SOCIEDAD

ALJARANDA

Procedencia de los tarifeños del S. XVI a través de sus apellidos

Gaspar J. Cuesta Estévez

    Para cerrar esta serie de artículos sobre onomástica del siglo XVI que han venido apareciendo en esta revista, concluiré con un análisis de los apellidos tariteños registrados en el Libro I de Bautismos del Archivo Parroquial de San Mateo (1539-1552) y que puedan reflejar el origen geográfico de dichos vecinos. Soy consciente de la dificultad de extraer datos fidedignos sobre la procedencia de pobladores a partir sólo de sus apellidos, pero lo que me interesa realmente no es tanto descubrir de dónde eran esos tarifeños que aparecen como padres o padrinos en las Actas Bautismales de mediados del siglo XVI, sino el origen tal vez remoto de sus familias.

    Es sabido que, una vez tomada Tarifa por los cristianos en 1292, se inicia un proceso repoblador que favorecería la instalación de habitantes originarios de otras zonas ya reconquistadas. Cuestión más discutida por los historiadores es si una parte de la población de la etapa anterior, islámica, habría permanecido en la villa, o si todos habrían sido nuevos pobladores, tema en el que no entraré.

    Al no disponerse en Tarifa de un Libro de Repartimiento no podemos entrar a tratar el tema de los primeros repobladores de una forma sistemática. En Jerez, por ejemplo, donde sí lo hay, se ha efectuado un intento de sistematización de la procedencia de estos nuevos pobladores a partir de los apellidos. El resultado señala que un 55% de los apellidos toponímicos proviene del Reino de Castilla, un 30% de León, un 8% de la Corona de Aragón, y el resto, de otros reinos. M. González Jiménez parte de la hipótesis de que estos apellidos indican el lugar inmediato de procedencia de los pobladores, lo que era, por otra parte un hecho perfectamente lógico, ya que en un mundo de recién llegados, donde todos acababan de conocerse y comenzaban a establecerse relaciones de vencidad, el uso del apellido toponímico, más individualizado que el patronímico, era un elemento de identificación personal absolutamente necesario (1).

    Respecto a Medina Sidonia, se conserva un Libro de Repartimiento que ordena una nueva repartición de época más tardía (1348) y en el que se indica la procedencia de los propietarios. La mayoría se declara originario del antiguo Reino de Sevilla (32Ç), aunque también destacan los procedentes de Castilla la Nueva (9) y de Castilla la Vieja (8), siendo de menor importancia en número el resto de procedencias (2).

    En Tarifa no podemos remontarnos a épocas tan tempranas, pero disponemos de ese tesoro que contiene el Archivo de San Mateo y que pude consultar gracias al Padre D. José María Alcedo y a D. Ramón, el entonces archivero, cuya paciencia facilitó enormemente mi trabajo.

    Aunque no dispongamos de una nómina suficientemente amplia de apellidos correspondientes al momento de la repoblación, si podemos imaginar que muchos de los tarifeños citados en los Libros de Bautismo con un apellido toponímico procederían del lugar indicado, si no ellos mismos, si sus antepasados. Esa hipótesis cobraría más fuerza cuando el apellido aparece precedido de la preposición de y cuando el sujeto es nombrado mediante otro apellido más, en muchos casos, de tipo patronímico (por ejemplo, Antón López de Paterna), en ese caso se trataría, con bastante probabilidad, de una designación adicional que complementaría su nombre propio y que quizás tuviera mayor valor identificativo a la hora de diferenciar a este habitante de los demás. Luego, esta designación pudo pasar a sus descendientes como un apellido más, heredado, y que todavía hoy conservan muchos tarifeños (Toledo, Trujillo, Sevilla, etc.). A veces incluso se puede sospechar que el apellido tenga su origen en la zona de Tarifa donde vivía la persona en cuestión, como pueden ser los casos de Inés de Almedina (3) o de Francisca y Juana de la Peña.

    Sin embargo, debemos recordar que se trata de especulaciones generales, y que cada caso debe estudiarse individualmente. Así, habría repobladores que procederían de ciudades diferentes de las que marca su apellido, pero que lo habrían heredado de antepasados suyos; además, habría otros que no deberían su apellido al origen geográfico, sino a haber participado en la conquista del lugar, a un cambio de nombre para ocultar un origen converso, o a algún otro avatar.

    Como ya señalé en otro trabajo (4), los apellidos gentilicios son bastantes numerosos: constituyen más de la cuarta parte del total en los casos en que los individuos aparecen citados con dos apellidos (lo más frecuente entonces era tener un solo apellido).

Libros bautismales de la Parroquia de San Mateo, (1539-1562). (Foto M. Rojas)

    Por otra parte, se aprecia que algunos se repiten más que otros. Se puede pensar que los más extendidos quizá revelen una mayor antigüedad en la localidad, ya que habrían tenido más tiempo para consolidarlo, aunque sabemos que en esa época todavía no era general la transmisión de apellidos de padres a hijos (sólo en el 25% de los casos, aproximadamente). Sea como fuere, el topónimo que más se repite en los apellidos de las Actas es Trujillo, localidad extremeña que aparece en 9 individuos diferentes (Francisco de Trugillo, el lisensiado Trugillo, compadre del anterior, Juan de Piña Trujillo, etc.), este apellido, muy arraigado también hoy en Tarifa, debía de pertenecer a la clase más alta de la sociedad, ya que las partidas de bautismo nos cuentan que uno de ellos era licenciado, que otro estaba emparentado con los Piña, y nos hablan de una tal Doña Catalina Truxillo, casada con Don Gutierrez de Carbaxal, que tuvo en 1549 una niña que fue bautizada ya como Doña Antonia (el tratamiento de don y doña estaba reservado para un sector social muy exclusivo).

    El apellido Cádiz (o su variante Calis, frecuente en el XVI) nombra a 8 sujetos diferentes (Ana de Calis, Juan de Calis, Francisco de Calys,...), los mismos que Mendoza, nombre de una población de Álava, pero que parece estar consolidado como apellido desde bastante antes, y también entre la clase social dominante (Francisco de Mendoça, etc.).

    En 6 ocasiones aparece el gentilicio Portugués (Antón Martín Portugués, Juan Peres Portugués, Ysabel Rodríguez, la Portuguesa, etc.), que no es extraño, ya que en Ceuta estaba entonces bajo dominio portugués y, a su vez, las relaciones entre Tarifa y Ceuta han sido siempre bastantes estrechas (5).

    El apellido Del Puerto, que, por lógica, debía referirse al Puerto de Santa María, se cita 5 veces (Antón del Puerto, Martín del Puerto, etc.), al igual que Cárdenas, población de La Rioja y de Almería (Garci Pérez de Cárdenas, Elvira de Cárdenas,...).

    Hay otros que contabilizo en 4 ocasiones: Medina (probablemente Media Sidonia, por proximidad); Liescas, YIlescas i Iliescas (Illescas, en Toledo); Maia (la Maya, en Salamanca); Grajales (Jaén), y Cabrera (Cataluña).

    Los topónimos que se repiten 3 veces son: Sevilla, Arcos, Alcalá (posiblemente Alcalá de los gazules), Xeres, Baena (Córdoba), Castro (varios en Galicia), Pas (Cantabria) (6), Quemada y Salazar (ambas en Burgos).

    Otros se citan sólo 2 veces: Ávlla, León, Jelo (o Gelo, en Sevilla), Martos (Jaén), Arévalo (Ávila), Plasencia (Cáceres), Dueñas (Palencia), Cuéllar (seguramente la de Segovia), Vivero(s) (en Albacete y en León), y Villanueva (muy frecuente en diversas provincias).

    Y son numerosos los topónimos que aparecen en la onomástica tarifeña de mediados del XVI una sola vez. Por ejemplo: Valencia, Osuna, Mairena, Utrera, Jaén, Linares, Guelva (Huelva), Moguel (Moguer), Calañas (en Huelva), Paterna, Tolosa, y muchos otros, a veces también con la forma del adjetivo gentilicio (Bejarano, de Béjar, en Salamanca; Gumeño, de Guma, en Burgos, o el apellido Gallegos).

    En cuanto a los lugares de procedencia, los he clasificado por comunidades autónomas siguiendo la actual división administrativa. Así, casi el 40% de los apellidos toponímicos hacen referencia a alguna localidad andaluza (52 casos en total), ocupando la provincia gaditana el primer lugar, con 27 individuos, más de la mitad. Por provincias la siguen Jaén (10 casos), Sevilla (8), Córdoba (4) y Huelva (3). Curiosamente, no he encontrado apellidos que contengan topónimos de Málaga, Granada o Almería (aunque de esta última podrían proceder los cinco tarifeños que ostentan el apellido Cárdenas.

    Fuera de Andalucía, la región con más presencia es Castilla y León: 28 casos, que suponen algo más del 20% del total, Destacan las provincias de Burgos, Ávila y Salamanca.

    Extremadura presenta 13 casos (9 de ellos se deben a Trujillo), seguida del País vasco (10, aunque 8 corresponden a los Mendoza), Castilla La Mancha (8) Galicia (7), Portugal (6, todos como gentilicio), Cataluña (4, pero todos debidos a apellido Cabrera, de dudosa interpretación), Asturias y Cantabria (3 cada una), La Rioja (2) y Valencia (1).

    A pesar de la cautela con la que debemos considerar estos datos, parece claro el predominio de tarifeños con apellidos que podrían indicar un origen andaluz, concretamente del antiguo Reino de Sevilla y también del Reino de Jaén (aunque 4 de estos últimos tienen el apellido Grajales, que pueden tener un origen no toponímico). Podría explicarse con el argumento de que fueron zonas repobladas antes que Tarifa y, por su proximidad geográfica, era frecuente que sus habitantes, descendientes de repobladores, se convirtieran a su vez en repobladores de las zonas que se iban reconquistando. Sabemos, sin embargo, gracias a los libros de defunciones del mismo archivo, que en épocas posteriores llegaron a nuestro término jornaleros de las sierras de Málaga y Granada, pero se instalaron preferentemente en la campiña y en los montes, puesto que el recinto urbano ya no necesitaría refuerzos poblacionales.

    Una de las conclusiones que se pueden extraer de este estudio es que sería mucho más intensa la presencia de sujetos procedentes de la franja occidental de la Península, hecho lógico por hallarse Tarifa en la zona reconquistada por Castilla. Este dato puede explicar, por ejemplo, el predominio de occidentalismos lingüisticos en el léxico de nuestra zona, así como el encuadre de Tarifa en el área de las hablas andaluzas occidentales. Igualmente, puede servir como un paso más para continuar ahondando en la búsqueda de las raíces de nuestra ciudad y de su gente

NOTAS

(1) GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M., La obra repobladora de Alfonso X en las tierras de Cádiz, pág. 13, en VV. AA.: Cádiz en el siglo XIII, Cádiz: Universidad/Diputación, 1983.
(2) ANASAGASTI, A.M. y RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, L., El Libro del Repartimiento de Medina Sídonia (Estudio y edición), Cádiz: Ed. de la Caja de Ahorros de Cádiz, 1987, pág. 38.
(3) Aunque Almedina es también una localidad de Ciudad Real.
(4) CUESTA ESTÉVEZ, G. J., Antroponimia tarifeña del siglo XVI en Almoraima, núm. 13, Abril 1995.
(5) Es la única referencia a extranjeros registrada en San Mateo, a excepción de los esclavos y de una referencia interesante pero demasiado breve: Marina muños muger de marroquj.
(6) También podría tratarse del apellido Paz.

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