BIOGRAFÍA

ALJARANDA

La trayectoria política, social y masónica de Pablo Gómez Moure (1833-1897) en Tarifa

Antonio Morales Benítez

    El 1 de abril de 1897 el periódico El Republicano Nacional de Madrid dedicaba sus dos primeras páginas al farmacéutico de Tarifa, Pablo Gómez Moure, tras su muerte acaecida unos días antes en esta población. El amplio artículo (1), que es un homenaje a su figura, viene firmado por las iniciales M.M.S., que corresponden a Miguel Morayta Sagrario, director de la publicación.

    Morayta sería además una de las figuras más destacadas del panorama político, social y cultural en el periodo finisecular; como intelectual, catedrático e historiador de gran prestigio, autor de numerosas obras de Historia e impulsor de diferentes publicaciones; como político, fue uno de los dirigentes más respetados del republicanismo español durante los primeros años de la Restauración, secretario de Estado bajo el gobierno de Castelar, que tras la República se mantuvo en activa oposición al nuevo régimen, rechazando cargos y aglutinando diferentes fuerzas para ser elegido diputado a Cortes por Madrid por la minoría republicana; pero, sobre todo, destacaría como masón, al ser la persona más influyente dentro del masonismo español, ocupando el cargo de Gran Maestre del Grande Oriente Español hasta su muerte en 1917 (2).

    En su artículo, Morayta destacaba la labor política de Gómez Moure a lo largo de casi treinta años de actividad pública en Tarifa, defendiendo siempre las ideas republicanas, bajo diferentes coyunturas políticas y sociales, y la popularidad de la que gozó entre las clases más modestas de esta ciudad, lo que le hace escribir que Tarifa le adoraba. Su entierro había sido una manifestación de duelo en la población. Ante su tumba, el republicano tarifeño Juan Araújo se había dirigido a la multitud para destacar que su recuerdo perecerá en Tarifa (sólo) cuando en esta ciudad no quede piedra sobre piedra, cuando se concluya en Tarifa la raza de las mujeres que tengan hijos.

Pablo Gómez Moure. (Foto de El Republicano Nacional. Biblioteca Nacional. Madrid)

    Sin embargo, Gómez Moure, a pesar de su fuerte vinculación con esta ciudad, había nacido en Ribadavia (Orense) el 30 de junio de 1833. Dadas sus incipientes creencias religiosas, de las que nunca se desprendió, su tío, el obispo de Tuy, quiso orientarlo hacia la carrera eclesiástica en Orense, pero finalmente se trasladó a Madrid para doctorarse en Farmacia, y posteriormente a París para licenciarse también en la carrera de Medicina y Cirugía. Estos estudios le permitieron intervenir como sanitario en la guerra de Marruecos. Pero su matrimonio con una gallega no le produjo demasiadas satisfacciones, ya que tras ser padre de una niña, y después de una denuncia de la familia de la mujer, la Iglesia declaró nulo el vínculo al considerar que existía un parentesco de consanguinidad entre los contrayentes, pero en condiciones desiguales, ya que mientras a su antigua mujer se le permitía un segundo matrimonio, al marido no. Sin embargo, sabemos que en Tarifa consiguió casarse por segunda vez (3).

    Según Morayta estos sinsabores en su vida personal le llevarían a volcar toda su actividad en la política y el ejercicio de sus dos carreras, destacando, aparte de su pericia como médico especialista en partos, por su caridad inagotable y los servicios de todo género que prestó a los necesitados.

    Conocido este retrato que de él hace Morayta, tenemos que acudir a fuentes más plurales para aproximarnos a la verdadera dimensión del personaje, analizando su trayectoria política, social y masónica, de lo que no se dan demasiados detalles en el artículo de El Republicano Nacional, que llega incluso a ignorar su condición de masón.

    La irrupción de Gómez Moure en la vida política tarifeña se produjo con motivo del pronunciamiento de septiembre de 1868, aunque con anterioridad a ello había tomado parte en otras intentonas antimonárquicas. Ya se ha destacado su protagonismo en este movimiento (4), pero nos queda saber su implicación en los preparativos. Los conspiradores, para asegurarse el triunfo del movimiento en la localidad, enviaron a Tarifa al teniente Ramón García y Guinda (5), quien entraría en contacto con elementos locales para coordinar el pronunciamiento con el de Cádiz. Aunque en esta ciudad triunfó, en Tarifa los revolucionarios se encontraron con la oposición del Gobernador militar de la plaza que dictó una orden de detención contra los miembros del comité revolucionario. Para eludir la detención, el teniente García huyó a Cádiz, quedando en Tarifa como cabecillas de la revolución el propio Moure y Francisco Alba Fruzado, que fueron detenidos bajo la amenaza de ser fusilados si continuaba el movimiento en la localidad (6). La suerte de ambos estuvo por unos días ligada a la de la revolución, pero la extensión del movimiento al resto de la provincia haría desistir al gobernador, quien, finalmente, optó por abandonar la plaza. Cuando el teniente García pudo volver, y el mismo general Prim arribó al puerto con las fragatas Zaragoza y Villa de Madrid, el movimiento ya había triunfado en Tarifa gracias a la decidida acción de los elementos locales (7). Gómez Moure se había convertido ante la población en el símbolo de la revolución. Tras ello los dos liberados fueron acompañados hasta el Ayuntamiento, donde Gómez Moure sería nombrado presidente de la Junta de Gobierno y, posteriormente, de la Junta Municipal que debía sustituir al Ayuntamiento monárquico; sería también el inspirador del programa político que se presentó a la población. El protagonismo de Moure en todo el proceso que vivió esta ciudad entre los meses de septiembre y diciembre de 1868 fue enorme, llegándose a asociar su persona a este movimiento, que consiguió un gran apoyo popular. Finalmente, tras la celebración de las primeras elecciones democráticas en la localidad, con sufragio universal masculino, fue proclamado alcalde democrático el 1 de enero de 1869 (10). Sin embargo, los sucesos de los días 23 y 24 de diciembre en Tarifa supusieron un duro revés para los revolucionarios, cuando fueron desarmadas las milicias populares y se hizo evidente la orientación conservadora y monárquica del gobierno de la nación. A pesar de ello, la Corporación acordó cambiar el nombre de Príncipe Alfonso por el de La República para denominar al nuevo paseo, ante las protestas de algunos ediles de la oposición.

    Aunque, una vez en la alcaldía, Moure solicitaba licencia para ausentarse de la localidad por espacio de dos meses por asuntos particulares. Sabemos que solía hacer frecuentes viajes a Galicia, que continuó dedicándose a los estudios de Medicina y que los problemas derivados de su matrimonio le ocuparon mucho tiempo; pero resulta difícilmente explicable su prolongada ausencia de Tarifa, la rapidez y la falta de objeciones con que le fue concedida la licencia por parte del gobierno civil, ahora que su coalición había conseguido gobernar tras unas elecciones (11). Fuera como fuese, este cese provisional en sus funciones vendría a dar la razón, de alguna forma, al teniente coronel Mercado que, ante la negativa de Moure a rubricar con su firma la intervención militar que sufrió la localidad en diciembre de 1868, le había vaticinado que sería destituido del cargo antes de dos meses. Aunque no sabemos las verdaderas razones, el plazo se cumplió. El 7 de febrero, sin su presencia ya, se leyó en el pleno municipal un oficio del Gobernador Civil de la provincia pidiendo al concejal Librado Ronda Torres que se hiciese cargo de la alcaldía durante la ausencia de Moure, a quien se había servido conceder licencia por el término de dos meses para que pudiese ocuparse de sus asuntos particulares. Los dos meses solicitados se convirtieron, de hecho, en seis, ya que no volvería a presidir una sesión hasta el 15 de agosto y, poco después, el 12 de octubre, la Corporación sería disuelta por orden gubernativa. Desde su triunfo electoral habían transcurrido apenas nueve meses, y sólo durante tres había podido ejercer Moure como alcalde. Con posterioridad no volvería a ocupar el sillón de la primera autoridad municipal; la breve y accidentada vida de la Primera República española y el sistema caciquil tejido en la localidad durante los años de la Restauración monárquica se lo impidieron.

    Además, durante el breve periodo que ocupó la alcaldía, no estuvo exento de dificultades ni de enfrentamientos internos dentro de su propia coalición, que incluso estuvo a punto de romperse sólo un mes antes de su destitución, tras una votación que invalidaba la pensión concedida a un empleado municipal y que Moure se negó a secundar, apartándose de la disciplina de partido y quedándose, por tanto, en minoría frente a sus aliados para oponerse a la medida; aún, tras su aprobación, no cejó en su empeño al proponer nuevamente su discusión. Esto le costaría un duro debate con Alba Fruzado que llegó a proferir palabras insultantes contra la primera autoridad municipal y, posteriormente, la denuncia de algunos de los que eran sus correligionarios políticos, tras proponer, finalmente, la restitución de la referida pensión o el nombramiento del antiguo trabajador municipal como oficial primera (13). Pero las cosas no pudieron ir a más porque sólo unos días después se produjo la destitución gubernativa de este Ayuntamiento y el nombramiento de otro afín a los nuevos gobernantes. Estos prepararon la celebración de unas elecciones que dieron como ganadores a los monárquicos, tras lo cual sería nombrado alcalde Antonio Sotomayor Patino, a su vez, administrador de los bienes que poseía en la localidad el marqués de Miraflores. No sin ciertas acusaciones de abusos en la celebración de los comicios (14).

    Durante esta etapa asistimos a un periodo de rectificación y corrección de muchas de las medidas y de los logros de los anteriores ayuntamientos salidos de la Revolución de septiembre, produciéndose numerosas reclamaciones provenientes de propietarios afectados por los repartos de tierras, o de contribuyentes que solicitaban la devolución de algunas tributaciones, o las denuncias de irregularidades en ciertas actuaciones de las juntas; incluso, la reclamación por parte de la administración militar al municipio del valor de las 516 raciones de pan del Ejército repartidas el 26 de septiembre por la Junta de Gobierno entre la población tras la retirada de las tropas de la ciudad (15). Durante este periodo se dió además la paradoja de que el Ayuntamiento nombrase hijo predilecto al teniente García Guinda y lo propusiese como diputado por su actuacion en septiembre de 1868 (16), y que ignorase, al mismo tiempo, a Alba y a Moure. Gómez Moure había sido la cabeza visible de todo el proceso abierto en Tarifa a raíz de "La Gloriosa", y desde su condición de cabecilla del pronunciamiento en la localidad o como primera autoridad municipal había hecho frente a las fuerzas militares en dos ocasiones, en septiembre y en diciembre de 1868. Las nuevas autoridades, por el contrario, quisieron hacer caer sobre él todo tipo de actuaciones, llegándose a plantear su responsabilidad personal por la gestión de una institución, la Junta de Gobierno salida de la Revolución, a la que ahora, sin embargo, no se le concedía ninguna legalidad, lanzando numerosas acusaciones de arbitrariedad en muchas de sus actuaciones. En este clima el Ministerio Fiscal consiguió que el juzgado de primera instancia de partido abriese causa contra Moure y otros por falsedad y malversación de fondos públicos, invitando al Ayuntamiento monárquico a sumarse como parte en la causa, cosa que sin embargo éste declina (17). Sólo la llegada de la República, tres años después, pondría fin a este período.

    Efectivamente, el 18 de febrero de 1873, una vez proclamada la Primera República española, se produjo en Tarifa una profunda renovación en los cargos municipales al constituirse el Ayuntamiento republicano. Moure entra en la nueva corporación, pero no es alcalde, sino que como concejal es elegido para desempeñar el cargo de procurador síndico, y representar a la corporación en todos los juicios que deba sostener en defensa de los intereses del municipio. Ocupando la alcaldía Miguel J. Derqui España. Este Ayuntamiento proclama que se regiría por los principios democráticos y que el sufragio universal será en adelante una verdad y que los derechos individuales se mantendrán en toda su pureza, prometiendo moralidad en la administración (18). En esta línea, Moure desarrollaría algunas iniciativas, como la presentación de una moción para la anulación del arrendamiento de las dehesas de propios, denunciando la gestión de las anteriores corporaciones conservadoras en esta materia que, con claras motivaciones políticas, habrían favorecido a unos cuantos y atropellaron las leyes con el objeto de hacerse un núcleo de electores para asegurarse en el poder y contrarrestar nuestra fuerza (19). También serían suyas las propuestas de una nueva división de los distritos electorales de la ciudad, o la reclamación para el municipio de una finca que poseía el Estado en la localidad (20).

    Sin embargo, la gestión de este Ayuntamiento se vería demasiado condicionada por coyunturas políticas y sociales. En el mes de agosto el Gobernador civil de la provincia suspendió de sus cargos a tres concejales tarifeños bajo la acusación de pertenecer a un comité de Salud Pública y se decretaba auto de prisión para el propio alcalde Derqui. Finalmente, el 24 de septiembre el Ayuntamiento sería reemplazado por otro más acorde a la nueva realidad republicana, cesando también Moure de su cargo de concejal.

    Tras la liquidación de la República, se inició un nuevo periodo de marginación para los republicanos. El complejo sistema ideado por los políticos de la Restauración los alejaría de los círculos de poder, dejando un escaso margen para su actuación. El nuevo régimen estaría sustentado en todo un sistema fraudulento de la vida política y de la Administración. A nivel local, la práctica del caciquismo aseguraba su presencia en todos los rincones. Las corruptelas llegaron a condicionar el funcionamiento del sistema electoral y de la administración de justicia. Todo ello fue provocando la separación entre una España oficial y otra real, al margen del sistema (21).

    Los republicanos alejados del sistema político, estarían divididos, a su vez, en varias familias políticas, configuradas alrededor de sus líderes históricos, cada uno de los cuales acaudillaba una facción. Además, nunca constituyeron un movimiento de masas, sino, como en Tarifa, círculos muy localizados en determinadas ciudades. El experimento de la Primera República había provocado un gran desgaste interno y su descrédito (22). Todo ello, junto a las prácticas electorales fraudulentas, favoreció su marginación de la vida pública española. El férreo sistema de la Restauración y la práctica del turnismo entre conservadores y liberales, sólo les permitiría una pequeña participación.

    El gobierno municipal tarifeño iba a estar en manos de los conservadores y, el antiguo alcalde, José Mª. Morales Gutiérrez, retomaría en 1875 a la alcaldía que tuvo que dejar en 1868, permaneciendo en ella hasta la llegada del primer turno liberal.

    Gómez Moure, como en 1869, iba a atravesar un nuevo periodo de ostracismo político -éste mucho más prolongado- que le impediría participar en las instituciones municipales por espacio de diecisiete años. Marginado de la política, se dedicó a ejercer su profesión y a profundizar en sus estudios, así en 1877 consiguió el grado de doctor en Medicina por la Universidad de Sevilla. Sin embargo, su vocación política le llevaría a intentarlo de nuevo, presentándose como candidato republicano a las elecciones municipales de 1879; pese a conseguir su elección, una vez en el Ayuntamiento, no puede tomar posesión de la concejalía al ser declarado incapacitado para ejercer cargos por acuerdo no apelado del Ayuntamiento y de la Junta de escrutinio, acuerdo que fue ratificado por la Diputación Provincial unos días antes de la constitución de la nueva corporación (23). Las irregularidades en los procesos electorales no remitirían durante estos años: las elecciones de mayo de 1883 en Tarifa tuvieron que ser anuladas al detectarse errores en la distribución de los colegios electorales; otras veces se adulteraron los comicios tarifeños para utilizar la ciudad como plataforma para políticos foráneos, como fue el caso de las elecciones de 1886 cuando el diputado provincial Carlos Núñez forzó la sustitución de un alcalde por otro afín al gaditano Cayetano del Toro (24).

Miguel Morayta (1834-1917). Correligionario político y masónico de Gómez Moure, y autor de un artículo sobre su figura en 1897. (Foto del Boletín Oficial del Grande Oriente Español. Archivo Histórico Nacional. Salamanca)

    Aunque a Gómez Moure durante estos años no se le reconocieron sus derechos electorales (al no poder ser elegible), y por lo tanto estuvo alejado de la política municipal, no por ello estuvo ajeno a otro tipo de contenciosos: es el caso de la agria polémica que mantuvo con el otro farmacéutico de la localidad Juan Alba Fruzado ante las autoridades municipales por el suministro de medicamentos al hospital de caridad en 1883, o por el servicio de medicinas a domicilio a personas de pocos recursos, un año después. En este sentido, Alba criticaba por abusiva y escandalosa la política seguida en esta materia por la Corporación municipal al permitirse a los vecinos pobres beneficiarios de medicamentos gratuitos la libertad de elegir farmacia, que en mayor medida acudirían al establecimiento de Moure. Esta polémica entre farmacéuticos, no exenta de connotaciones politicas (25), tendría una amplia repercusión en la localidad, después de que Moure ofreciese una rebaja de un 50 por ciento sobre el valor de estos medicamentos que el Ayuntamiento facilitaba a enfermos pobres y al Hospital de la Caridad (26).

    Sin embargo, Moure pudo pensar en 1889 que su exclusión política tocaba a su fin. El sistema político de la Restauración fue abriendo poco a poco un marco más amplio, en el que las ideas republicanas podrían tener una mayor cabida, aunque con muchas limitaciones en la práctica, ante la sucesión todavía de irregularidades y de actos de violencia. Ese año en Tarifa la lista de electores, a partir de la cual se confeccionaba el censo electoral, se amplió a 854, apareciendo Gómez Moure como elegible; sin ese impedimento legal que lo tenía apartado de las contiendas electorales, no tendría obstáculos para presentarse y ser elegido concejal en enero de 1890, por primera vez desde 1873. Después de su toma de posesión fue designado para desempeñar las funciones de interventor municipal, y se integró en las comisiones de Beneficencia y Sanidad y de Instrucción Pública. Pero una vez más, su presencia en el Ayuntamiento sería fugaz: unos meses después de su elección se le concedió licencia para atender "asuntos de familia" en su Galicia natal. Poco después de su vuelta se le despojaría del cargo al ser de nuevo declarado incapacitado. Un delegado del Gobernador hizo acto de presencia en la sesión municipal para poner en conocimiento del consistorio los resultados de una investigación, tras una denuncia interpuesta contra Moure, que consideraba incompatible su condición de miembro de la corporación con la de farmacéutico que suministra medicinas con cargo a los fondos municipales (27). De nada sirvieron las protestas de Moure. Esta discutida medida, que era incumplida sistemáticamente, incluso en la propia Tarifa, se revelaría posteriormente como una eficaz artimaña utilizada para excluir de nuevo esta vez definitivamente, a Moure de la vida pública pese al apoyo que tenía entre la población. El desgarro social que provocaba la farsa electoral desplegada por los políticos de la Restauración era evidente. Pero el sistema político no estaba dispuesto a admitir a quien había presidido el municipio en 1868.

    Cerradas las vías de participación en la vida pública, a través de las instituciones de representación política, Moure encontraría en la masonería un vehículo de expresión y de incidencia en la sociedad, donde desarrollar sus ideas e inquietudes sociales.

    Durante la España restauracionista, la masonería conocería un periodo de expansión sin precedentes, atravesando una auténtica edad de oro en nuestro país. Incluso el propio jefe del partido liberal, Sagasta, sería proclamado en 1876 Gran Maestre del Oriente de España (28). La masonería se nutrió mayoritariamente de personas procedentes de 105 sectores políticos liberal y republicano, con lo que se convirtió, de hecho, en un lugar de encuentro entre hombres del sistema y otros más alejados de él. La institución masónica posibilitó el desarrollo de unas ideas que el sistema obstaculizaba. Por lo tanto, serían muchos los republicanos que encontraron refugio en las instituciones masónicas, y que las utilizaron incluso como plataforma política.

    Pero el acercamiento de Gómez Moure a esta institución no se produjo en Tarifa, ni durante estos años, sino que habría que remontarse a los días previos a la Primera República, ya que se había iniciado en enero de 1873, con el nombre simbólico de "Bercelius", dentro de una logia perteneciente a un oriente francés; confirmando con ello sus vinculaciones con el país galo, donde había cursado parte de sus estudios. Trece años después de su iniciación, Moure aparecía como el impulsor de un taller masónico en Tarifa con la misma denominación que había adoptado para él.

    Efectivamente, la logia "Bercelius nº 199" se instaló oficialmente en Tarifa el 10 de noviembre de 1885 (29). Apareciendo junto a Moure, también como impulsor, otro masón de amplia trayectoria en el Campo de Gibraltar: Ricardo de Mendoza Sánchez, simb. "Asdrúbal" (30). Dentro de esta logia Moure obtendría el grado 33, el máximo que concede la masonería, y su prestigio como masón iría paralelo al que alcanzaría la logia ante los órganos rectores del masonismo español, gracias a la gran actividad que pudieron desplegar. Aunque la escasez de fuentes documentales directas nos limitan mucho a la hora de evaluar esta incidencia en la sociedad tarifeña, sabemos que desde "Bercelius" salieron numerosas iniciativas dirigidas a mejorar el nivel cultural de la población, como la creación de una escuela nocturna, al amparo de la nueva Ley de Asociaciones, con el proyecto de constituir una cátedra especial de geografía e historia universal (31), o la organización de conferencias. Esta actividad hizo que el Gran Consejo del Oriente hiciese reconocimiento público de ello a través de su boletín interno y, al mismo tiempo, un llamamiento a Moure, como primera autoridad del taller, para que encauzara estos esfuerzos por el camino del bien de la cultura e ilustración de Tarifa (32). Asimismo, desde la logia se fomentaría el ejercicio de la caridad y la beneficencia entre los hermanos, y tras el acto de constitución del taller fue acordado repartir secretamente cuatro fanegas de trigo convertidas en pan. Incluso sabemos de una iniciativa por parte de Moure para adquirir las acciones del Liceo Tarifeño para dedicarlo a actividades de la logia (33). Por lo que respecta a su acogida entre la población, los masones tarifeños presumían ante su Obediencia de gozar de la estima popular ya que sabrían hacerse querer de tal suerte, que las bandas populares los suelen sorprender con serenatas en los banquetes (34).

    Gómez Moure ocuparía el cargo de Venerable Maestro, el de mayor responsabilidad dentro de la logia, desde su fundación en 1885 hasta 1892. Durante este tiempo promocionó desde el grado 38, que ya había obtenido bajo obediencia francesa, al 33. Su fama en la Comarca le llevaría a desempeñar algunas misiones delicadas fuera de Tarifa por encargo de sus superiores, como la regularización de los masones de la ciudad de Vejer (35). Gracias a sus frecuentes viajes no descuidó las relaciones con determinados círculos de su localidad natal, por lo que sería nombrado, a su vez, miembro de honor de la logia "Luz de Avia, 266" de Ribadavia en representación del taller tarifeño (36); así como contactos en Madrid con personalidades de la Masonería española, como Morayta. El Boletín del GONE le reconoce, por los servicios prestados al credo masónico, como piedra angular de la Institución Fracmasónica (37).

    Este periodo duraría aproximadamente siete años. Durante ellos aumentó el número de hermanos de "Bercelius", procedente de una clase media o pequeña burguesía local. Además de Moure tenemos otros ejemplos de masones tarifeños en la vida política municipal, como son los casos de los concejales Manuel Manso Abreu, Guillermo Labado No, Francisco Díaz Nutiz, Miguel Ulivarrena Ortiz, Hiscio Rivas León y Sebastián Valencia Ruiz (38); pero no puede hablarse de un partido político de masones, ni siquiera de que existiese unidad de acción en sus actuaciones públicas, desarrolladas a lo largo de un período más dilatado, que excedería a la propia existencia de la logia, y bajo circunstancias muy diversas. La proyección de "Bercelius" más que política sería de contenido social, a través de instituciones culturales y educativas. Lo que no quiere decir que en el interior de la logia predominaran, y en numerosas ocasiones se manifestaran fuera, también en las instituciones municipales, los postulados antimonárquicos y los comportamientos anticlericales, que eran comunes, por otra parte, a la mayoría de los masones españoles.

    Gómez Moure presentó la dimisión como Venerable de "Bercelius" en 1892, sin que conozcamos las verdaderas razones. Aunque su liderazgo debió cuestionarse ya que coincidió con un periodo de divisiones y enfrentamientos internos, que continuaron aún con las nuevas dignidades. Un año después se entraría en una etapa de decadencia y de desmovilización, poniéndose aún más en evidencia las diferencias entre los socios. En este clima, a lo largo de 1895, se produjo la desaparición definitiva de la logia tarifeña.

    En cuanto a su horizonte ideológico, Gómez Moure era partidario de una democracia avanzada, con el reconocimiento de una amplia gama de libertades, tuteladas y garantizadas por instituciones independientes de los poderes políticos. Pero este liberalismo en lo político quedaría matizado en el terreno económico, al defender unas propuestas de amplio contenido social, con una intervención decidida de los poderes políticos para corregir las desigualdades sociales. El modelo elegido para llevar a la práctica este liberalismo intervencionista sería la república federativa, para Moure el único régimen capaz de garantizar este marco político y social (39)La Monarquía debía ser combatida al revelarse como un instrumento caduco, incapaz de garantizar los derechos de los ciudadanos y el bienestar de la nación.

    Por otra parte, no podemos ignorar sus fuertes convicciones religiosas que se manifiestan también en su actuación pública; su credo masónico estaba impregnado de cristianismo, dotando a su militancia de una cierta misión evangelizadora. La religión por él concebida, lejos de otros planteamientos, tendría una función liberalizadora de la sociedad. A través de alguno de sus discursos podemos constatarlo: en el que pronunció en la tenida de instalación de la logia, invitaba a los hermanos a llevar la luz del Evangelio a todos los ámbitos de la tierra y llamaba al ejercicio de la caridad y la beneficencia hacia los más necesitados, a la vez que a trabajar sin descanso en nuestro perfeccionamiento moral. Para Moure estos planteamientos moralizadores de la masonería deberían ser esgrimidos para hacer frente a los ataques de los enemigos de la Orden, que consideraban a los masones ateos prácticos, conspiradores de oficio y perturbadores del hogar doméstico (40). Estas creencias, sin embargo, no serían obstáculo para mostrar, al mismo tiempo, su anticlericalismo, y que en su gestión al frente del Ayuntamiento tratara de deslindar los asuntos civiles de los eclesiásticos, oponiéndose a la participación oficial de las autoridades civiles en las manifestaciones religiosas (41). Se trataría con ello de hacer efectivo el principio de la separación entre Iglesia y Estado, entre una esfera privada e individual y otra pública.

Firma de Pablo Gómez Moure. (Actas Capitulares. Archivo Municipal de Tarifa)

    Gómez Moure murió en Tarifa el 9 de febrero de 1897, su entierro constituyó esa enorme manifestación de duelo de la que hablaba Morayta, con la participación de todos los estamentos de la ciudad, especialmente los más humildes. Sólo el Ayuntamiento eludió cualquier reconocimiento. Sin embargo, Don Pablo, como era conocido en la localidad, debió dejar un hueco muy grande en algunos sectores populares. En las filas republicanas resultaba evidente; en lo que quedaba de las masónicas, el sentimiento de orfandad debió ser aún mayor por lo que representaba en el sostenimiento de la institución en la localidad, su muerte significó el fin del fenómeno; de hecho, Tarifa fue la única localidad del Campo de Gibraltar donde el masonismo no conseguiría instalarse de nuevo, a pesar de su resurgimiento comarcal durante el primer tercio del siglo posterior.

    La figura de Moure, cuando se cumplen cien años de su muerte, resulta hoy poco conocida al no haberse valorado suficientemente su relevancia histórica en Tarifa. Nuestro siglo XX, dotado en algunos momentos de una dinámica destructiva, permitió que muchas biografías fuesen ahogadas por el curso de la Historia. Hoy tenemos la necesidad de restablecer la memoria.

    En la realidad decimonónica tarifeña, con una configuración social todavía heredera del antiguo régimen, estancada en muchos aspectos, con escasas oportunidades de movilidad social (42), la irrupción de Gómez Moure en Tarifa en 1868 y durante los años siguientes, aunque en numerosas ocasiones se quisiera silenciar su voz, supuso un indudable impulso a su historia, que algunos quisieron convertir en un impulso democrático, de libertad, que abriese el horizonte ideológico e intelectual de esta ciudad. Su propio perfil de burgués ilustrado e inquieto, abierto a las nuevas ideas, permanentemente preocupado por emprender nuevos estudios, unido a su conciencia social y a las diversas dimensiones que proyectó su personalidad, a través de su condición de liberal y republicano, masón y librepensador, cristiano y anticlerical, contribuyeron a ello.

    A lo largo de su trayectoria pública mantuvo unas constantes que nos invitan a establecer ciertas consideraciones sobre las relaciones entre ética personal y política. Gómez Moure, con sus luces y sombras, resulta ser, a lo largo de sus casi treinta años de activismo político, social y masónico en Tarifa, un ejemplo de coherencia entre su ideología y su proyección pública.

NOTAS

(1) El Republicano Nacional, Madrid, núm. 13, 1 de abril de 1897, págs. 1-2.
(2) Boletín Oficial del Grande Oriente Español, núm. 297, 31 de enero de 1917, págs. 1-2.
(3) Existen algunas diferencias entre el artículo original y el que recogió el periódico tarifeño Nuevo Obrero casi tres años después, el 12 de febrero de 1900, que modificaba el primitivo texto de Morayta para aclarar que Moure se casó de nuevo en Tarifa con Doña Antonia Garzón Vázquez, Vid.
NÚÑEZ JIMÉNEZ, C., Pablo Gómez Moure, en ALJARANDA, núm 6, Tarifa, 1992, págs. 34-35.
(4) MORALES BENÍTEZ, A., Utopía y Realidad: Tarifa en la Revolución de 1868, en ALJARANDA, núm. 25, Tarifa, 1997, págs. 10-15.
(5) Archivo Municipal de Tarifa (AMT), Actas Capitulares, sesión de 10 de noviembre de 1869.
(6) HERRÁN PRIETO, J., Juntas revolucionarias de 1868 en la provincia de Cádiz, en Gades, núm. 19, Cádiz, 1900, págs. 169-186.
(7) AMT, sesión 10 de noviembre de 1869.
(8) Manifiesto Tarifeños de 8 de octubre de 1868.
(9) MORALES BENÍTEZ, A., El Manifiesto de la Junta tarifeña de 1868, en ALJARANDA, núm 24, Tarifa, 1997, págs. 20-23.
(10) AMT, sesión 1 de enero de 1869.
(11) A la licencia de Moure habría que añadir las reiteradas faltas de asistencia a las sesiones municipales del edil Francisco Alba Fruzado.
(12) AMT, sesión 24 de diciembre de 1868.
(13) Se trataba del antiguo empleado municipal Juan Romero, su caso enfrentaría a las autoridades municipales a lo largo de varias sesiones (29 agosto, 5 y 19 septiembre y 21 noviembre de 1869).
(14) AMT, sesión 9 de julio de 1870.
(15) Idem, sesiones 25 de abril de 1869 y 31 de enero de 1870.
(16) Idem, sesiones 19 y 24 de noviembre de 1869.
(17) Idem, sesión 5 de marzo de 1870.
(18) Idem, sesión 18 de febrero de 1873.
(19) Idem, sesión 19 de marzo de 1873.
(20) Idem, sesión 23 de marzo de 1873.
(21) TUSELL GÓMEZ, J., Oligarquía y caciquismo en Andalucía 1890-1923, Barcelona, 1976.
SÁNCHEZ MANTERO, R., La política y los políticos de la Restauración. Resultados de un proyecto de investigación, y BARRAGÁN MORIANA, A., Caciquismo y sistema político durante la Restauración en Andalucía Occidental: estado de la cuestión, Actas del Congreso sobre caciquismo y república en Andalucía (1891-1936), en Trocadero, núm. 5, Universidad de Cádiz, 1993.
(22) ÁLVAREZ JUNCO, J., El emperador del Paralelo. Lerroux y la demagogia populista, Madrid, Alianza Editorial, 1990, pág. 91.
(23) AMT, sesión 1 de julio de 1879. La médida también afectaría a su correligionario Manuel Manso Abreu.
(24) MARCHENA DOMÍNGUEZ, J., Burgueses y caciques en el Cádiz de la Restauración, Universidad de Cádiz, 1996, pág. 210.
(25) Alba, desde un bando opuesto a Moure, participaría en la política municipal, tras ser elegido concejal.
(26) AMT, sesión 19 de julio de 1885.
(27) Idem, sesión 10 de noviembre de 1890.
(28) FERRER BENIMELI, J.A., Masonería española contemporánea, vol.2, Siglo XXI, Madrid, 1887, pág.8.
(29) Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, Salamanca (AHNS), Masonería, legajo 743-A-24.
(30) AHNS, Masonería, Exp.personal 88/10. Ricardo de Mendoza Sánchez, de profesión militar, fue el masón que demostró más actividad durante los últimos años del XIX en el Campo de Gibraltar, interviniendo en muchas de las fundaciones que tuvieron lugar en la Comarca.
(31) Boletín Oficial del Grande Oriente Nacional de España (BOGONE), núm. 16, 29 de febrero de 1888, pág. 2.
(32) BOGONE, núm. 14, 31 de enero de 1888, págs.8-9.
(33) NÚÑEZ JIMÉNEZ, C., Pablo..., op.cit.
(34) BOGONE, núm. 71,15 de junio de 1890, pág.9.
(35) AHNS, Masonería, leg.744-A-3. Sobre este tema MORALES BENÍTEZ, A., La Masonería tarifeña y la logia "Turdetania" de Vejer, en ALJARANDA, núm. 20, Tarifa, 1996, págs. 16-18.
(36) AHNS, Masonería, Exp. personal 596/41.
(37) BOGONE, núm. 152, 30 de octubre de 1983, pág. 7.
(38) MORALES BENÍTEZ, A., Masonería y política en Tarifa a fines del siglo XIX, en Almoraima, núm. 13, Mancomunidad del Campo de Gibraltar, 1995, págs. 363-368.
(39) Estas ideas están extraídas del Manifiesto de 1868. Moure sería uno de sus redactores.
(40) AHNS, Masonería, 743-A-24.
(41) AMT, sesión 29 de agosto de 1869, Las posturas de los ediles se dividieron sobre la conveniencia o no de acordar oficialmente la asistencia de la Corporación a la procesión de la patrona de la localidad.
(42) CRIADO ATALAYA, F.J., Cuadernos divulgativos: Tarifa: su geografía, historia y patrimonio. Apuntes sobre su Historia, Tarifa, 1993, pág.62.

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