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ALJARANDA |
Tarifa en la antigüedad.
Orígenes historiográficos.
Enrique Gozalbes Cravioto
La visión de los historiadores sobre Tarifa en la antigüedad clásica ha cambiado con el avance de los conocimientos, y con las diferentes formas de analizar los documentos. Además, muchas de esas imágenes, pese a su carácter discutible, han marcado con una profunda impronta la reconstrucción de la Historia de la ciudad. A fin de cuentas, el pasado tan lejano no permanece, está muy oculto en la penumbra, y lo que nos queda de él, junto a unos pocos vestigios materiales, es la interpretación (con componentes subjetivos) que hacemos del mismo.
Nombres diversos de poblaciones de la antigüedad clásica se relacionan con Tarifa. De ellos, es indiscutible que Belo, ciudad que fue convertida en municipio romano por el emperador Claudio, se hallaba en la ensenada de Bolonia. La isla de Hera, es decir la Tanit púnica, generalmente se pone en relación con la isla tarifeña de Las Palomas. Es un tópico, sin mayor demostración, que Iulia Traducta, fundación de Octavio Augusto, se hallaba en Tarifa. Y sobre Mellaria se discute su ubicación, que para unos es Tarifa misma (que no sería Traducta), mientras para otros se hallaría en la zona de Valdevaqueros.
Si en la actualidad, en los albores del siglo XXI, todavía se discuten estas cuestiones, nada puede extrañarnos que también se hiciera en el pasado. Debe de tenerse en cuenta que, hasta el renacimiento de Algeciras a partir del siglo XVIII, desde la Baja Edad Media Tarifa fue (con Gibraltar) la única ciudad de todo este litoral. Ello ocasionó que la historiografía anticuaria le prestara una gran atención. La misma iba destinada, sobre todo, a establecer el nombre y las características de la ciudad antigua que habría ocupado ese lugar.
LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE MEDIEVAL
No son pródigas las fuentes árabes medievales en la mención de Tarifa con cierto detalle. Excepto alguna descripción muy individualizada, como la del ceutí al-Idrisi del siglo XII, Tarifa en la cita de los geógrafos apenas supone algo más que la mención de un punto costero en el Estrecho. El pequeño poblado de pescadores de los siglos VIII-IX, en el siglo X recibió una guarnición militar de vigilancia de las costas ante el posible peligro africano, para lo cual se construyó la primera fortaleza de la que se conserva su lápida fundacional (1).
Pero, ¿existe una visión acerca de la existencia de una Tarifa previa? Así es, aunque la misma aparece indisolublemente unida a la cuestión del origen de su nombre. Las fuentes árabes repiten, de forma insistente, que Tarifa debía su nombre a un personaje, Tarif, que fue el primer musulmán que atacó con sus tropas la costa de al-Andalus. Esta versión aparece ya expresa en Arib, en el siglo X (2).
Ahora bien, esta visión parece deducir que Tarif utilizó la isla y puerto de Tarifa como base militar. Desde ella mandó sus incursiones en dirección a Algeciras, en las que tomó cautivos y consiguió un botín considerable. A partir de aquí no se deduce que realmente Tarifa tuviera un núcleo de poblamiento, de cierta importancia, en esos momentos. Por el contrario, otra versión, la del Ajbar Machmúa en el siglo XI, introduce un importante matiz en el mismo relato: la isla de Tarifa "era arsenal de los cristianos y punto desde el que zarpaban sus embarcaciones". Una base marítima acerca de la que no tenemos ningún otro dato, y que otras fuentes árabes relacionan con Algeciras.
La diferencia referida a la Historia de Tarifa alcanza una cierta importancia. En la versión de Arib, Tarifa no existía como lugar poblado, era un mero punto costero caracterizado por la isla. En la de la crónica beréber, Tarifa constituía una gran base naval utilizada por los cristianos. En este segundo caso, existía una población previa que, a consecuencia del ataque de Tarif, cambió su nombre. En todo caso, queda la duda razonable acerca de si los informantes árabes se referían al puerto mismo de Tarifa o a la ciudad antigua de Belo (3).
LA HISTORIOGRAFÍA MEDIEVAL CRISTIANA
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La historiografía del Renacimiento comenzó a prestar atención a las tierras de Tarifa en la antigüedad clásica. |
El mismo episodio de la correría de Tarif aparece en el siglo XIII en la cronística cristiana. Ximenez de Rada utilizó como fuente de información los Anales Complutenses que, a su vez, se basaban en los relatos árabes. Según su narración, los árabes, en su mes sagrado de Ramadán, llegaron ad insulam citra mare, que debido al general musulmán tomaría el famoso nombre de isla de Tarif (4). Nada se indica acerca de si esa isla y su costa más cercana contenían un núcleo de población.
Relato muy similar encontramos en la Crónica General de España, obra elaborada por el círculo de Alfonso X de Castilla. Naturalmente, la cuestión venía apareciendo en la historiografía cristiana desde el siglo XI, aunque en unas versiones claramente derivadas de las obras árabes de la época. Según la mencionada Crónica castellana, "aportaron aquen mar en la ysla que despues a aca ovo nombre Algezira Tharif. E alli estido el cuende Julian con aquellos moros fasta quel vinieron sus parientes et sus amigos" (5). Como puede observarse, nada indica que se considerara la existencia de un poblamiento previo de Tarifa.
De hecho, en otra de sus obras, el círculo del rey Sabio utilizaba un viejo texto de Plinio (6) para considerar que la urbe de Iulia Traducta, fundación de Augusto, se hallaba en Tánger:
"dize Plinio en el segundo capítulo del quinto libro do fabla de las tierras, que este Anteo la pobló a Tanger primeramente; e que despues la conquirió el Çesar, e poblola mas, e canbiole el nonbre, e llamola Julia Traducta" (7). Un siglo más tarde, Juan Fernández de Heredia vuelve a recoger palabras muy similares, claramente tomándolas de la obra de Alfonso X, para señalar que
Iulia Torducta (sic.) fue una fundación de Cesar, situada en la orilla africana, donde en su tiempo existía la ciudad de Tánger (8).
EL RENACIMIENTO: FUENTES LITERARIAS Y RESTOS MATERIALES
El Renacimiento supondrá, en el terreno historiográfico, la utilización de las fuentes clásicas. Sobre todo, va a destacar la consulta de los textos geográficos de la antigüedad, más en concreto los escritos de Strabon, Pomponio Mela, del que se va a destacar su carácter oriundo de la zona, Plinio y, sobre todo, Claudio Ptolomeo. La consulta de sus textos permitirá a los eruditos de la época conocer la existencia de ciudades anteriores a la conquista islámica.
En el caso de las poblaciones costeras, la identificación era más fácil, por aproximación, dado que las citas de ciudades seguían una línea bien determinada. En general, dos elementos van a destacar como criterio para la ubicación de las ciudades que mencionaban las fuentes clásicas:
1º) En primer lugar, la toponimia, que permitía deducir que la antigua Malaca era la moderna Málaga, y la antigua Gades correspondía con Cádiz.
2º) El segundo criterio era el de continuidad urbana. De acuerdo con el mismo, una ciudad importante de la antigüedad se ponía en relación con la principal de la zona en esta época. Si el primer criterio permitió acotar el espacio geográfico, el segundo condujo inicialmente a notables errores.
El primer escritor renacentista es el catalán Joan Margarit, más conocido como Gerundense por haber sido obispo de Gerona. En 1482 escribió un tratado que influyó mucho en la metodología, aunque no sería publicado hasta más de medio siglo más tarde (9). Su valor es puramente el de iniciador de unas propuestas de lectura sobre los topónimos antiguos. Margarit no conocía este territorio y su aproximación a la cuestión se producía con un simple mapa.
Margarit es el primero que habla de una de esas ciudades de la antigüedad como ubicada en Tarifa. Pero el autor se hizo un auténtico lío con los topónimos de las fuentes. Así, consideró que la urbs Mellaria, antes del Estrecho, correspondía con Algeciras: quae nunc Alzezira nuncupatur (10). También, la lectura de uno de los mapas ptolemaicos le permitía concluir que Carteia estaba en el mismo lugar de Algeciras (11). ¿No habíamos quedado en que Algeciras era Mellaria?
En esa relación de ciudades, en Strabon, Mela, Plinio y Ptolomeo, después de Mellaria aparecía la importante ciudad de Baelo. Naturalmente, resultaba imposible pasarla por alto. Y el autor, naturalmente, inmediatamente la ubicó justamente en el lugar de la principal población de su época: quondam Mendalia dicebatur ille enim adiacet urbs Belon ad partem freti, quod hodie Taripha oppidu est, et erat ibi templo Junonis (12). Así pues, Belo y el templo de Juno debían corresponder con la única urbe de su misma época: Tarifa.
Mucho mayor valor tendría la aproximación que a estas mismas cuestiones iba a realizar Elio Antonio de Nebrija, cronista de los Reyes Católicos. Sobre todo, Nebrija conoció mucho mejor las fuentes, así como el territorio. Escribió una gran obra sobre las antigüedades de España, de la que se conserva un único ejemplar conocido en Copenhague (13). Pero además, Nebrija iba a llevar esas mismas conclusiones a sus diccionarios, con los que iba a influir notablemente en la historiografía renacentista.
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Antonio de Nebrija. Fue el primero que identificó Tarifa con la ciudad antigua de Melaria. |
Con Nebrija renace el mundo de Tartessos. Se trataba de un auténtico reino de los andaluces en la antigüedad. Dicho reino tenía su centro en Calpe Tartesia, es decir Gibraltar, que más tarde sería nombrada como Carteia en época romana. Siguiendo la costa del Estrecho, al Occidente de Calpe-Carteia se hallaba la ciudad de Mellaria, quae nunc Tarifa. Así pues, el sabio andaluz fue el primero que concluyó que Tarifa correspondía con la población de Mellaria, a la que consideraba como una fundación de los cartagineses.
El aragonés Jerónimo Zurita también consultó directamente las fuentes clásicas. Muy crítico con los mitos de la Historia antigua peninsular, los fabulosos reyes de época pre-romana, pese a sus notables conocimientos prefirió eludir la antigüedad. En la Real Academia de la Historia se conserva, totalmente inédito, un manuscrito que dedicó (atención por vez primera en España) al texto del famoso Itinerarium Antoninum (14).
Zurita, por lo general, escapa de entrar en la controvertida cuestión de la ubicación de las ciudades antiguas. Sin embargo, de su análisis se proponen diversas localizaciones enormemente juiciosas. Así, cuando habla del Portum Album del Itinerario, no puede menos que ponerlo en relación con el Promontorio Albo de la costa africana. Carteia, a partir de las fuentes clásicas, la considera Tartessos y la ubica en relación con Gibraltar.
Sobre Mellaria destaca las alabanzas de Strabon acerca de su salazón de pescado. Entonces utiliza el texto ya conocido por Nebrija, la mención de Turranio Gracilio acerca de que estaba justo en el punto más angosto del Estrecho, frente al Promunturium Album de la costa africana (15). Parece claro que, en los datos recogidos por Zurita, la antigua Mellaria debía de estar muy cercana a Tarifa, así como Belone, puesto que ésta se hallaba inmediatamente al Occidente del núcleo urbano de Tarifa.
La identificación de ciudades experimenta un salto adelante de grandes proporciones con la figura de Lorenzo de Padilla, que es conocido como Arcediano de Ronda. Padilla ha sido valorado de forma negativa, despreciado a mi juicio de forma injusta. Es cierto que en algunos de sus escritos recogió las fábulas sobre la historia primitiva de España. Pero este hecho fue general en aquella época, incluso en la obra de Nebrija. Por otra parte, a Padilla se han atribuido escritos en los que estas fábulas se recrecen y que, sabemos hoy perfectamente, fueron manipulados por otras plumas posteriores.
Lorenzo de Padilla aprendió mucho, y de ahí su principal aportación, de la estancia en la Corte de Granada. Allí entró en contacto con eruditos italianos, especialmente con el embajador veneciano Andrea Navaggero. Éste le enseñó la importancia que, para la localización de ciudades antiguas, tenían los vestigios materiales. A partir de aquí se introdujo un criterio fundamental para la correspondencia de los topónimos clásicos. Por esta razón, Lorenzo de Padilla recorría el territorio, incansablemente tomaba nota sobre restos antiguos. Los epígrafes latinos, y las señales de despoblados antiguos, servían para ubicar las ciudades.
A finales de la década de los veinte del siglo XVI, Padilla escribió un tratado de Geografía de España. Pese al título, en el mismo no trataba de su tiempo: era un análisis de los datos toponímicos reflejados en las fuentes clásicas. Dicha obra no se publicó y, hasta ahora, su manuscrito se ha considerado perdido. Nosotros hemos localizado una copia manuscrita en la Real Academia de la Historia. Allí ya vemos perfectamente reflejado ese avance que indicamos, referido a esta zona cuando analiza los datos de Pomponio Mela:
"Carteia fue edificada en ciertos edificios que llaman la Torre de Cartagena, una pequeña legua mas occidental que Gibraltar, despues de la qual está Menlaria que es su patria, la qual fue edificada entre Algecira y Tarifa, y despues de su pueblo dice que está Belone, cuyas insignias de edificios permanecen dos leguas occidentales que Tarifa, que corrupto el nombre le llaman Bolonia" (16).
Años más tarde, Lorenzo de Padilla escribía una Crónica de España, producto de su función cronística. Sería publicada poco después de su muerte (17). En ella vuelve a mencionar la ciudad de Mellaria en relación con Tarifa, y en este caso concreto habla incluso de sus posibles vestigios materiales. El autor afirma que Gargoris reinó en Tartesia o Andalucía:
"Edificó a Menlaria en lo mas apartado del Estrecho, las insignias de los quales edificios permanecen poco mas orientales que Taripha la buelta de Algecira, y hazen mencion desta ciudad todos los cosmographos, en especial Pomponio Mela que la llama su patria" (18).
Antes, el autor había afirmado que Carteia fue fundación de los cartagineses, y vuelve a mencionar que sus vestigios eran los de la Torre de Cartagena. Pero ahora existe una novedad. Mellaria correspondía con el territorio de Tarifa, pero se hallaba al Oriente de la ciudad (antes lo había señalado), pero afirma que se veían sus vestigios. Entre un escrito y el otro, el autor ha confirmado su conclusión con este dato.
¿Qué vestigios eran esos? No parece que correspondan con Getares, puesto que entonces habrían sido relacionados más bien con Algeciras, pero no es menos cierto que ésta no existía como ciudad en esta época. No sería tampoco la primera vez que el autor confundía restos medievales con un hábitat romano.
Por otra parte, Lorenzo de Padilla identificó correctamente los vestigios de Belo, en la ensenada de Bolonia. Habría sido una fundación realizada por orden de Cesar, dirigida a Longino, que era su lugarteniente: "edificar en el estrecho de Gibraltar o su entorno un templo a la diosa Juno, que unos le llamaron deste nombre, y otros Velona, que fue otro nombre de los suyos, y fue su edificio hasta dos leguas pequeñas mas occidental que Tarifa, cuyas insignias de edificios, corrupto el nombre, al presente les llaman Bolonia" (19).
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Los Toros de Guisando. Según el cronista Lorenzo de Padilla procedían de un templo antiguo de Tarifa. |
Por cierto, Lorenzo de Padilla comete un curioso dislate en la interpretación histórica. Como es sabido, los famosos toros de Guisando, en Castilla-León, contenían inscripciones latinas. Era creencia en el siglo XVI que éstos, que eran cinco aunque hoy sólo se conserven cuatro, fueron puestos en conmemoración de una batalla entre cesarianos y pompeyanos. La mención en uno de los textos de un tal Longino hizo disparar la imaginación. Se creyó que el tal Longino no era otro que Cassio Longino, lugarteniente de Julio Cesar. A consecuencia de este hecho se inventaron unos falsos textos epigráficos, supuestamente recogidos en los toros de Guisando, haciendo referencia a un Bellum (guerra) de Cesar, in agro Bastetanor(um) (20).
Pues bien, la supuesta cita del Bellum condujo a Lorenzo de Padilla a concluir que estos toros originariamente habían estado en Tarifa, junto al templo de Juno (21).
Pero si los famosos toros de Guisando eran de Tarifa, ¿qué demonios hacían en Guisando? En opinión de Padilla habían sido trasladados allí por el almohade Ibn
Yusuf, en conmemoración de la victoria de Alarcos contra el castellano Alfonso VIII (22). Los toros de Guisando, como supuestos toros de Tarifa, constituyen una de las más curiosas excentricidades de la historiografía sobre nuestra ciudad.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) Vid. el estudio reciente de SEGURA, W. El castillo de Guzmán el
Bueno. Tarifa 1997. Sobre las citas árabes acerca de Tarifa,
GOZALBES, E. "Descripciones de la Tarifa musulmana". ALJARANDA nº 9 (1993). pp. 9-12. Sobre el contexto más ámplio, GOZALBES BUSTO, G.
"Gibraltar y el Estrecho en las fuentes árabes". Almoraima nº 21 (1999). pp. 397-410.
(2) GOZALBES, E. "La primera incursión árabe a España: Tarifa, año 710". ALJARANDA nº 7 (1992). pp. 16-19;
"Tarif, el conquistador de Tarifa". ALJARANDA nº 30 (1998). pp. 4-8.
(3) Téngase en cuenta la existencia de restos visigodos en la ciudad de Tarifa;
FITA, F. "Inscripciones romanas y visigóticas de Tarifa, Ronda y Morón de la Frontera".
Boletín de la Real Academia de la Historia nº 53 (1908). p. 346 : inscripción funeraria de
Flavianus, del año 636. Otro vestigio es mencionado por CRIADO, F. J. "Evolución histórica del urbanismo tarifeño".
Almoraima nº 5 (1991). p. 153: "la importancia de estos restos monumentales reside en el hecho de dar vestigio de habitación estable humana en el área de la actual ciudad de Tarifa, en los inicios de la Edad Media y en momentos anteriores a la irrupción
islámica".
(4) XIMENEZ DE RADA. De Rebus Hispaniae III, 19.
(5) Primera Crónica General de España. cap. 555.
(6) PLINIO. NH. V,2: "En nuestros días se encuentra la ciudad de Tingi, fundada por
Anteo, a la que después el Cesar Claudio convirtió en colonia y la llamó Traducta
Iulia".
(7) ALFONSO X. General Estoria. Ed. de SOLALINDE, A. G., KASTEN, L. A. y
OELSCHLAGER, V. Madrid 1951. p. 29.
(8) FERNÁNDEZ DE HEREDIA, J. La grant cronica de Espanya. Edición de los libros I y II por
GEIJERSTAM, R. A. Uppsala 1964. pp. 220-221.
(9) MARGARIT, J. Paralipomenon Hispaniae. Granada 1545. Biblioteca Nacional de Madrid. Raros 417.
(10) Paralelipomenon. p. XV.
(11) Paralelipomenon. p. XXII.
(12) Paralelipomenon. p. XV.
(13) DE NEBRIJA, E. A. Muestra de la Istoria de las Antigüedades de España. Burgos 1499.
(14) ZURITA, J. Antonini Augusti Itinerarium cum commentario. Ms., RAH., 9/5632.
(15) ZURITA, J. fol.102.
(16) DE PADILLA, L. El libro de la Geografía de España. RAH, Ms. 9/5909. fol.19.
(17) DE PADILLA, L. Crónica de España. s.f.. Biblioteca Nacional. R. 29851.
(18) DE PADILLA, L. Crónica. fol. XX vº.
(19) DE PADILLA, L. Crónica. fol. LVI.
(20) Vid. sobre los textos, GIMENO PASCUAL, H. Historia de la investigación epigráfica en España en los siglos XVI y
XVII. Zaragoza 1997. pp. 96-98.
(21) DE PADILLA, L. Crónica. fol. LIX y vº.
(22) La batalla de Alarcos se produjo en el verano de 1195. Vid. HUICI MIRANDA, A.
Las grandes batallas de la Reconquista durante las invasiones africanas. Madrid 1956. pp. 137 y ss. Yaqub al-Mansur había desembarcado en Tarifa, donde estuvo descansando un día antes de marchar hacia el frente.
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