HISTORIA

ALJARANDA

Tarifa, San Hiscio y los Olcades

Enrique Gozalbes Cravioto

    El sacerdote cordobés Pedro Díaz de Rivas, con mucho mayor interés que acierto, escribió a comienzos del siglo XVII toda una serie de obras dedicadas a la antigüedad. Una parte de ellas tuvo en las antigüedades cordobesas, en hallazgos de época romana en esa ciudad, el objeto de atención; especialmente sus Antigüedades y excelencias de Córdova, publicada en 1625 en esa ciudad (1). En la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva, en manuscrito, otra obra por él escrita en el año 1624 y que tiene por título Patronazgo de Sanct Hiscio por la villa de Tariffa, dedicada precisamente a Enrique Afán de Ribera, el marqués de Tarifa (2). En un número anterior de esta misma revista, Wenceslao Segura publicó un buen trabajo acerca de este manuscrito, destacando perfectamente los aspectos más importantes de la misma (3).

    El cuerpo principal del opúsculo de Díaz de Rivas consiste en la atribución de un pretendido santo, el citado San Hiscio, como fundador de una primitiva iglesia pionera tariteña en plena época romana, en el siglo I d. C. Tal y como bien expone Wenceslao Segura, el autor barroco proponía que la ciudad de Tarifa proclamara patrón a este santo. De hecho, según se creía, San Hiscio había fundado la iglesia de la antigua Carteia de la época romana; como es bien sabido, la erudición renacentista (a partir de Pedro de Medina y de Florián de Ocampo) defendía que la antigua Carteia estaba emplazada en el lugar de Tarifa (4).

    En el manuscrito indicado Díaz de Rivas dedica una especial atención a tratar de un curioso problema, una discusión erudita acerca de la existencia de varias ciudades con el mismo nombre de Carteia. Así el autor cordobés recogía el dato de que algunos autores de la época identificaban la Carteia, en la que se habría producido la supuesta predicación de San Hiscio, con una ciudad antigua existente en la zona de Cartagena. A partir de los textos de la antigüedad, refutaba, con bastante claridad, la ubicación cartagenera de Carteia. De una forma muy erudita, refería textos de Livio, Estrabon, Mela y Plinio, para defender que Carteia se hallaba en la boca del estrecho de Gibraltar, y que con casi total seguridad coincidía con los cimientos de Tarifa.

    En realidad, toda la reconstrucción historiográfica de Díaz de Rivas es un curioso amasijo de errores e invenciones, puestos en común sin mayor fundamento que una pura erudición. Vayamos con cada uno de los componentes de esta Historia que refleja muy poco, realidad nada, de la antigüedad, aunque si, y mucho, acerca de la historiografía española del siglo XVII.

    Acerca de la primera de estas creencias no vamos ahora a tratarla en detalle, por haberla analizado en ocasiones anteriores: en concreto la creencia acerca de que Tarifa había servido de asiento a la antigüa Carteia, y antes incluso lo había sido de Tartessos (5). Como así aparecía en la prestigiosa Historia de España del Padre Juán de Mariana, escrita a finales del siglo XVI, no es extraño que Díaz de Rivas así lo creyera. Sin embargo, ya en esta primera mitad del siglo XVII ambas cosas estaban ya cuestionadas, puesto que los datos parecían indicar que Tartessos parecía relacionarse más con Cádiz, y Carteia parecía claro por las fuentes clásicas que se hallaba en las ruinas identificadas en la Torre de Cartagena, cerca de Gibraltar. Tarifa estaba así perdiendo la prosapia clásica que muchos historiadores del siglo XVI le habían aplicado.

    El segundo error reflejado es la creencia de que hubieran existido dos ciudades antiguas con el nombre de Carteia, una de ellas en el Estrecho de Gibraltar y otra por la zona de Castilla oriental o de Cartagena. Este hecho no es raro, en el maremagnum de las interpretaciones Bernardo de Aldrete acababa de opinar que las Carteias de la antigüedad hispana habían sido cuatro, una de ellas la del Estrecho (6). De forma más moderada, poco más tarde el gran estudioso de la antigüedad, el sevillano Rodrigo Caro, concluía que las ciudades con nombre Carteia habían sido dos, una la del Estrecho y la otra que estaba situada cerca de Cartagena: huvo en el mar mediterraneo dos Carteyas, la que hemos dicho, que estuvo no lexos del monte Calpe hazia Cadiz: la otra es la que dize Dextro, que estuvo cerca de Cartagena de Levante, esto paresce ser assi de Titolivio en el libro 21, donde poniendo las causas, que buscó Anibal, para mover guerra a los saguntinos, dize que començo por Carteya, ciudad opulenta y cabeça de muchos pueblos [...] y hablando aqui Livio de los pueblos olcades lexanos del Andaluzia; y quien leyere todo lo que en esta parte dize Tito Livio, no dudará que aquella Carteya no es la del Estrecho (7).

    En este texto de Rodrigo Caro se nos aclara la confusión de la supuesta existencia de dos ciudades homónimas. Y el hecho de las dos Carteias, introduciendo en ellas ya la predicación del cristianismo, lo encontramos reflejado en los escritos de un sacerdote falsificador de la época, Román de la Higuera. Este religioso quedó fuertemente impactado por el ambiente surgido de las falsificaciones de antigüedades religiosas en el Sacromonte granadino. Tan influido que él mismo inventó un cronicón que atribuyó a un cristiano de la antigüedad, Flavio Dextro. Muchos escritores españoles picaron el anzuelo de considerar esta burda falsificación como una fuente de la antigüedad, antes hemos visto su utilización como autoridad por parte de Rodrigo Caro.

    Román de la Higuera, en la falsa crónica atribuida a Dextro, también establecía la existencia de dos ciudades con el nombre de Carteia. Una de ellas se hallaba en la zona más cercana a Gibraltar, la otra era la próxima a Cartagena, la capital de los olcades que había atacado Anibal. Según demostraría el cronicón de Dextro, en las dos se habría expandido el cristianismo en fechas muy primitivas puesto que en las dos había predicado San Hiscio (8). Así pues, como vemos, los inventores de cronicones partían del error de considerar que habían existido dos Carteias.


Talla de San Hiscio. (Iglesia de San Mateo)

    La creencia de que no muy lejos de Cartagena existía otra ciudad antigua llamada Carteia partía de los errores de edición de un texto del historiador latino Tito Livio. Éste informaba que en el año 221 a. C. el general cartaginés Anibal, recientemente puesto al frente de las tropas en Iberia, realizó una campaña militar contra el pueblo de los olcades, una étnia que por lo general la historiografía actual ubica al sur de la provincia de Cuenca. En esta expedición los cartagineses sitiaron, tomaron al asalto, saquearon y destruyeron, la capital de los olcades, a la que Livio nombra como Cartala: Cartalam urbem opulentam, caput gentis eius (9).

    El nombre de la capital de esta tribu de los olcades de la Mancha oriental, Cartala en Livio, recibe el nombre de Althia en Polibio, fuente de información más directa: Anibal asumió el mando de las tropas e inmediatamente realizó una expedición para someter a la tribu de los olcades. Llegó a Althia, su ciudad principal, y acampó junto a ella (10). Así pues, prescindiendo de la hipótesis de que se tratara de dos ciudades olcades diferentes, la que Polibio llama Althia, Livio denomina Cartala.

    Estos nombres aparecen restituidos a partir de los mejores manuscritos medievales en los que se han trasmitido las obras respectivas de Polibio y de Livio. Pero ambos nombres tenían unas variantes importantes, motivadas por errores y distracciones de los copistas. Así en España se seguía, casi generalmente, la traducción de Livio al francés efectuada por Pierre de Bersuire en el siglo XIV: en esa línea de transmisión en lugar de Cartala aparecía corregido con el nombre más conocido de Carteia.

    Este hecho fue suficiente como para que algunos traductores o editores de la historia polibiana consideraran mala lectura la del nombre de Althia. Por esta razón, de su propia iniciativa, trastocaron el nombre original, nombrando como Carteia (dado que así, pretendidamente aparecía en Livio) a la capital de los olcades. Vistas así las cosas, los que manejaban estos difundidos textos de Polibio y Livio, sin percatarse que estaban alterados por los editores o traductores, concluían que en algún lugar del oriente de Castilla existía una segunda ciudad llamada Carteia.

    Estas fueron las creencias de los autores que hemos recogido más arriba. El equívoco unicamente lo salvaban aquellos que utilizaban textos más originales de Polibio y de Livio. Sobre todo, en el siglo XVIII el erudito religioso Henrique Florez destacó bien el error que se venía cometiendo: consta por el texto original de Polybio, que escribió en griego, donde se lee la capital de los Olcades es Althia (que comunmente suele escribirse Althea, como Estephano [...] pero en el texto latino de la versión de este autor puso el intérprete, copiante o impressor, Carteya en lugar de Althaea, sin mas fundamento que assi se le antojó (11). En una época en que la ubicación de Carteia ya se establecía en la bahía de Algeciras, y no en Tarifa, se aclaraba que unicamente había existido una ciudad con ese nombre, la de los olcades de Castilla era Althia o, en todo caso, Cartala.

    Vamos con el tercer problema, el de la supuesta predicación de San Hiscio en alguna de estas ciudades. En los siglos XVI y XVII tenía un enorme crédito la leyenda acerca de la predicación primitiva del cristianismo en Hispania por parte de los siete varones apostólicos. Esta creencia piadosa, no documentada nunca antes de la invasión árabe de Hispania, afirmaba que la difusión del cristianismo por la Bética había sido efectuada por siete personajes, expandidos desde Acci (Guadix), que más tarde habrían sufrido martirio. Pero antes de ello, estos siete apóstoles habían predicado el cristianismo en varias ciudades.

    El sexto de estos varones apostólicos aparece reflejado con el nombre de Hesychii o Esichius, de donde el nombre castellano de Hiscio. En el Martiriologio Romano aparece el tal Hesichius como evangelizador de multitudes en la ciudad Carteiae; por el contrario, en el Martiriologio de Lyon el tal Esichius aparece como evangelizador de Carcesae (12). Todos los restantes textos son, directa o indirectamente, dependientes de los anteriores. Así pues, el tal Esichius habría predicado el cristianismo en una ciudad transcrita Carteia o Carcesa según las lecturas.

    ¿Qué crédito podemos dar a este testimonio? Desde luego, en el siglo XVII se consideraba un hecho auténtico, que mezclaba la historia sagrada con la profana. Por esta razón muchos autores religiosos continuarían buscando esa gloria religiosa de la supuesta predicación, de un supuesto santo, en una supuesta urbe de la antigüedad romana (13).

    Si Díaz de Rivas lo reclamó para Tarifa en 1625, todavía un siglo y medio más tarde, aprovechando para ello el nombre de la (ciertamente más cercana) capital de los olcades, el P.Pascual Salmerón reivindicó la predicación cristiana para la población de Cieza (14). Y un escritor conquense también del siglo XVIII, Juán Rufino, escribió un manuscrito, hoy día en paradero desconocido, con el titulo de Disertación sobre la situación de la antigua Carcesa (15). En estos casos se trataba de ubicar la capital de los antiguos olcades indígenas en un punto concreto, defendiendo que fue ese el lugar de predicación de San Esicio, discípulo de Santiago.

    Como hemos señalado más arriba, la leyenda de los varones apostólicos era eso, una leyenda, inexistente con anterioridad a la conquista árabe. Con toda probabilidad se trató de una invención, surgida en unos ambientes mozárabes del siglo IX, en concreto de Andalucía, que intentaban glorificar religiosamente los obispados que permanecían al sur de al-Andalus. Pero el valor histórico de la leyenda es practicamente nulo (16), resulta inútil buscar posibles realidades históricas en la misma.

Así pues, la propuesta de Díaz de Rivas en 1625, el que el supuesto San Hiscio fuera proclamado patrono de Tarifa, descansaba en fundamentos históricos erróneos. Sin embargo, constituye un jalón más en el proceso de discusión historiográfica que existió en los siglos XVI y XVII acerca de la antigüedad tarifeña. En este caso, un eslabón intermedio entre las creencias de un siglo y las del siguiente. Podían muchos creer en la leyenda de los varones apostólicos, incluso en la existencia de dos ciudades antiguas con el nombre de Carteia. Pero una de ellas ya no se identificaba con Tarifa sino que las argumentaciones parecían señalar con ventaja la bahía de Algeciras.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

(1) MUÑOZ Y ROMERO, T., Diccionario bibliográfico-histórico de los antiguos reinos, provincias, ciudades, villas, iglesias y santuarios de España, Madrid, 1858
(2) Biblioteca Nacional, Ms.1686.
(3) SEGURA GONZÁLEZ, W., Patronazgo de Sanct Hiscio por la villa de Tariffa, ALJARANDA, núm. 16, Tarifa, 1995, págs. 12-14.
(4) GOZALBES CRAVIOTO, E., Pedro de Medina localiza Tartessos en Tarifa, ALJARANDA, núm. 17, Tarifa, 1995, págs. 11-13.
(5) GOZALBES CRAVIOTO, E., La atribución de un pasado fabuloso, ALJARANDA, núm. 20, Tarifa, 1996, págs. 5-10.
(6) DE ALDERETE, B., Varias antigüedades de España, Africa y otras provincias, Amberes, 1614, pág. 191.
(7) RODRIGO CARO, Antigüedades y Principado de la Ilustrísima ciudad de Sevilla, y chorographia de su convento iuridico, Sevilla, 1634, fol. 204 vº.
(8) GODOY ALCANTARA, J., Historia crítica de los falsos cronicones, Madrid, 1868, págs. 129 y ss; CARO BAROJA, J., Las falsificaciones de la Historia (en relación con la de España), Barcelona, 1992.
(9) LIVIO XXI, 5, 4.
(10) POLIBIO III, 13, 5.
(11) FLORES, H., España Sagrada, IV, Madrid, 1748, pág. 29.
(12) Los textos aparecen recogidos en A.C.VEGA: La venida de San Pablo a España y los Varones Apostólicos, Boletín de la Real Academia de la Historia, 154, (1964), págs. 33-34.
(13) Por ejemplo, los que consideraban esa Carcessa como nombre de Cazorla; ALFONSO ESCUDERO, F., Historia de los santuarios del adelantamiento de Cazorla, Madrid, 1665.
(14) SALMERON, P., La antigua Carteia o Carcesa, hoy Cieza, villa del reino de Murcia, Madrid, 1977.
(15) MUÑOZ Y ROMERO, T., pág. 74.
(16) SOTOMAYOR, M., La Iglesia en la España romana y visigoda, Madrid, 1979, págs. 156 y ss.

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