HISTORIA

ALJARANDA

Sobre el origen de la Feria de Tarifa

María Francisca Cortés Melgar

INTRODUCCIÓN

    En Tarifa se celebra la feria de la localidad en el mes de septiembre, coincidiendo con la festividad de su patrona, la Virgen de la Luz, con un carácter lúdico y festivo del que todas sus gentes conocen y participan.

    Sin embargo, la feria de la ciudad, como una gran mayoría de las existentes en nuestro país, comenzó teniendo un carácter exclusivamente económico. Su origen se remonta al siglo XIX. En ese tiempo, Tarifa destacaba por una importante producción agropecuaria que la situaba, por este concepto, en la octava posición entre los cuarenta pueblos que componían la provincia gaditana. La feria tarifeña se crea como lugar de presentación y venta de los productos de su término y a ella acudirán gentes de todas las partes para adquirirlos.

    Describimos aquí la importancia de esta producción, de su comercio, así como las primeras gestiones municipales con los gobernantes del país para materializar un Privilegio que había sido concedido a la ciudad en siglos anteriores.

LAS FUENTES DE RIQUEZA EN EL TÉRMINO DE TARIFA

    La economía tarifeña se caracterizaba en el siglo XIX por el importante desarrollo del sector agropecuario, por la escasa importancia de las actividades industriales, y por un sector comercial organizado preferentemente en torno al abastecimiento de productos de primera necesidad y la exportación de los productos naturales del término.

    La tierra era la principal fuente de riqueza. La unidad productiva era la dehesa, con un régimen de explotación mixto: agrícola, ganadero y forestal.

    Predominaba la agricultura extensiva de secano que proporcionaba abundantes cereales, especialmente trigo, cebada, maíz y saína, pero eran muy importantes por su calidad los productos de la huerta, siendo particularmente apreciados los cítricos.

    La ganadería estaba representada por una magnífica crianza de vacas, toros de lidia, bueyes, caballos, ovejas, cabras y cerdos.

    Los montes, en los que destacaba su abundante arbolado, permitían la obtención de gran cantidad de leñas, maderas, corcho y carbón, proporcionando además los pastos para el crecimiento del ganado.

    La variada riqueza piscícola de sus aguas incluía especies como el pez espada, pez limón, lenguado, abadejo, rodaballo, salmonete, gallo, urta, pargo, bodion, calamar y un larguísimo etcétera. El pescado menor azul jugaba un papel importantísimo en la dieta de los sectores populares en sustitución de la carne. Era importantísima la captura estacional del atún, bonito, melva y albacora.

    La importancia de esta producción fue recogida por Madoz a mediados del siglo XIX:

    "... Sus cereales, frutas, hortalizas y ganados abundan de tal manera que hacen de ellos una grande exportación; hay extensas y fértiles huertas y arboledas frutales, muchos y magníficos cortijos, dehesas y montes de arbolado de construcción y carboneo y excelentes canteras de piedra pizarrosa de enlosar. Tiene alguna pesquería y comercio de cabotaje y gran tráfico en la conducción de carbón, curtido y granos; las grandes vacadas que cría en sus montes producen muy bueno y acreditado ganado para la lidia en las plazas; sus huertas llenan el mercado de Londres y Cádiz de la más rica naranja que se conoce, siendo tal la abundancia que hay años que un millar vale cuarenta reales... Es muy abundante y rico su pescado y todos los años se establecen en su playa la almadraba de bonitos, cuya industria la ejerce una compañía de catalanes...". Sobre el aprecio de las frutas de Tarifa, especialmente sus naranjas, insiste también Miñano, quien indica que, anualmente, salían de Tarifa dos millones de unidades hacia Cádiz, Gibraltar, Sevilla y otros puertos.

    En 1867 era descrita de este modo: "... Su producción consiste en granos, naranjas y carbón siendo los primeros, por término medio, de 61050 litros; las segundas de 1500 millares y el tercero de 207036 Kgs. La principal riqueza es la pecuaria, pues mantiene el territorio unas 30000 cabezas de ganado de todas clases, predominando el vacuno y el de cerda ..." (1).

    La producción pecuaria de la ciudad era ya muy destacada a finales del siglo XVIII. Estaba representada por una magnífica crianza de vacas, toros de lidia, caballos, bueyes, ovejas, cerdos y cabras. Esta producción sufrió en las primeras décadas del siglo XIX una importante reducción como consecuencia de la Guerra de la Independencia, de las pestes, que afectaron al ganado lanar y de cerda, y de la reducción del suelo disponible, debido al aumento de la superficie roturada. Sin embargo, se recuperó en las décadas centrales del siglo. Algunas cifras muestran el desarrollo de esta ganadería (2):

    Para el impulso de esta economía agropecuaria, la ciudad contaba con la Sociedad Económica de Amigos del País de Tarifa. En 1835 estaba formada por los notables locales y su composición en este año era la siguiente (3):

    "Director: El Excmo. Sr. D. Ramón Villalba, te-niente general de los Reales ejércitos, hacendado.
Vicedirector: El Sr. D. Jayme Ruiz Abreu, coronel de infantería y Gobernador militar y político de esta plaza.
Censor: El Sr. D. Lorenzo Parra, capitán de navío, hacendado.
Vicecensor y bibliotecario: El Sr. D. José María de los Santos, capitán retirado de Urbanos y fiscal de Montes.
Secretario: El Sr. D. Francisco de Paula Villasante, licenciado en cirugía médica, propietario.
Vicesecretario: El Sr. D. Juan Lozano Mechicado.
Contador: El Sr. D. José Sotomayor, presbítero y propietario.
Tesorero: El Sr. D. Joaquín Lucas y Serrano, capitán de infantería retirado.
Socios: Los Sres.
D. Antonio Sotomayor, licenciado en cirugía médica, propietario.
D. Manuel Abreu, capitán de fragata, labrador y hacendado.
D. Francisco de Arcos Sancho, teniente de fragata retirado, labrador y hacendado.
D. Rodrigo de Lara, teniente de infantería retirado, labrador y hacendado.
D. Antonio José Ramírez, cura vicario de estas iglesias.
D. Antonio Villalba, alférez de caballería, labrador y hacendado.
D. Francisco de Arcos Carrasco, maestrante de la Real de Ronda, labrador y hacendado.
D. Rafael Patiño, propietario y del comercio.
D. Antonio de Fuentes, id. id.
D. Ignacio Ramos, teniente de infantería retirado, propietario escribano"
.

    Esta relación muestra que en Tarifa, a diferencia de otras localidades del país, la Sociedad no tuvo en su seno importante reflejo de los sectores artesanales y populares, sino que aglutina fundamentalmente los intereses de los grandes agricultores y ganaderos.

    Junto a las actividades agropecuarias, hay que destacar la importancia que revestía la explotación de los montes tarifeños. El Ayuntamiento arrendaba los pastos y vendía sus productos. Con ello obtenía los recursos que necesitaba para afrontar las cargas municipales, sin necesidad de gravar a la población con mayores impuestos. Además, los vecinos obtenían pastos, maderas, leña y carbón, con los que mantenían su economía doméstica.

    La importancia de estas extracciones queda reflejada en los siguientes datos (4):

 

    Toda esta producción agrícola, ganadera y forestal determinaba el producto anual de la riqueza imponible y la contribución que por ella debía realizar la ciudad a la Hacienda pública. Hemos reflejado la importancia de esta riqueza productiva en el contexto provincial, indicando las diez primeras localidades por la importancia de esta contribución (5):

    Según estos datos, en la segunda mitad del siglo XIX Tarifa ocupó la octava posición por la importancia de su producción agropecuaria, siempre por delante de Algeciras, que perderá su situación en 1870 en favor de Alcalá de los Gazules.

EL COMERCIO DE LOS PRODUCTOS

    La economía tarifeña no tenía un carácter autosuficiente, en modo alguno. Era excedentaria en productos agropecuarios y deficitaria en productos transformados a partir de actividades industriales. Por ello, la ciudad era el centro de un sistema de intercambios que utilizaba la arriería y el transporte marítimo como medios para hacer operativas las transacciones comerciales.

    Con este objeto, ya en 1815 había sido habilitada una dársena en la Isla de las Palomas y desde entonces la importancia del comercio marítimo debió ir en aumento. En 1844 se aprobó en cabildo la propuesta de limpiarla de las arenas que se depositaban en su fondo para facilitar la salida de granos tarifeños y la llegada de toda clase de productos para el comercio. Se formó una junta de labradores y comerciantes para impulsar el proyecto.

    La aduana de Tarifa fue calificada durante el siglo XIX como de cuarta categoría, por tanto habilitada sólo para el movimiento de mercancías con las costas del reino. La salida de productos tarifeños hacia mercados extranjeros debía producirse a partir de los puertos de Algeciras o Cádiz.

    Una muestra de ello ha sido recogido por Madoz. A partir de los datos que nos ofrece en su Diccionario para los años de 1844 y 1845, hemos comprobado la naturaleza de las transacciones y agrupado las mercancías con los siguientes criterios:

a) Importaciones tendentes a introducir en la localidad las materias primas que no se producen en ella: arroz, azúcar, café, patatas, esparto.

b) Importaciones de productos elaborados que no se trabajan en la ciudad: aceite, vinos, licores, madera en tablas, loza, papel, quincalla, tejidos, jabón.

c) Importaciones de aquellos productos en los que la producción local resulta deficitaria: cebada, cueros.

d) Exportaciones de las materias excedentarias en la ciudad procedentes de sus montes: carbón vegetal, corcho, corteza de alcornoque; de sus campos: garbanzos, naranjas y limones; de sus aguas: pescado salado; y de sus escasas manufacturas: ladrillos.

e) Exportaciones de aquellos productos del término que tienen fuera de él mejor mercado, cuya exportación produce un déficit que hay que paliar con la introducción de los mismos productos: trigo, habichuelas, higos, pasas, pipas vacías.

    La existencia de estas salidas pone de manifiesto la existencia de una producción para el mercado que trasciende la finalidad del autoconsumo, organizada por especuladores y tratantes de corte capitalista que desarrollan su actividad en la localidad.

    Este movimiento de mercancías resultaba favorable a la exportación durante los años mencionados, según se manifiesta en los datos que hemos elaborado:

    Se trata de un movimiento comercial el que aquí se refleja que sólo se refiere al tráfico portuario y que alcanza los 5.096.459 reales en dos años, 1844 y 1845, realizados en una localidad que apenas alcanzaba los diez mil habitantes en esta fecha y donde la población que trabajaba en el sector primario representaba el ochenta por ciento de la población ocupada, mientras que la tierra permanece en manos de un pequeño sector de arrendatarios.

LA FERIA DE TARIFA

    Pero la aduana de Tarifa no era el único medio con que contaba la ciudad para dar salida a su producción agropecuaria y abastecer sus necesidades. La ciudad contaría, desde las primeras décadas del siglo XIX, con un importante centro de presentación y distribución de sus productos: la feria de Tarifa.

    En 1819 el Ayuntamiento solicitó al Consejo de Castilla la confirmación del privilegio que tenía concedido por Alfonso XI de celebrar una feria anual de quince días de duración, "cuya prerrogativa había estado en suspenso por la apatía de nuestros predecesores". Se proponía como fecha de celebración del uno al quince de septiembre. Con esta petición se enviaba una certificación del escribano que reproducía el mencionado privilegio, y que transcribimos (6):

    "Yo, el infraescripto escribano publico de esta ciudad de Tarifa, certifico y doy fe: Que abierto el archivo de tres llaves con las formalidades de estilo y mi asistencia, el cual se halla en la Iglesía Mayor Parroquial de S. Mateo, donde se custodian los Privilegios, documentos y otros papeles de su pertenencia, se extrajo de él el que el Sr. D. Alonso el onceno, de feliz recordación, expidió después de la memorable batalla del Salado, que se dio en las inmediaciones de esta ciudad a orillas de este río por los años de 1340, cuyo privilegio está extendido en piel cabritilla, tiene pendiente un sello de plomo con el busto de S.M. que lo representa sentado con el Mundo en una mano, en la otra la espada, un león a cada lado y al reverso las armas de Castilla y rodeado de letras que parecen caracteres góticos poco inteligibles, y dicho privilegio está anotado con el número quince y de él se entiende y he podido sacar lo que sigue:

Retrato del rey Alfonso XI (tomado del Libro de los retratos de los Reyes de España. Museo del Prado. Madrid).

    «Sepan cuantos esta carta vieren como Nos D. Alonso por la gracia de Dios rey de Castilla... Por hacer bien e merced el concejo de la nuestra villa de Tarifa por muchos servicios e buenos que ficieron a los Reyes onde nos venimos, e a nos desque regnamos aca, e por voluntad que habemos de noblecer la dicha villa, tenemos por bien que haya feria de aqui a delante, que la fagan cada año una vez, que comience mediado el mes de julio e que dure hasta primero dia de agosto e que vengan todos los que quisieren venir salvos e seguros e puedan halli comprar, vender e trocar en aquella manera que se aviniere en que conste a cada de la dicha feria, que todos los que a ella vinieren que sean todos franqueados de portazgo, de almorajifazgo e de todos los otros derechos, que los non paguen de las cosas que tragieren o llevaren en venta durante la dicha feria, que tenemos por bien que paguen los nuestros derechos, e que ninguno no los haga fuerza, ni sean prendados, ni tomados ninguna cosa de lo suyo por deba ni por otra razon ninguna, salvo si ahora subcede por riña o por cambio que alli ficiese o en otro lugar cualquier con quien desaforase, e defendemos que persona que sea osado de pillar y de levantar pelea, que la buscare e metiese mano a cuchillo e no firiere, que peche cien maravedies de la dicha moneda, e de esta pena que sean las dos partes para nos e la otra parte para el querelloso, a estas penas que sea ademas de las que tiene el Concejo de la villa, e mandamos por esta nuestra carta a alcaldes e alguaciles de la dicha villa de Tarifa que fagan guardar la dicha feria a la dicha villa, e la dicha pena la fagan guardar como dicho e, e en esta carta se contiene... que vengan a la dicha villa todos los que quisieren venir salvos e seguros como dicho es... e esto mandamos dar esta nuestra carta sellada con nuestro sello de plomo...». Dado en Sevilla el 22 de mayo de 1382".

    Acompañaba esta certificación un informe reservado, dirigido al Intendente de la Provincia de Cádiz, firmado por Francisco Arcos Sánchez, con membrete de la Junta de Propios y Arbitrios y que representaba la posición de cosecheros y criadores de ganado. Solicitaba que se redujera la duración de la feria a una semana, haciéndola coincidir con la festividad de la patrona, explicándolo en estos términos (7):

    "... Considero justo y necesario que la feria solicitada en el referido mes por las ventajas que de ella ha de resultar a este pueblo, pero considero que con ocho días para las ventas de los ganados y frutos que se puedan proporcionar, debiendo principiar el seis y concluirse el trece, pues celebrandose en esta ciudad el ocho del dicho mes la festividad de su Patrona hay con este motivo una concurrencia bastante grande de gentes y por consiguiente mejor salida para los productos de la feria... En estas condiciones no hay feria alguna que pueda perjudicar la de esta ciudad pues aunque la de Villamartin es el veinte de septiembre, concluyendose esta el trece tienen tiempo los feriantes para trasladarse de esta a aquella con sus ganados y mercaderias ... Son incalculables las ventajas que van a resultar a este pueblo de la citada feria pues habiendo aqui muchos ganados no pueden sus dueños salir de ellos con aquellas ventajas que proporcionan semejante concurso por falta de proporcion y solo algun pudiente suele llevar a la feria de Ronda que es el veinte de mayo algunos ganados para venderlos, sufriendo con este motivo muchos gastos y perjuicios, teniendo que comprar despues varios utensilios como una jerga, cañamo para la labor, teniendo que traerlo todo a lomo, sufriendo en esta parte muchos gastos, lo que se evitara habiendo la feria en esta ciudad mediante que todos estos efectos y algunos mas pueden venir y tener salida con mas abundancia, sucediendo lo mismo con los ganados...".

    De este modo, la feria de Tarifa fue concedida en el siglo XIX: con una duración de una semana coincidiendo con la fecha de la festividad de su patrona, en la que todos podrían acudir para adquirir los productos del término, quedando libres de pagar impuestos por estas transacciones y protegidos por la ley en sus bienes y personas.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) "Consideraciones acerca de la importancia intrínseca de Tarifa y de la que podría llegar a tener por medio del arte...". Archivo Histórico Militar. 1ª Sección. Catálogo General de Documentos. 3-5-11-3.
(2) "Estado de la ganadería entre 1852 y 1866". Archivo Histórico Municipal de Tarifa. Legajo 1.
(3) Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz Nº 34. 28 de abril de 1835.
(4) Archivo Histórico Provincial. Fomento. Expediente de Montes y Propios. Caja 234.
(5) Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz. Nº 135 (11-11-1850), Nº 279 (25-11-1860), Nº 17 (21-1-1870).
(6) Archivo Histórico Nacional. Consejos. Legajo 3493.
(7) Id.

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