| HISTORIA |
ALJARANDA |
Dos textos olvidados con temática tarifeña
(siglos XVII y XVIII)
Juan A. Patrón Sandoval
(viene del número anterior de ALJARANDA)
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"Nueva Relación, en que se explican las honradas travessuras, y nobles hazañas de don Pedro Natera, natural de la ciudad de Tarifa.
| Calle el Tygre, calle el Osso, calle el León coronado, párense todas las fieras, y suspendan los estragos, que en las iracundas luchas sangrientas executaron. Suspéndase todo el Orbe, mientras que mi torpe labio de las fierezas de un hombre puede referir un rasgo. Nació en la noble Tarifa un hombre rico, é hidalgo, galan, discreto, y valiente, sugeto en quien se esmeraron de nuestra naturaleza las prendas de mayor garvo. Siendo Mercader, tenia tienda de sedas, y paños, y pasaba su caudal de mas de cien mil ducados. Pero como la fortuna nunca tuvo fixo el vario curso de la falsa rueda, que á tantos tiene rodando se enamoró de una Dama principal, á quien los Astros, los Signos, y los Planetas por deidad idolatraron. Era padre de la Diosa Venus, que estoy celebrando, Don Diego Pabon de Fuentes, hombre tan calificado, que el noble pecho vestía del Abito de Santiago. Tenia tambien Don Diego tres hijos, que eran hermanos de la señora Doncella, valerosos, y bizarros. pero Don Pedro Natera, que es el referido Guapo, siendo en ser bien nacido, y en ser tan rico fiado, herido de amor, dispuso solicitar el dechado de la mayor hermosura, que la fama ha celebrado. En la Iglesia, y en la calle, con discreción, y recato, por señas enamoradas la dió á entender su cuidado. Y como á ninguna Dama, según está averiguado, la pesa de ser querida, hizo curioso reparo en las amantes finezas de su firme enamorado. Se enamoró la Señora del Galán, en tanto grado, que á un tiempo entregó Cupido las flechas con ambas manos. Correspondióle bizarra, y usó de aquellos encantos, que los Amantes estilan, de paseos, y regalos, de musicas, y papeles, con que fueron avivando la llama de sus finezas, y el fuego de sus halagos. Con licencia de la dama, la noche del Jueves Santo, este año de setecientos y ocho, determinado fué á la casa de Don Diego Dó Pedro, y le halla en su quarto; y en presencia de los hijos, y otros dos, ó tres Hidalgos, pidió, que le concediesse de Doña Luisa la mano, pues deseaba la dicha de ser su esposo, y esclavo. Era Don Diego soberbio, muy colérico, y muy vano, respondióle desatento, y le dixo temerario: Las hijas de Caballeros, la vez que toman estado, es con gente de su igual, no con sugeto mas baxo. Vara de medir en casa? ni la quiero, ni la gasto, que yo no soy Mercader, ni aun lo fueron mis criados. Busque mas mediano empleo, que el que pretende es muy alto, no le faltará á, Don Pedro, de las que estan vateando, hija de otro Mercader, novia, que entienda sus trastos; y vayase, porque estoy muy corrido de escucharlo, y agradezca que reprimo lo mucho que me ha enfadado. Quedó Don Pedro Natera del todo desesperado, y sin esperar mas lances, como un Leon desatado, siendo la lengua la espada, le dixo: A desvergonzados respondo yo desta suerte: y en lo alto de los cascos le dió tan valiente golpe, que lo dexó atolondrado. Los que estaban de visita, los hijos, y los esclavos, arrancaron las espadas, y todos con él cerraron. Y entre todos parecia Basilisco empozoñado, que mataba con los ojos, según disparaba rayos. Llegó Don Diego Pavón á embestirle, y él ayrado, del ultimo finiquito le dió la carta de pago. Y al menor de los mancebos, que era un valiente muchacho, le despachó por la posta, como quien dice, jugando. Viendo a sus amos difuntos, llegó un Negro por un lado, mas Don Pedro con la daga uñas arriba le ha dado por la panza, y el mondongo le derramó, y el redaño. Llegó el hermano mayor, su enemigo por cuñado, y de una fiera estocada cayó en el suelo rodando, mas le libró de la muerte el coleto que es bizarro: Era la casa un incendio, siendo un bolcan animado Don Pedro con las centellas, que en su espada fraguaron. duró la fiera pendencia espacio tan dilatado, que pudo el Corregidor tener noticia del caso. Y con toda la quadrilla de Ministros, y Escribanos, en ocasión que Don Pedro se venia retirando, para salir a la calle, llegó á atajarle los passos. Aquí su valor heroico le fué todo necesario, se esforzó la valentía, y tremendo, y arrojado, les dixo: El que no quisiere que se lo lleven los diablos, no se me ponga delante, que por vida de San Pablo, que este cometa de azero, con el valor de este brazo, derribará mas cabezas, que tiene el genero humano. Dió un brinco por entre todos, y en la calle se ha plantado, siendo la rabiosa envidia de los mayores contrarios. El Caxero de Don Pedro, que era un Vizcayno honrado, viendo notorio el peligro, se fué a su casa volando. recogió la plata, y oro, y aparejando un caballo, á vista de la pendencia volvió á buscar á su amo. Y el señor Corregidor viendo el pleyto mal parado, les dixo: Favor al Rey, ea, prendedle, ó matadlo. Viendo Don Pedro que yá se le iba el brazo cansando, á palos, y á cuchilladas les hizo dar passo franco. Salió por una calleja, donde encontró a su criado, que en breve tiempo le dixo lo que dexo declarado. Montó en su caballo, y luego, sobre el volador Pegaso, seguido del Vizcaíno, le puso puertas al campo. Se passaron a Marvella, y con cinco Valencianos, y su criado, y él siete, quiso reparar los daños. Lo mayor de este sucesso, lo mas admirable, y raro, es, que no sacó Don Pedro, ni una herida, ni un araño. Y el señor Corregidor, iracundo, y enojado, despachó requisitorias con deseos de agarrarlo. Dispusieron el entierro de los tristes malogrados, y curaron los heridos, que quedaron mas de quatro. Vamos ahora á la Dama, que en medio de tal fracaso, ni la muerte de su padre, la sentia tanto, quanto la ausencia de su querido, que adoraba su retrato. Y el enamorado Joven, con todo el pecho abrasado, de las luces de su dueño, no temía los estragos, Ni se acordaba del riesgo, solo sentía, llorando, (que tambien los hombres lloran quando están enamorados) la pérdida de la Perla preciosa, que le quitaron. Dexó passar cinco dias, Y después de bien armados, dixo Don Pedro á los suyos: amigos, vamos al caso, yo me he de entrar en Tarifa, aunque se viniera abaxo toda la region del fuego; por el Cielo soberano, que he de sacar á mi esposa, si no me hacen pedazos. Los camaradas le dieron palabra de acompañarlo, que los valencianos eran de la valentía pasmo. Y el postrer dia de Pasqua de Christo resucitado, en punto de media noche dentro de Tarifa se entraron, tan valientes, que la muerte tembló de solo mirarlos. Echó su valor el resto, y sin mas, ni mas, llegaron á la casa de Don Diego, y de siete trabucazos hicieron la puerta astillas, y arrancando los candados, subieron las escaleras, y al infante se encontraron con los hermanos de aquella temprana rosa de Mayo. Las espadas, y broqueles, los dos hermanos tomaron, Don Pedro sacó la suya, y á sus gentes ha mandado, que para guardar la calle se vuelvan todos abaxo. Cerró con los dos mancebos, y del primer saetazo, si ambos temblaron de miedo, al uno dexó temblando; y el otro quedóse vivo, temeroso, y asustado se encerró en un aposento, dexando conducto salvo. Con una luz Doña Luisa salió las luces hurtando, diciendo: Señor Don Pedro, tenéos, y reportaos; y él con la rodilla en tierra, y el sombrero destocado, la dixo: Señora mia, a vuestras plantas postrado, perdon os pide mi amor de los yerros que ha causado. Vuestra hermosura es la causa, ya no puedo remediarlos los desatinos que he hecho, cometidos por amaros. Por vuestra persona vengo, y en esto estoy empeñado, y ha de ser con gusto vuestro, que no pretendo agraviaros, que sois alma de mi vida: No gastemos tiempo en vano, que estoy en grande peligro. Y ella respondió llorando: en fee de ser mi marido, á vuestro gusto me allano. La agradeció la fineza, y cogiendola en los brazos, baxó por las escaleras, y la puso en el caballo. Montó con ella á las ancas, y como París Troyano, robó su querida Helena, porque le avia robado las tres potencias del alma, que sus ojos adoraron. Mas al ruido de los tiros llegaron unos Soldados, y así que lo conocieron, para salir le ayudaron. Fuese á Malaga, y en ella, como Principe Sagrado, le valió el Señor Obispo, y su costa de Caballos, y fue por Capitán de ellos, con que el Rey lo ha perdonado, quedando con los honores, que su fama le ha ganado, y gozando de su esposa con merecidos aplausos, correspondidos cariños, unidos en dulce lazo. FIN"
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