POSTALES ANTIGUAS

ALJARANDA

El Estrecho de Gibraltar: leyendas y mitos

Manuel Liaño Rivera

    En los días de poniente, se contempla desde nuestra ciudad uno de los panoramas más bellos del mundo: el Estrecho de Gibraltar, la costa africana, un mar y un océano. El tarifeño a fuerza de verlo a diario, no de le da ninguna importancia, pero el visitante se extasía con la panorámica.

    No hay que olvidar que aquí, justamente aquí, tuvo que comenzar la Historia de España y los primeros inicios de su Geografía. Este era el límite del mundo entonces conocido. Aquí se acababa la tierra, se dejaba de andar o navegar y se revelaba la grandiosidad del Océano.

    El geógrafo Rávena, al mar le llamó Frentum Septem Gaditanum y al Estrecho Abrida, voz que ha quedado grabada, incrustada en nuestra lengua como La Vereda el camino. Porque el Estrecho siempre ha sido eso, la vereda de España hacia África y de aquí para España.

    Frente a nosotros, la imponente silueta del monte Atlas. Según la leyenda la tumba del mismo. Atlas, el rey, el dios mitológico, el hijo de Jafet. Hesiodo lo señalaba con precisión ...en los confines de la tierra, enfrente de las Hespérides; y también Heredoto ...y esta elevación se extiende hasta las Columnas de Hércules y Homero ...en las extremidades de Libia, bajo el peso que encorva los hombros, y Esquilo ...junto al sol poniente sostiene la enorme columna del cielo, y Lucano ...próximo a Gades.

    Según la mitología fenicia, el dios Melkart separó dos montañas que estaban unidas y creó el actual Estrecho. Los griegos tomaron como propia estas hazañas y se la atribuyeron a su héroe, Herakles.

    Estrabón nos dice que el Mediterráneo era en origen un lago el cual recibía el agua de los ríos que lo circundaban, hasta que éstos, a modo de cataratas, se nivelaron con las del Océano. Charpentier, lo relaciona con el hundimiento de la Atlántida y con las luchas entre Hércules y Anteo.

    Pomponio Mela, que era de aquí, nos dice: ...aquí reinó Anteo y existe un hecho significativo que la tradición ha celebrado, se muestra en efecto una columna (montaña) no muy alta que representa un hombre tendido de espaldas; según aseveran los indígenas, ésta es la tumba de aquel rey; y si se excava la tierra por alguna parte, empiezan las aguas a discurrir no cesando hasta que se han rellenado los huecos. Homero les llamaba Columnas de Atlas.

    Los fenicios pasaron el Estrecho y se establecieron en Gadir antes de la guerra de Troya, allá por el año 1.500 a.C.

    Un texto antiquísimo, recogido en uno de los Midraxim y conservados después de la destrucción del Templo de Jerusalém, guarda el relato de la llegada de los tirios al Estrecho, ...los varones de Sor (Tiro), temiendo la competencia de los Cattarim (los de Creta) en Iam Gadol (el más grande, el mediterráneo), tomaron marinos de los Kitiim (los de Chipre), Ispurad (Sporodas), Sicladis (Clicada), Ilos (Milos), Kadms (Patmos), Citer (Citeria) y Thera (Thera, Santorin) y aliados con los Funik (Púnicos de Sidón y Fenicia), construyeron navíos fuertes y se fueron navegando hasta las ciudades de Sefarad (España) y al llegar a Nukubá Iam Ramma (entrada, "boquete del mar inmenso"), detuvieron sus naves ante la terrible incógnita de lo infinito y lanzaron a los aires del mar el grito del triunfo y la gloria del descubrimiento. ¡Og!, ¡Og! exclamaban al contemplar con miedo la infinita extensión de agua, envuelta entonces en desgarrones de nieblas tenebrosas (sin duda un día de calma de levante), ¡Dolmá! ¡lo pavoroso! y llamando a lo que veían Okeanos Yan Ha Mavet que siginifica Océano de la muerte, no se atrevieron a entrar con sus navecillas en dicho Océano misterioso.

La colonización fenicia en el litoral mediterraneo.

    Al no atreverse a continuar con sus naves, volvieron a las ciudades de Sefarad y desembarcaron para seguir por tierra hasta Gadir, donde hallaron playa y estaño en tanta abundancia, que en plata rehicieron todos los herrajes de sus naves y sus utensilios. Nos lo confirma Polibio, citando a Timero (340 a.C.)   ...se dice que los primeros que llegaron por mar hasta Tartessos volvieron trayendo, a cambio aceite y la pacotilla que habían llevado consigo, tal cargamento de plata, que no podían tener ni recibir más, viéndose obligados, al volver a aquellos parajes, a fundir en plata todas aquellas cosas de que se servían, incluso las anclas.

    Y agrega el texto hebreo, que allí, en Gadir, se asomaron otra vez los fenicios al mar y volvieron a gritar con la alegría de un descubrimiento: ¡Og!, ¡Oguem!, y querían decir: "redondo el mar", "circulares sus aguas", porque así lo veían, comprobando en la realidad sus tradiciones.

    Y lo llamaron Og, "circular", "redondo", porque rodeaba la tierra como un inmenso río, un río que vuelve sobre sí mismo, decía Hesiodo.

    Himilcón, el fenicio, en su periplo, recogido por Avieno, aseguraba que a partir de las columnas había un interminable abismo y se abría un anchuroso Océano y el mar se extendía. Nadie había visitado esos parajes, nadie llevó sus naves por aquella inmensidad, además, las tinieblas cubrían con su manto el cielo, la niebla envolvía el mar, el día permanecía oscurecido por las nubes, gran número de animales nadaban por el Océano y un gran terror de fieras nadaban los mares.

    Píndaro nos decía ...después de las Columnas, no es posible ir más adelante, el mar es inaccesible, aquí están las Górgonas, con cabelleras de serpientes, los canes de Zeus que no ladran, los arismaspos, que tienen un sólo ojo.

    Eurípedes también decía que era aquí el límite sagrado del cielo.

    Estrabón aseguraba que todos los animales marinos eran más grandes en el Océano que en el Mediterráneo, llegando los pulpos a pesar cuarenta kilos.

    Plinio nos refiere el caso del pulpo encontrado en Carteya y nos asegura que tenía una cabeza de 380 litros de capacidad y que el resto del cuerpo pesaba 229 kilos. También nos comentaba el tritón que tocaba las conchas y la sirena aparecida cerca del Cabo de San Vicente, el hombre marino, el árbol con ramas tan enormes que no cabían en el Estrecho, el viento que fecundaba a las yeguas de olysipo, las fuentes maravillosas que manaban sin cesar, etc.

    Y este miedo a los cinco terrores del Estrecho (calma, nieblas, bajos, algas y monstruos marinos), lo fomentan luego los cartagineses para cerrar el Estrecho a la navegación tradicional de los griegos y quedarse como dueños absolutos del mar.

    Pomponio Mela también comentaba en sus escritos que Hércules mismo separó estas colinas que unían antes una cadena montañosa continua, así, el Océano, parado por la masa de las montañas, pudo penetrar hasta la orilla que baña ahora.

    Festo Avieno, en su Ora Marítima nos decía Recuerda que yacen dos Islas entre las riberas de Europa y el césped líbico, llamada Columnas de Hércules.

    Tucídices escribe que los "'fenicios construían sus templos en promontorios sobre la costa o en islas cercanas a ellas.

    Los autores no se ponen de acuerdo si fueron verdaderas columnas o fueron dos islas y otros comentan que fueron dos montañas. Estrabón y Avieno parecen inclinarse por la teoría de las dos islas, y una pudo estar (la de Europa) en nuestra Isla de las Palomas, y la otra en la Isla del Peregil en la costa africana.

    Los geógrafos árabes, entre ellos Edrisi, nos comentaban la existencia de un puente que en época romana unía las dos orillas y que incluso era visible por los habitantes de nuestra ciudad cuando la mar estaba en calma y las aguas se transparentaban.

    Por último, estaba la leyenda del túnel que comunicaba las dos orillas, tan ancestral, que solamente conocían el secreto del mismo los simios. Se decía que el dueño de unos monos puso a éstos unos brazaletes y los dejaron libres en la costa tarifeña, para al poco tiempo aparecer en la africana.

BIBLIOGRAFÍA

(1) ARQUES, Enrique, Huellas de la Historia fabulosa en la Libia Mauritana, Alta comisaría de España en Marruecos, Publicaciones de la Delegación de Asuntos indigeneas, Tetuán, 1950.
(2) GOZALBES CRAVIOTO, Carlos, Mitología del Estrecho de Gibraltar, Jabega, tercer trimestre, 1978.

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