SOCIEDAD

ALJARANDA

Oficios y profesiones en la onomástica del siglo XVI

Gaspar J. Cuesta Estévez

    Siguiendo con el estudio de los apellidos tarifeños recogidos en el Libro I de Bautismo de la Parroquia de San Mateo (1539-1552), me ocupo ahora de aquellos apellidos o sobre nombres que reflejan nombres de profesiones, cargo u oficio, así como relaciones de servidumbre o esclavitud.

    Como ya puse de relieve en mi anterior artículo en esta misma revista, muchos de los apellidos del siglo XVI estaban todavía en fase de consolidación. Si es cierto que había algunos apellidos, sobre todo los de las clases nobles, que eran tenidos como seña de prestigio y linaje desde tiempo atrás, lo cual favorecía un mayor celo en su conservación y transmisión. Sin embargo, para el resto de la población, ni existía una conciencia generalizada en cuanto a la herencia directa del apellido familiar, ni éste era considerado como una etiqueta inmutable.

Libros Bautismales de la Parroquia de San Mateo, (1539-1562). (Foto M. Rojas)

    Por lo tanto, es difícil aseverar cuántos de los apellidos registrados en las partidas de bautismo lo son realmente, y cuántos son auténticos nombres comunes que hacen referencia al oficio del sujeto en cuestión (1). En ciertos casos se puede apreciar claramente que nos hallamos ante el verdadero título o profesión del interesado lo cual no excluye la posibilidad de que luego esa denominación pasara a los hijos a modo de sobrenombre heredado y poco a poco se transformara en un apellido más, como en los siguientes ejemplos: el maestre Antonio, la Merchanta, Francisco de Mendosa y Sorita Sacretario (sic) del marqués, Martín Peres Camarero del Marqués, Pedro de Ávila Veedor del Marqués, Alonso de Anasco (?) Maestre Sala del Yllmo. Sr. Marqués (2), el lisensiado Trugillo, Juan Canas ben (eficia) do de Sant Matheo, frai Francisco de Medina Ministro del Monesterio de la Trenidad, Pedro de Rivero escribano público, Juan Darcos clérigo, etc. (3). En otras ocasiones no se puede tener la certeza, pero sí una considerable sospecha: Francisco de Parra Alguazil, Juan Fernandes Commendador, Diego de Puebla Escrivano, Alonso Benítez Notario, Pedro Ximenes Escribano. El hecho de que el apelativo con posible valor de título u oficio aparezca después del primer apellido puede hacernos pensar que se trata de un nombre común; en cambio, cuando éste se manifiesta como primer o único apellido, nos provoca una duda mayor. A veces se nos presentan ambas posibilidades en una misma persona; por ejemplo en, Juan Notario Rejidor o en Diego Cantero Rejidor ( o Alcalde, según el momento).

    A continuación expongo una lista de tarifeños que constan en las partidas de bautismo del siglo XVI con una denominación adicional referida a oficios o profesiones (4), que bien podría ser un segundo apellido, o una mera mención de su ocupación, o, porqué no, un estadio intermedio, una forma de designación surgida para identificar a una persona mediante su oficio y así distinguirla de otra que tuviera su mismo nombre y apellido, pero susceptible de ser transmitida o otras generaciones:

    - Francisco Lopes Carpintero.
    - Martín Cabezas Pintor.
    - Juan Vermudes Espadero, (DRAE: el que hace, guarnece o compone espadas, o el que las vende).
   - Diego Lopes Trapero (DRAE: el que compra y vende trapos y otros objetos usados. Pero en Andalucía, también, pañero, persona que vende paños).
   - Rodrigo de Balençia Trapero.
   - Francisco Hernandes Ortelano (Hortelano).
    - Pablos de Via Tonelero.
   - Pedro Ximenes Tolenero.
   - Andrés Martín Tejedor.
   - Martín Alonso Herrero.
    - Bartolomé Sanches Albani(r) (del árabe vulgar banní; el DRAE recoge albañí como forma anticuada, pero la vacilación albañil / albañir que muestran las partidas parecen reflejar la confusión o pérdida de l/r en posición implosiva, típica, por ejemplo, de las hablas andaluzas (5).
    - Martín de Dueñas Barbero.
    - Pedro Martín Sastre (la denominación de origen arábigo alfayate, más castiza, ya había perdido terreno en favor de este término derivado del latín SARTOR, tomado, según Corominas, a través del catalán).
    - Cristobal Nuñes Boticario (botica, del griego bizantino apothíki, ya significaba "farmacia" en la primera mitad del siglo XV, pero antes había significado simplemente "tienda, lugar de venta".
    - Manuel Hernandes Platero.
    - Diego Lopes Mercader.
    - Antón Muñoz Chapinero ("el que por oficio hacía o vendía chapines"; los chapines eran chanclos de mujer, cuya gruesa suela de corcho servía para aparentar una mayor estatura y para evitar el lodo y las inmundicias de las calles de la época. El origen del nombre parece estar en la onomatopeya chap-, imitativa de ruido que hacía la que andaba en chapines).
    - Caseres (6) Zapatero.
    - Diego Ximenes Botero (" el que hace, adereza o vende botas o pellejos para vino, vinagre, aceite, etc.", voz derivada del latín tardío BUTTIS "odre, tonel" y documentada por primera vez por Corominas hacia 1570, por lo que, gracias a la partida bautismal de San Mateo, fechada en 1547, habríamos adelantado el primer testimonio de este término en más de veinte años; no parece probable que se trate de su homónimo botero "patrón de un bote", ya que dicha voz marinera, procede del inglés medieval bôt, no es recogida en nuestra lengua hasta 1722).
    - Juana Verduga (el latín VIRIDIS "verde" y también "vigoroso, joven" dio lugar al derivado verdugo "vara que se corta verde", que a través de un uso metonímico, había adquirido ya hacia 1400 el sentido de "aguacir que ejecuta la pena de azotes", en nuestro ejemplo hay que considerar, entre otras, la posibilidad de que se trate de la hija o mujer de un verdugo), (7).
    - Alonso Martín de la Molinera (en esta ocasión, si no se trata de un apellido, correspondería al oficio de la madre o esposa del tal Alonso Martín, hecho que ya en sí constituye un rasgo onomástico).
    - Bartolomé Sanches de la Molinera (idem).

    Por otra parte, aunque el apellido Criado aparece varias veces en las actas bautismales con un valor claramente propio, es habitual también mencionar la calidad de criados de los participantes en el sacramento cuando éstos lo son, especificando el nombre de los señores a los que sirven. Así, por ejemplo, tenemos constancia de los siguientes bautizados que aparecen como criados: Alonso, criado de Diego Martín Lozano; Francisco, criado de Bartolomé (o Pedro) Martín, y Francisco, criado de Juan Andrés. A veces las criadas son las madres de los bautizados: Inés, criada de Diego de Mendoza; Inés, criada de Antonio de Mendoza, difunto; María, criada de Valencia, e Inés, criada de Juan Rallón regidor. Y en una ocasión lo es el padre: Antón García, criado de Francisco de Mendoza. De paso, estos datos nos informan de las familias tarifeñas que disponían de sirvientes, entre las que destacan, como se puede ver, los Mendoza.

    También encontramos partidas bautismales de esclavos. Según Mario Ocaña, en esta comarca el origen de los esclavos es mayoritariamente norteafricano y bereber, aunque también pueden encontrarse algunos procedentes del interior de África y que son denominados negros en los textos (p.215). En el libro I de Bautismos de la parroquia de San Mateo aparecen: Ana, esclava de Juan Díaz; Catalina, una esclava negra de Francisco de Mendoza, y Francisco, hijo de una esclava (no se cita el nombre) de Pedro Mateos. El hecho de que los hijos de esclavos adquirieran también la misma condición era algo normal, ya que, como señala también el profesor Ocaña, otra forma habitual de esclavitud es por nacimiento de madre esclava (p. 216). A veces, tal como apunta F. J. Criado, el bautismo era un paso previo a la manumisión o la liberación del esclavo, aunque su condición de esclavo libertino sería recordada durante años en los documentos (p. 45). Sólo teniendo en cuenta esa costumbre podemos comprender partidas como la que registra, fechada en agosto de 1549, el bautismo de María, esclava que fue de Ana Rodríguez la de Cristobal (o Gonzalo) Sánchez. O la de Franscisco Salado, el cual es bautizado ya con su apellido o sobrenombre, y cuya partida no me resisto a transcribir textualmente: En viernes veinte e çinco dias del mes de março dia de la nunçiacion de nra señora año de myll y q[uiniento]s E çinq[uenta] y dos años batize yo franco lopes de Paterna CI[er]jgo cura a Franco Salado moro q[ue] fue de fernan m[art]jn Prinzipe el qual de su Propia autoridad y voluntad quiso ser Reduzido a la Santa fe Catolica fueron sus padrinos anton lopez de paterna y J[ua]n Ruys de la Guardia Regidores y el dotor Nuño G[onsa]les y madrinas marina fernandes mu ger de J[ua]n de alcala y leonor fernandes muger de diego sanchez bernal y e[n] testim[oni]o de verdad lo firme de mi nombre = Franco Lopes de Paterna (Libro I [ms. original], f. 337v).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ALCINA FRANCH, J., y BLECUA, J.M., Gramática española, pp. 364-367, Barcelona, Ariel, 1983.
COROMINAS, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1987.
CRIADO ATALAYA, F.J., Tarifa: apuntes sobre su historia, pp.29-55, Tarifa, Excmo. Ayuntamiento, 1992.
CUESTA ESTÉVEZ, G.J., "Antoponimia tarifeña del siglo XVI", en Almoraima, nº 13, abril 1995.
DRAE: REAL ALCADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa-Calpe, 1992.
FRAGO GRACIA, J.A., Historia de las hablas andaluzas, pp. 307-388 y 488-497, Madrid, Arco-Libros, 1993.
OCAÑA TORRES, M. "Aportaciones sobre la esclavitud en la comarca en el siglo XVIII", en Almoraima, nº 9, mayo 1993.

NOTAS

(1) Es menester recordar que en la escritura de esta época el uso de las mayúsculas no estaba normalizado, por lo que la elección de este tipo de grafías quedaba al libre albedrío del escribano y no tenía un valor distintivo. Por ello, no podemos aplicar el criterio de considerar como nombre propio todo aquel que comience con mayúsculas, y viceversa, como haríamos hoy día. De la misma manera, no se usaban tildes para indicar la acentuación, pero las he utilizado en mi transcripción para facilitar la comprensión.
(2) El maestresala era el criado principal que asistía a la mesa de un señor, presentaba la comida y hacía la salva para garantizar que no contenía veneno (DRAE).
(3) Valga como anécdota la partida de Juan, hijo de Andrés de Velasco y de Ysavel de Mendosa, bautizado en 1551. En el margen del índice hay una anotación, evidentemente posterior, que nos permite saber el cargo que acabaría ocupando el tal Juan, y de paso, sus apellidos: este es el Beneficiado D. Juan Velasco Mendosa y Piña.
(4) Menos del 7,5% de los tarifeños registrados en las actas bautismales de esa época con un "segundo apellido" o, si se prefiere, denominación adicional. De ellas, casi el 14% tiene un significado relacionado con ocupaciones laborales.
(5) Como señala Alcina y Bleua, A. Alonso y R. Lida creían que la confusión -r/-l era de fecha reciente, tal vez de mediados del siglo XVIII, pero las investigaciones de R. Lapesa (...) demuestran (...) que aparece en textos andaluces desde finales del siglo XIV. Este fenómeno pasó a América muy pronto, Lapesa registra ervañil (albañil) en 1511, en Puerto Rico (p.366). De la misma época son también los primeros testimonios de esta neutralización que encuentra Frago en manuscritos andaluces (por ejemplo, Albañjn "albañil", apodo o apellido mencionado en acta bautismal de La Algaba en el primer tercio del XVI; P. 489). Curiosamente, cuando este profesor trata dicho tema en su libro copia, sin citarme, un pasaje de un trabajo mío inédito sobre Actas Capitulares tarifeñas de 1599 (p. 495).
(6) Este apellido es un ejemplo más (como la forma lisensiado, más arriba citada) de la indistinción de las sibilantes propias de las hablas andaluzas.
(7) El DRAE también recoge para verdugo la siguiente acepción figurada "persona muy cruel o que castiga demasiado y sin piedad". En este caso se trataría de un apodo.

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