PATRIMONIO

ALJARANDA

La torre de Guzmán el Bueno

Wenceslao Segura González
Andrew G. Torrado Carlet

LOS ALMOHADES EN TARIFA

    En mayo del año 1145 los almohades desembarcan y toman el castillo de Tarifa. Según el cronista Ibn Abi Zar, los tarifeños lo acogen con sumisión. Los almohades utilizan durante años el puerto de Tarifa para el desembarco de las tropas musulmanas que asolan durante años los reinos cristianos (1), (2).

    Tras su paso por Tarifa los almohades dejaron su huella, pues mejoran las instalaciones del castillo, fortaleciéndolo aún más. Como grandes constructores que fueron, introducen en la fortificación hispana novedades, como es el caso de las torres albarranas (del árabe albarran, separado), torres separadas del recinto del castillo. También introducen las corachas, o murallas que unen las torres albarranas con el castillo o su falsabraga o muralla exterior, como es el caso de Tarifa.

    El sistema combinado de coracha y torre albarrana es genuino de las construcciones hispano-musulmanas no existiendo antecedentes ni en oriente, ni tampoco traspasan nuestras fronteras hacia Europa.

    Durante el siglo XII de predominio almohade en Tarifa, se construye la torre albarrana octogonal, más conocida como torre de Guzmán el Bueno, por suponer que desde ella, el héroe leonés lanzó el cuchillo con el que sacrificaron a su hijo. De la misma fecha es la larga coracha.

    La torre de Guzmán el Bueno, que tiene especial protección por ser Monumento Histórico-Artístico desde 1931, tuvo un papel decisivo durante los varios sitios que Tarifa sufre durante los siglos XIII y XIV, lo que demuestra lo defensiva que resultó. Inicialmente se concibe para evitar la circunvalación de la fortaleza, impidiendo un ataque directo por la puerta, que resulta ser el lugar más débil de una fortaleza (3).

    Pero la torre de Guzmán el Bueno ha cambiado radicalmente de aspecto desde su construcción hace más de ochocientos años. Y ese cambio se produjo tras el fuerte asedio que sufrió en el año 1340 por las tropas marroquíes que dirigía Albohacén.

    Los almohades construyen diversas torres albarranas similares a la de Tarifa, principalmente por Andalucía y Extremadura. El mejor ejemplo de ella es la monumental Torre del Oro sevillana.

    Las construcciones almohades son ingeniosas, pero sus técnicas constructivas son rudimentarias. No utilizan sillares a soga y tizón como en la época califal, ni tan siquiera la mampostería, sino que utilizan principalmente el tapial. Realizado apisionando tierra, previamente encajonada con maderas o tapias, que después eran retiradas. Algunos lienzos y torres de la cerca de Tarifa están hechas a base de tapial, pero esa técnica no aparece por el Castillo de Tarifa.

EL SITIO DE 1340

    Para conocer como era la torre de Guzmán el Bueno, podemos utilizar la crónica de Alfonso el Onceno, que nos va describiendo con detalle como se sucedía el sitio de 1340.

    En la crónica se lee: En la cerca de la villa avia una torre que decian la torre de Don Joan, et decianla asi, porque en el tiempo del Rey Don Sancho fue cercada esta villa otra vez, et cercola el Infante Don Joan hermano de aquel Rey Don Sancho con poder del Rey de allén mar; et porque posaba aquel Don Joan cerca de aquella torre, et facia mucho por entrar la villa por aquel logar, llamabanla la torre de Don Joan.

    Y más adelante: et esta torre era de tierra tapiada; et fuera de la villa estaba un otero cerca de aquella torre, tan alto como fasta los dos tercios de aquella torre. Hoy día la torre de Guzmán el Bueno, a la que indudablemente se refiere la crónica es de sillares, al menos en las partes más visibles. Lo que parece indicar que después del sitio que comentamos fue completamente reparada y cubierta su parte exterior con los sillares que hoy observamos. En cuanto al otero o cerro al que se refiere la crónica, bien pudiera ser el cerro de Santa Catalina o mejor el cerro de San Telmo, hoy desaparecido tras hacer las obras del muelle en este siglo.

    La referencia a la altura del otero nos da una precisa indicación de la altura que originalmente tenía la torre de Guzmán el Bueno. Una referencia de indudable valor es el dibujo que en el siglo XVI realiza Van der Wyngaerde (4), en donde se aprecia en primer plano los cerros de Santa Catalina y de San Telmo, con sus correspondientes ermitas. La fiabilidad de los dibujos del holandés nos permite hacer una estimación bastante precisa de la altura de los cerros, al menos en el siglo XVI, dándonos la cifra de unos veinte metros, con lo que la torre de Guzmán el Bueno debería de tener unos 25 metros, cifra que coincide, como más adelante veremos, con otras suposiciones.

    La crónica de Alfonso el Onceno continua: pusieronle cuatro engeños [a la torre de don Joan] que la tiraban dia et noche, et dabanle muy grand priesa. Et como quiera que derribaban mucho della con los engeños, pero coydandola entrar mas ayna, los Moros comenzaron a facer otra torre de parte de fuera cerca de aquella, donde pudiesen apoderarse del muro et de aquella torre. Sin duda la acción de los engeños de los marroquíes tuvieron que hacer un grave daño a la torre de tapial. La torre que los musulmanes empiezan a construir tuvo que estar cerca de la coracha (el muro del que habla la crónica). Compruébese lo acertada que estuvo construir la torre de Guzmán el Bueno en aquel lugar, tal es así que toda la acción bélica de los sitiadores consiste es destruirla para así poder directamente atacar la fortaleza por el flanco oeste, como años antes había ocurrido con el cerco que pone el infante don Juan.

    La crónica sigue diciendo: Et maguer que los que estaban en aquella torre de la villa les querian defender que non fecieses aquello labor, non podían, lo uno por aquel/os quatro engeños que les tiraban muy afincadamente, et lo otro por los muchos Moros ballesteros que estaban y; pero los cristianos barboteaban aquella torre con madera. La permanencia de los cristianos en la torre de Guzmán el Bueno sólo podría ser posible si la torre dispusiese de un cuerpo superior habitable, el que sería barboteado, verbo antiguo que significa reparar o atrancar (5) por los sitiados.

    La crónica en su narración de los hechos sobre la torre albarrana de Guzmán el Bueno termina aquí. Para recoger más detalles es necesario hacer un estudio comparativo con otras torres albarranas almohades construidas en la misma época y para la misma finalidad que la de Tarifa.

OTRAS TORRES ALBARRANAS

    En la alcazaba de Badajoz, los almohades tras su ocupación construyen una torre de base octogonal y de tapial, unida a la muralla de la fortaleza por una coracha almenada. La torre que milagrosamente sobrevive en perfecto estado, nos puede servir de modelo para recomponer como sería la de Tarifa.

    La pacense torre recibe el popular nombre de Espantaperros, está compuesta de dos partes. La inferior maciza y que llega hasta la altura de la coracha, como ocurre con la tarifeña. Sobre ésta se eleva una parte hueca, de dos plantas, en donde se abren aspilleras. En su planta alta presenta una estancia cuadrada cubierta con bóveda vaída, quedando el resto del espacio configurando una nave circular, que se cierra con bóveda de arista (6). La terraza está almenada, con tres almenas por lado, unidas las extremas, característica repetitiva en otras torres almohades octogonales. Sus dimensiones son 20 metros de altura, por 4 metros de lado de la base, llegando la parte maciza a la mitad de la altura. La coracha, es más pequeña que la tarifeña, y tiene la considerable longitud de 24 metros.

    La cerca de Algeciras contaba con dos torres albarranas de igual origen almohade. Una de ellas, la conocida como de el Espolón, estaba en pie a final del siglo pasado y hasta nosotros ha llegado un grabado. De dimensiones mitad que la de Badajoz, tiene en común con ella y con las otras que luego veremos, dos niveles, uno correspondiente a la parte maciza y la otra habitable y compuesta por dos plantas, como se desprende de los distintos niveles de las ventanas que muestra el grabado que en su día apareció en la Ilustración Española e Iberoamericana (7).

    En Jerez se levanta otra torre octogonal de origen almohade, y que se encuentra en un ángulo del alcázar. Construida a base de tapial, vuelve a repetir las dimensiones de la de Badajoz, compuesta a su vez de dos niveles, macizo uno y habitable, con dos plantas, el otro. Las almenas son un calco unas de otras. Teniendo como adorno un par de hileras de ladrillos en su parte superior, decoración típica almohade. La Torre del Oro, vuelve a repetir algunos de los elementos señalados diferenciándose de las demás en su monumentalidad.

LA TORRE DE GUZMÁN EL BUENO

Reconstrucción de la torre de Guzmán el Bueno como se encontraba hace 700 años por Andrew G. Torrado Carlet.

    Por lo indicado no es aventurado pensar que la tarifeña torre de Guzmán el Bueno tuvo que ser de características parecidas a las señaladas. Es decir de una altura entre 20 y 25 metros, de 4 metros un lado de la base, almenada, con aspilleras en los cuerpos superiores, construida a base de tapial, y con algún adorno a base de hileras de ladrillos.

    En base a lo anterior y con la confirmación dada por la crónica de Alfonso el Onceno, hemos reproducido por ordenador la torre de Guzmán el Bueno tal como era en el siglo XIV, fecha en que consideramos que fue semiderruida y posteriormente cubierta con la sillería que hoy presenta.

    Como nota complementaria indicar que en la coracha, hoy desprovista de almenas, las hemos colocado, tal como exige la lógica defensiva y tomando como modelo la única almena que permanece en pie.

    Cuando la segunda cerca de murallas que actualmente rodean al casco histórico, fue levantada, la torre de Guzmán el Bueno quedó unida a ella. Tal como se ve en un plano levantado por el cuerpo de Ingenieros en 1835 (8), la muralla se elevaba hasta quedar al mismo nivel que la torre, pudiéndose acceder a ella por el adarve.

REFERENCIAS

(1) SEGURA GONZÁLEZ, Wenceslao, El Castillo de Guzmán el Bueno, Editorial Grafisur-Tarifa, Tarifa, 1997.
(2) GOZALBES CRAVIOTO, Enrique, Tarifa puerto estratégico de los almohades, ALJARANDA, núm. 11, diciembre 1993, Ayuntamiento de Tarifa.
(3) BORDEJÉ, Federico, El milenario castillo de Guzmán el Bueno, Boletín de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, núm. 31, cuarto trimestre 1960, Madrid.
(4) VAN DER WYNDAERDE, Vista de Tarifa, 1567, Biblioteca Nacional de Austria, Viena.
(5) Enciclopedia hispano-americana Espasa-Calpe.
(6) TERRÓN REYNOLDS, Mª Teresa, Castillos de Badajoz, Editorial Lancia, 1992.
(7) TORREMOCHA SILVA, Antonio, Las fortificaciones Medievales en Algeciras, El Libro Técnico, Algeciras, 1989.
(8) Plano de la Isla de Tarifa con la perspectiva de sus obras, realizado por el Cuerpo de Ingenieros, 1835, Servicio Geográfico del Ejército, núm. 905.

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