OPINIÓN

ALJARANDA

Tarifa, Arte y Pereza

José Vicente Araújo Peralta

José Vicente Araújo es un joven artista tarifeño, profesor de Dibujo en enseñanzas medias. Destaca en él su creación pictórica, que le garantiza un prometedor futuro artístico. Siempre preocupado por la realidad cultural de nuestra población presenta este interesante artículo en el que la examina.

    La distancia más larga entre dos puntos es espiral. Por eso se llama ley de la pereza cósmica a la enunciada por Einstein, según la cual dos cuerpos en el vacío, atraídos gravitacionalmente entre sí, eligen para encontrarse una ruta espiral. Espirales son también los signos neolíticos relacionados con la magia o la creación. Y, finalmente, espirales son las borrascas a vista de meteosat.

    Perdón por el fárrago metafórico, pero intentaba ilustrar un poco como mejor sé (con imágenes) el tema que se me ha sugerido para este artículo: la posible relación entre Tarifa y el arte (Teniendo en cuenta el número de artistas y la importancia internacional de algunos de ellos en relación con el número de habitantes).

    Perdón también por intentar dar una solución retórica a la cuestión, péro mis vicios me pueden y la pereza, como a los cuerpos en el vacío, me aparta del argumento lineal y me obliga a metáforas espirales. Además, el movimiento se demuestra andando.

    Mencioné antes la relación geométrica entre la magia (y en el neolítico arte significa magia) y la estructura del movimiento del aire en las borrascas. La imagen no es casual, sino que resume un argumento que intentaré exponer más claramente.

    Pero vayamos por partes:

    Si debo buscar alguna posible relación entre una ciudad y la actividad de algunos de sus ciudadanos, tendré que analizar de qué manera ésta puede influir sobre sus habitantes. Me parece que las más lógicas serían: su geografía, su clima, su economía y su cultura.

    Descartemos la geografía, ya que niguno se dedica exclusivamente al paisaje, si bien algunos han utilizado de forma metafórica su situación geográfica entre dos mares, dos continentes, dos culturas... En cualquier caso, ese factor podría influir en la orientación de un artista, pero no en su opción de serlo.

    Descartaría también su estructura económica, que si posibilita el desarrollo de un arte privado, no organiza canales que demanden una producción artística (galerías de arte, museos, colecciones públicas o privadas importantes).

    Hablar de la cutura me da un poco de vergüerza, pero si hemos empezado a seguir una línea argumental habrá que ceñirse a ella. Habrá que reconocer que los intereses culturales de la casi totalidad de la población son NINGUNO, y si nos ceñimos al arte las cotas de atención empiezan a marcar índices bajo cero (a menos que se demuestre que el ligue playero o bailar Acid-House son novísimas formas de arte, que todo puede ser). Ya sabemos que NADIE va a las POQUISIMAS exposiciones que se organizan en el pueblo, y que las pocas veces que podemos disfrutar de una buena película en el cine local, el público asistente se dedica al noble deporte (que no arte) de hacer chistes o tirarse pedos. (No perdón, estoy siendo injusto, eso lo hacen con TODAS las pelis. A las buenas no va nadie, o se salen echando venablos). Y el que compre algún libro que no sea el recomendado del mes del Circulo de Lectores, que alce el dedo. (No, no valen las novelas -con corazón-, de Bárbara Cartland). Y si además -virtudes de la democracia-, el ayuntamiento refleja el desinterés popular con una política cultural de pequeños parches, mas algún parche más gordo y algún evento tradicional, parece que también hay que descartar la influencia cultural.

    Dicho sea sin intención reprobatoria, me limito a reflejar la situación de la manera más fría posible. Tenemos todo el derecho del mundo a que nos importe un pimiento el arte, la cultura y su santísima madre. Pero es que me han preguntado y no sirvo para decir mentiras.

Obra a plumilla del autor.

    Nos queda hablar del clima, y ahí es donde retomamos el argumento (metafórico) inicial.

    Lejos de mi intención pretender que una situación climática determinada pueda ser más propicia que otras para el desarrollo de personalidades artistícas o creadoras, sobre todo cuando hemos visto que la mayoría de la población no siente ningún impulso creativo o de expectación ante lo creativo. Pero sí pienso que nuestro clima produce ciertas reacciones anímicas a quienes lo disfrutan que deberíamos analizar en relación con el tema que nos ocupa.

    No os asusteis, no voy a recurrir el argumento idiota de que aquí estamos todos volaos, y como los artistas también están volaos, pues eso.

    Pero sí creo que nuestro clima sureño, unido al viento de levante es el causante de uno de los rasgos más característicos del tarifeño: La DESIDIA.

    No soy psicólogo y no sé hasta qué punto la gana de no hacer nada pueda embarcar a alguien en un trabajo más duro de lo que se piensa, pero reconozco que en mi caso así ha sido. Comparto con por lo menos otro pintor local (Pérez Villalta) cierta pasión insana por un artista francés de principios de siglo llamado Marcel Duchamp. Su pensamiento artístico se basa en la primacía de la especulación (intelectual, no inmobiliaria) sobre la acción. Dicho de otra manera; el valor de una obra no reside en la cantidad o calidad del trabajo manual, sino en la calidad o cantidad de pensamiento que genera o que la ha generado. Una de sus obras más importantes la desarrolló durante once años. Técnicamente podría haberla solucionado en unos meses. El resto del tiempo lo dedicó a pensar y explicar dicha obra, que además, no terminó. No voy a llamar perezoso a nadie (ni confundo desidia con pereza), y menos a gente que sé que trabaja intensamente muchas horas al día, pero tal vez sea interesante señalar la naturaleza intelectual y especulativa del trabajo de bastantes de los pintores locales.

¿Tiene esto algo que ver o es solo otra circunstancia casual?. ¿La pereza genera pensamiento o solo sueño?. ¿Es el viento causante indirecto de más de una vocación artística?.

    Otra vez no lo sé, ¿qué quereis que os diga?. Sí es cierto que en una población de quince mil habitantes me salen que somos al menos ocho los que nos tomamos el arte más o menos en serio, desde el artista de prestigio internacional hasta el estudiante de Bellas Artes, pasando por los que alternamos la pintura con otra actividad profesional. Y que el artista es como el windsurfero en una cosa (y en poco más, no nos liemos); que necesita cuidado y atención. Que si casualmente se da aquí hay que regarlo para que no se aburra (porque el arte es el trabajo más desesperante que conozco) (el windsurfing no). Que necesitamos potenciar y mostrar la obra de los pintores locales y de muchos que no lo son. Que Tarifa necesita una oferta cultural potente como el comer (y desde luego, más que una escalera con balustradas en la playa), aunque sólo sea para mantener la presencia del turismo de élite, culto y curioso, que a veces aún viene, del que tanto hablamos y al que tan poco ofrecemos. Y que soy de natural pudoroso y ya he hablado mucho.

Vale.

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