| HISTORIA | ALJARANDA |
Cuando Carlos III ascendió al Trono en 1759, hacía Poco tiempo que en Marruecos reinaba el Sultán Sidi Muhammad ben Abd Allah. Superando ancestrales rencores ambos soberanos favorecieron el establecimiento oficial de relaciones cordiales entre las dos naciones ribereñas del estrecho de Gibraltar. A tal efecto un Embajador magrebino, Ahmad al-Gazzal pasó el mar y viajó hasta Madrid para concertar los términos de un acuerdo amistoso.
Procedente de Ceuta, al-Gazzal desembarcó en Algeciras en la tarde del 29 de Mayo de 1766. Acompañado por un lucido séquito y una escolta militar, el 3 de Junio salió camino de Tarifa. En el trayecto la gente se agolpaba al paso de aquella brillante comitiva y a ella se unían tropeles de caballistas. Después de hacer un alto en Tarifa el diplomático marroquí prosiguió viaje hacia Medina Sidonia (1).
En la Corte española al-Gazzal mantuvo varias entrevistas con el marqués de Grimaldi, Secretario de Estado, que dieron como fruto establecer las bases de un futuro acuerdo entre los dos reinos. Para concretarlo, como plenipotenciario de Carlos III, pasó a Marruecos el famoso marino Jorge Juan que, en nombre de su soberano el 28 de Mayo de 1767, firmó un Tratado de Paz y Comercio.
En este convenio se daba respaldo legal a una actividad mercantil que ya venía practicándose desde hacía bastante tiempo: la saca de ganado vacuno marroquí, adquirido a precios muy baratos y destinado al mercado andaluz. Tánger era el principal punto de embarque, seguido a mucha distancia por Tetuán y Larache. Gentes de mar y comerciantes tarifeños casi monopolizaban ese tráfico.
El año 1975 publiqué en una revista de Tetuán un artículo en torno a los contactos mercantiles entre Tarifa y Tánger durante el período 1766-68 (2). Con una Parte gráfica suplementaria pero dejando íntegro su texto, apareció años después en las páginas de "Almoraima" (3).
En mi breve monografía se recogían los nombres de marinos y negociantes de Tarifa implicados en la compra de ganado marroquí como, tal vez, entre mis posibles lectores tarifeños no faltarán descendientes de algunos de ellos, los enumero en la lista que sigue a continuación: Fernando Arias, Esteban Bahía (o Badía), Antonio Bonfillo, Manuel Borrajo, Manuel Gurrea, Esteban y Francisco Cazalla, Diego y Francisco Fuentes, Jácome Gallardo, Francisco García, Bernardo Gil, Francisco y Nicolás Gómez, Juan Guadalupe, Quintín Gutierr (sic), Fernando Huertas, Agustín Langarica, Bautista Latorre, José de Lucena, Domingo de Mendoza, José Pelayo, Fernando Puente, Antonio, Cristóbal, Sebastián y Ventura Román, José Romero, José Ruiz, Mateo Salvo, Juan Simón, José Toribio, Diego Uceda, Diego Ventura, Gabriel y Sebastián Villalba (o Villalta).
En el artículo precitado dediqué especial atención a uno de los inscritos en esa relación. Me refiero a Manuel Borrajo y Montañana, Abogado de Los Reales Consejos y dinámico hombre de negocios que combinaba la práctica del Derecho con la fructífera importación de reses vacunas y cereales comprados en los mercados magrebinos. En el presente estudio voy a ampliar las referencias sobre este personaje tarifeño que, como veremos más adelante, pudo convertirse en el primer representante diplomático de España en Marruecos (4).
Pocos meses después de la firma del Tratado hispano-marroquí varios traficantes españoles presentaron un escrito a Francisco Pacheco, Vicecónsul de España en Tánger, ciudad que en aquella época era la capital diplomática del reino alawita. En ese documento exponían severas críticas contra Borrajo. Lo acusaban de haber captado, mediante generosas dádivas, la voluntad de diversas autoridades locales. También buscó el apoyo de judíos influyentes, invitándolos a suculentos banquetes y, veladamente, se hacían malévolas sugerencias respecto al trato con dos mozas israelitas.
Proseguía el libelo asegurando que gracias a la benevolencia de sus diversos valedores infringía las órdenes del Sultán que prohibían a los comerciantes extranjeros salir de las áreas costeras y se internaba hasta media legua tierra adentro para adquirir reses en los zocos rurales a precios muy remuneradores. Finalmente los denunciantes afirmaban que Borrajo, pese a su aparente opulencia, disponía de cortos caudales y efectuaba sus compras al fiado o mediante cómodos pagarés.
Posiblemente tales acusaciones trataban de menoscabar a un competidor afortunado y que gozaba de mucho prestigio en el país vecino. Prueba de ese prestigio lo aporta el hecho de que a comienzos del año 1770 desempeñaba con carácter interino, tal vez por ausencia temporal de Pacheco, el cargo de Vicecónsul de España en Tánger.
Tras laboriosas negociaciones, Borrajo consiguió que el Sultán le concediera por el tiempo de un año la saca de ganado vacuno por el puerto de Tánger. El acuerdo oportuno se firmó en esta ciudad el 19 de Febrero de 1770, correspondiente 22 de Sawwal del año 1183 de la Hégira. En nombre del soberano marroquí suscribió el acuerdo el judío Elaho Levy.
El abogado tarifeño se comprometía a pagar la cantidad de 35.000 duros ingresándolos, bien en la Aduana tangerina, bien en manos del Hach Muhammad el Probe, más otros 1.000 por derechos de anclaje. Tenía la posibilidad de utilizar también los puertos de Tetuán y de Larache, abonando sin ningún descuento los derechos arancelarios fijados por el Maizen (gobierno marroquí).
Estaba prevista la rescisión parcial o total del contrato si estallaba una guerra entre España y Gran Bretaña que traería como consecuencia muchas dificultades para el tráfico mercantil por las aguas del Estrecho, ante el acoso de los barcos de guerra ingleses con base en el apostadero de Gibraltar.
Borrajo contaba con la colaboración de un socio, su paisano Marcos Núñez que en 1768 se había encargado de suministrar ganado marroquí con destino a los colonos instalados en Sierra Morena cumpliendo planes de repoblación diseñados por Olavide.
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| El Sultán Sidi Muhammad Ben Abd Allah (dibujo a plumilla del Diario de Miranda sobre el sitio de Melilla) |
Con fecha de 9 de Abril de 1770 y en papel debidamente sellado Núñez pidió autorización a las autoridades de Tarifa para dar un pregón convocando a cuantos quisieran participar en la importación de reses magrebinas. Aprobó la demanda Isidro Peralta y Rojas, según escrito que legalizó con su firma el Notario Antonio Chico y Guzmán. Se encargó de difundir el ofrecimiento el pregonero Miguel de Morales que tras darle lectura en voz bien audible ante un concurso numeroso fijó el texto oportuno en la plaza pública para conocimiento general.
Los detractores de Borrajo no cesaban en su empeño de desacreditarlo e hicieron llegar a la Corte de Madrid informes desfavorables sobre sus actividades comerciales en Marruecos. Desmintiendo sus argumentos insidiosos, Tomás Bremond, Cónsul de España en Larache escribió al Ministro Grimaldi el 13 de Abril de 1770 asegurando que no perjudicaba a ningún compatriota, salvo a si mismo porque se había metido en un laberinto de dificilísima salida ya que debía amortizar en el plazo de un año los 35.000 duros pagados al Sultán para obtener la contrata de la saca de ganado bovino.
En carta del 2 de Mayo a Grimaldi, Borrajo explicaba que gracias a él se habían obtenido notables ventajas en las transacciones mercantiles con el reino alawita. En su nombre y mediante edictos se hicieron ofertas a los importadores de ganado y no sólo a los de Tarifa -según hemos dicho- sino también a los de Cádiz, Málaga y Sevilla. Proponía extender los beneficios a la plaza de Ceuta porque tratar de ayudarla redundaba en el servicio de Su Majestad. Con sus negocios creaba puestos de trabajo empleando 10 o 12 barcos tarifeños en el transporte de los animales y la conducción de buena parte de éstos a diversos mercados andaluces permitía ganarse el pan a muchos vecinos pobres.
El 4 de Agosto de 1770 Marcos Núñez, por intermedio de un Regidor de Tarifa remitió una carta que llegó a manos de Juan de Abreu y Cevada. En ella refutaba las calumnias levantadas a Borrajo. En buena parte se debían a la mala voluntad de algunos judíos del entorno del Sultán, poco amigos de España y que pretendían abusivamente elevar a 4 pesos fuertes el arancel por res embarcada en vez de los 2 estipulados en el concierto del 19 de Febrero. Explicaba que en los 4 primeros meses de vigencia de ese acuerdo, se embarcó en Tánger la elevada cantidad de 7.400 cabezas de ganado vacuno. Terminaba diciendo que para disipar malos entendidos, Borrajo se trasladó a Mequinez y mantuvo una entrevista, al parecer cordial con el Sultán. Era un privilegio rara vez concedido a ún extranjero.
Evidentemente la buena marcha de los negocios de Borrajo justificaba, en buena parte, la maledicencia de sus competidores. En opinión del historiador Lourido la mayor parte de sus connacionales instalados en Tánger sentía por él gran aprecio y prueba de ello son las reiteradas ocasiones en que actuó como padrino en los bautismos celebrados en la iglesia de la Misión Católica local (5).
Un documento fechado en Tánger el 21 de Junio de 1772 da cuenta de la visita a la ciudad del Príncipe Mawlay Mamún, segundo hijo del Sultán. En previsión de los agasajos que debían tributarse a tan ilustre huésped, en la noche del 17 el Baxa de la ciudad convocó al Cónsul de Portugal y a diversos comerciantes españoles contándose Manuel Borrajo entre éstos. Les dijo que, siguiendo una vieja tradición, los representantes extranjeros presentes en la ciudad debían hacer regalos a los miembros de la familia real que se presentaban en ella. A tenor de esta sugerencia la delegación española ofreció como obsequio una pieza de seda.
Las buenas relaciones hispano-marroquíes quedaron truncadas cuando el 19 de septiembre de 1774, el Sultán declaró la guerra a España y con un poderoso ejército puso cerco a la plaza de Melilla. La empresa terminó con un rotundo fracaso y el soberano alawita consideró oportuna la reanudación de la paz y de las transacciones mercantiles que tan beneficiosas resultaban para el erario magrebino. Artífice de la reconciliación entre ambos reinos sería el padre José Boltas, un religioso franciscano que gozaba de mucho prestigio entre los marroquíes.
Aunque el nuevo Tratado de Paz no se concertaría hasta el 25 de Diciembre de 1780, desde hacía algún tiempo se habían reanudado de manera extraoficial los contactos comerciales entre españoles y marroquíes y en ellos tuvo parte importante Manuel Borrajo. Así por ejemplo mediando el año 1778 Sidi Muhammad ben Abdallah le dió licencia para sacar por el puerto de Tánger hasta 7.000 cabezas de ganado vacuno. Por aquel mismo tiempo, otro tarifeño, Felix Chico, fue autorizado con el permiso del Gobernador de esa plaza marroquí para llevar a Tarifa cuantas reses bovinos quisiera.
En el verano del año siguiente, al iniciarse el asedio de Gibraltar por tropas españolas, el Sultán dió facilidades para suministrarles subsistencias y permitió a Borrajo la compra de 24.000 fanegas, de trigo y 14.000 de cebada destinadas a la Intendencia de los soldados sitiadores.
Coincidiendo con la firma del Tratado de Paz de 1780 Manuel Borrajo se presentó en Tánger y abrigaba la esperanza de que Carlos III lo nombraría Cónsul General de España en Marruecos porque confiaba en la protección que le venía dispensando el soberano alawita. Tan halagüeño porvenir quedaría frustrado por la oposición que hizo a su candidatura el padre Boltas. Según comentaba el fraile el mercader tarifeño "era muy ligero y manirroto con los moros" y añadía "he tomado todas las precauciones para contener sus altanerías y locuras".
Aunque no se cumplieron los anhelos de Manuel Borrajo para representar diplomáticamente a Carlos III ante el Sultán, es evidente que fue uno de los personajes españoles de mayor relieve social en el reino de Marruecos.
REFERENCIAS
(1) RODRÍGUEZ CASADO, V., Política marroquí de Carlos III,
Madrid 1946, pág.75
(2) POSAC MON, C., "Las relaciones comerciales entre Tánger y Tarifa en el
período 1766-1768", Cuadernos de la Biblioteca Española de Tetuán nº 12,
Tetuán 1975. págs.33-53.
(3) Ibidem. Almoraima nº 4. Algeciras 1990, págs.61-73.
(4) Tomo como fuente informativa primordial el legajo nº 4311, sección de Estado del
Archivo Histórico Nacional.
(5) LOURIDO DÍAZ, R., Marruecos y el mundo exterior en la segunda mitad del siglo
XVIII, Madrid 1989, pág.615 y nota 85.
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