POSTALES ANTIGUAS

ALJARANDA

Don Antonio Ponz en Andalucía
De Medina a Tarifa - nueve leguas

Manuel Liaño Rivera

    Nació Don Antonio Ponz en la villa de Bechí, del partido de Segorbe, en el reino de Valencia en el año de 1725. Estudia en los Jesuitas de Segorbe Gramática y Humanidades a partir de los 11 años, hasta concluir el 2º año de Filosofía, acabando ésta en la ciudad de Valencia. Una vez finalizados éstos, los estudios de Teología y lenguas extranjeras ocupan su atención. Es por aquel entonces cuando conoce a Antonio Richart, conocido profesor de dibujo de la capital del Turia y empieza a tomar algunos conocimientos del mismo. Esta nueva disciplina le entusiasma, y en 1746 parte para Madrid para proseguir sus estudios en la Escuela de las Tres Artes.

    Tras cinco fecundos años en la Corte, parte para Roma a la edad de ventiseis años, donde adquiere tal manejo de la pintura, que ésta le da para subsistir y llevar una vida bastante acomodada.

    En 1759, nos encontramos a nuestro Antonio en Nápoles donde ha acudido llamado sobre todo por los hallazgos de riquezas que se estaban obteniendo entre las cenizas de la antigua Heraclia y otras ciudades enterradas por las erupciones del Vesubio.

Retrato de D. Antonio Ponz.

    De allí parte hacia España, donde es comisionado por el Gobierno de Carlos III al poco de llegar a la capital de España, para hacer una recopilación de las reliquias y grandes obras que existían en la Biblioteca del Escorial y sobre todo, ampliar la colección de retratos de los grandes hombres cuyas obras se encontraban en aquella rica Biblioteca.

    Allí pasa cinco años cumpliendo con las obligaciones en que se había empeñado. Siendo buena prueba de ello y de su exactitud las copias de los famosos cuadros de La Virgen del Pez y de la Perla, obra inmortal de Rafael, la presentación en el Templo, de Pablo Veronés. Las Cabezas de San Pedro y San Pablo y la famosa Virgen de la Silla de Guido Rheni.

    El regreso a Madrid, (1765), coincide con la expulsión de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes.

    Don Pedro Rodríguez Campomanes, fiscal extraordinario del Consejo de Estado, comisiona a Ponz para que reconociese las pinturas de los Colegios que la Compañía había tenido en Andalucía y las describiese y señalase aquellas que considerase indicadas para exponerlas en la Academia de San Fernando para que sirviesen de modelos a los alumnos y de estudios para sus profesores.

    Ponz no sólo realizó su cometido sino que tomó apuntes de cuanto halló en su camino relativo a antigüedades, inscripciones, fundaciones piadosas; economía y gobierno de los pueblos que había recorrido, sus usos y costumbres, la agricultura, la industria y en definitiva todo cuanto pudo ver en sus viajes.

    Todo ésto representaba una suma de datos suficientes para escribir su Viaje de España, que al ser conocido por el público merece la aprobación más entusiasta. La idea inicial de Viaje de España hay que situarla en las caminatas de Ponz por Andalucía para desempeñar su comisión en los extinguidos colegios de los jesuitas, a que tanta alusión hace en sus cartas desde Toledo.

    Carlos III le concede, en premio a su celo, La Prestamera (pensión procedente de rentas eclesiásticas) de Cuerva, en el arzobispado de Toledo. Asimismo, obtiene la Secretaría de la Academia de San Fernando (1776). Desde 1773 era Académico correspondiente de la Historia, al frente de la cual desarrolló una prodigiosa y fecunda actividad.

    En 1791, emprende Ponz sus caminatas, que habían de ser las últimas por tierras de Andalucía. Vuelto a Madrid para redactar los últimos tomos de su Viaje por España hubo de sentir los primeros efectos de la enfermedad que lo llevó al sepulcro el 4 de Diciembre de 1792.

    Los buenos auspicios bajo los que se anunciaba la publicación del Viaje de España no bastaron para tranquilizar a su autor, quien, excediéndose en la cautela, no se decidió a estampar su verdadero nombre, ocultándose con el de: Pedro Antonio de la Puente, en los dos primeros tomos, pero alentado por el éxito obtenido, a partir del III abandona el seudónimo.

    He aquí parrafos de lo recogido en su libro en su camino hacia Tarifa y su paso por ella:

    "Sin detenerme más en averiguaciones y huyendo de la indigna posada, salí de ella y tomé mi ruta a Tarifa, sin pensar que allí me esperaba otra peor. Desde Medina Sidonia a Tarifa cuentan nueve leguas sin encontrar pueblo alguno. En la distancia de dos, en la costa marítima, queda la Villa de Vejer, y antes, la de Conil, hacia donde cae el Cabo Trafalgar, el cual corresponde enfrente el de Espartel, que es término último occidental de África por estas partes.

    Entre estos dos cabos empieza el Estrecho de Gibraltar, Froetum Herculeum Gaditanum etc... y en este principio, por donde va a comunicarse el Gran Océano con el Mediterráneo, se calcula el mar intermedio de unas ocho leguas de ancho, y luego se ha estrechando hasta Tarifa, en donde es de tres, con corta diferencia. De la villa de Conil ya le he hablado a usted; la de Vejer viene a quedar a una legua apartada de mi camino sobre la mano derecha, igualmente distante de Cádiz y Tarifa; esto es, siete leguas de cada una de dichas ciudades. Vejer creen muchos que es nombre corrupto de Besipo, y que antiguamente se llamo Melaria, patria del célebre geógrafo Pomponio Mela y de Turriano Grácula, hoy se dice Vejer de la Miel.

Mapa del viaje de D. Antonio Ponz por España.

    Sigamos nuestro itinerario, que, desde Medina Sidonia a Tarifa, se puede decir que es un verdadero desierto, y a no ser porque ocupé mi imaginación en los antiguos sucesos ocurridos en aquel territorio y porque también divertí la vista, descubriendo a veces el Estrecho y la inmediata costa de África, hubiera sido jornada fastidiosísima.

    A las dos leguas de Medina Sidonia pasé junto a unos molinos, y otra más allá, por el llamado Benaluí; luego atravesé el vado del río Barbate, y algo más adelante, otro riachuelo, llamado Cemelín, que por la inmediata Laguna de Janda, va a desaguar al Estrecho. Esta Laguna es más grande que la que nombré a usted entre Jerez y Medina Sidonia; acuden a ella como a la otra, infinitas aves de diversas suertes, que, naturalmente, pasan el Estrecho a su placer y son moradoras, en un vuelo, de dos partes del globo. También abunda en esta laguna, los peces, particularmente, anguilas.

    Después de haber caminado cinco leguas es preciso hacer un alto para comer y descansar en un cortijo, que entonces llamaban de Moreno, pero para descanso no hubo más que el duro suelo ni otra cosa para comer que lo que yo llevaba. De estos cortijos se ven algunos por todo aquel territorio, que no puedo persuadirme sino que algunos de ellos fueron lugares en lo pasado. Desde luego, se queda a mano derecha, en la misma costa del Estrecho, un despoblado de muchas ruinas de edificios, que los paisanos llaman Bolonia, y sin duda viene del antiguo pueblo Belon o Belonium.

    Parte de las ruinas de este sitio están ya cubiertas del agua del mar, parte de ellas existen en tierra todavía; su situación es al pie de un cerrillo que llaman de la Plata. Se divisa y se reconoce bien la figura de un anfiteatro, y de trecho en trecho, residuos de un acueducto que atrabesaba el valle hasta la sierra llamada de Las Palomas. Desde el cortijo continué mi marcha por tierras negruzcas, a mi parecer, excelentes para las semillas del campo, pero destinadas a pastos casi todas ellas; después, más cerca de Tarifa, se anda por entre algunos olivares y cortijos de aquella cercanía. La última legua de esta jornada se camina por la orilla del mar hasta entrar en Tarifa.

    Se atraviesa en dicha distancia el riachuelo que llaman el Salado, pero muy famoso por aquella gran batalla que tomó el nombre del río y que fue ganada por el rey Alfonso Xl contra Alboacén, emperador de África, coaligado con Abul-Jucef, rey de Granada, de cuya victoria pendió el no haberse vuelto a perder toda España.

    Los principales señores que acompañaron a los reyes conquistadores adquirieron para siempre enormes herencias. Con la extinción de varones en las grandes familias se han ido aumentando los inconvenientes, las casas riquísimas se han unido por este motivo con otras no menos opulentas, de modo que esta ley de sucesiones podrá reducir pronto o tarde la mayor parte de España a ser posesión de corto número de familias. ¿Cómo pues, ha de poder un solo dueño atender y cuidar de tantos terrenos?.

    Estos grandes propietarios, los arriendan por tres años o, a lo más, por cinco, cortísimo tiempo para que el arrendatario pueda mejorar o abonar las tierras; añadiéndose en Andalucía otra circunstancia a estos usos destruidores, y es la de dividir los terrenos en tres porciones: la una, para el cultivo; la otra, para el descanso o barbecho, y la tercera para pasto de los animales del arrendatario, que los aumenta cuando puede sacar algún partido en el poco tiempo en que ha de disfrutar la tierra.

    Me apeé, harto cansado de andar a caballo, en la triste posada de Tarifa, más ruin todavía que la de Medina Sidonia, y así determiné verla lo más pronto y marchar. Su situación es en la agostura del Estrecho y en la corta llanura que dejan las olas y la montaña que le está a las espaldas, parte de la cordillera que se queda a mano izquierda, viniendo de Medina Sidonia.

    Si hubiera de asentir a lo que de Tarifa se ha escrito y de su fundación, subiríamos a revolver los huesos de los Hércules, Osiris, Gerriones, etc..., sin sacar nada en limpio de sus nombres antiguos. Lo que no se puede negar es que conserva casi entero el nombre del general árabe Tarif, que vino con otros a esclavizar y dominar España.

    Muchos sucesos memorables habrán acaecido en Tarifa y sus cercanías en el discurso de su gran antigüedad; pero acaso ninguno igual ni menos dudoso que el ocurrido poco después que se le quitó a los moros el rey Don Sancho IV en el año 1292. El célebre suceso de Guzmán el Bueno. Don Alonso Pérez de Guzmán.

Litografía de Robert. Puerto en la Caleta. (Colección de S. Trujillo)

    El fatal hospedaje de Tarifa, cuya población se calcula en mil quinientos vecinos, me quitó las ganas de hacer en ella segunda noche; y después de haber recorrido por mayor en lo que dio de si una mañana, viendo que en materia de bellas artes poco o nada le podía contar a usted dentro de sus iglesias ni fuera de ellas, determiné marchar a Algeciras en la tarde del otro día de mi llegada. La parte más angosta del Estrecho es entre Tarifa y la costa inmediata de África, que se calcula en tres leguas y media, y desde la misma, se eleva una alta montaña, que llaman Sierra Bullones o de las Monas. Hay una islita inmediata a dicha costa con el nombre de isla del Perejil.

    Si este Estrecho de Gibraltar existe desde el principio del mundo o si se formó de la creación; si aquella portentosa abertura entre los dos mares se debió a los robustos brazos de Hércules, si fue efecto de una gran sequía o de algún gran terremoto que dividiese un solo monte en dos, separando al mismo tiempo las colinas adyacentes de ambos lados; si dicho monte partido, esto es, Abyla y Calpe, son las célebres Columnas de Hércules o si se ha de entender que lo eran las que habían en el famoso templo de Sancti-Petri, cerca de Chiclana, averígüelo quien quiera, dando asenso a lo que mejor parezca. Yo si había de creer algo de todo esto, antes me inclinaría a que algún temblor de tierra de tiempo inmemorial hubo de hacer este milagro, fundándose en varias razones, en que se funda y las alega Don Ignacio Ayala en su libro La Historia de Gibraltar que se publicó en Madrid en el año 1782.

    Me causó sentimiento ver tan pelados los cerros que observé más cercanos a Tarifa, y lo mismo los de las costas inmediatas, donde podría haber mejores pinares y en abundancia, con otras plantas. Vea usted cuan útil podría ser todo esto en una situación tan a la mano para los dos mares.

    Desde Tarifa a Algeciras hay tres leguas, y quise andarlas por tierra, aunque por un camino alto y quebradísimo; pero divertido al mismo tiempo por su frondosidad de alcornoques, castaños, acebuches y otras plantas antes y después del puerto que llaman del Cabrito; por las gargantas de agua que descuellan; por los derrumbaderos desde algunos parajes de aquel camino hasta la profundidad del Estrecho; por los varios objetos que se van descubriendo de dichas eminencias, como son la Peña y la ciudad de Gibraltar, con su bahía, la primera amplitus y ensanche del mar Mediterráneo; la ciudad de Ceuta, en Berbería, distante de Gibraltar cuatro o cinco leguas; los pueblos de Algeciras, San Roque, etc ....."

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