HISTORIA

ALJARANDA

La pesca del atún en la antigüedad

Enrique Gozalbes Cravioto

    La pesca y la industrialización de sus productos constituyó un sector económico básico en todo el área del Estrecho en la antigüedad clásica. Baste indicar que la representación del atún, como símbolo pesquero, es uno de los motivos más frecuentes que aparecen en las amonedaciones de ciudades hispanas. Así lo vemos en las acuñaciones de ciudades como Belo, Asido, Gades o Traducta Iulia, entre otras (1).

    Muy en concreto, en la costa tarifeña se conservan abundantes vestigios de industrias de salazón de pescado de época romana. El arqueólogo francés Michel Ponsich ha señalado la existencia de restos arqueológicos de factoría de salazón romana en la propia Tarifa, en Charca Vieja, en Cortijo del Pozuelo, en la Venta del Tito, en el Hotel Dos Mares, en Villavieja, en Lentiscal, y finalmente, el imponente conjunto industrial de Belo Claudia (2).

    Así pues, la arqueología viene a corroborar lo que podíamos saber por las menciones de las fuentes literarias (3). Las mismas hablan de la gran riqueza pesquera de todo el litoral hispano del Estrecho de Gibraltar. Quizás la cita más expresiva sea la del geógrafo griego Strabon; en la época del cambio de Era señalaba al Oeste de Carteia (bahía de Algeciras): viene a continuación Menlaria, que tiene industria de salazón, y tras ella la ciudad y el río de Belon. Tiene también mercado y salazones (4).

    También recientemente Manuel Liaño, en las páginas de esta misma revista, ha llamado expresamente la atención acerca de la enorme tradición de la pesca del atún en Tarifa (5). Y en concreto para la antigüedad nos ha recordado un texto del antes mencionado Strabon. El geógrafo griego habla de la gran riqueza en especies marinas de la costa hispana del Estrecho, del enorme tamaño que adquieren aquí algunos ejemplares, señalando Carteia como un puerto especial al respecto. Después afirma: muchos atunes que del Océano exterior llegan a estas costas son gordos y grasos. Se alimentan de bellotas de una encina que crece al nivel del mar y que produce ciertamente unos abundantes frutos.

    Y prosigue más adelante señalando lo que hoy conocemos bien, que los atunes aquí son más gordos y que adelgazan según penetran en el Mediterráneo debido a que no se alimentan. Termina afirmando que son estos peces una especie de cerdos de mar, porque comen las bellotas y engordan con ellas de forma excepcional, hasta el punto de que cuantas más bellotas de mar existan nace una mayor cantidad de atunes (6).

    Aquí tenemos los atunes que en el mes de mayo se pescan en Tarifa. Ahora bien, ¿qué sistema se empleaba?. Por lo general se alude a las almadrabas de la antigüedad. Sin duda se trata de un sistema históricamente muy bien definido pero de los textos que se recogen no se deduce expresamente que fueran utilizadas. Por otra parte, un conocido texto de un libro griego de prodigios informa que en el siglo IV a. de C. los púnicos de Gadir (Cádiz) pescaban los atunes con barcos, pero muy lejos (a cuatro días de navegación) de la costa hispana (7). Otros escritores griegos hablan de que los atunes pasaban del Océano al Mediterráneo, y que eran capturados por hispanos e itálicos (8). Sigue sin documentarse cual era el procedimiento de la pesca.

Grabado del siglo XVI sobre la actividad pesquera en Conil. La tecnología era muy similar a la de la antigüedad.

    Un escritor naturalista latino, Claudio Eliano, habla de la pesca del atún en el Mar Negro. Indican que los pescadores utilizaban barcas, redes y establecían una atalaya, que se ubicaba en el litoral: cada barca tiene a cada costado seis remeros jóvenes buenos conocedores de su oficio. Las redes son grandísimas, no demasiado ligeras ni sostenidas por corchos sino más bien lastradas con plomo. Estos peces penetran en tropel en ellas (9). El vigía, desde la atalaya, avisaba de la llegada de los bancos de atunes, y el cerco de las distintas barcas con las redes se iba cerrando.

    Eliano indicaba que la información sobre el método de pesca la había obtenido en el Ponto. Pero más adelante constataba que ello no significaba que fuera ese el único lugar donde se pescaba el atún. Así afirma que un método muy similar debía utilizarse en Sicilia, aunque no tenía esa información, para señalar después: de todos modos, hay también factorías de atunes en otros lugares (10). Nada nuevo al respecto documenta en otro lugar, en el que afirma que los atunes seguían recorridos estacionales, en los que permanecían a la vista de tierra (11).

    Hemos encontrado información complementaria, que incluye de forma expresa la costa hispana, en otro escritor de época romana. Se trata de Oppiano, un poeta griego que vivió en el siglo II de la Era cristiana. Su obra más conocida es la Cinegética o libro sobre la caza. Pero menos conocido, de este mismo autor existe otra obra titulada Haliéutica, que es un tratado acerca de la pesca. Esta obra la dedicó al emperador Marco Aurelio y a su hijo Cómodo. Oppiano falleció cuando contaba sólo con 30 años, víctima de la pestilencia.

    Oppiano documenta la pesca del atún en las costas del Estrecho y en el Mediterráneo occidental. Es, por lo tanto, un autor complementario de Eliano que tenía datos expresos sobre la pesca del atún en el mar Negro. Oppiano afirma que los atunes eran pescados primeramente en la costa hispana, donde sus habitantes utilizaban especialmente la fuerza (12). Después también existían pesquerías en la desembocadura del Ródano, donde los pescaban los habitantes de la Galia, y finalmente en Sicilia.

    El procedimiento de pesca del atún en la costa del Estrecho, en la costa ibérica, en la Galia y en Sicilia era común. Veámos el texto de este escritor: Abundante y maravilloso es el botín que obtienen estos pescadores cuando la formación de los atunes avanza en la primavera. En primer lugar los pescadores marcan un determinado lugar en el mar, que no sea excesivamente estrecho al pie de escarpadas costas, ni tampoco que esté expuesto a los vientos; el lugar debe de tener un adecuado equilibrio entre el cielo abierto y abrigados lugares.

    El especialista vigía de los atunes primeramente sube a una escarpada altura, y éste calcula acerca de los ejemplares que se aproximan, de su clase y su número, de lo cual informa a sus compañeros. Acto seguido se extienden las redes que forman una especie de ciudad entre las olas. Las redes tienen sus porteros y en el interior hay puertas y recónditos lugares. Con rapidez avanzan los atunes en hileras, al modo de falanges humanas que se agrupan por tribus, siendo unos más jóvenes, otros más viejos, otros de mediana edad. En número incalculable se desparraman entre las redes en el tiempo que se considere preciso y la cantidad que admita la red (13).

    Como puede observarse, tenemos expresamente mencionada una sistemática muy similar a la de la almadraba. Así pues, Oppiano confirma la existencia de este sistema, pero además lo aplica de forma expresa a la pesca del atún en esta zona. El mismo Oppiano nos ofrece otros detalles curiosos acerca de los atunes. Para su pesca se utilizaba un cebo especial que era el pescado llamado coracinos (14). Se trata indudablemente del que conocemos como pez cuervo.

Almadraba de Cádiz en el siglo XVI. Ambiente muy similar al de las almadrabas de la antigüedad.

    También Oppiano informa de la existencia de un parásito del atún que le afectaba muchísimo: enloquecidos por la cruel herida, saltan y cabalgan sobre las olas acá y allá, poseídos por un dolor inextinguible. Con frecuencia entran en los barcos de bien ornamentada proa y popa, hostigados por su destemplado impulso. Y a menudo brincan fuera del mar, y corren retorciéndose de dolor hacia la tierra, y cambian sus penosos sufrimientos por la muerte (15).

    Se trata de otro dato curioso sobre un animal que Oppiano valoraba como especie de pesca, pero que despreciaba en lo referido a sus actuaciones: yo creo que ningún pez morador de agua salobre es más impío que el atún, o que lo sobrepase en maldad de corazón; cuando la hembra pone sus huevos, y se recupera del dolor del parto, la propia madre devora sin piedad a los que se encuentra (16).

    Así pues, Oppiano es un escritor que certifica que todavía en la segunda mitad del siglo II d. de C. la pesca de los atunes constituía un elemento económico de gran importancia en el litoral del Estrecho de Gibraltar. La decadencia de esta pesca debió de ser paralela a la del conjunto de las producciones de salazón de pescado.

    A este respecto, la investigación arqueológica es la que nos está ofreciendo una mayor cantidad de datos, aunque de la misma no puede deslindarse la pesca del atún de la de otras especies. Hemos visto la gran cantidad de factorías de salazón de la época romana descubiertas en el término de Tarifa. La arqueología no cesa de aportar nuevas instalaciones, tanto en la costa hispana como en la africana del Estrecho.

    A juzgar por estos vestigios arqueológicos el apogeo de la pesca antigua en la costa del Estrecho se produjo, precisamente, en el siglo II d. de C. Esta máxima producción de salazón de pescado en general, coincidente con la de atún en particular, inició una fuerte disminución, primero, y una franca decadencia después, en el siglo III. En el siglo IV esta producción era muy escasa, aunque algunas factorías de salazón continuaron su actividad. La gran pesca del atún en el Estrecho, su tratamiento en conserva y su comercialización, no renacerían en gran escala hasta la época árabe, en el siglo X.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) J. AMORÓS Y M. RIFÁ, Ensayo de un estudio geográfico de los elementos de intercambio de la España antigua en relación con la economía y las monedas, Numario Hispánico, 1, 1952, p. 147; J.M. BLÁZQUEZ, Economía de la Hispania romana, Bilbao, 1978.
(2) M. PONSICH, Aceite de oliva y salazones. Factores geo-económicos de Bética y Tingitana, Madrid, 1988, p. 189 y ss.
(3) E. GOZALBES, Economía de Tarifa en la antigüedad, ALJARANDA, nº 24, 1997, p. 9.
(4) STRABON III, 1, 8.
(5) M. LIAÑO, La pesca del atún. Salir por la vía de Tarifa, ALJARANDA, nº 26, 1997, p. 4.
(6) STRABON III, 2, 8.
(7) PSEUDO-ARISTÓTELES: De Mirab. Ausc., 136.
(8) Vid. los textos en A. SCHULTEN, Fontes Hispaniae Antiquae, II, Barcelona, 1925.
(9) ELIANO, Hist. Anim. XV, 5.
(10) ELIANO, Hist. Anim. XV, 6.
(11) ELIANO, Hist. Anim. IX, 42.
(12) OPPIANO, Haliéut. III, 624-625.
(13) OPPIANO, Haliéut. III, 631 y ss.
(14) OPPIANO, III, 184.
(15) OPPIANO, I, 514 y ss.
(16) OPPIANO, I, 756 y ss.

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