| HISTORIA |
ALJARANDA |
Tres cuartos de siglo en Facinas
Jesús Terán Gíl
Cuando está a punto de finalizar el primer año del tercer milenio de la Era Cristiana, se cumplen tres cuartos de siglo de la inauguración del Casino en la bonita aldea de Facinas.
Facinas, una Entidad Local Menor correspondiente al Ayuntamiento tarifeño tiene alrededor de 1.350 habitantes y hasta hace muy poco tiempo el Casino estuvo prestando sus servicios a todo el vecindario. El Casino, aparte del ocio natural, servía para cerrar muchos tratos de esos que sólo en los pueblos saben hacer los parroquianos, sin más documentos que un buen apretón de manos, como se cerraban los acuerdos antiguamente. La primera sede del Casino de Facinas estuvo en la hoy calle Constitución, en una casa propiedad de don Antonio Camacho Silva, junto a la Farmacia. Algunos de sus presidentes a lo largo de su historia han sido don Juan Pérez Meléndez, don Fernando Pérez Meléndez, don Antonio Cabezas Ruiz, don Antonio Campos Álvarez y don Gaspar Álvarez Serrano. De la barra del bar se han encargado, entre otros, don Gaspar Cuesta Serrano, don Francisco Campos Triviño, don Francisco Campos Delgado y don Guillermo del Castillo Álvarez.
Dos épocas tuvo el Casino en Facinas, la primera cuando su apertura en agosto de 1926 en la que hoy es calle Constitución y la segunda época, antes de su cierre, en la Plaza de San Isidro nº 6.
De esta efemérides ocurrida en Facinas, recogemos del semanario Unión de Tarifa el siguiente reportaje:
"LA APERTURA DEL CASINO
Nos adelanta un automóvil, otro, otro; pasa el del Presidente de la Unión Patriótica que ocupa a más de su dueño, el alcalde señor Morales y el Ingeniero de nuestro puerto señor Fontanet, el teniente de la Guardia Civil señor Tierno y los señores Quero Cazalla y Manso Olano: pasa también delante el Overland de don Marcos Núñez, que últimamente reformado como automóvil de carrera conduce a su propietario, al que acompaña el jefe del Somatén señor Irigoyen; y nuestro ómnibus que ocupan los jóvenes médicos de esta localidad señores Pérez y Romero, don Juan Labao, el simpático alférez de Intendencia don Manuel Núñez Pazos, el señor Benza Pérez y el cronista que se propone hilvanar esta información, marcha con esa tranquilidad pasmosa, con una paciencia rara vez vista en las lides de la andante automovilista dejando pasar a todos sus colegas con gran resignación y no sin el pataleo consiguiente de los pasajeros que, como cada cual hijos de vecinos, quisiéramos se convirtiera el humilde Ford en un Hispano o cosa por el estilo.
Cualquiera que vea esta caravana automovilista y observe la satisfacción en todos los semblantes a la vez que la impaciencia por llegar, se creerá vamos a los toros del Puerto. No, señor, no hay tal cosa. Todos estos señores que arriba expresamos van a la simpática aldea de Facinas para asistir a la inauguración de su Casino.
Juanito Pérez presidente de dicho casino, organizador a la vez de esta gira, se impacienta ante la actitud demasiado tranquila de nuestro vehículo; los demás le secundan con ocurrencias chistosas y tras una hora de camino divisamos por fin la alegre y anexa aldea.
Los otros automóviles que nos esperan en el «Puerto de Facinas» llegan detrás de nosotros. Por un momento participamos del orgullo que embarga a nuestro coche de ser el primero en llegar a pesar de todos los pesares.
EN FACINAS
Hemos llegado a Facinas a las siete y quince minutos de la tarde. Nos lo dice muy clavadamente el sinnúmero de personas que en las afueras de la villa esperan estrechar la mano del Presidente de la Unión Patriótica señor Núñez y Manso, cuyos nombres de tantos distinguidos señores sería trabajo ímprobo y bastante difícil para el cronista. No obstante señalamos algunos de ellos: el alcalde de la aldea señor Díaz, don Fernando Pérez Meléndez, don Juan Pérez, don Pablo González, el señor Teniente de Carabineros, nuestro corresponsal administrativo don Vicente Vivas, don Eloy Vivas, don Juan Notario, don Manuel Ortega y otros muchos más señores cuyos nombres no recordamos, todos apreciados amigos nuestros y socios fundadores del Casino de Facinas. Nos lo dice también que nos encontramos en Facinas, unas caras simpáticas y bonitas que con cierta curiosidad se asoman a puertas y ventanas a nuestro paso por las calles; ¡no pueden ser esas caras de otras más que de las bellas facinenses! Por algo decimos que es bella esta aldea.
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Vista panorámica de Facinas, 1971. (Colección Privada Sebastián Trujillo) |
VISITANDO EL CASINO
El nuevo Casino de Facinas es un local bonito y coquetón. Sí, señor, coquetón.. Facinas la aldeita modesta que no puede llamarse bella más que por sus mujeres, la de las mal pavimentadas calles y empinadas cuestas ha querido demostrar que tiene gusto y estética para presentar un Casino donde puso todo su amor y esperanza. Facinas, esta hija de Tarifa donde se cobijan hombres sanos y de la mayor buena fe que en dos ocasiones los hemos visto temblar pletóricos de entusiasmo ante las palabras sinceras nacidas del corazón de un hombre propuesto de llevar a los dos pueblos por nuevos cauces, cuya admirable labor ha comenzado a prever grandes beneficios, ha querido simplificar, y es como una moza que se viste de nuevo y para ser más bella se ha prendido una flor en su pecho. Una flor delicada que ella misma cuidó durante algunos meses para que floreciera y que no es otra que su Casino.
El local consta de tres dependencias. Un salón artísticamente decorado donde unos muebles modernísimos capaz de complacer a los más exigentes, sirve de salón de lectura y recreo; a más otra habitación para los juegos lícitos y recreativos y la del ambigú donde el conserje señor Vasallo con su amabilidad hace olvidar a cualquier socio las faltas que aquel pudiera hallar en el Casino.
LA JUNTA ORGANIZADORA
Forman la Junta Organizadora de este centro facinense, don Juan Pérez Meléndez, Presidente; don Juan Notario Cánovas, Vice Presidente; don Adolfo del Castillo, Secretario; don Fernando Andaluz, Tesorero; y Vocales, don Francisco Moya y don Juan Espinosa. Dichos señores han trabajado incansablemente hasta poder dotar a Facinas de tan importante mejora moral y por ello son dignos de nuestros más efusivos elogios.
EL LUNCH
En el salón principal primorosamente exornado y en una mesa en forma de T fue servido el lunch con que el Casino obsequiaba a los tarifeños que fueron a asistir a su inauguración.
La presidencia fue ocupada por don Carlos Núñez y Manso, don Antonio Morales Lara, don Ramón Fontanet, don Juan Pérez Meléndez, don Juan Pérez y don Agustín Irigoyen.
El resto de la mesa fue ocupado por medio centenar de comensales a más de los que se encontraban en mesas aparte.
En honor a la verdad e inspirándonos solamente de lo que es de justicia diremos que es uno de los actos mejor organizados a que hemos asistido.
No es adulación, no es la costumbre rutinaria periodística, es algo que merece nuestras más sinceras alabanzas, algo que no esperábamos pudiese llegar a tanto.
La mesa se hallaba con la misma delicadeza y uniformidad que la de un pomposo banquete.
Del servicio no hay nada que decir. Por camareros expertos y profesionales llevados por el señor Vasallo para tal efecto, fue servido el «lunch» con gran esmero y prontitud, consistente aquel en vinos de las mejores marcas, embutidos de todas clases y dulces, siendo estos últimos servidos por el conocido y acreditado confitero de esta plaza señor Bernal Puyana.
Y lo más digno de atención era que donde se aglomeraban tantos hombres, reinase la más franca cordialidad y armonía durante el acto, sin que el más leve incidente viniera a enturbiar la alegría retratada en todos los rostros en pos de una empresa tan alta y tan noble, como es la fundación en un pueblo de centro de cultura.
Después de una hora de franca camaradería don Juan Pérez Meléndez, como presidente de la nueva sociedad leyó las siguientes y brillantes cuartillas:
«¡Salud! Señores, amigos: Con el fin primordial de fomentar la armonía convivencia de los vecinos de esta aldea y defender cuanto redunde en su beneficio, hemos fundado este Casino. Nació la idea, ahora hace un año, a raíz de un acto celebrado en honor del Presidente de la U. P. Tarifeña nuestro ilustre amigo don Carlos Núñez y hoy que sentimos la satisfacción de inaugurarlo, quiero decir unas palabras -muy pocas- aunque no fueran con otro objeto que expresar mi agradecimiento a cuantos contribuyeron a su fundación y desde el primer instante lograron hacerme fácil la modesta tarea que he realizado con el fin de que este momento llegara lo antes posible. Así pues señores amigos míos que me ayudasteis, muchas gracias.
Pero quiero expresar algo acerca de su orientación y sus fines, y al decir esto tengo la seguridad de interpretar el sentir de todos ustedes. ¿Orientación? No puede ser otra (ni aunque pudiera ser nosotros la querríamos) que colocar por encima de todo amor a España y a nuestro Rey.
No puede ser otra, que la de constituir un lugar en que un gran núcleo de hombres honrados se relacionen, no para hacer política en el concepto «antiguo» de la palabra, sino para conseguir sin ella, todo cuanto les corresponda en justicia con la sola influencia de la razón. ¿Y sabéis por qué señores? Pues sencillamente, porque ninguno de nosotros es político ni lo necesita; somos soldados en fila de un ideal cuyo emblema sublime se expresa en dos sagradas palabras: Unión y Patria, somos hombres de diáfana historia, somos labradores, comerciantes, industriales...; somos solos, en fin, una gran fuerza que únicamente -y esta es mi opinión- a defender lo justo debe dedicarse.
Debemos demostrar, que en ésta aldea no somos desagradecidos y quien nos defiende está defendido y quien ha logrado redimirnos de ciertas opresiones, puede contar siempre con nuestro firmísimo apoyo y nuestro incansable entusiasmo. Y como obra son amores... entre nosotros se encuentra alguien que, animado de una enorme voluntad y con la sola ayuda de su inteligencia, ha luchado con tal tenacidad que él solo ha logrado para Tarifa, para Facinas, lo que nadie hace aún poco tiempo hubiera creído ni en sueños; para Tarifa, un puerto; para su campo, para esta aldea, el cese de un contrato ruinoso que, privándole del justo disfrute de riqueza de sus montes, hubiera concluido por esquilmarlo completamente. Ustedes saben, señores, todo cuanto éstos triunfos significan y que quien los ha conseguido es don Carlos Núñez y que al lograrlo ha demostrado a muchos incapaces corroídos por la envidia que si él no tiene necesidad alguna de Tarifa, si no es para amarla, Tarifa, en cambio, hacía mucho tiempo que lo necesitaba a él. Pues bien, señores; don Carlos Núñez es digno, es dignísimo acreedor de nuestra gratitud y yo propongo que nos honremos nombrándole presidente honorario de este centro, ya que esto es lo menos que podemos ofrecer a quien tanto merece por títulos, que aparte los que dejo consignados, están ahora mismo en el ánimo de todos ustedes.
Y respecto a los fines de la Sociedad, Señores, además de cuantos son naturales y legítimos en esta clase de agrupaciones, consistirán fundamentalmente en fomentar nuestra misión con Tarifa (en cuya dignísimas autoridades hemos encontrado todas las facilidades y el preciso y necesario apoyo para que nuestro figón se convierta en realidad), unión por la cual todos debemos velar porque en ella radica el origen del engrandecimiento de las dos y en aspirar siempre a que este salón constituya para toda persona honorable un lugar ameno en donde encuentre amistad y respeto y siempre la certeza de que al pisarlo se encuentra protegido por los mismos derechos que en su propia casa.
Y... nada más. Sólo una palabra para expresar nuestro agradecimiento a ustedes nuestros queridos amigos de Tarifa, que amables han querido honrarnos con su visita y con venir también a tomar posesión de este local que desde ahora tendrá sus puertas abiertas para recibiros siempre con el afecto fraternal que os merecéis.
He dicho».
Tras unos prolongados aplausos del auditorio al señor Meléndez por su hermoso escrito requirió el auditorio la palabra de nuestro Director señor Núñez y Manso, quien en vista de la insistencia de amigos tan estimados pronunció el improvisado y elocuente discurso que a continuación reconstituimos en cuanto nos sea posible recordar.
«Señores; nada más lejos de mi ánimo que pronunciar un discurso en este acto, porque no siendo un acto político como muchos suponen, precisaba que mis palabras no fueran desvirtuadas y sería suficiente un brindis para justificarme entre vosotros. Mas surge lo inesperado, y unas cuartillas para mí desconocidas hasta que las ha leído el señor Pérez Meléndez, me imponen el deber de unas palabras, muy pocas pero las suficientes para recoger con ellas la inmensa gratitud que reflejan nuestros semblantes y la íntima satisfacción que atesoran nuestras almas. Gratitud legítimamente sentida ante la fastuosidad de vuestras atenciones y agasajos; y satisfacción con noble orgullo ostentada al asistir a un acto tan grandioso como este de la apertura de vuestro Casino, aquí precisamente donde siempre fue más fácil destruir que edificar.
Si la inteligencia y el saber fueran atributos imprescindibles para hablaros, tener por seguro no habría de ser mi voz la que rasgase la virginidad de este ambiente, pero si tales propulsores de la palabra no forman en mi persona, tengo un corazón rico en sentimientos y caro en afectos que ahogarlos en un suicida silencio sería como suicidar la grandiosidad del acto que aquí celebráis haciendo gala de vuestros deberes sociales. Herriot, el político francés, en una de sus recientes obras afirma como los grandes deberes de la humanidad son: Comprender y Crear. Y vosotros al fundar este Casino, no sólo habéis comprendido, sino que también habéis creado...
Pero este Casino fruto madurado del esfuerzo, de la fé y de la unificación de las voluntades en unos hombres que forman en nuestra buena causa y por esto el Casino que estamos inaugurando no puede llamarse de otra forma más que Casino de la Unión Patriótica; porque Unión Patriótica aquí, significa los esfuerzos organizados y bien dirigidos de los buenos tarifeños. Tened presente que el actor de nuestra rendición radica en cada uno de nosotros, y por esto las dos grandes aspiraciones del pueblo tarifeño se han logrado por sus propias fuerzas sin influencias ajenas ni ayudas extrañas, sólo porque Tarifa y Facinas unidas tuvieron Fé y Constancia en sus anhelos.
Ha de ser este Centro como el granero donde se guarde la semilla de los ciudadanos conscientes, para que esparciéndola por todo nuestro campo, bien pronto fructifique para el bienestar unido de Tarifa y Facinas.
Y termino señores, agradeciendo ese honor inmerecido al nombrarme Presidente Honorario de este Casino donde tendrían que pasar por encima de mi cadáver antes que mancillar los sagrados ideales que en él depositamos, pero si bien os cabe la honra de ser fundadores os queda un sacratísimo deber y es el de mirar por sus fueros y prestigios para que lo que es Centro de Cultura, lugar de reunión, paz y esparcimiento, altar de ideales y Cuartel de hombres honrados no se convierta nunca en semillero de odios, rencillas y pasiones que son las que corroen las conciencias y destruyen las almas.
He dicho».
Una delirante ovación apagó las últimas palabras del emocionante discurso del señor Núñez, quien durante el mismo se vio infinidades de veces interrumpido por los aplausos del público que totalmente llenaba el bonito local.
Y fue cuando el pueblo de Facinas henchido de gozo se desbordó en entusiasmo, de este entusiasmo nacido del corazón donde llamaron las sinceras palabras del Presidente de la Unión Patriótica, en cuyo bello discurso sintetizó los puntos más culminantes y que más complacidos inquietan a Facinas y Tarifa.
No obstante, después de los discursos la reunión tan agradable y simpática se prolongó bastante tiempo más en medio de la mayor algazara, de la risa franca de los reunidos; tiempo suficiente para que acompañados de Manolito Núñez Pazos y de Luis Pérez Meléndez, joven que cuenta con bastantes simpatías en Facinas, y sirviéndonos este último de cicerone, paseamos por algunas calles, teniendo el honor de ser presentado a muchas bellas niñas de la localidad.
Ya a las diez de la noche altamente complacidos por las exageradas deferencias por cuantos de Tarifa tuvimos el honor de ser invitados a la inauguración del Casino de Facinas, alguien anunció nuestro regreso. Nos preparamos para marchar y nuevamente el entusiasmo se desborda y se suceden los vivas a Don Carlos Núñez.
Seríamos ingratos si antes de terminar no expresáramos nuestro agradecimiento a cuantos se esforzaron porque nuestra breve estancia en Facinas nos resultase bastante grata, y si no olvidásemos de dedicar un caluroso elogio a la Junta Organizadora de este nuevo centro facinense asi como también a don Domingo Vasallo, conserje del mismo que con gran gusto exornó el salón donde se sirvió el lunch.
Ya en el auto que nuevamente nos va a conducir a esta, sentimos un algo que no sabemos que, como algo que se nos va, algo agradable que se escapa de nuestras manos. Es Facinas que se queda atrás, puntualizándola desde donde nos hallamos sus luces eléctricas: es Facinas, la aldea que prospera moral y materialmente; es algo que hemos vivido durante poco tiempo, pero que por ser más grato nos pareció más poco, y prometemos desde este momento fijar en nuestro espíritu el acto tan hermoso a que hemos asistido y desear una larga vida al Casino de Facinas.
NOTA FINAL
Con el grato motivo de la inauguración oficial del Casino de Unión Patriótica le fue entregada al señor Cura de la Aldea la suma de cincuenta pesetas para que las repartiera entre los pobres como limosna en recuerdo del acto que dejamos reseñado".
Respecto a la Central de Teléfonos de la que también se cumplen setenta y cinco años de su instalación en Facinas, trataremos el tema en un próximo número de esta misma revista.
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