la provincia de Cádiz. Cádiz, 1985).

    El formulario epigráfico funerario romano es muy tópico en los datos que recoge. No obstante, suele responder a determinadas características regionales, sobre las que se sobreponen tendencias locales. Ello marca una determinada sociología funeraria, indicadora de costumbres locales y, también, de talleres epigráficos. La revisión de los epitafios de Baelo permite obtener algunas conclusiones acerca de la actitud ante la muerte de los lugareños en época romana.

    En primer lugar, destaca el hecho de que, como también suele ser corriente, la tumba es un elemento individual. Son excepcionales aquellas que se comparten con otros familiares. Más aún, las que muestren la existencia de todo un panteón familiar. Este último es el caso del panteón de la familia de los Manilios, que como tal aparece en esta sencilla lápida.

    En la misma aparece otro de los aspectos interesantes de la actitud ante la muerte de los habitantes de la zona de Tarifa. Se invoca a los dioses Manes, que eran los espíritus de los antepasados. De hecho, entre los romanos había una fiesta, la nombrada como parentalia, que se celebraba en el mes de febrero: en ella la familia llevaba flores a los difuntos, y celebraba un modesto banquete funerario que incluía libaciones en honor de los Manes. Esta dedicatoria a la protección de los Manes la encontramos, sin mayores datos, en esta sencilla plaquita, bellamente adornada, con motivos que parecen sugerir precisamente esas libaciones.

    El culto y la invocación protectora a los Manes está muy sólidamente establecida en Baelo. Algo menos de la mitad de los fallecidos se enterraban bajo esta protección. Estas características de uso coinciden con las normales de la Bética romana. Por el contrario, es muy llamativo un hecho que escapa de los paralelos béticos. En general, en la Bética y en la Lusitania, la gran mayoría de los epígrafes funerarios utilizan la fórmula de apelación a los dioses Manes como sagrados. Esta sacralización supone que los epígrafes en su casi totalidad aparecen con las siglas DMS, que significa Diis Manibus Sacrum. Por el contrario, en la zona de Tarragona, de Valencia, y todo el Norte peninsular, la fórmula es más simple, con el DM.

    Sin embargo, en los epitafios de Baelo la variante es bien evidente. Por un lado, el predominio del sencillo Diis Manibus es absoluto, sin referencia a la sacralización. De hecho, de los ocho epígrafes tan sólo uno responde a la más difundida fórmula del DMS. Por otra parte, también en Baelo es excepcional la cantidad de ocasiones en las cuales la invocación a los Manes no se realiza en siglas. Por el contrario, se hace (con variantes), en todo su desarrollo literario. Lo hemos visto en el caso de la familia de los Manilios, y también en la placa antes mencionada. Pero también lo vemos en la lápida de este personaje, Caio Calpurnio Honorato, fallecido con 37 años de edad.

    Este hecho llama la atención, pues Baelo se escapa a este respecto de la fórmula más difundida en los formularios epigráficos de la Bética. Es más, en la ciudad romana de Gades, capital conventual de la zona, la apelación a los Manes es bastante menos frecuente que en Baelo, pero de 59 casos, 44 se recogen bajo la fórmula DMS. Es muy probable que la explicación la encontremos en la fuerte vinculación de Baelo con la colonia romana de Tingi, la actual Tánger. En efecto, allí (y al contrario que en Volúbilis y otros núcleos de la Tingitana) también predomina la simple invocación a los Manes, sin apelación a la sacralización. En general, Baelo y Tingi sugieren cercanías, al menos relativas, en sus formularios epigráficos, y distancia respecto a los más difundidos en sus respectivas cercanías.

    ¿Podemos deducir de los epígrafes latinos la situación de la mujer? Parece muy complicado a partir de cada inscripción por separado. Por ejemplo, tenemos este caso de una mujer, con un nombre indígena, utilizando además el nombre suelto de Felicvla, y señalando que falleció con 60 años de edad. Aparte del hecho curioso de que la L es más alargada, y que en la línea final el lapicista inclina la escritura hacia arriba (como los malos pero optimistas escribientes), poco más podemos deducir.

    Sin embargo, los epígrafes analizados en su conjunto ofrecen datos importantes desde el punto de vista estadístico. Los estudios sobre la sociedad normalmente se realizan con los epígrafes más ricos en información, los de carácter honorario. Ahora bien, en ellos apenas hay información que se refiera a las mujeres, debido a su escaso protagonismo público en las ciudades. Por el contrario, debemos suponer, a priori, que ante la muerte eran iguales a los hombres. Este hecho es aparente en los casos individuales, pero del análisis general se deduce lo contrario.

    Un aspecto curioso para ser tenido en cuenta es el de la proporción de los hombres y de las mujeres. Es general en los epitafios latinos el que aparezcan muchos más hombres que mujeres. Este fenómeno es muy potente en unas determinadas zonas, bastante más tenue en otros. Para poder hacer comparaciones al respecto hablamos de la sex ratio, el número de hombres por cada cien mujeres. En la especie humana la sex ratio natural es de 105, puesto que por cada nacimiento de mujer se producen 1’05 de varones. Ello significa que lo que esté por encima de 105, en los epígrafes, puede marcar problemas demográficos o problemas sociales.

    No falta quien señala que en la sociedad romana había muchos más hombres que mujeres. Las más duras condiciones de vida, el matrimonio a edades inmaduras (las romanas eran casadas cuando tenían entre 12 y 16 años, y el marido el doble), los embarazos y partos a edades demasiado tempranas, o la simple y mayor exposición, venta y abandono de las niñas en los estratos bajos. No obstante, es difícil que afectara a niveles tan elevados de desequilibrio, sobre todo si tenemos en cuenta que la sociedad reflejada en la epigrafía no es proporcional a la real (los estratos bajos aparecen pero están muy infra-representados).

    En el caso de Baelo, con una muestra epigráfica demasiado escasa para obtener resultados significativos, sin embargo, la proporción de mujeres no es tan baja. La llamada sex ratio es 137, eso sí, más elevada de la normal en la Bética y en las zonas más dinámicas de litoral. Por ejemplo, en la ciudad de Gades la sex ratio es de solamente 109, y en contextos más amplios, la media de la Bética suele oscilar entre 117 y 123, y en Hispania se considera una media en torno a 126. Más elevadas son las cifras del interior peninsular, que suelen estar entre 160 y 225.

    Así pues, la proporción de mujeres, sin deberse aplicar de forma mecanicista, pero constituye un cierto termómetro de un posible dinamismo social, de un hipotético mayor protagonismo de la mujer. En grandes colecciones marca los lugares en los cuales el aprecio de la mujer facilitaba, en proporciones relativamente similares a los hombres, que se la recordara en el epitafio (con su gasto correspondiente). En lugares con menos protagonismo en vida, ese esfuerzo de recuerdo y gasto se hacía en menor proporción para la muerte. El indicio de Baelo sobre la menor proporción de mujeres en la zona de Tarifa es un indicador muy provisional, debido a que la colección epigráfica no es precisamente numerosa.

    Aún y así, si en el resto del Campo de Gibraltar, sobre todo en Carteia, la proporción de mujeres es todavía más baja, por el contrario, la colección conocida nos muestra en Baelo la presencia de la mujer ante la muerte. Si en general los vivos rehúsan el protagonismo, como luego señalamos, sin embargo existe algún caso en que está muy marcado lo contrario. La lectura de este epígrafe, desde el desconocimiento del latín, podría hacer parecer que se trata de una fallecida llamada Cornelia Phoebas. Por el contrario, contra lo que suele ser usual, Cornelia Phoebas es la madre que dedica el epitafio a su hija, que aparece más abajo, Aemilia Optata.

    Y es que, sin duda, en el formulario epigráfico de Baelo en muy escasas ocasiones se menciona al dedicante. En otras zonas es mucho más frecuente el que se cite quien se ha encargado de dedicar, y de pagar (puesto que suele ser el/los herederos) la lápida. Por el contrario, en Baelo Claudia, y en general en el Campo de Gibraltar y en Gades, en muy pocas ocasiones el dedicante hace reflejar su identidad. Hay un cierto silencio piadoso al respecto, en el formulario epigráfico, si bien para nosotros nos daría unos datos también importantes de conocer.

    Como ejemplo al respecto, tenemos el caso de este personaje, Tito Flavio Aquila, fallecido con 30 años, y al que su liberto, llamado Flavio Saturnino, le dedicó el epitafio pues bien se lo merecía -B(ene) M(erenti)- dice expresamente.

    No pretendemos agotar todos los aspectos que sugieren la lectura, especialmente en su conjunto, de los epígrafes de Baelo. En general nos ofrecen datos que son más o menos indicativos de la actitud ante la muerte de los habitantes de la zona de Tarifa en la antigüedad. Baelo nos marca, sin duda, las tendencias que también debían estar presentes en zonas aledañas, como era Mellaria, si bien de esta última todavía no se conocen los epitafios.

    Otra característica muy extendida en Baelo es el uso de la fórmula final, muy estereotipada, de dedicación de un descanso para el difunto. En el epígrafe anterior no está recogida, pues el interés del liberto es reflejar que su patrono se merecía este esfuerzo de recuerdo, al tiempo que menciona el F.C. que significa Faciendum Curavit, una referencia a la construcción de la tumba. La fórmula final, no obstante, suele referir en los epitafios latinos la alusión a la localización, el H(ic) S(itus/a) E(st), con mucha más frecuencia acompañado del deseo de que la tierra le sea leve al difunto S(it) T(ibi) T(erra) L(evis). En la Bética y en la Lusitania predomina de forma absoluta la fórmula completa de las siglas HSESTTL. Por el contrario, en la zona valenciana, catalana y en Castilla-León y Norte, predomina el simple HSE.

    No falta algún caso de simple final con el H(ic) S(ita) E(st), como vemos en el epitafio de esta Vibia Iuliana.

    Sin embargo, los epitafios de Baelo de forma mucho más difundida recogen las siglas de la dedicación más completa. Es cierto, en ocasiones, se limita a la dedicación a la liviandad de la tierra, sin alusión a la localización; es el caso que hemos visto de Aemilia Optata, quizás en este caso explicable pues al lapicista se le estaba quedando pequeña la piedra y tuvo que apretar el texto. Pero es mucho más corriente el texto completo, como hemos visto en el epitafio de Felicvla. O en este, de Lucius Siscinius Honoratus, fallecido con 53 años de edad.

    En general, los epitafios funerarios de Baelo son de buena calidad. Predomina la misma debido, sobre todo, al propio material, que era muy costoso: nos referimos al mármol. Hay buenas producciones, como ésta de Phiale, fallecida con 25 años, y que recoge las características más usuales de la epigrafía baelonense.

    Pero también hay piezas de peor calidad. Ya hemos referido en alguna ocasión los errores o impericia de los lapicistas. Pero además, las letras bellas y bien dibujadas que predominan, tienen también su contrapunto en otras ocasiones en las que las letras son bastante más burdas. Puede ser por existir un taller epigráfico de menor calidad, o porque también sean de un periodo distinto. En todo caso, menor calidad de factura encontramos en este epitafio, de Lucius Annius Plautinus, del cual expresamente se indica que era natural de Baelo (domo Baelonense), y que falleció con 21 años de edad. La escasa calidad del lapicista se confirma con el uso no abreviado de la fórmula de localización de la tumba, con todas sus letras: Hic situs est.

    Otros de los aspectos de estudio de la sociedad están referidos a la onomástica, o a las relaciones sociales, o a las edades de defunción recogidas en los epígrafes. No vamos a extendernos al respecto, por rebasar ya las dimensiones del trabajo que nos hemos planteado. Por ejemplo, en la onomástica masculina existe un neto predominio del uso de la tria nomina, muestra de la romanización a partir de la ciudadanía romana. Por el contrario, en el caso de las mujeres se detecta un mayor arcaísmo, con equilibrio entre el simple nomina y el duo nomina. Mayor arcaísmo femenino que encierra una mayor conservación de la tradición de las denominaciones indígenas.

    En todo caso, el breve análisis hasta aquí recogido muestra como de unos documentos poco importantes, aparentemente estereotipados en un formulario, pueden obtenerse conclusiones interesantes para lo que buscamos: conocer las sociedades de la antigüedad. Y es que las pocas fuentes disponibles nos obligan a los historiadores de la antigüedad, más que a ningunos otros, a recurrir a esfuerzos de imaginación para el tratamiento de los textos. Es el caso de los epitafios de Baelo, hasta ahora no analizados desde esta perspectiva.

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