BIOGRAFÍA

ALJARANDA

Don César

Andrés Román Lozano

    Nace en Madrid el 19.06.12, muere en Cercedilla (Madrid) el 07.07.00.

    César de Mosteyrín Castillo, hijo de telegrafista, mostró de pequeño gran interés por la música, estudió cinco años de solfeo e inició la carrera de piano, la cual tuvo que abandonar al tercer año para ingresar en el Colegio de Huérfanos de Telégrafos en el que se forma para trabajar en Telégrafos (1928) y así ayudar a su madre, al ser el mayor de tres hermanos. Llegó a destacar en su profesión en la que sorprendía verle transmitir en morse con ambas manos, indistintamente, e incluso con el pie ayudado por una fina cuerda atada al manipulador y al pie. Indicios racionales de su entusiasmo, tesón, voluntad de hierro e ingenio confirmados a lo largo de su vida (88 años).

    En 1940, guiado por un enorme afán de libertad, decide hacerse radiote-legrafista y navega como tal durante dos años en barcos de sendas navieras tales como "El Manu" y "El Marqués de Comillas" en rutas: Coruña-La Habana-Nueva York; Bilbao-Gijón-Canarias-Guinea y otras. Viajes que le sirven para conocer el mundo y practicar idiomas y conocimientos lingüísticos utilizados posteriormente para la formación de numerosos jóvenes y menos jóvenes tarifeños dada la inexistencia de profesores. Viajes, asimismo, en los que anota y dibuja todo cuanto le interesaba pues la paga-sueldo iba íntegra para su madre, ya que no debía permitirse el lujo de comprarse una cámara fotográfica.

    Con ocasión de que el barco entra en el dique seco para reparación, pide la excedencia como radiotelegrafista, reingresa en Telégrafos y contrae matrimonio con su guapa y ejemplar compañera para toda su vida Vicenta Hernández Gómez, malagueña de nacimiento, afincada en Madrid desde los 6 años, telegrafista e hija de una familia telegráfica y deciden fijar su residencia en Tarifa.

    Llegados a la ciudad contactan con las autoridades y el párroco, quien al conocer su currículum le habla de un numeroso grupo de jóvenes con interés por el estudio pero que no encuentran quien les ayude. Al poco tiempo comienza su labor docente en un local de la parroquia de San Mateo.

    Alquilan una casa en La Caleta, en la parte baja del camino, junto al mar, cuya pleamar bañaba y baña sus cimientos. Casa que habilitó con sencillez y a la que dotó de luz, telégrafos y teléfono haciendo uso del ingenio: la luz por un sistema de acumuladores, el telégrafo con hilo de cobre y aparato morse para contactar con la oficina en caso de emergencia o necesidad del servicio. Casita en la que pasó los mejores años de su vida y a la que quería entrañablemente, por ello intentó comprarla en numerosas ocasiones.

    Su inquietud social le lleva, junto con otros amigos, a formar una academia de preparación para el bachillerato y comercio. Dio clases de alemán, inglés, francés e italiano. Estos alumnos son los que empiezan a llamarle DON CÉSAR y así le conocería todo el mundo en Tarifa y los alrededores (en sus frecuentes excursiones conoció todo el término municipal), aunque eran pocos los que conocían su apellido y cómo se escribe.

    Sirve de intérprete y traductor para cuantos extranjeros caen por Tarifa, mar o carretera, y precisan ayuda, bien como turistas, nadadores para cruzar el Estrecho a nado con el auxilio de los prácticos, los famosos "Churretes". Al juez en los atestados por accidentes y a los marineros que encontraban mensajes en inglés dentro de botellas. Uno de ellos en vez de una botella le llevó una especie de tableta de chocolate, bastante gruesa, de aspecto blanquecino y le preguntó qué era. Tras su lectura Mosteyrín respondió que eran raciones de supervivencia de un bote de salvamento a la deriva. El hombre muy intrigado le preguntó si aquello se podía comer y al responderle afirmativamente, pero en trozos muy pequeños por su gran poder energético, el pescador respiró hondo, sonrió y dijo: "ahora comprendo por qué mis hijos llevan tres días sin comer". Por lo visto se habían zampado media tableta de un tirón.

    En 1955 es invitado por la BBC a pasar 15 días en Londres con todos los gastos pagados para perfeccionar el idioma, invitación producto de haber ganado un concurso. Estos conocimientos dejan huella y fama, de ahí que hacia 1955, con motivo de los acuerdos de España con EE.UU., el Coronel del Regimiento de Infantería Alava 22 le pida que prepare en inglés a los oficiales y suboficiales que han solicitado cursos en América. En 1960, creado el Instituto de Enseñanza Media, es nombrado profesor de inglés y francés. Como anécdota cariñosa cabe mencionar que nuestro admirado pintor y amigo Manolo Reiné, con ocasión de exponer en Francia, recibió clases de francés, que compensó con clases de dibujo, ese fue el pacto.

    Su carácter liberal, su amor por el mar, gran humanidad, sencillez e interés social le llevó, hacia 1950, aprovechando unas vacaciones, a pasar "un oscuro" periodo de 15 a 20 días enrolado en el admirable pesquero "Río Salado", capitaneado por José Salvatierra "Porrita". Llevó la misma vida que la tripulación y en prueba de agradecimiento y recuerdo escribió esta poesía:

            "RÍO SALADO", DE TARIFA

            (Al mando del patrón D. José Salvatierra,
            más conocido por "Porrita").

            Es Porrita el más valiente
            patrón de pesca en traíña,
            y los treinta hombres que manda,
            flor de la marinería,
            forjada en lucha implacable
            con la mar embravecida:
            corazón de niño tienen,
            mas todos en la traíña
            son bravos como leones,
            de Lorenzo a "Pichurrita".

            En la proa de su barco,
            "Río Salado", de Tarifa,
            va el capitán acodado,
            voz de trueno, aguda vista
            en la mar azul y negra
            con cohetes de sardinas
            como estrellas que se corren
            dando el "arda" ante la quilla.
            - Cierra ¡puño!, media vuelta
            más de marcha, motorista;
            abre un poco ¡recascajo!
            ¡que te duermes! Gente lista,
            al agua la calonera.
            Otra vuelta ¡pujo! Arría
            todo el corcho, hala jareta.

            Halan todos, con gran grita,
            alineados en la banda,
            cuarteladas grande y chica,
            y a poco los salabares
            rebosan de plata viva.

            Y, lejos, los dos luceros
            reúnen bajo su quilla,
            como reflejo del cielo
            constelación más nutrida
            de plata voltejeando
            que el sueño de audaz codicia.

            ¡Dios os dé buenos "oscuros",
            compañeros de traíña,
            hombres rudos, hombres nobles,
            los de la más dura vida!
            Y la Virgen de la Luz
            y la del Carmen, que os guían,
            os guarden de todo mal
            al mando del gran "Porrita".

            (Cesar de Mosteyrín)

    Durante su larga etapa tarifeña conocemos sus dotes de inventor o creador de medios para completar la formación de sus alumnos, instalando en la casa un laboratorio para la puesta en práctica de los experimentos indicados en los libros de texto: la electrólisis del agua descomponiéndola, obtener oxígeno y hacerlo explotar posteriormente; pruebas con ácidos y otros componentes, comprados por todos los participantes. Por las revistas extranjeras tiene conocimiento de la salida al mercado de gafas submarinas y como no es posible adquirirlas decide fabricarse unas empleando cristal de ventana, madera para el marco de las mismas y goma de cámara de camión. Le añadió el tubo de desagüe de un lavabo al que unió el tubo de respirar. Sus primeras gafas, que le proporcionaron verdaderas satisfacciones. Posteriormente, y por la misma vía, se entera de la novedad de la pesca submarina con fusil y decide fabricarse uno valiéndose de un palo, el pestillo de una puerta y goma de cámara de camión que le proporciona "Campitos". Álvarez, el fontanero, le ayudó a conseguir el arpón con el que consiguió resultados espectaculares ¡4 meros en una mañana! Fusil submarino que conservó toda su vida y al que sólo puso gomas modernas.

    La gente del pueblo le conoce bien y sabe que es capaz de desenvolverse o resolver cualquier situación. Le admira y respeta y acepta con normalidad, no exenta de extrañeza, su barba, pantalón corto, bicicleta; atuendo que en sus continuas excursiones por el campo llama la atención en general y en especial de la Guardia Civil, que le pide se identifique. Está tan integrado con la ciudad que se ve obligado a participar en las elecciones municipales de 1961 en las que es nombrado Concejal-Teniente Alcalde, consiguiendo la creación de una Guardería infantil y la antigua Biblioteca Municipal.

    En 1962, buscando un porvenir mejor para sus 7 hijos, deciden marcharse a Ceuta, como director de una fábrica de leche ("Vaya Vaca"). Posteriormente vuelven a Algeciras y allí permanecen hasta 1969 en que César de Mosteyrín es destinado a Segovia como Delegado-Jefe del Centro de Telecomunicación, máximo cargo en la periferia. Allí gestiona hasta el final de su vida profesional, y ya jubilado se instala en Cercedilla (Madrid) cerca de dos de sus hijas y viendo desde su casa las amadas montañas.

    Viajero infatigable siempre con su mochila y su saco de dormir y comiendo más o menos donde puede y lo que encuentra, y durmiendo donde le parece; unas veces en lo alto de un campanario de una iglesia, otras las menos, como en Estados Unidos, que se había acostado por la noche en un prado o jardín, que la pareció muy verde y tranquilo, y cuando llega la mañana descubre que está en un cementerio. Cuando le preguntan que como no duerme en un hotel responde: "los hoteles por muchas estrellas que tengan no pasan de 5, mientras que yo en mi saco de dormir tengo a mi disposición todo el firmamento". Afirmación inusual pero propia de un hombre creyente (devoto de la Virgen de la Luz) apasionado por la libertad, de espíritu inquieto, amante de la naturaleza, la música y al propio tiempo duro e inflexible cuando se trataba de cumplir con la obligación lo mismo él como todos los que le rodeaban, pero de una generosidad sin límites, de un entusiasmo, tesón y voluntad de hierro pero también cariñoso y honrado como el primero. Dispuesto a echar una mano a todo el que lo necesitara, y capaz de meterse setenta kilómetros andando con tal de ver una flor o un paisaje que considerara interesante.

    Corto, ya no queda espacio aunque sí ganas y valiosas vivencias de César de Mosteyrín Castillo, facilitadas por sus 8 hijos, especialmente por Rafael y César, que me han permitido realizar esta semblanza que quizás no refleje en su totalidad la vida y la figura de un excepcional personaje que dejó huella en mi tierra, Tarifa, impartiendo cultura, creando centros de formación, centros sociales y auxiliando o ayudando al pueblo cuando era necesario.

    Y llegado a este término formulo la siguiente reflexión: Este precursor de la cultura de los idiomas, impulsor de la enseñanza media y universitaria, formador de tantos hijos de Tarifa, madrileño de nacimiento, ¿no merece ser también Hijo Adoptivo de la ciudad?

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