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V Premio de Poesía Luz '98
En la Sala de reuniones de la Casa de la Cultura de Tarifa, el día 22 de junio de 1998, reunido el Jurado del V Premio Comarcal de poesía Luz '98, formado por Mª Carmen Tizón Bernabe, Milagros Salvatierra Ortiz y Tomás Picó Hormeño, acordaron otorgar los premios establecidos de la siguiente manera:
3º Premio, consistente en 15.000 ptas. y diploma para el poema titulado La Vejez de Bartolomé Rodríguez Oliva, de Tarifa.
2º Premio, consistente en 25.000 ptas. y diploma para el poema titulado El Reino del Poeta de Isabel Cazorla Díaz, de Algeciras.
1º Premio, consistente en 50.000 ptas. y diploma para el poema titulado Estrecho Cementerio de Juan Emilio Ríos Vera, de Algeciras.
ESTRECHO CEMENTERIO
Acorralar el cuerpo
desnudo del cadáver
que pierde las manos
entre la arena sucia
de una playa olvidada.
Registrar sus mojados
bolsillos de carne
tumefacta y encontrar
sólo silencio,
un agujero negro en
la memoria
que lo ha borrado todo
en su metástasis total
como eclipse de panteras.
Fusilar un nombre que no existe
en el paredón absurdo
de una ola blanca como cuchillo ciego,
como ráfagas letales de
espuma desbocada.
Repatriar el cuerpo que no siente
a la tierra de partida,
el alfa recibe al omega muerto
para enterrarlo en la tierra
que todo lo olvida
en su profundo estómago certero.
El Estrecho es un embudo minúsculo
con la garganta ridícula de una
ahita ballena negra.
Juan Emilio Ríos Vera
REINO DEL POETA
Mar blanco y enorme,
sin fondo, ni piedras, ni arena.
Cierro los ojos y me lanzo
a escribir en tí mil poemas.
Me siento libre por dentro
realizado por fuera.
Me haces vivir mis sueños,
escupo en tí mis penas.
Me posees y te lleno
con todas mis ideas.
eres espejo del alma,
donde nunca miente el poeta.
Puedes ser papel, cartón
también se escribe en la piedra.
Si en tí puedo escribir,
puedes ser el blanco mar,
sin fondo, ni piedras, ni arenas.
Isabel Cazorla Díaz
LA VEJEZ
Al entrar en los años
me hice acompañar del sosiego.
Afronté los obstaculos
con la dignidad del guerrero,
sin armas, ni escudo,
sólo con el corazón abierto
aunque, de vez en cuando,
un frío gélido, desconcertante,
te va dejando medio muerto.
Puñaladas, zancadillas, desamor,
te abren los ojos
desde un mundo ciego.
La desconfianza se apodera
de cada instante, de cada momento,
hasta que una sonrisa infantil,
unos enormes ojos negros,
reclaman tu ayuda,
te extienden sus brazos abiertos.
Te cargan las pilas,
te abren el corazón nuevo.
Un orgullo interior te cubre
las sienes de un blanco intenso.
Bartolomé Rodríguez Oliva
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