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Las obras del arroyo de Tarifa. Un proyecto del siglo XIX para el desarrollo de la ciudad
Antonio Morales BenítezUno de los asuntos que más preocupación levantaba entre la población y las propias autoridades municipales de Tarifa durante el último tercio del siglo XIX fue, sin duda, el estado en que se encontraba el arroyo que atravesaba la ciudad (1). Al menos, eso se refleja en las actas capitulares al ser un tema preferente en la gestión de las sucesivas corporaciones que ocuparon el gobierno municipal. Durante los períodos secos estas preocupaciones estarían motivadas por el peligro que representaba para la salud pública su estado de estancamiento y el que se hubiese convertido en una cloaca adonde iban a parar todos los colectores de la ciudad (2); en tanto que en las épocas de lluvias serían las amenazas de riadas, ante las periódicas crecidas de su caudal. Pero estas preocupaciones no iban a terminar, como se pensaba, cuando se consiguió al fin el visto bueno del Gobierno para la realización de las obras de desviación y alcantarillado del cauce, que debían poner fin al problema. Otro tipo de obstáculos e inconvenientes iban a dilatar el desarrollo de las obras, al mismo tiempo que crecía la impaciencia municipal y la alarma de la población que no veía el momento de poner fin a sus temores, ante las continuas paralizaciones del proyecto. Las obras comenzaron en julio de 1887, pero sus trabajos, con numerosos períodos de inactividad, se van a prolongar al menos hasta 1894. Por lo que, aunque las autoridades eran muy dadas a celebrar con toda solemnidad cualquier incidencia que significase un nuevo avance en la solución del problema, incluso con la declaración de días festivos para hacer participes a toda la población, a la ciudad le restaba todavía un largo camino que recorrer para ver culminado tan anhelado proyecto.
Los obstáculos que se iban a encontrar los munícipes para la continuación de las obras tenían su origen tanto en la escasez de recursos de las arcas municipales para seguir costeando las obras, dados los déficits crónicos de la hacienda municipal, ante las demandas de la empresa contratista, como en la falta de entendimiento entre las diversas administraciones para realizar el proyecto. Por ello, al entusiasmo inicial con que se vivió en la ciudad el comienzo del proyecto le sucedieron momentos de decepción ante los largos períodos de paralización de las obras, que van a resucitar viejos temores, como el peligro de propagación de epidemias, dado el estado de estancamiento de las aguas residuales; e incluso otros nuevos, derivados del propio impacto de las obras sobre el primitivo cauce del arroyo, ya que allí se fueron depositando los materiales procedentes de la excavación del nuevo túnel, lo que iba provocando su taponamiento y el consiguiente peligro de desbordamiento de las aguas pluviales. Por todo ello, podemos afirmar que las obras del arroyo de Tarifa, consideradas imprescindibles para la seguridad y el futuro desarrollo de la ciudad (3), estuvieron durante estos años en el centro de las preocupaciones de los gobiernos municipales tarifeños de finales del XIX.
En realidad este asunto no era nuevo, sino que se venía planteando desde años atrás; incluso había sido enviado a Madrid un expediente de obras para la obtención de la preceptiva autorización gubernamental. Y desde la población se venía exigiendo sin resultado su pronta resolución. Sin embargo, esta exigencia se convirtió en un clamor popular tras la epidemia de cólera que se declaró en la ciudad durante los meses de enero y febrero de 1886, que según algunas fuentes se saldó con más de un centenar de muertes (4). La crisis que vivió la ciudad durante estos meses iba a marcar la historia de Tarifa durante las dos próximas décadas. En la ciudad y fuera de ella se alzaron muchas voces, y todas coincidían en señalar el cauce del arroyo, convertido en una verdadera cloaca, como el causante principal de los estragos de la epidemia.
Durante los meses próximos el ayuntamiento acometió algunas obras de mejora y saneamiento de las cañerías de la población. Hasta que a finales de 1886, un repique general de campanas anunciaba a la población la noticia de la aprobación gubernamental del expediente para la desviación y alcantarillado del arroyo, y la consiguiente autorización para enajenar una parte de las inscripciones instransferibles que poseía el municipio, en una cantidad suficiente para cubrir los gastos de las obras. Ante esta noticia el ayuntamiento mostró públicamente su agradecimiento a las personas que habían hecho gestiones ante el Gobierno; así, recibieron el reconocimiento municipal el Conde de Niebla, Alonso Alvárez de Toledo y Cano; el Diputado provincial del distrito, Carlos Núñez Lardizábal; y el obispo de la diócesis de Cádiz, Calvo y Valero (5).
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Vista de la antigua Puerta del Retiro con el arroyo. Pintura de Juan Labao. |
El día 25 de enero de 1887 el ayuntamiento, tras recibir la comunicación oficial del gobernador Civil, acordaba instruir expediente para la subasta de las obras, cuyo presupuesto estimado sería de 133.018,80 pesetas. Esta subasta en principio debía ser triple, a celebrar en el Ministerio de la Gobernación de Madrid, en la capital de la provincia y en la propia Tarifa. En ésta última se recibió la oferta de Francisco Rodríguez López, vecino de Jerez, que se comprometía a acometer la obras por 133.010 pesetas, y a quien le fueron adjudicadas provisionalmente, en espera del resultado de las otras dos subastas. En tanto que la celebrada en Cádiz se le adjudicaba al único postor, Ramón de Sabugo y García, vecino de Madrid, por 132.999,90 pesetas; quien, a su vez, cedería sus derechos en favor de Manuel Solís y Martínez, vecino de Jerez. Por lo que aunque, efectivamente, el 26 de junio el ayuntamiento ratificaba esta adjudicación definitiva en favor de Sabugo, días después el rematador anunciaba la cesión a Solís, que va ser finalmente el contratista que lleve a cabo las obras (6).
Coincide ello, además, con la renovación del gobierno municipal de Tarifa, que desde marzo de 1886 estuvo presidido interinamente por Andrés de Rivas León, siendo ahora sustituido por el conservador Juan Bronquisse Vides (7).
Tras ello, el 6 de julio de 1887 el ayuntamiento de Tarifa en sesión extraordinaria, a la que también asisten los vocales asociados y los mayores contribuyentes de la localidad, acordaba inaugurar oficialmente las obras el día 16 (8). Y para dar una mayor repercusión al acto, durante tres días se organizaron una serie de festejos públicos, consistentes tanto en espectáculos taurinos como en solemnes procesiones hasta el lugar donde habrían de comenzar las obras. A la inauguración serían invitados, entre otros, el Comandante General del Campo de Gibraltar, el Conde de Niebla, el Diputado Provincial del Distrito y el Obispo gaditano. Este último se había distinguido por la ayuda que prestó a la población durante la última epidemia. Por lo que su llegada a la ciudad debía ser saludada con un arco de triunfo levantado en la calle principal. Pero sabemos que finalmente no se produjo la visita del Obispo.
Al tiempo que el ayuntamiento iniciaba las gestiones para la obtención de los fondos necesarios, producto de la ventas de los bienes de propios, comenzaron las obras de excavación del túnel por donde tenía que desviarse el arroyo. En un principio se pensó que una Comisión municipal se desplazara a Madrid para participar directamente en la conversión de los valores municipales en títulos al portador, pero ante los considerables gastos que ello conllevaría, el alcalde aconseja desistir del viaje y que se deleguen estas funciones en un agente de bolsa de la capital (9). Al tiempo que se apoderaba también al propio contratista para ejecutar las diligencias necesarias para su venta.
Sin embargo, pese a este esperanzador comienzo, pronto se producen las primeras incidencias. Ya que ante la llegada de las primeras lluvias los concejales llamaban la atención para que en tanto no estuviera terminada la perforación del túnel no se debería interrumpir el curso de las aguas de su antiguo cauce con la acumulación del material de las obras, declinando en cualquier caso en el señor Solís cualquier responsabilidad (10). Pero los acontecimientos van a dar un nuevo giro cuando en marzo de 1888 hasta el ayuntamiento llega la noticia del fallecimiento del contratista Solís (11). Por lo que la contrata tiene que ser asumida, en las mismas condiciones, por su viuda, Carmen Rojas. Y paralelamente tiene que nombrarse a un nuevo apoderado en Madrid para la gestión y venta de las propiedades municipales. Una vez salvados estos problemas, y tras una serie de modificaciones técnicas que sufre el proyecto, las obras pueden continuar. Y la ciudad puede celebrar en octubre de ese mismo año con un repique de campanas la culminación de la perforación del túnel (12).
Sin embargo, ante las persistentes lluvias, el día 17 de diciembre se produjo el temido desbordamiento del arroyo. Y como era previsible parte de las aguas se desviaron hacia el túnel, todavía en construcción, causando grandes desperfectos en las obras. Como el ayuntamiento había alertado a la contratista de esta posibilidad en caso de fuertes lluvias, ahora se declina cualquier responsabilidad y se reclama que las reparaciones sean por cuenta de la contratista. Ello provoca también un evidente deterioro en las relaciones entre las dos partes. Comienza, por tanto, un nuevo período de recelos y enfrentamientos, con un cruce de acusaciones entre las autoridades y la contratista. Unas veces se cuestionaba el desarrollo de las obras; otras, no se reconocían las cuentas presentadas. Y dentro de esta dinámica, se llamaba la atención sobre la baja calidad de los materiales empleados, o de la falta de cimentación de algunos tramos del túnel (13), ya que los ediles de la Comisión de Obras Públicas, tras examinar las obras, elevaron una serie de propuestas de mejoras a la contratista (14). Paralelamente, la comisión de Hacienda hace saber a la contratista que con el pago del último mes "queda agotado el presupuesto primitivo y el adicional", mostrando su extrañeza de que no coincida con las cuentas presentadas, que excederían de ello (15). Por lo que se acuerda librar a favor de la contratista como pago final los fondos que restan producto de los valores municipales puestos en venta.
Ello coincide además con las dificultades de las arcas municipales para acometer la necesaria reconstrucción de la dársena que sirve de refugio a la flota pesquera, que había sido gravemente dañada por un temporal. El ayuntamiento llegó a pedir ayuda al Ejército para su reparación apelando a su importancia estratégica (16).
Para primeros de mayo de 1889 estaba previsto la finalización de las obras del túnel y, antes de su recepción definitiva por el ayuntamiento, se requirió la presencia del arquitecto provincial para certificar el buen estado de las obras. Pero la respuesta del técnico provincial tardaba en llegar. Y después de reiterados llamamientos sin resultado crece la impaciencia municipal. Por lo que se propone que se faculte al ingeniero Francisco Terán para efectuar el citado reconocimiento, interviniendo en la citada operación en calidad de representante de los intereses del municipio (17). Un mes después, habiéndose dado ya por finalizadas las obras sin que hubiese acudido el arquitecto provincial, el ayuntamiento se dispone a hacer efectivo el nombramiento para realizar las operaciones. Hasta que al fin, a mediados de julio, recalaba en Tarifa el arquitecto para la inspección de las obras, fijándose el día 17 para la recepción provisional de las obras. De su examen se desprende, en líneas generales, la solidez de las obras efectuadas, así como su conformidad con el presupuesto; aunque también se hacen algunas observaciones relativas a la calidad del material empleado en las mamposterias, o la necesidad de construir un nuevo muro a la salida del túnel para encauzar las aguas hasta el mar. Pero con este informe finalizaban las obras de desviación del arroyo, iniciadas justo dos años antes.
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| Calzada de Solís por donde pasaba el arroyo. |
Sin embargo, el viejo cauce del arroyo, todavía convertido en una cloaca, seguía representando un peligro para la salud pública y era necesario su alcantarillado. Quedaba, por tanto, la segunda parte del proyecto, que iba a resultar más complicada. Sus obras se prolongarían durante otros cinco años. Al pueblo le quedaba todavía muchos problemas que superar para ver culminado el proyecto. En septiembre del mismo 1889, sólo dos meses después de la finalización oficial de las obras de construcción del túnel, el ayuntamiento iniciaba las gestiones para vender otra parte de los bienes del municipio como único medio para poder continuar el proyecto.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
(1) El arroyo atravesaba la ciudad
de este a oeste, entrando por la denominada Puerta del Retiro para continuar por lo que
hoy es la Calzada, arteria principal de intramuros, para salir por la Puerta del Mar,
frente al castillo de los Guzmanes, y desembocar en las playas de Los Lances.
(2) LIAÑO RIVERA, M., Epidemia de cólera y desviación del arroyo, ALJARANDA
nº 1, Ayuntamiento, Tarifa, 1991, pp. 11-14.
(3) CRIADO ATALAYA, F.J., Cuadernos divulgativos: Tarifa, su geografía, historia y
patrimonio. Apuntes sobre su historia, Ayuntamiento, Tarifa, 1993, p. 57; y Breve
historia de Tarifa, Tarifa, 1999, pp. 60 y 65.
(4) MORALES BENÍTEZ, A., La crisis del cólera: el Ayuntamiento de Tarifa ante la
epidemia de 1886, ALJARANDA nº 15, Ayuntamiento, Tarifa, pp.15-17.
(5) Archivo Municipal de Tarifa (AMT). Actas Capitulares. Sesión 14 de diciembre de 1886,
punto 4º .La Real Orden que recoge la autorización de las obras para la desviación y
alcantarillado del arroyo tiene fecha de 11 de diciembre de 1886.
(6) Ibídem. El tema se trató en diferentes sesiones durante el año 1887: 7 de junio,
punto 2º; 19 de junio, punto 2º; y 13 de julio, punto 3º.
(7) Para el bienio 1885-1887 había sido designado el también conservador José Mª
Morales Gutiérrez, quien, sin embargo, no puede tomar posesión del cargo al tener
pendiente una causa judicial, por lo que durante este período la alcadía estuvo ocupada
interinamente por los ediles Joaquín Manso Abreu, Luis Bermúdez Sánchez y Andrés de
Rivas León. Juan Bronquisse Vides fue alcalde desde el 1 de julio de 1887 al 1 de enero
de 1890.
(8) Ibídem. Sesión extraordinaria del 6 de julio de 1887.
(9) Ibídem. Este asunto fue discutido en las sesiones celebradas los días 4 y 11 de
octubre de 1887.
(10) Ibídem. Sesiones 25 de septiembre de 1887, punto 13º; y 4 de octubre de 1887, punto
14º.
(11) Ibídem. Sesión 13 de marzo de 1888, punto 10º.
(12) Al parecer la idea de celebrarlo con un repique de campanas en la población partió
de la propia contratista de la obra. Ello no gustó a algunos ediles y motivó un debate
en el Ayuntamiento al ponerse en duda la oportunidad de tal iniciativa. Sesión 30 de
octubre de 1888, punto 9º.
(13) AMT. Actas Capitulares. Sesión 1 de enero de 1889, punto 11º.
(14) Ibídem. Sesión 5 de febrero de 1889, punto 3º. Esta Comisión estaba formada por
los ediles Guillermo Labado Cabezas, Manuel Manso Abreu, Domingo Fernández Araujo y Luis
Bermúdez Sánchez.
(15) Ibídem. Sesión 20 de febrero de 1889, punto 2º. El acuerdo municipal dice
textualmente: [...] que no habiendo ocurrido accidente alguno imprevisto ni
alteración de las obras [...] resulta sin embargo tan extremadamente deficiente a menos
que por equivocación padecida en la cantidad o calidad de las obras certificadas,
resultara en la liquidación final alguna certificación importante.
(16) Ibídem. Sesión 9 de abril de 1889, punto 10º.
(17) Ibídem. Sesión 21 de mayo de 1889, punto 8º. El Ayuntamiento considera de urgente
necesidad la visita del arquitecto ya que la contrata de la obras iba a finalizar durante
los días próximos y se estima necesario dejar terminado lo más breve posible tan
importante servicio.
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