POSTALES ANTIGUAS

ALJARANDA

Atlas. Otro mito del Estrecho

Manuel Liaño Rivera

    Impresionante. Es la palabra para describir la montaña que vemos cuando miramos hacia el sur, hacia el continente africano, desde cualquier rincón de nuestro pueblo. Estamos frente a Atlas, convertido en montaña por el mito de Perseo y Medusa. Es Atlas esa colosal estatua que domina el Estrecho de Gibraltar con la imponente majestad de su grandeza.

    Atlas fue convertido en montaña y su imagen hecha de siglos se destaca en los cielos con la poderosa magnitud de una divinidad de piedra. Aún está ahí, como entonces, para que lo miremos en su quietud eterna, tal como lo vieron los ojos, asombrados de los navegantes griegos, héroes y poetas, soñadores de lo inverosímil, que venían a describir y fundar y a crear enseguida el poema glorioso de sus epopeyas.

    El reino atlántico se remonta según el mismo relato a Poseidón. Y Poseidón era entonces nada menos que Neptuno, el bíblico Neptum, hijo de Masraim, hijo de Cam, hijo de Noé.

    Poseidón, para Hesiodo, era hijo de Cronos, era también el que "ceñía la tierra y la batía", fue el "amado de Medusa", y encerró a los Titanes en los confines de la Tierra, con puertas de bronce y en el sitio donde moraban Gias, Cotto y Briareo, junto a las fuentes del Océano. Poseidón era fenicio, sidonio, como lo dice su nombre Bu-sidón, el de Sidón; era verdad que ceñía la Tierra y la batía con sus naves trasantlánticas y el emporio de sus colonias. Estuvo aquí aliado con Medusa.

    Se dice pues, que la dinastía fue inaugurada por Poseidón, que se enamoró de una mortal, Cleito, que vivía en una gran montaña de la Atlántida.

    Poseidón se enamoró de Cleito y copuló con ella, y, rompiendo la tierra, aisló la montaña en que Cleito vivía, haciendo zonas alternadas de tierra y de mar, unas más grandes y unas más pequeñas, cercando las unas y las otras, habiendo dos zonas de tierra y tres de mar, y el mismo, por ser dios, no tuvo dificultad alguna en dar especiales características a la isla central, haciendo pasar por debajo de sus tierras dos corrientes de agua, una caliente y otra fría, haciendo brotar en la tierra gran abundancia de alimentos de todas clases.

    Según Platón, Poseidón tuvo con Cleito cinco parejas de hijos, todos varones y mellizos. Dividió toda la Isla Atlántida en diez partes. Dio al mayor de los primeros hijos gemelos la parte más vasta y rica de toda la Isla y le hizo rey de sus hermanos. Entre éstos eligió jefes y dio a cada uno de ellos el gobierno sobre un crecido número de hombres y una gran extensión de territorio. Todos ellos recibieron un nombre. El hijo mayor, el rey, de quien la Isla y éste mar llamado Atlántico han tomado su nombre por haber sido el primero que reinó en ella, fue llamado Atlas. A su hermano gemelo, que había nacido después de él, le tocó en el reparto el extremo de la Isla del lado de las Columnas de Hércules, frente a la región llamada hoy "Gadírica" y en la lengua del país Gadir. En esta isla atlántica los reyes habían creado un grande y maravilloso poder, que dominaba la isla entera, así como sobre otras muchas islas y hasta en muchas partes del continente. Además, en nuestros paises, más allá del Estrecho, ellos eran dueños de la Libia hasta Egipto y en Europa hasta la Tirrenia.

El Atlas visto desde Tarifa. (Foto M. Rojas)

    No bastan los testimonios de los cuatro personajes (1), Hesiodo, Homero, Esquilo y Hereodoto, para dar a Atlas su identidad humana y su lugar en la geografía antigua. Cada uno de ellos lo expresan en su forma peculiar: el poeta, que por la exuberancia de su fantasía convierte a los héroes en dioses y a la Mitología en Historia; el rapsoda, ciego y vagabundo, que va cantando el periplo de las navegaciones fabulosas y hace de las epopeyas una historia que parece cuento. Otro poeta, el dramático, que escenifica las concepciones maravillosas de esos simbolismos legendarios, y el historiador, sesudo y erudito, como padre que fue de la Historia, que tomó otra vez a los dioses en hombres y les devolvió la prosapia de un pueblo tan noble y poderoso como los Atlantes.

    Atlas fue también -como nos cuenta Eusebio Cesariense- un gran maestro de la ciencia astrológica que, de tradición en tradición, había aprendido la sabiduría de Enoch "era perito en astrología" dice Virgilio. Y San Agustín, afirmaba que fue famoso astrólogo y por el sudor y trabajo que pasó tratando y ocupándose de ello, dio lugar a decir que sustentaba los cielos y porque consideraba el movimiento de las estrellas dijeron ser sus hijas aquellas las llamadas Pléyades e Hiades.

    Diodoro de Sicilia, un siglo antes de Cristo, nos decía: es fama que Atlas tuvo un conocimiento profundo y completo de la astrología; el fue también el primero que expresó la disposición de la esfera. Por todo ello, surgió la idea de que el Universo descansaba sobre sus hombros, cuando lo único que se puede tener en cuenta en esta tradición es que inventó la esfera y la describió.

    ¿Qué origen pudo tener esta lejana tradición de colocar aquí el Estrecho y por la sabiduría de uno de sus personajes inmortales la ciencia de la astrología?

    El historiador Josefo, del siglo I de nuestra Era decía a los hilos de Seth se les debe la ciencia de la astrología. Ellos habían aprendido de Adam que el mundo debía de perecer por el agua o por el fuego y que, a fin de que esta ciencia no se perdiese antes de que los hombres fuesen instruidos en ella, les impulsó a construir dos columnas, una de ladrillo, otra de mármol, sobre las cuales grabaran los conocimientos que ya poseían, para que, si el diluvio destruía la de ladrillo, la de piedra conservase para la posteridad memoria de lo que en ella había escrito.

    ¿Y la Atlántida? ¿dónde estuvo la Atlántida?, por el relato de Platón, único que lo sabía, la isla tenía su extremidad hacia las Columnas de Hércules, la parte del país que se llama Gadírica, en griego Eumeles y en la lengua indígena Gadir.

    No estaba pues, lejos de Gadir ni de las Columnas de Hércules y por ende, de nuestro pueblo, Tarifa.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

(1) ARQUES, Enrique, Huella de la Historia fabulosa de la Libia Mauritana, Alta Comisaria de España en Marruecos.
(2) LIAÑO RIVERA, Manuel, El Estrecho de Gibraltar. Leyendas y Mitos, ALJARANDA, núm. 25,1997, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Tarifa.

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