| HISTORIA | ALJARANDA |
ANTECEDENTES
Los diversos planes para la fortificación militar de Las Palomas responden a la invariable intención de los estados con poder sobre estas tierras a controlar de forma eficaz las orillas del estrecho de Gibraltar. La dinastía austríaca reinante en España durante doscientos años se eclipsaría en la persona de Carlos II casi a la vez que el país perdía uno de los vértices del triángulo que dominaba tan estratégico paso: Gibraltar. El sostenimiento de Tarifa y Ceuta, los otros dos, tomaría entonces mayor relevancia.
Más adelante se expondrá la imbricación estratégica de Tarifa y su isla, limitándonos de momento a plantear los precedentes de su defensa respecto al proyecto aquí presentado.
Antes de la Guerra de la Independencia ya se había abordado el tema bajo los mismos parámetros del proyecto del Cuerpo de Ingenieros de 1818: varias baterías a barbeta y algunos edificios complementarios, propios de los fuertes artilleros, con almacenes y cuarteles para la tropa, según el plano de la ilustración que se acompaña. Los ingleses las habrían arrasado, como hicieran con todas las fortificaciones españolas de la zona, en el año 1810, con la salvedad de las de la Isla Verde, el Fuerte de Santiago -ambas en Algeciras- y las torres almenaras de nuestras costas. Un plan aprobado por Real Orden de 1789 preveía tres baterías con cuatro piezas cada una, con sus correspondientes cuerpos de guardia y repuestos de pólvora, lo que no se llevó a efecto (1).
En el invierno de 1815 se efectúa un reconocimiento de la costa peninsular del Estrecho en el que se exponen, de manera crítica, sus múltiples deficiencias militares. La situación concreta de la Isla de las Palomas era la heredera de la Guerra de la Independencia. La circunstancial alianza hispano-británica frente a los ejércitos imperiales de Napoleón habían garantizado el dominio del mar gracias a la superioridad naval inglesa. De ahí que en ese reconocimiento se manifestase que el sentido de las pocas defensas existentes en la isla, orientadas hacia tierra como consecuencia de las obras realizadas durante la mencionada guerra de la liberación, dejaba inerme su perímetro marítimo. Concluye con la necesidad ineludible de reforzar esa parte con algunas baterías que garantizasen la conservación de este punto interesantísimo para la fácil comunicación del Mediterráneo y Océano evitando la exposición de que una potencia extranjera se aproveche de su debilidad imprevistamente (2).
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| Mapa de la Plaza y la Isla de Tarifa..., según proyecto de 1771. En él se refleja el trazado de la escollera que había de cegar el istmo entre ciudad e isla. Tal conexión se construiría sobre el estrecho vado arenoso depositado de forma natural por las aguas remansadas ante la proximidad de ambos obstáculos. Las baterías de la isla - levante y poniente, respectivamente - debían unirse por un frente corrido que comprendiese la puerta al recinto. S.H.M.; Doctº. G-4425; Tarifa de abril de 1771. |
Ante este endeble estado de la defensa tarifeña en los años de la restauración absolutista en España en la persona de Fernando VII, el panorama general se torna aún más desolador al efectuarse ciertas comprobaciones. Valga como ejemplo la apreciación de un oficial de la armada quien asegura que en 1814, el año del retorno del rey, no había más defensa en la costa desde Trafalgar a Punta Marroquí que la torre de Cabo de Plata y el Castillo de la Isleta de Tarifa (3) sic. Al margen de esta inexactitud toponímica - que por lo prolijo y exacto del resto del monumento no ha de resultar sospechoso de falto de rigor -, la alarmante situación de la desprotección litoral que denotan sus palabras queda de manifiesto al considerar sus acuciantes problemas a causa del contrabando inglés y de la ya declinante piratería norteafricana.
LAS RAZONES DE SU FORTIFICACIÓN EN EL SIGLO XIX.
Los oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros, D. Lorenzo Medrano y D. Juan Pérez, presentaron en el verano de 1818 un detallado proyecto para la defensa del conjunto formado por la ciudad, la Isla de las Palomas y los fondeaderos resguardados por ésta, tanto a levante como a poniente (4). Las posibilidades de ataque en ambos quedaban muy limitadas por la violencia con que soplan los vientos de la zona, especialmente los del sudeste y suroeste que, respectivamente, acometen a uno y otro. Tanto es así que, a falta de diques de abrigo, aún inexistente, sólo eran capaces para embarcaciones menores y aún con cierto riesgo. Únicamente las playas inmediatas de La Caleta y de Los Lances, donde se podían varar las embarcaciones más pequeñas, permitían su seguro resguardo.
El proyecto de defensa contemplaba de manera conjunta tanto la Tarifa continental como la insular dada su íntima relación estratégica. La posesión de una era imprescindible para el buen recaudo de la otra y sólo el control de ambas permitiría el dominio de las inmediatas zonas aptas para un desembarco enemigo. Como después se mostrará, ni siquiera tal situación eliminaría el peligro de conquista por una pequeña fuerza contraria si los puestos no estaban debidamente dotados de tropas o éstas no ejercían con celo su labor de vigilancia.
La Isla de Las Palomas resulta de difícil acceso en su circunstancia marítima por sus escarpes, arrecife, bajos, escabrosidad de sus costas corrientes de las aguas que la circundan y por los fuertes vientos que en todas estaciones reynan en este Estrecho de Gibraltar (5), según los autores del proyecto, que sólo encuentran un punto débil en tan formidables defensas naturales: se trata de unas lajas horizontales que afloran en bajamar, a este y oeste, capaces de permitir el desembarco desde lanchas, siempre que el tiempo no lo impidiese (6).
Sin embargo, la clave que la convierte en vulnerable, desde un punto de vista militar, es la unión practicada con el continente por su extremo norte, a través de un arrecife artificial, lo que permite la comunicación entre ambos puntos incluso con temporal en el Estrecho. Con anterioridad, ésta sólo era posible por un estrecho bado arenoso. El istmo, había de quedar cortado con relativa frecuencia impidiendo hasta el aprovisionamiento de los atalayas que montaban guardia en la torre almenara de la isla, por lo que este punto resultaba especialmente difícil de ser dotado de vigilancia (7). El canal entre la isla y el continente quedó definitivamente cegado en 1808, según proyecto del intendente del Ejército D. Antonio González Salmón - elaborado en 1791- (8).
Con esta unión desaparecía su carácter insular, característica que tal vez haya supuesto en época antigua el origen de Tarifa. Ciertos testimonios arqueológicos de la isla han sido puesto en relación con la colonización fenicia (9), quienes habrían reproducido en este asentamiento - así como el algecireño de la Isla Verde (10) - el modelo geográfico de Tiro como plataforma de proyección sobre el continente.
Dicha obra ha recibido encontradas calificaciones por los diferentes técnicos que la han comentado. Entre sus detractores cabe mencionar a Joseph de Sierra, autor y copista de varios informes en los años veinte y treinta del siglo XVIII acerca de la situación de la defensa costera andaluza, quien sostiene que no fue tan feliz ni oportuna la idea del arrecife para extenderse a dominar el Estrecho, pues (...) queda comprometido aquel puesto a sostenerse sólo por mar y tierra, sin tener otro apoyo que una plaza débil y llena de defectos (...) porque haciendo la isla tan fuerte que sea obstáculo a Gibraltar, luego la ambiciosa Inglaterra procurará por todos modos destruirla o poseerla, con probable riesgo de Tarifa e incalculables funestas consecuencias (11).
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| Plano del fondeadero de Tarifa y su Isla unida al Continente; Portulano de la Península de España, Cuaderno 3; Archivo Histórico del Instituto Hidrográfico de la Marina, Cádiz (sin fecha). Disposición aproximada de las baterías de Levante, Poniente y de la Torre en la isla de las Palomas en el siglo XIX. En este grabado se reproducen con gran fidelidad los elementos de relieve, pero no así las obras defensivas. Concretamente se echan en falta las construcciones del norte de la isla, sumamente alterado a partir de la Guerra de la Independencia. |
Curiosamente, los ingenieros firmantes del nuevo proyecto fundamentan la mínima existencia de peligro para la plaza y su isla no en las defensas existentes, ni siquiera en su protección natural - malograda en parte por el referido acceso terrestre -, sino por las circunstancias que pueden ocurrir en su retirada (12), por una fuerza enemiga que la hubiese ocupado. Sostienen su argumentación en que sólo una potencia marítima y continental (13) a la vez podría tener éxito en una operación contra ese lugar, triunfo que serviría únicamente para dominar el enclave de manera pasajera, concluyendo con su destrucción y desmantelamiento antes de ser abandonado. Esta alusión parece recordar el infructuoso ataque francés a la ciudad durante la Guerra de la Independencia, ocasión en que no pudieron tomarla, entre otras razones, por el dominio británico del mar, ocasionales aliados de los españoles. Tales dificultades en la evacuación del supuesto agresor (cuyas características de potencia tanto en mar como en tierra cumplían los ingleses) habían de fundamentarse en la hipotética presión de tropas terrestres españolas que, atacando desde los padrastros inmediatos a la ciudad, sólo permitirían un arriesgado reembarco de la fuerza expedicionaria, siempre expuesto a las inclemencias meteorológicas.
A pesar de esa peculiar concepción de su fortaleza, la isla había sido reforzada de manera importante durante la guerra con Francia. Considerando el verdadero punto fuerte de la plaza por la exposición de la ciudad y el castillo a las alturas circundantes, su frente norte fue fortificado con líneas defensivas que se extendían de costa a costa. Además, para aumentar la protección respecto a un enemigo que pudiera dominar las mencionadas elevaciones, lo escarparon los ingleses (...) y sobre su escarpe formaron merlones y escaldones (14), es decir, muros y almenas rudimentarios y provisionales, aunque eficaces ante un asalto desde tierra dada la precariedad de las defensas más estables.
Compruébese como en estas décadas inmediatamente postreras a la alianza angloespañola frente a Napoleón el enemigo potencial vuelve a ser Gran Bretaña. Y la suspicacia reiteradamente expuesta respecto a las debilidades del puesto no eran infundadas. El 3 de agosto de 1824 el coronel del Ejército Español D. Francisco Valdés al frente de una pequeña fuerza de un centenar de hombres armados y apenas medios navales, ocupó la plaza en un intento de forzar la restauración de la Constitución de 1812 por parte del rey Fernando VII (15). El golpe de mano se basó en la sorpresa, pero tampoco la guarnición era la recomendada aún en tiempos de paz (16). Los temores, pues, se cumplían, lo que hace imaginar una situación verdaderamente calamitosa si el enemigo hubiese sido una potencia naval, capaz de dominar el desembarco o el reembarco de las tropas y de mantener expedito el aprovisionamiento de víveres y pertrechos por mar. Como conclusión de este hecho de armas, ciudad e isla serían reconquistadas por las fuerzas absolutistas (17).
REFERENCIAS
(1) SIERRA, J., Visita de las plazas, castillos, puestos
fortificados, torres de costa y edificios afectos en que se manifiesta su situación,
estado e importancia con las observaciones que esto ofrece; Servicio Histórico
Militar (S.H.M.); Rollo 32, Doctº Nº 3-5-1-7-, fol. 89v.; Sevilla, 30 de noviembre de
1832.
(2) Reconocimiento de la costa de levante de Cádiz hasta el confín de la de Granada; S.H.M.,
Rollo 34, Doctº Nº 845; 6 de febrero de 1815 fol. 13.
(3) FERRER Y RIVAS, T., Quarderno núm. 1; S.H.M., Rollo 32, Doctº Nº 547; Madrid, 1 de
mayo de 1817; fol. 9.
(4) MEDRANO, Lorenzo y PÉREZ, Juan; Proyecto de las defensas de la Plaza de Tarifa, su
Isla unida y de sus dos fondeaderos; S.H.M.; Rollo 34 Doctº Nº 3740;
Tarifa, 5 de julio de 1818; fol. 2 a 6 v.
(5) MEDRANO..., op. cit., fol, 2.
(6) POSAC JIMÉNEZ, Mª D., Dos versiones contradictorias sobre el ataque del Coronel
Francisco Valdés a Tarifa en 1824; Almoraima núm. 13; Mancomunidad de Municipios del
Campo de Gibraltar; Algeciras, 1995; pág. 347, señala que los liberales del Coronel
Valdés, refugiados en la isla, temían que los enemigos desembarcaran en los puntos
desguarnecidos. Incluso corrían rumores de que ya habían puesto pie en algunas caletas, lo
que confirma en la práctica las reticencias expresadas en el proyecto.
(7) El salario del torrero de la Isla ascendía a cuatro reales y medio al día, frente a
los tres cobrados habitualmente por los vigías del término tarifeño, según indica
SARRIÁ MUÑOZ, A., basádose en una acta capitular de 1717 del Archivo Municipal de
Tarifa, en su obra, fundamental para la historia de la ciudad en el mil setecientos, Tarifa
a comienzos del siglo XVIII. Una sociedad conflictiva en la encrucijada de Gibraltar; Málaga,
1996; pág. 302.
(8) SIERRA...; op., cit., nota 1, fol. 89. Véase también OMAN, Ch.; A History of the
Peninsular War, 1914, citado por CORTÉS MELGAR, Mª F., en El asedio de Tarifa
durante la Guerra de la Independencia; Almoraima, núm. 12; Mancomunidad de Municipos del
Campo de Gibraltar; Algeciras, 1994; pág. 16.
(9) Véanse al respecto CHIC GARCÍA, G., Tarifa Historia de los pueblos de la Provincia
de Cádiz, Diputación de Cádiz, Jaén, 1984, pág. 29 y FERNÁNDEZ BARBERÁ, J., Presencia
púnica en la Isla de Tarifa, Cuadernos del Archivo Municipal de Ceuta, vol.5, Ceuta,
1989, pág. 7-14.
(10) MORALES, M.J.; SÁEZ, A.; SÁEZ O.; SIERRA, Mª. R.; VALLECILLO, A. y VILLATORIO, J.,
Algeciras. Un itinerario didáctico. Guía del profesor, Instituto de Estudios
Campogibraltereños, Algeciras, 1994, pág. 14.
(11) SIERRA Joseph de, Memoria que hace relación y clasificación de las Plazas,
Castillos y Baterías de la Provincia de Andalucía; S.H.M., Rollo Nº 32, Doctº Nº 547,
Cádiz, 1812, fol, 23.
(12) MEDRANO...; op., cit.; fol, 2v.
(13) Idem.
(14) MEDRANO...; op., cit.; fol, 2.
(15) Véase POSAC..., en op., cit., págs 341 y ss.
(16) SIERRA J., en op., cit., nota 11 fol. 1., señala en 1821 que la plaza había de
contar con 500 soldados de infantería en tiempos de paz y con 1.500 en época de guerra
para su adecuada custodia y defensa. Mª D. POSAC JIMÉNEZ, informa de una guarnición, en
1824, de 130 infantes, 34 caballos, algunas piezas de artillería y una nutrida partida
de dependientes del resguardo, que tenían como misión evitar el contrabando.
(17) MILLÁN CHIVITE, J. L., en Tarifa, volumen perteneciente a Historia de los
pueblos de la Provincia de Cádiz, Diputación de Cádiz, Jaén, 1984, pág. 93,
señala que el coronel Barradas con una columna española y el General D'Astorg al mando
de una brigada francesa pusieron sitio a la plaza por tierra, quedando completada por mar
con barcos de ambas nacionalidades. En la pág. 94, indica que a raíz de esta intentona
quedaron en la ciudad cuatro compañías del regimiento 34º de línea, bajo la
supervisión del general en jefe Vizconde de Digeón para evitar que se repitiese
algún suceso similar. PÍO DE LA CRUZ, J., y ESPARZA, A., en Memoria descriptiva de la
posición militar del Campo de Gibraltar según existía en su mejor estado de defensa y
del modo que se halla al presente con la indicación de las obras más urgentes para
proteger nuestros buques mercantes e impedir el contrabando; Algeciras, 26 de abril de
1826; S.H.M., Rollo 35, Doctº Nº 3.799, fol. 4v., señalan que en esa fecha la plaza se
encontraba guarnecida por tropas francesas y sus obras de fortificación completamene
abandonadas por la Comandancia de Ingenieros del Campo de Gibraltar.
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