| COSTUMBRES POPULARES | ALJARANDA |
Carlos Núñez Jiménez
Carlos Núñez Jiménez es un gran aficionado a la investigación tarifeña, que posee un magnífico archivo sobre datos de la población. Asimismo tiene en su poder una gran colección de prensa antigua editada en Tarifa.
El presente trabajo sobre el manto y saya tarifeño, lo he recogido de distintos números del Defensor de Tarifa, correspondiente al año 1891, por él verán los lectores de la revista ALJARANDA, dos distintas opiniones sobre el mismo, lo transcribo literalmente para que no pierda nada del pensamiento de la época:
MANTOS Y SAYA
Mujeres hermosas en todas partes de Andalucía, y aún de España, se encuentra; la gracia está esparcida por esta región; nuestras paisanas creo que hacen envidiar a las salinas de los Puertos y Chiclana; y sin embargo, hay algo que las distingue más que lo expuesto anteriormente.
El Manto y Saya es un remate; una corona que se presenta como prototipo de la desenvoltura y condiciones de la tarifeña. Esta, siempre franca y sonriente, alegre y bulliciosa, se esfuerza en gozar de todas las alegrias sin que nadie las sorprendan, ni menos experimentar placer con su satisfacción. Si la miramos en sus momentos de luto y de dolor, la veremos con su manto y saya. Si presurosa se lanza a la calle para curiosear o ver no ser vista ¿sabéis como la encontraremos?.
¡Ya lo creo que lo sabéis!. El manto es el único refugio y un magnífico compañero; él es confidente de nuestras bellas; compañero de sus tristezas y de sus goces, de sus penas y quebrantos.
Si preguntamos a nuestras paisanas por que se cubren la cara seguramente nos contestarán (que por que si). Cuando más llegarán a decir que usan el manto por que les parece cómodo, porque no es costoso o porque lo vieron usar a sus madres.
Ello es lo cierto que Tarifa es un continuo Carnaval y en los paseos y en las grandes reuniones hay la misma broma y se usa del incógnito con la misma facilidad que en otras partes se emplea en los días de Carnaval.
¿Se cubren la cara por temor de no parecer bonitas?. Mejor creería que es por modestia y por temor de parecer demasiado hermosas, y cautivar a cada paso unos cuantos corazones.
Tampoco puedo pensar que sea por faltarles el deseo de comunicación con sus semejantes; pues que entre todos es provervial la amabilidad, galantería y sociabilidad de nuestras paisanas, pero es lo cierto, que los mantos se usan por ellas, y que está tan arragiado en su manera de ver, que hay manto y saya por mucho tiempo.
El origen de traje tan especial, todos los sabemos y con dificultad nos atreveríamos a precisar el momento histórico en que apareció.
Lo que podemos asegurar es que a pesar de estar familiarizadas con dicho traje, a unos nos agrada, a otros nos fastidia y todos tenemos que transigir; pues una institución popular no se borra de la historia en un momento.
Hay que conformarse con ver al lado de las afrancesadas con sombreros de anchos penachos, la sandunguera mantilla española, y junto al popular mantón el arábico sayal.
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| ¿Es conveniente el manto y saya?, se preguntaba el periodista en el siglo pasado. (Foto reproducción M. Rojas) |
¿Es conveniente el Manto y Saya?. Si no temiera molestar a mis lectores démostraría que sí (aunque con limitaciones).
Manto y Saya: ¿Son convenientes?. He aquí una pregunta que muchas veces me he hecho desde los primeros años de mi vida.
Que no son bonitos siempre se me ha ocurrido, que a nuestras hermosísimas paisanas le quitan una parte de su belleza, es cosa que a ninguno se nos oculta, y sin embargo los adoradores de la moda, sexo bello, lo usan y hay tarifeñas que no pueden pasar sin ellos.
¡Cuanto sorprende una faz de querubín vista como por descuido entre los pliegues del manto!. A la mujer tarifeña lejos de quitarle el manto su hermosura nos agradan mas cuanto que, en ocasiones, no podemos admirar su rostro y cuando se nos descubren nos causan mejor alegría y satisfacción.
Mas no he de deducir de aquí su conveniencia, pues eso solo justifica que las bellas tarifeñas lo usen. Nada necesita la que es hermosa para producirnos deleites; lo bello siempre nos causa placer y dicha inmensa: de todos modos se presentaran habían de ser de nuestro agrado.
En mi concepto nada justifica el empleo de ese traje, con nuestras tradiciones y nuesta manera de ser desde hace muchos siglos. Todo pueblo debe tener grande empeño en conservar aquello que le es propio que le caracteriza y le distingue de los púeblos vecinos.
Tienen todas las poblaciones sus distintivos: asi como las naciones se diferencian las unas de las otras por su distinción de raza, clima, cultura, territorio, etc., de la misma manera que cada provincia tiene sus rasgos históricos y diferenciales; los pueblos tienen su manera de ser y de vivir particular, rasgos y caracteres que deben conservarse pues que son los que le dan vida propia.
Más aún, en muchos años será imposible desterrar esa costumbre que tan arraigada se encuentra y que casi instintivamente se practica por las hijas de esta ciudad.
Cuentan, que en no lejana época, y cuando todavía esta plaza fuerte era regida por el Gobernador Militar en lo que a la administración atañe, tratóse por uno de ellos de suprimir los mantos, pero si tal disposición llegó a dictarse, lejos de abolirlos continuaron en su mayor apogeo. ¿Cómo había de abolirse una costumbre que tiene como cimientos la historia y como base la afición decidida a él nuestras paisanas?.
Sin embargo, el manto disminuye y está llamado a desaparecer con el tiempo, ¿qué causas son las generadoras de la decadencia de esta costumbre?, sería muy difícil de enumerar, por ser muchas y de muy distinta índole.
¡Qué aspecto el de nuestra alameda y paseos en aquellos días que los tranquilos tarífeños se dedican preferentemente a la expansión y al descanso!.
Cualquier día del año es entre nosotros carnaval. El manto de nuestro pueblo mezclado con las innumerables tarífeñas, siempre bellísimas que lucen sus joyas y sus atavios; las bromas de las tapadas a los jóvenes amigos, le dan cierto atractivo y un carácter originalísimo.
Pero... ¿hemos de negar que en el manto hay algo de perjudicial?. De ninguna manera, Yo defiendo el manto y sayo fundado en los motivos que los lectores conocen, pero no dejo de comprender que a la vez que sus excelencias tiene sus dificultades. El manto hace en, muchos casos, que la mujer que se cubre valiéndose del incógnito se permita algunas bromas que a no ser en esa forma no se las permitiera.
Mucho se exagera por cuanto del manto hablan pero sin embargo hay algo de verdad en sus afirmaciones aunque solo sea la menor parte. Desde luego se comprende que la joven de educación modelo ni con el manto ni sin él ha de cometer el menor desliz; el peligro será tan solo para la que no posea tan inestimable cualidad: para la que se encuentra en este caso desdichado, el manto será una licencia expedida a hurtadillas para que puede mofarse de medio mundo y embromar al otro medio.
Este es en mi concepto el defecto del manto tarifeño, y creo que muchos participarán de esta misma opinión. Esta causa ha de ser también, juntamente con otras varias motivo de su extinción y ya hoy es causa de su decadencia.
Esta costumbre desaparece a pasos agigantados, y los que no estamos abrumados bajo el enorme peso de las canas y la calvicie, hemos podido comprobar un rápido decaimiento en el empleo del manto y la saya. Las causas de tan súbita caída son muchas pero entre otra solo he de indicar la afición desmedida al lujo, que juntamente con la oposición de algunas familias a su empleo; hacen que el manto pierda su importancia de tal suerte que su ruina es inminente y próxima. Muchas más razones podrían aducir para justificar su caída; entre ellas, una razón puramente histórica, por la menor comunicación e influencia del pueblo Arabe que en las edades pasadas y de mayor rozamiento con el resto de nuestra península". Este artículo lo firmaba José Cádiz Serrano.
A continuación el artículo de réplica firmado por
Kadileskers:
"Con verdadera repugnancia escribo estos desaliñados renglones, no sea cosa crean
que mi intención es de censurar y hacer una crítica de tu notable artículo en su
primera parte.
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| El manto y saya es la indumentaria más ridícula desde Adán, según Kadileskers (Foto reproducción M. Rojas) |
Nada de eso, muy lejos está de mi imaginación esta idea y aunque efectivamente la tuviera no podría llevarla a cabo porque no soy nadie para ello. Mi objeto es otro; se refiere única y exclusivamente a probar que el manto y saya al cual tu realzas tanto, es en la indumentaria lo más ridículo que se ha conocido desde Adan hasta nuestros dias.
Yo sé, querido amigo, que tú lo defiendes, no porque lo creas como el prototipo de la desenvoltura, pues mas bien es el de la envoltura, tu lo defiendas para servirte de él como medio de dirigirle a nuestras paisanas flores muy merecidas.
Pero basta de preámbulos y hecha ya la salvedad que me proponía, entremos en el fondo de esta delicadísima cuestión y así como tu has hecho ver las ventajas yo haré ver los inconvenientes y el ilustrado lector comparándolos después deducirá las consecuencias
Verdaderamente que nuestras paisanas hacen envidiar a las salinas de Chiclana y de los Puertos, pero es sin el manto y saya, porque con él solamente son comparables con la sosa y aquellas que se la dan de graciosa (que por desgracia abundan) son de tan mal género y efecto sus gracias que francamente no hacen ninguna y únicamente consigna el rodearse y rodear a todas las inocentes de una fama nada envidiosa.
Por eso creo que es llegada la época de que esta clase de vestido quede abandonado a cierta clase de gente.
Dices "que el manto es un remate, una corona que se presenta prototipo de la desenvoltura y condiciones de las tarífeñas". No me cabe duda que esto lo dices de broma, porque si fuéramos a juzgar la desenvoltura y condiciones de las tarifeñas por el manto, no le encontraríamos condiciones y si envoltura.
Sigo tu artículo y encuentro; "si la miramos en sus momentos de dolor y luto la veremos con su manto y saya". Lo más natural sería verla con el velo como en todos los pueblos civilizados.
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| Mujer vistiendo el manto y saya. (Foto reproducción M. Rojas) |
Lo después:"si presurosa se lanza a la calle para curiosear, a ver y no ser vista ¿sabéis como la encontramos?. Por desgracia lo sabemos, con su mantíto.
¿Y no le parece una cosa fea eso de curiosear?. La mujer debéis de ir a todas partes con su cara descubierta y de este modo evita el que cualquier danzante le diga una tontería.
Dices que se cubren la cara por modestia. No lo creas, la mujer que es bonita busca las ocasiones de exhibirse.
Por otra parte la que está acostumbrada a llevar el manto, cuando se cuelga el sombrero o la mantilla va diciendo que no se encuentra con ella.
Hasta aquí la opinión de dos periodistas tarifeños, de hace cien años, muchos de nosotros recordamos los últimos años de esta prenda, que ha desaparecido completamente y solo queda el recuerdo.
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