HISTORIA

ALJARANDA

Toponimia de Bolonia y su entorno

Gaspar J. Cuesta Estévez

    El área geográfica que comprende la ensenada de Bolonia y sus tierras aledañas presenta, además de una espectacular belleza, un interesante repertorio de topónimos que no son sino fiel reflejo de su abolengo histórico y de su riqueza orográfica y vegetal. El nombre de BOLONIA, por ejemplo, es una deformación de Baelo Claudia, ciudad romana cuyas ruinas podemos visitar al pie de la playa del mismo nombre, y que en las monedas e inscripciones consta como Bailo, en Ptolomeo como Bailon, en Estrabón, Plinio y Stephano de Bizancio como Baelo, en Rávena y en el Itinerario de Antonino como Belone Claudia, "apellido" que se le impuso como homenaje al emperador Claudio en agradecimiento por su decisión de otorgarle el rango de municipio. En el Libro de la Montería de Alfonso XI (1), de mediados del s.XIV, y en las Actas Capitulares tarifeñas del s.XVI (A.M.T., t. I, f. 44r) se recoge como Boloña, lo que hace pensar que Bolonia puede ser una forma cultista restaurada a posteriori, o bien que ambas fueron variantes que convivieron en siglos pasados.

    En un trabajo anterior (2) ya señalé que muchos estudiosos sostienen que en este lugar debió de existir un emplazamiento previo a la colonización romana. Por ejemplo, Dietrich apunta un origen sirio; Thouvenot asegura que la raíz Bae- o Be- debe de estar motivada por el nombre de la divinidad púnica Baal, hipótesis que tiene su apoyo en los restos púnicos encontrados allí y en las monedas con alfabeto libiofenicio. Por su parte, César Pemán (3) prefiere ver en esta raíz un origen indígena, relacionado con el vasco "bajo, debajo". Lo cierto es que el étimo del que procede Bolonia no parece tener un origen latino.

    Ya señalé en el trabajo arriba citado que el hecho de que el cauce de agua que desemboca delante de las ruinas se denomine ARROYO DE LAS VILLAS no es casualidad, pues está demostrado que los nombres Villa y Villar suelen ser aplicados por los lugareños a restos de construcciones antiguas; tan frecuente es la relación entre estos topónimos y yacimientos de épocas anteriores que son tenidos como pista casi segura por arqueólogos. Y podemos suponer que desde tiempos inmemoriales los vecinos del lugar tendrían conocimiento de la facilidad con que aquí se encontraban piedras labradas y otros objetos de factura humana, e imaginarían, aún sin saber las dimensiones e importancia históricas del hallazgo, que se trataba de un despoblado vinculado a alguna civilización anterior.

    Precisamente el arroyo que circunda el perímetro de las ruinas por su lado meridional, y que confluye con el anterior al llegar al mar, se llama ALPARIATE, un nombre que ya aparece recogido en el Libro de la Montería con la forma Alparayate (pág. 131). El propio folleto informativo sobre el conjunto arqueológico de Bolonia, editado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, señala en su descripción geográfica que ambos cursos de agua contornean la ciudad romana, encerrándola en una especie de horquilla antes de alcanzar sus respectivas desembocaduras. Si tenemos en cuenta que la población romana estaba delimitada por murallas, cuyos restos aún se conservan, y que en latín la voz paries, -etis valía "pared, muro", es más que probable que el hidrónimo tenga su motivación en la cercanía de dicha muralla.

    El hecho de que aparezca el artículo al- antepuesto podría hacernos pensar que se trata de un topónimo árabe, pero es sabido que hay otros casos de híbridos formados por el artículo árabe más un nombre romance (Almonte, Almonaster). Además, la conservación de la /t/, intervocálica puede interpretarse como un rasgo mozárabe, puesto que la evolución lógica de ese sonido latino en su paso al castellano era la sonorización, razón por la cual parietem dio en nuestra lengua pared. La conservación de esa consonante (más habitual en el sur y en el este de la Península, según Zamora Vicente) y, por consiguiente, de la /e/ final, junto con el artículo árabe, son claros indicios de que este nombre se fosilizó como topónimo bajo la lengua mozárabe. Es decir, el dialecto romance que hablaban los cristianos que vivían en territorio musulmán y que, además de ser más conservador respecto al latín, tenía influencias de la lengua árabe.

    Otra hipótesis es que Alpariate fuese una corrupción del Ad Parietem ("hacia el muro"), ya que el arroyo citado desciende por una ladera próxima en dirección a las murallas de Baelo Claudia. En ese caso, la preposición latina se habría asimilado al artículo árabe posteriormente, por analogía con tantos nombres de lugar que lo contienen. De todas formas, lo que sí parece evidente es la antigüedad del topónimo y su relación con las ruinas romanas (4).

    Además, el Arroyo de Alpariate nace en la Sierra de la Higuera y fluye en su descenso hacia el mar por entre la Sierra de la Plata y la LOMA DE LA CARRERA, cuyo sugerente nombre tiene como étimo el latín vulgar CARRARIA "vía para carros". Precisamente, es probable que junto a este cerro pasara el ramal que enlazaba la ciudad romana con la Vía Heraklea.

Ensenada de Bolonia.

    Respecto al topónimo BETIS, todavía no encuentro una explicación plenamente satisfactoria, debido sobre todo a las diversas variantes y derivaciones: Betis, Betín, Betijuelo, ... Sin embargo, lo más probable es que tengan su étimo en el árabe Bete "casa", que da nombre también a un caserío de Albacete, como señala Asín Palacios (5). Según este autor, Yaqut registra esta raíz en muchas poblaciones en oriente. Para Frago éste es también el origen del topónimo aragonés Albeta, con final en -a por efecto dialectal (6). En el Libro de la Montería se cita como "Sierra de Betix", con lo que podría ser un sufijo final que aparece en muchos topónimos transcritos por los árabes. Esa /x/ final, que se pronunciaba como una "sh", aparece por ejemplo en Benarax (hoy Benharás, en Los Barrios) o en Xarix (Jerez de la Frontera). Lo que no sabemos es en qué sílaba se acentuaba el nombre, dado que en el siglo XIV no se usaba la tilde para marcar la pronunciación. No obstante, parece lógico que la forma Betín responda a un diminutivo romance, pues el sufijo -in era frecuente en la lengua antigua (sobre todo, en mozárabe y en leonés), al igual que es diminutivo el topónimo Betijuelo(s) (7), que parece evidenciar una posible derivación a partir de una terminación en x (el sonido "sh" que representaba esta letra evolucionó luego a la actual "j").

    Resumiendo, estimo que el topónimo Betix, del árabe Bete, debió de usarse con formas diminutivas para designar diferentes parajes de la misma área, confundiéndose luego Betis y Betín como dos alternativas de un mismo nombre.

    Si la Loma de San Bartolomé, en cuya falda se encuentra Betis, es uno de los hitos que demarca el acceso a la ensenada de Bolonia, el otro lo es indudablemente la SILLA DEL PAPA, que se constituye en corona de la Sierra de la Plata. Su posición dominante, unida a la ubicación en su cumbre de una suerte de santuario prehistórico con forma de silla tallada en la roca, explican el origen del nombre, que a algunos les parece singular, pero que es frecuente, con diferentes variantes, en sitios donde los lugareños atribuyen a seres de orden mitológico o religioso el origen de colosales vestigios relacionados con civilizaciones anteriores. Así, pueden encontrarse más ejemplos de "Sillas" del Papa, del Obispo, del Gigante, de la Reina denominaciones con las que los campesinos pretenden explicar la monumentalidad de tales lugares.

    En nuestro caso, Topper señala el probable carácter de templo que tenía esta roca, a la que se puede acceder por unas escaleras talladas en la roca, aunque también hay evidencias de que existió una población estable junto a ella, pues se han encontrado restos cerámicos pertenecientes a diferentes periodos, desde la Edad de Bronce hasta época tardorromana, pasando por una etapa ibérica. Además, cerca hay abrigos con pinturas rupestres (8). El misterio que siempre ha debido de emanar de este lugar para los habitantes de la zona ha motivado no sólo su nombre, que tiene que ser de factura ya castellana, sino también leyendas como la que asegura que existe un túnel que va desde la Silla del Papa hasta el mar, y por el cual desaparecen los animales que se aventuran a entrar allí.

    Junto a la Silla del Papa existe otra elevación, algo inferior, que recibe el nombre de LAJA DE LAS ALGAS, curioso nombre si tenemos en cuenta la imposibilidad de encontrar algas en tal paraje. Para explicarlo podemos partir de una hipotética deformación del árabe al-mgaz "el paso", pues entre esta laja y la Silla del Papa existe un desfiladero de casi cien metros de profundidad que podía servir para comunicar las zonas que hoy ocupan las cortijadas de La Gloria y de la Canchorrera sin tener que dar un rodeo.

    Un poco más abajo encontramos el orónimo que la cartografía recoge como CERRO DE LA ROSA GRANDE, lírico nombre que no se explica porque allí se halle una flor de tamaño excepcional. Más bien hay que pensar en una ultracorrección del recolector del nomenclátor, que creería que los lugareños ceceaban al referirse a esa colina como La Roza Grande, y al escribirlo con "s" convirtió en flor lo que en realidad era "tierra roturada para ser sembrada" (roza, del latín vulgar *ruptiare). Aunque también es posible que la homofonía que se produce en andaluz entre ambas palabras haya llevado a los hablantes de la campiña a tomar un sentido por el otro (9).

    Estos tres últimos topónimos se refieren a estribaciones de la SIERRA DE LA PLATA, cuyo nombre puede ser, como pasa con otros topónimos similares, indicio de antiguos yacimientos del preciado metal. Tanto es así que llegó a organizarse una expedición arqueológica para buscar restos sumergidos de la enigmática Tartessos en esta costa basándose sólo en este nombre de lugar. Sin embargo, considero que el nombre puede también tener como motivación los numerosos riscos y lajas de piedra desnuda que jalonan este macizo y que le dan una apariencia plateada. Lo que sí es cierto es que, según Plutarco, Sertorio buscó refugio en esta sierra durante la guerra civil que enfrentó a los romanos, y hay quien concreta que podría haber sido en la población antes citada junto a la Silla del Papa.

    En la Sierra de la Higuera, entre Bolonia y Facinas, se halla el CORTIJO DE LA LAPA, que tampoco debe su nombre al molusco marino, sino a otro significado de esa palabra, la acepción "cueva", original del occidente peninsular y extendida hasta nuestras latitudes, pero no recogida por el diccionario académico. Sí aparece en el DRAE el también occidentalismo puntal "prominencia del terreno", que da nombre a otro cortijo cercano: el CORTIJO DEL PUNTAL. Estos topónimos nos hablan de peculiaridades orográficas del terreno, al igual que otros como LAS CUMBRES, LA LAJA o LA CANCHORRERA (este último nombre designa un conjunto de canchos o canchorros).

    Otros nombres de lugar evidencian las especies vegetales que predominan en la zona. Entre ellos podemos citar: PUNTA y MONTE DE CAMARINAL, RANCHOS DEL HELECHAR, EL LENTISCAR, CORTIJO DEL ACEBUCHAL, SIERRA DE LA HIGUERA, EL CHAPARRAL, EL ALAMILLO, CORTIJO DEL ÁLAMO...

    Para finalizar, no hay que olvidar que la toponimia también puede recordarnos la presencia en el pasado de especies animales que ya han desaparecido, de lo cual es muestra el lugar RANCHOS DE LAS ZORRERAS, cuyo nombre es testigo fósil de antiguas madrigueras de zorros.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) Ed. de SENIFF, D.P. Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1986, p. 132.
(2) Notas sobre microtoponimia del término de Tarifa (con valor histórico y arqueológica), Almoraima nº 9, 1993, p. 113.
(3) ARCHIVO ESPAÑOL DE ARQUEOLOGÍA nº XXVI, Los topónimos antiguos del extremo sur de España, 1953, pp. 107-108.
(4) Para una explicación más técnica sobre el mozarabismo del topónimo, véase mi trabajo Posibles rasgos mozárabes en la toponimia del Campo de Gibraltar, presentado en el IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Universidad de la Rioja, 1997, en prensa.
(5) ASÍN PALACIOS, M., Contribución a la toponimia árabe de España, 2ª ed., Madrid-Granada, CSIC, 1994, s.v. Bete.
(6) FRAGO GRACIA, J.A., Toponimia del Campo de Borja. Estudio lexicológico, Zaragoza, Diputación provincial, 1980, s.v. Albeta.
(7) En las Actas Capitulares del siglo XVIII se recogen las formas Betis y Betijuelo, véase: SARRIÁ MUÑOZ, A., Tarifa a comienzos del siglo XVIII, Málaga, 1996.
(8) TOPPER, U. Y U., Arte rupestre en la provincia de Cádiz, Cádiz, Diputación Provincial, 1988, pp. 188-249.

(9) Sobre el tema de la etimología popular en la toponimia local pueden consultarse mis trabajos: "Etimología popular y otros problemas lexicológicos en la toponimia de Tarifa (Cádiz)", en Actas del III Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española (Salamanca, 1993), vol. II, Madrid, Arco-Libros, 1996, pp. 1049-1058, y "El pueblo y los nombres de lugar: la etimología popular", en ALJARANDA, nº 16 (Marzo 1995), pp. 21-24.

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